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Que empiece el circo, esposo.

Autor: DramaQueen
last update Fecha de publicación: 2026-07-28 11:56:07

La respuesta era razonable. Demasiado razonable. Esmeralda la masticó en silencio mientras daba otro sorbo al vino.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

En su cabeza, sin embargo, una voz pequeña e irritante preguntó.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

"¿Y cómo estaba tan seguro de que yo no estaba interesada?"‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Ella empujó el pensamiento con fuerza. No iba a ir por ahí.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Jason la observó un momento más, como si midiera su reacción, y luego inclinó la cabeza apena
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Último capítulo

  • Casada con mi rival.   Equilibrio perfecto

    El problema con haberle comprado a Jason un regalo demasiado pensado era que Esmeralda llevaba quince minutos sintiéndose demasiado esposa. Y eso había que corregirlo. El estuche de cuero oscuro seguía dentro de la bolsa que colgaba de su mano, discreto, elegante y tan perfectamente Jason que empezaba a irritarla. Lo había elegido porque sabía que viajaba mucho, porque conocía sus relojes y porque, aparentemente, había prestado suficiente atención para saber qué cosas utilizaba y cuáles terminaba perdiendo. Demasiado personal. Demasiado considerado. Demasiado parecido a aceptar que lo conocía mejor de lo que quería admitir. «Necesito equilibrio.» Jane seguía recorriendo la tienda, concentrada en unos accesorios para la cena, mientras Esmeralda caminaba entre estantes sin buscar realmente nada. Hasta que lo vio. Se detuvo. Parpadeó. Y una sonrisa lenta apareció en su boca. —Oh, esto sí. Jane levantó la mirada desde varios metros más allá. —¿Qué encontraste

  • Casada con mi rival.   Dile que lo recuerdo.

    La mirada de Victoria cayó automáticamente sobre la bolsa.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Esta vez ya no hubo dulzura.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Dio medio paso hacia ella y el perfume le llegó a Esmeralda con demasiada intensidad, dulce hasta resultar empalagoso.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —No sabes nada de nosotros.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Esmeralda sostuvo la mirada.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Sé lo suficiente. Sé que apareciste anoche en la gala. Sé que esta mañana apareciste en un desayuno al que nadie te invitó. Y ahora vuelvo a encontrarte aquí. —Bajó los ojos un instante hacia la bolsa de Victoria antes de regresar a su rostro—. Para alguien que puede recuperarlo con un simple chasquido, estás invirtiendo muchísimo esfuerzo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ La expresión de Victoria se endureció.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Estoy siendo clara. Esto no va a durar.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ La seguridad con la que lo dijo hizo que la irritación de Esmeralda se asentara todavía más.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎

  • Casada con mi rival.   Y aun así se casó conmigo.

    Victoria sostuvo la sonrisa el tiempo exacto para que pareciera educación y no esfuerzo. Luego acomodó la bolsa sobre el antebrazo con un movimiento delicado, como si aquel encuentro en plena calle fuera realmente una casualidad agradable y no la tercera aparición suya en menos de veinticuatro horas.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Qué coincidencia tan agradable —repitió—. El evento de anoche estuvo excelente, Jane. Como siempre. La fundación quedó impecable.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Jane la observó con una serenidad que habría parecido cordial en cualquier otra persona. En ella era una advertencia.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ No le ofreció la mejilla ni hizo ese pequeño esfuerzo social que normalmente acompañaba un saludo entre conocidas. Después de verla aparecer en su gala junto a Oliver y presentarse esa misma mañana en un desayuno privado, Jane ya había agotado casi toda la cortesía que estaba dispuesta a concederle.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Me alegra que lo hayas disfrutado.‏‏‎‎

  • Casada con mi rival.   Es una buena elección.

    Esmeralda sostuvo la mirada de Jane apenas un instante más antes de apartarla hacia las vitrinas. Necesitaba cambiar de tema con urgencia.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ En menos de una hora aquella mujer había conseguido hablarle de Jason, de su abuelo, de la cláusula, de lo bien que encajaba en la familia y, por si eso fuera poco, seguía llevando en la cabeza la conversación que habían tenido antes de salir de Aurora.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Definitivamente necesitaba comprar algo antes de que su suegra terminara de desmontarle hasta la última defensa emocional.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Sus ojos recorrieron las vitrinas hasta detenerse en una pequeña caja de cuero oscuro expuesta al fondo. Era sobria, elegante y, sobre todo, lo bastante concreta para salvarla de seguir hablando de sentimientos.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Eso —dijo, señalándola.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Jane siguió la dirección de su mirada y luego volvió a mirarla a ella, percibiendo perfectamente el alivio con

  • Casada con mi rival.   Jason no pudo encontrar a alguien mejor.

    Algo se apretó dentro de Esmeralda.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Conocía al Jason arrogante.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Al competitivo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Al hombre que entraba a una sala sabiendo exactamente cuánto espacio ocupaba.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Pero últimamente empezaba a descubrir todo lo que podía existir debajo de aquella seguridad.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Por eso la cláusula —dijo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Jane asintió lentamente.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Por eso.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ El ruido discreto de la tienda pareció alejarse mientras Jane continuaba.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Mi suegro tenía una obsesión con la continuidad. Para él, que Jason dirigiera Titan no era suficiente. Quería asegurarse de que no sacrificara absolutamente toda su vida por la empresa como había hecho después de perder a su padre. Quería verlo forma

  • Casada con mi rival.   Comprar sobria me pone de mal humor.

    El primer error de Esmeralda fue creer que ir de compras con Jane Russel sería un trámite.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ El segundo fue subirse al auto sin una estrategia.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ A los veinte minutos ya había descubierto que Jane hablaba de telas, cortes y regalos con la misma precisión con la que otras personas discutían una adquisición multimillonaria. No preguntaba simplemente si algo le gustaba; observaba la reacción de Esmeralda, esperaba un segundo y luego hacía preguntas mucho más peligrosas, de esas que parecían referirse a una camisa y terminaban hablando de Jason.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —¿Esto es él o eres tú intentando comprar algo que no te obligue a pensar demasiado en él?‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Esmeralda había aprendido rápidamente que responder a Jane requería más preparación que enfrentarse a ciertos inversionistas.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Por eso se limitó a dejar la prenda en su sitio.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Es una camisa, Jane.‏‏‎‎‏‏

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