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26: Un Ataque Inesperado

Autor: D. Meiler
last update Fecha de publicación: 2025-03-25 11:25:53

Ray es otro. No sé cómo explicarlo, pero hay algo en su mirada que me eriza la piel. Su rostro está marcado por heridas recientes, algunas apenas cicatrizando, otras aún moradas. Pero lo que más me inquieta no son los golpes, sino el fuego dorado en sus ojos, un odio puro, afilado, que nunca antes había visto en él.

—Hola, Anel —su voz es un gruñido tenso, y cuando se gira para mirarme de frente, siento un escalofrío recorrer mi espalda.

—Ray... ¿qué haces aquí? —pregunto con cautela, sin mover
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  • Casada por Contrato con el CEO Mafioso   80: Un Final o un Para Siempre

    No hay una palabra que pueda abarcar todo lo que siento ahora.Ni “felicidad”, ni “paz”, ni siquiera “amor” logran describirlo.Es algo más profundo. Más íntimo. Como si por primera vez, después de años de oscuridad, pudiera respirar de verdad.Estoy aquí. Sentada en la sala de la mansión, envuelta en una manta suave, mientras Damon prepara café en la cocina. La lluvia golpea los ventanales, como si el cielo lavara todo lo que fuimos… y nos dejara limpios para lo que vamos a ser. Tengo puesto un pijama y acaricio mi pequeñísimo vientre mientras leo un libro sobre consejos de maternidad. Damon se sienta a mi lado, me pasa una taza y me mira con esos ojos de tormenta que me derriten cada vez. Me acaricia la mejilla con los nudillos y me pregunta:—¿Estás bien?No. No estoy bien. Estoy mejor que bien. Estoy completa. Pero no sé cómo decirlo, así que solo asiento. Luego, me atrevo a decir lo que llevo días guardando:—Prométeme algo.Él se tensa levemente, como si temiera que le pidiera

  • Casada por Contrato con el CEO Mafioso   79: La Noche de Bodas

    El sonido del agua corriendo en la regadera es lo único que rompe el silencio espeso de la habitación. Acabo de salir del baño, envuelta en una bata de satén blanco que encontré sobre la cama, al parecer las empleadas lo dejaron para mí. Mientras Damon sigue adentro, bajo el agua caliente. No habíamos intercambiado muchas palabras desde que subimos a la habitación. Solo miradas. Miradas cargadas de demasiadas cosas: rabia contenida, pasión enjaulada, necesidad y miedo.¿En qué está pensando?Eso me mata.Durante los días anteriores lo sentí lejano, frívolo, como si aún no estuviera seguro de perdonarme. Pero en la boda… ese beso… Dios, ese maldito beso no fue frío. Fue un acto de posesión. Me besó como si quisiera grabar su alma en la mía, como si no pudiera soportar la idea de perderme de nuevo. ¿Y ahora? ¿Volverá a ser ese hombre distante que apenas intercambiaba miradas conmigo?Me paro frente al gran espejo de la habitación y me suelto el cabello. Mis mechones aún están húmedos, y

  • Casada por Contrato con el CEO Mafioso   78: La Boda Roja

    Una semana.Siete amaneceres en los que desperté en la misma mansión que Damon. Y aún así, él y yo seguimos a kilómetros de distancia. Sus ojos me buscan, pero sus labios ya no me rozan. Sus manos ya no se aferran a mi cintura como antes. Y cada vez que intento acercarme, él simplemente se aleja. Como si el amor doliera más que el odio.Pero hoy... hoy todo cambia.Hoy me caso con el hombre que me partió el corazón y, al mismo tiempo, lo mantuvo latiendo. Hoy dejo de huir, dejo de pensar, dejo de esperar. Me convierto en su esposa otra vez. Y no por un papel. No por una estrategia. Sino porque elijo quedarme. Con él. Con Damon.—Estás lista, señorita Anel —dice la sirvienta mientras acomoda la cola del vestido.Asiento frente al espejo.No puedo dejar de mirar mi reflejo. El vestido blanco cae como una cascada de seda sobre mi cuerpo. Es ceñido en la cintura, con detalles en encaje y una espalda descubierta que me hace sentir tan poderosa como vulnerable. Es el vestido de mis sueños,

  • Casada por Contrato con el CEO Mafioso   77: ¡Tú o Nada!

    Dos días.Solo eso me dio.Dos míseros días para decidir si volvía a entregarle mi corazón… o si lo dejaba ir para siempre.Dormía poco, comía a la fuerza, y me sorprendía llorando sin motivo. O al menos eso quería creer. En el fondo, lo sabía: lloraba porque mi corazón ya había tomado una decisión, pero el miedo a perderlo otra vez me hacía dudar, tambalearme, enloquecer. Lo amaba. Con una intensidad cruel. Y ese amor, aunque me había destrozado, seguía latiendo en mi pecho como un grito desesperado.Porque, ¿cómo se elige algo así cuando el corazón ya decidió mucho antes que la mente? ¿Cómo pretender siquiera tener una elección real cuando él vive dentro de mí, cuando lo siento en cada rincón de esta casa, en cada respiración, en cada parte de mi cuerpo que todavía lo anhela? Cuando nuestro hijo crece dentro de mí, recordándome cada segundo que nunca podré alejarme del todo.Caminé por la mansión como un alma en pena. Cada rincón me hablaba de él. De lo que fuimos. De lo que podríam

  • Casada por Contrato con el CEO Mafioso   76: La Prueba Final

    No sé en qué momento me venció el cansancio. El agua de la bañera estaba tibia, mis dedos arrugados y mis pensamientos dando vueltas como un huracán descontrolado. Cerré los ojos un instante, solo uno… y me perdí.Un ruido seco, como una puerta golpeando contra la pared, me arrancó del sueño. Abrí los ojos de golpe, aún aturdida, y al principio no supe si era parte de una pesadilla… o si la pesadilla era real.Él estaba ahí.Damon.De pie frente a mí, con la mandíbula apretada y la mirada ardiendo como fuego. Mi corazón se disparó. Lo primero que hice fue cubrir mi cuerpo desnudo con las manos, instintivamente, aunque en el fondo sabía que él había visto cada rincón de mí antes. Pero eso no le daba derecho a irrumpir así.—¡Qué demonios haces aquí! —espeté con la voz temblorosa, entre sorpresa y rabia.—No te cubras, Anel —dijo con una frialdad que me caló los huesos—. No me digas que ahora te da pudor, como si ese hijo que llevas hubiera sido plantado por obra del Espíritu Santo.Me

  • Casada por Contrato con el CEO Mafioso   75: El Esposo Resucitado

    El corazón me latía con fuerza, no por emoción, sino por rabia. Por frustración. Por todas esas emociones que había intentado enterrar con su ataúd vacío.Allí estaba. Damon. Vivo. Impecable. Frío como el mármol.Mi esposo resucitado.Hace un minuto atrás pensé que me desmayaría, pero ya estoy más repuesta de la impresión. Así que me permito continuar con más firmeza. —¿Por qué? —mi voz es firme, pero dentro de mí, estoy temblando. Lo odio. Lo amo. Lo quiero matar. Lo quiero besar—. ¿Por qué fingiste tu muerte? ¿Por qué me hiciste creer que estabas muerto, Damon?Él levanta la vista, pero no hay emoción en sus ojos. Solo esa frialdad que ahora parece ser parte de su piel. Se toma su tiempo antes de contestar.—No fingí nada. —Su voz, más profunda, más ronca. ¿Siempre fue así? ¿O lo olvidé con el dolor?Se desabotonó lentamente la camisa, como si no le importara estar desnudando su herida frente a mí. Como si el hecho de que casi murió fuera algo que yo debía entender… aceptar… callar

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