LOGINMorgana Veira, es una diseñadora de carácter indomable y estética gótica, se ve obligada a regresar a su ciudad natal cuando su padre la extorsiona con el único recuerdo de su madre fallecida, su padre Edmundo cree que recuperará el control sobre ella ignorando que la joven despojada de su herencia es ahora una mujer autosuficiente y dispuesta a cobrarse cada injusticia. En su camino se cruza con Elías Cuervo, un despiadado y calculador abogado mercantil con sus propias cuentas pendientes en contra de Edmundo, armado con las pruebas del fraude financiero, le propondrá a Morgana una peligrosa alianza. Sin espacio para héroes ni damiselas en apuros, dos mentes implacables unirán fuerzas para destrozar la farsa familiar desde sus cimientos y sin esperarlo encontrarán su propio lugar en el mundo.
View MoreMorgana Veira, de veinticinco años, trabajaba en su nuevo proyecto de diseño gráfico, cuando ella entraba en su fase creativa solía perder la noción del tiempo y olvidarse por completo del mundo exterior, con sus audífonos puestos, escuchaba la canción Déjà vu de Anabantha a todo volumen. Mientras cantaba con una intensidad que le impedía escuchar el incesante tono de su teléfono, sin embargo, ante la insistencia de la llamada decidió responder.
—¿Diga? —contestó con fastidio, sin apartar la vista de la imagen que acababa de crear.
Al otro lado de la línea la persona frunció el ceño.
—No sabía que eras tan maleducada — replicó su padre, Edmundo.
Morgana rodó los ojos y maldijo entre dientes, por no haber verificado antes el nombre en la pantalla, y ahora debía lidiar con su padre, con quien desde hace años no había tenido una buena relación.
—Siempre es agradable hablar contigo … papá — dijo, acentuando esa última palabra con sarcasmo.
—Por lo menos recuerdas que tienes un padre
—Por desgracia sí, aunque a veces me gustaría ser huérfana
—!No seas tan insolente, Morgana!
—Papá ve al grano que estoy trabajando.
—¡Como si a eso se le pudiera considerar un trabajo!
—Al menos me da lo suficiente para vivir sin pedirte ayuda … aunque claro, después de mantener a tus parásitos, imagino que debe sorprenderte que una persona como yo pueda hacerlo.
La discusión se encontraba en un punto muerto cuando Edmundo ya harto de la conversación, decidió contarle el motivo por el que la había llamado.
—El mes que viene es la graduación de tu hermana Cecille.
—¡Qué bueno que al fin vaya a dejar de desperdiciar el dinero de la familia! —respondió ella, sin perder su tono mordaz.
—¡Ya basta Morgana!, te estoy llamando porque tienes que venir a la fiesta.
—Me niego—respondió ella, cruzándose de brazos.
Edmundo sonrió con malicia.
—Recuerda que aún conservo las grabaciones que te dejó tu madre… y puedo destruirlas en cualquier momento.
Morgana cerró los ojos, apretando los dientes para contener la furia, su padre era lo suficientemente vil y rastrero como para chantajearla con lo único que podía usar para chantajearla; los recuerdos de una madre que había perdido cuando apenas tenía tres años de edad.
—Está bien, envíame la fecha, hora y lugar del evento—respondió Morgana con desgano.
Edmundo deseaba preguntarle como estaba más por diplomacia que por interés, sin embargo, ella colgó la llamada sin darle la oportunidad y esto había sido lo habitual durante los últimos años.
—¿Mi hermana vendrá a la fiesta? —preguntó Cecille con entusiasmo fingido.
Edmundo observó a su hijastra con orgullo porque ella era todo lo que valoraba, Cecille era elegante, sofisticada, y de dulce hablar, formada en contaduría pública al igual que él, mientras que Morgana por el contrario era gótica, grosera e insolente, sin filtros al hablar y dedicada a una profesión que él consideraba inútil, sin prestigio y que no ofrecía beneficio alguno.
—Dijo que vendrá, recuerda que no puede haber nada que contenga maní en el menú — advirtió Edmundo.
—Por supuesto, papá, sé muy bien que mi hermana es alérgica —respondió Cecille con una sonrisa calculada.
La verdadera razón por la cual Edmundo exigía la presencia de Morgana era su propio padre, el abuelo de la familia asistiría al evento y ya se había quejado más de una vez por las ausencias de su nieta mayor en la mayoría de los eventos familiares. Edmundo necesitaba tenerlo contento, pues dependía por completo de su financiamiento para expandir su firma contable.
—Cariño, siempre le has dado demasiada importancia a esa muchacha —protestó Pamela, su esposa, con evidente molestia.
En esa familia la única persona que realmente deseaba ver a Morgana era su hermana menor Vanessa cuyo afecto por ella era genuino e incondicional.
—Ojalá esta vez se quede en la ciudad por más tiempo —murmuró Vanessa con esperanza.
Pamela y Cecille fruncieron el ceño con evidente descontento ante el comentario porque no soportaban la idea de que Morgana regresara; detestaban su irreverencia, y en especial que la familia de Edmundo la favoreciera, lo que madre e hija querían asumir era una realidad simple: para la familia de Edmundo, Cecille no era más que una hijastra.
—No nos hagamos ilusiones, Vanessa—interrumpió Edmundo, tajante y con la misma frialdad con la que trataba a su otra hija biológica—Mejor preocúpate por tus notas, que eres una pésima estudiante.
Aquello era mentira, Vanessa, al igual que Morgana no siguió el consejo de su padre al estudiar la carrera de literatura, sus calificaciones no eran malas, sencillamente Edmundo era incapaz de valorar nada que no se ajustara a sus estrechas expectativas.
Dentro de la casona, apenas le informaron que sus nietas acababan de cruzar la entrada, Don Guillermo experimentó una sacudida de impaciencia y alivio.Sin perder un solo segundo, dio instrucciones estrictas al personal de servicio:—Asegúrense de servirles el mejor café recién colado y galletas caseras, o lo que gusten desayunar, que no les falte nada —ordenó con una energía renovada que hacía semanas no se le veía, visiblemente ansioso por recibirlas—. Y escúchenme bien: saquen de la bandeja cualquier variedad que contenga maní. Morgana tiene una alergia severa; no quiero ningún susto.Cada tablón de madera crujiente y cada cuadro colgado en las paredes les devolvía fragmentos de su infancia, risas lejanas y carreras por los pasillos antes de que las ambiciones de Edmundo y su amor ciego por Pamela y Cecille lo consumiera todo.Al pasar frente a una salita auxiliar, se detuvieron frente a una pequeña mesa consola, sobre ella descansaba el retrato en blanco y negro de su abuela, flan
Mientras la luz matutina comenzaba a bañar el asfalto, Elías conducía su vehículo de regreso a la ciudad con los hombros cargados de cansancio, pero la mente trabajando a toda marcha. Ajustó la conexión del manos libres y marcó directamente el número de Morgana.Al segundo tono, la voz de Morgana resonó en el interior del auto.—¿Elías? Dime que todo salió bien en la hacienda —preguntó ella con una mezcla de ansiedad y expectación en la voz.—Don Guillermo se encuentra a salvo y Morales ya fue trasladado bajo custodia policial, aunque por desgracia ya tu padre movió sus influencias para ponerle un abogado de peso —respondió Elías, concentrado en la vía—Dejé personas cuidando el perímetro, y ahora mismo voy de regreso al loft para reunirme contigo y estructurar el siguiente movimiento.Al escuchar aquello, Morgana soltó un ligero suspiro al teléfono.—Elías, no estoy en el loft. Voy camino a la hacienda con Vanessa. Mi hermana se ofreció a llevarme para ver al abuelo en persona.Elías
Lleno de frustración, Elías conducía de regreso a la ciudad mientras repasaba mentalmente los pasos a seguir. La jueza provisional había diferido la causa por setenta y dos horas, y el plazo límite estaba a punto de vencerse.En este punto, lo más sensato era lograr que el expediente regresara a las manos de la jueza Salazar, aunque para eso aún faltaban dos largas semanas debido a su reposo luego de tener un accidente.El abogado sabía perfectamente que la jueza provisional se retiraría del caso por voluntad propia; al fin y al cabo, estaba aterrada tras haber sido coaccionada mediante una amenaza directa contra la vida de su pequeña nieta.Mientras mantenía la vista fija en la carretera, Elías conectó la llamada con el manos libres para hablar con Rivas y analizar a fondo el panorama judicial.—Rivas, la situación se nos va de las manos en los tribunales —comenzó Elías con tono tenso— Luego de que la jueza provisional difiriera el caso por setenta y dos horas porque estaba aterroriz
Don Guillermo permaneció en silencio por un momento, profundamente conmovido al comprender que aquellas personas se habían movilizado de esa manera no solo para proteger su vida, sino para rescatarlo de su propio círculo íntimo. No terminaba de explicarse la magnitud se semejante despliegue; después de todo, hasta hace poco consideraba a Elías poco más que el sobrino de su nuera, un joven abogado cuya carrera profesional comenzaba a despegar.—Supongo que Morgana y Vanessa te pidieron ayuda... ¿Verdad, abogado? —preguntó el patriarca con voz ronca.Elías asintió con serenidad, consciente de que no tenía ningún sentido negarlo, el proceso legal y la demanda habrían quedado sepultados bajo un manto de impunidad.—Fue un trabajo en equipo, señor Solano —respondió Elías con una ligera sonrisa de respetuosa complicidad—Vanessa interceptó la comunicación a tiempo y Morgana coordinó la respuesta táctica desde el loft.Don Guillermo asintió despacio, dejando que la verdad se asentara definiti






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