MasukPUNTO DE VISTA DE CHARLOTTEEl ático se había transformado en un remanso de calidez, luz tenue y paz absoluta.La tía Victoria había declarado oficialmente la finca como su dominio personal, haciéndose cargo por completo de mi recuperación y de nuestro hijo recién nacido. Cada dos horas en punto me traían a la cabecera de la cama bandejas con sopas sustanciosas y ricas en hierro, tés para la lactancia y fruta fresca. Bajo su atenta supervisión, la palidez y el agotamiento de mi dura prueba se desvanecieron, sustituidos por el suave resplandor de una madre completamente en paz.Sin embargo, su tarea más divertida consistía en domar a mi formidable marido.—¡No, Winston! ¡Estás sujetando la pestaña al revés! —reprendió Victoria con dureza, de pie junto al cambiador con las manos en las caderas—. ¡Es un bebé recién nacido, no una viga de acero! ¡Deja de agarrarle los tobillos como si intentaras soldárselos!».Me senté recostada contra una montaña de mullidos cojines, conteniendo la risa
PUNTO DE VISTA DE CHARLOTTEEl ático estaba en silencio, envuelto en el cálido y dorado silencio de una tarde lluviosa de martes.La tía Victoria estaba en la cocina colocando una bandeja con infusiones de manzanilla y galletas de almendra recién hechas, mientras Winston se sentaba en el borde del mullido sofá del salón, con su portátil dejado sobre la mesita de centro, y me frotaba suavemente el arco de los pies hinchados. Sus manos anchas y callosas eran tan suaves contra mi piel, y sus ojos oscuros rebosaban de esa devoción tranquila y protectora que no le había abandonado ni un solo segundo desde que salimos del hospital.Me recosté contra la montaña de cojines de seda, con la mano apoyada sobre la enorme y hermosa curva de mi barriga. Ya llevaba treinta y ocho semanas de embarazo, estaba cansada, pero completamente en paz.Entonces, sin previo aviso, un nudo agudo y candente se formó en lo más profundo de la parte baja de mi espalda.No se parecía a la sorda tensión de las contra
PUNTO DE VISTA DE WINSTONLos destellos cegadores de un centenar de cámaras de prensa iluminaban el gran salón de baile de la Cumbre Internacional de Comercio, pero ese resplandor intenso no me molestaba en absoluto.Hace cuatro meses, esta sala me habría parecido un campo de batalla. Hoy, me transmitía una sensación de victoria.A mi lado, en el podio central, se encontraba el señor Rosalindo, vestido con su tradicional traje a medida, mirándome con un respeto absoluto e inquebrantable. Sobre la mesa de caoba que teníamos delante descansaban los pesados documentos encuadernados en cuero: no se trataba solo de una fusión temporal, sino de una asociación logística global exclusiva y de por vida entre Rosalindo Enterprises y Mendoza Steel.Con Julian Vance cumpliendo una condena de veinte años en una prisión federal y su fraude puesto al descubierto ante los ojos del mundo, ya no cabía ninguna duda sobre quién dominaba este sector. Mendoza Steel no solo había sobrevivido a la tormenta;
PUNTO DE VISTA DE WINSTON La noticia se dio a conocer a las seis de la mañana, impactando en todas las principales cadenas de televisión y medios financieros al mismo tiempo, como una bomba de un megatón.Estaba sentado en el sillón extragrande junto a la cama de hospital de Charlotte, sosteniendo una taza caliente de café solo en mi mano buena, mientras que la otra permanecía firmemente entrelazada con la suya. La habitación estaba bañada por la suave luz dorada del sol de la madrugada, y solo se oía el zumbido rítmico del monitor cardíaco que registraba su recuperación constante. Al otro lado de la habitación, el televisor empotrado en la pared emitía sin sonido, pero los titulares en rojo brillante que se desplazaban por la pantalla gritaban lo suficientemente alto como para que todo el mundo los oyera:**EXCLUSIVA: SE DESCUBREN FRAUDES EN VANCE LOGISTICS — SE HAN FILTRADO HISTORIAS CLÍNICAS FALSIFICADAS****JULIAN VANCE DETENIDO POR CONSPIRACIÓN PARA SECUESTRAR Y ESPIONAJE CORPOR
PUNTO DE VISTA DE WINSTON El pitido constante y rítmico del monitor cardíaco fue lo primero que me sacó de aquel vacío asfixiante.Cada respiración me parecía fuego líquido extendiéndose por mi pecho. El dolor abrasador en el costado se intensificó con una intensidad feroz y candente, recordándome al instante la bala que me había atravesado. Pero la agonía física no significaba nada. En el momento en que entreabrí los ojos ante las luces estériles y tenues de una sala de la UCI, el terror se me atragantó en la garganta.—Charlotte… —Mi voz sonó como un ronquido hueco y seco. Intenté incorporarme, pero mi cuerpo se negaba a cooperar; mis extremidades estaban pesadas e inútiles—. Charlotte…—¡Winston! ¡No te muevas!La voz de Marcus atravesó el zumbido de las máquinas mientras se apresuraba a mi lado; sus manos presionaban con firmeza, pero con suavidad, mi hombro ileso para mantenerme tumbado. Parecía completamente agotado, con los ojos inyectados en sangre y el traje a medida arrugad
PUNTO DE VISTA DE WINSTON La lluvia azotaba con fuerza el grueso parabrisas mientras el todoterreno tomaba la última curva de la desierta vía industrial, con sus faros gemelos atravesando el espeso aguacero. Las instalaciones de Luxv9n surgieron de la penumbra: un imponente monolito de hormigón de cinco plantas con una amplia azotea plana desde la que se divisaban las tierras fronterizas. No era un cascarón abandonado a punto de derrumbarse. Se alzaba en lo alto, a oscuras, y se cernía en la penumbra con una presencia pesada y asfixiante.Apagué el motor y las luces, dejando que el vehículo se deslizara por inercia hacia las sombras, bajo un grupo de pinos cubiertos de maleza. Dejé la puerta ligeramente entreabierta y salí a la lluvia torrencial. Mi traje estaba empapado, pegado a mi piel, pero el aguacero helado no conseguía apagar el fuego al rojo vivo que ardía en mis venas.Me dirigí rápidamente hacia la entrada de acero reforzado situada en el lateral del edificio. Junto al marc







