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Episodio 3

Author: Dalex Hache
last update Petsa ng paglalathala: 2024-12-29 11:48:07

Se dejó caer en la silla junto a la mesa, mirando el teléfono como si este pudiera darle una explicación lógica.

-¿Cómo se supone que voy a sobrevivir a esto? -preguntó al aire, frustrada. Asistente personal del jefe más temido de Europa. Excelente, Axara. Esto va a salir muy bien, pensó con sarcasmo.

Respiró profundamente y trató de calmarse. Quizás no era tan malo. Sí, tendría que lidiar directamente con Cael Van Der Wijk, pero eso también significaba que podría aprender mucho, ¿no? Además, el sueldo seguramente sería más alto que el de cualquier otro puesto.

"Solo tengo que mantener la mentira hasta reunir suficiente dinero", se dijo, intentando convencerse a sí misma. Se puso de pie y retomó la tarea de guardar lo que quedaba de las compras.

Mientras colocaba la última caja de leche en el estante del refrigerador, su mente comenzó a divagar. Recordó la intensidad de la mirada de Cael durante la entrevista, cómo parecía escanear cada rincón de su alma con esos ojos grises y fríos. Había algo inquietante en él, una mezcla de poder y peligro que la ponía nerviosa. Pero también había una pizca de admiración. Era innegable que el hombre tenía una presencia arrolladora.

Sacudió la cabeza, tratando de apartar esos pensamientos. No podía permitirse pensar en él de esa manera. Ese trabajo era una cuestión de supervivencia, nada más.

Terminó de organizar todo y decidió que lo mejor sería prepararse para el día siguiente. Sacó la carpeta con los documentos falsificados que había usado en la entrevista y los dejó sobre la mesa. Necesitaba repasarlos, memorizar cada detalle. Si iba a trabajar tan de cerca con Cael, no podía permitirse ningún error.

Después de un rato, cerró la carpeta y se reclinó en la silla, mirando el techo. Había tantas cosas que podían salir mal. Si descubría que no tenía el título que decía, o que jamás había trabajado en las empresas que había puesto en su currículo, todo se derrumbaría.

-Pero no tengo opción -se dijo en voz alta, con un tono firme. Había llegado tan lejos. Ahora no podía retroceder.

Antes de ir a dormir, revisó su pequeño guardarropa, buscando algo que pudiera parecer lo suficientemente profesional para su primer día. Sacó un blazer negro y una blusa blanca, prendas sencillas pero elegantes.

-Esto tendrá que bastar -murmuró mientras las colgaba en el respaldo de una silla.

Ya en la cama, con la luz apagada, Axara se permitió unos minutos para pensar en lo que le esperaba. Por más que intentara convencerse de que todo saldría bien, no podía ignorar el nudo en su estómago. Su nueva vida comenzaría al día siguiente, y estaba lejos de ser como ella la había imaginado.

Con un suspiro pesado, cerró los ojos y se dejó llevar por el cansancio, sabiendo que el próximo día sería uno de los más importantes de su vida.

A la mañana siguiente, Axara no necesitó esperar a que la alarma de su teléfono sonara. Había pasado gran parte de la noche dando vueltas en la cama, atrapada en un torbellino de pensamientos sobre lo que le deparaba el primer día en Style Van Company. Para cuando el reloj marcaba las seis, ya estaba de pie, demasiado nerviosa para quedarse más tiempo bajo las mantas.

Con movimientos mecánicos, preparó un desayuno sencillo: una taza de café negro y unas tostadas con un poco de mermelada. Se sentó en un taburete frente a la meseta de su pequeña cocina, mirando la televisión encendida, aunque no le estaba prestando atención. Las imágenes y sonidos del noticiero matutino pasaban desapercibidos mientras su mente divagaba.

Hoy es el día. Mi primer día como asistente personal del hombre más temido de Europa. La idea la hacía temblar de los nervios, pero al mismo tiempo le daba un extraño impulso de determinación. Tenía que hacerlo bien.

Cada bocado de las tostadas parecía pesado, como si su estómago no estuviera listo para recibir comida, pero sabía que no podía ir al trabajo con el estómago vacío. "Ser impecable, Axara, eso es lo único que importa hoy", se dijo mientras tomaba un sorbo de café.

Una vez que terminó, llevó el plato y la taza al fregadero y las dejó allí. Eso lo limpio después. Ahora tengo que concentrarme en prepararme. Fue directo al baño, encendió la luz y se quedó unos segundos frente al espejo. Su reflejo le devolvió la mirada: ojos ligeramente hinchados por la falta de sueño y una expresión mezcla de miedo y emoción.

-Puedes hacerlo, Axara -susurró, intentando animarse mientras recogía su cabello en una coleta improvisada. Abrió la ducha y esperó a que el agua alcanzara la temperatura adecuada antes de desvestirse y entrar.

El calor del agua sobre su piel fue un alivio inmediato, relajando sus músculos tensos y ayudándola a despejar su mente. Cerró los ojos y dejó que el agua cayera sobre su cabeza, llevándose con ella parte de la ansiedad que la había estado atormentando.

Mientras enjabonaba su cabello, no pudo evitar que su mente volviera a Cael Van Der Wijk. Había algo en él que era difícil de olvidar. Su presencia era imponente, casi sofocante. La manera en que la había mirado durante la entrevista, como si pudiera ver a través de cada mentira que había dicho, todavía le causaba escalofríos.

¿Y si se da cuenta? ¿Y si me delata frente a todos? La pregunta flotó en su mente mientras enjuagaba la espuma de su cabello. No podía permitirse fallar. Necesitaba este trabajo. Era su única oportunidad de salir adelante.

Terminó de ducharse, secándose con cuidado antes de envolverse en una toalla. Regresó al dormitorio, donde había dejado lista la ropa que había escogido la noche anterior: una blusa blanca perfectamente planchada, un blazer negro y una falda lápiz que había comprado en una tienda de segunda mano pero que aún lucía elegante.

Con paciencia, comenzó a vestirse, ajustando cada prenda con cuidado. Luego se sentó frente al pequeño espejo que tenía en la pared para maquillarse. No era experta, pero sabía que un toque de base, delineador y un poco de labial podían hacer maravillas. "Profesional, pero no demasiado", pensó mientras pasaba el cepillo por su cabello, dejándolo caer en ondas suaves sobre sus hombros.

Cuando terminó, se puso de pie y se miró en el espejo de cuerpo entero que había en la esquina de la habitación. La imagen que veía era bastante diferente a cómo se sentía por dentro. Parecía segura, lista para enfrentar cualquier desafío, pero por dentro, sus nervios seguían a flor de piel.

Tomó su bolso, revisó que todos los documentos estuvieran dentro, y respiró profundamente antes de salir de su apartamento. La ciudad estaba despierta, con el tráfico matutino y las personas apuradas por llegar a sus destinos. Axara caminó hacia la parada de autobús con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.

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