Mag-log inEsmeralda aflojó los dedos alrededor del teléfono antes de que la presión terminara por delatarla. Al otro lado de la puerta, Leo seguía hablando. Su voz había bajado tanto que ya no distinguía las palabras, pero tampoco necesitaba quedarse a escuchar. «Ya te dije que no, Oliver. No sacaré más información». Más. Aquella palabra se le había quedado atravesada en el pecho. Retrocedió un paso y luego otro, cuidando que sus tacones no golpearan con fuerza el suelo. Tenía ganas de abrir la puerta y exigirle que repitiera aquello mirándola a los ojos. De preguntarle desde cuándo hablaba con Oliver. De saber qué información había sacado antes de decidir que ya era suficiente. Apoyó un instante la mano en la pared. La superficie fría le permitió concentrarse en algo que no fuera el tembl
Esmeralda había llegado a la oficina antes de que el sol terminara de subir.El vestido negro de la víspera estaba doblado dentro de una bolsa en el asiento trasero del auto, como si perteneciera a otra mujer. Una que había salido de casa creyendo que iba a presentar el proyecto más importante de Aurora y había terminado viendo su matrimonio convertido en un escándalo público.Ahora llevaba un traje gris impecable, el cabello recogido con más fuerza de la necesaria y la expresión de alguien que no había dormido lo suficiente como para tener paciencia.Había pasado la noche en casa de Nadia.Dormir, sin embargo, era una palabra generosa.Había cerrado los ojos un par de veces, había despertado con el teléfono en la mano, había recordado a Jason y después había vuelto a recordar la carpeta de Tyron.Una y otra vez.Así que a las seis de la mañana se había rendido.Si no podía dormir, al menos podía trabajar.La sala de juntas pequeña ya estaba ocupada cuando entró.No era la elegante, l
Durante unos segundos ninguno habló. Jason bajó la mirada. Tenía la sensación de haber abierto una puerta que llevaba demasiado tiempo manteniendo cerrada. Y ahora que las verdades empezaban a salir, ya no podía elegir cuáles eran cómodas y cuáles no. Después Jason continuó, más bajo: —En algún punto dejamos de fingir. No sé cuándo exactamente. Tal vez fue antes de que cualquiera de los dos lo admitiera. Cuando empezó a dormir conmigo porque quería. Cuando dejó de apartarse cada vez que la tocaba. Cuando me defendió delante de Oliver. Cuando me contó que Victoria le molestaba más de lo que quería reconocer. O quizá fue mucho antes. Esa posibilidad era todavía peor. Quizá todo había empezado mucho antes de Vegas. Antes incluso de que ninguno pudiera esconderse detrás de la palabra matrimonio.
Jason sostuvo la mirada de su madre un segundo de más y después apartó los ojos hacia la ventana del despacho. —Mamá, no quiero hablar de eso.Jane permaneció junto al escritorio, con los brazos cruzados y la espalda recta.—No te pregunté si querías.Jason soltó aire por la nariz.La conocía demasiado bien para saber que aquello no era una conversación que pudiera esquivar con una frase seca o con la excusa de que tenía una empresa incendiándose. Jane ya había decidido que iba a escuchar la verdad y, cuando su madre tomaba esa postura, discutir solo retrasaba lo inevitable.—No estoy de humor para esto.—Y yo no estoy de humor para descubrir por internet que el matrimonio que defendí delante de cuarenta periodistas empezó con un contrato.La frase encontró el punto exacto.Jason apretó la mandíbula.No porque fuera injusta.Precisamente porque no lo era.Había visto a Jane ponerse delante de Esmeralda sin pensarlo dos veces, defenderlos frente a una sala llena de desconocidos y habl
Jane arqueó una ceja. —Qué alivio que hayas decidido anunciarlo delante de una potencial testigo. —Mamá. —¿Qué hizo? Jason soltó una risa seca, sin una pizca de humor. —¿Qué no hizo? Se acercó unos pasos, todavía con la adrenalina quemándole bajo la piel. —Alteró el documento de Tyron. Tengo el registro. Entró al archivo a las seis catorce de la mañana, cambió la versión que yo había autorizado y permitió que esa basura terminara en manos de prensa, inversores y medio maldito sector tecnológico. La expresión de Jane cambió. El leve sarcasmo desapareció. Jason continuó antes de que pudiera interrumpirlo. —Presentó a Aurora como si hubiera co
La oficina de Jason llevaba casi una hora convertida en una sala de guerra. Tres pantallas permanecían encendidas sobre el escritorio. En una estaba abierto el historial de versiones del documento de Tyron; en otra, el registro interno de accesos de Titan; en la tercera, la nota que había destrozado en cuestión de minutos la narrativa pública de su matrimonio. El teléfono seguía en su mano. Inútil. Volvió a llamar. La llamada cayó directamente al buzón. Jason cerró los ojos y apoyó una mano contra el ventanal. —Contesta —murmuró, sintiéndose ridículo incluso mientras volvía a marcar—. Solo una vez, Esmeralda. Necesito que me escuches. Buzón. Otra vez. S







