LOGINComo era de esperase, no pegué el ojo en toda la noche. Di vueltas por la habitación, me quedé sentada en la ventana y luego me acosté para seguir viendo el techo sin poder entender todo lo que me está pasando.
Me pregunto por qué Dios se empeña en ponerme en situaciones difíciles, cada día todo se me complica, no recuerdo un solo día de mi vida que sea lindo, que sea feliz, sin tanto caos.
Pasaron miles de cosas por mi mente de lo que me podría pasar. Desde ser su sirvienta hasta que mis fuerzas me abandonen, hasta incluso una esclava sexual
Las nauseas se apoderan de mi al pensarlo, no he tenido siquiera un novio, desde que recuerdo he trabajado y no sé qué es divertirse.
Me levanto para ducharme, después de estar casi una hora en el baño, salgo para ponerme unos jeans y una camisa con mariposas. Esta ha sido un regalo de Trudie, dice que deseara que yo desplegara mis alas y volara hacia la felicidad.
Y yo también deseo eso, que, al cerrar y abrir los ojos, todo esto no existieran.
La puerta de la habitación se abre y madre entra con una pequeña bandeja de frutas sobre ella. Su semblante refleja verdadera preocupación, pero sé que ella no puede hacer nada para ayudarme.
Ella fue criada en una familia donde mi abuelo era un machista que maltrataba a mi abuela, y ella le enseño a que el hombre es quien lleva las riendas de la casa y se debe hacer lo que el macho diga.
Se sienta a mi lado, toma el tenedor y me ofrece un poco de fruta, abro la boca para comer lo que me ofrece y en silencio dejo que, como una niña pequeña, me diese de comer.
Entre lagrimas de las dos, al terminar la fruta, juntamos la frente, así me dice:
—Se que no tienes idea de lo que está pasando, pero estoy segura de que esto es lo mejor para ti—trato de interrumpirla, mas, no me deja—no, no quiero que pienses demasiado—acaricia mi rostro con ternura—confía en mí, y sé que no he sido lo suficientemente fuerte para protegerte, soy una terrible madre por pedirte eso y no hacer nada por cambiarlo—niego ante tal cosa—te amo mi niña—nos unimos en un abrazo que arma todas nuestras partes rotas.
Segundos después, l móvil suela con una llamada entrante, como aun no guardo el numero no aparece el nombre del ruso.
Suena muchas veces hasta que manda al buzón de voz, al tercer intento, mi madre me pasa el teléfono, sin ningún ánimo, lo tomo y contesto.
—¿Parezco una persona con mucha paciencia? —pregunta con molesta voz tras la línea, no respondo—No lo soy, si te mostré un poco de solidaridad ayer, fue por que debía decirte lo del contrato. Mi chofer llegará por ti en media hora y espero estes lista.
Y corta la llamada sin dejarme decir una sola palabra. Me molesta su actitud, es como si yo fuese de su…propiedad, bufo después de pensar en ello. No seré suya, pero, al parecer su padre es mi dueño.
Media hora después, el chofer de los CEOS rusos, el hombre se baja de la camioneta, y abre la puerta trasera para que suba, suelto la mano de mi madre para abrazarla de nuevo, como despedida.
Me extiende una bolsa en donde al abrirla, miro un retrato donde estamos las dos, yo tenía quince años y padre la tomó, justo antes de que todo se fuese al desagüé.
Subo sin ánimos al vehículo, veo la puerta cerrarse y a mi madre llorar, lo ultimo que veo es una sonrisa sincera en sus labios que dice que todo estará bien.
Seco las ultimas lagrimas que sales, aprieto entre mi pecho el retrato que es el único que me acompañara.
—Dis, disculpe—me dirijo al chofer, que me mira por el espejo retrovisor—¿hacia dónde nos dirigimos?
—El señor me pidió llevarla a una de sus compañías señorita.
—Entiendo—susurro con nerviosismo.
Miro por la ventana, dejando atrás mi ciudad, llevamos casi dos horas viajando, me quede dormida, soy humana y no pegar el ojo toda la noche tiene sus consecuencias.
Después de despertar, me acomodo y el chofer me indica que estamos por llegar.
Aparta en el estacionamiento, baja y abre la puerta para que salga.
Con duda, bajo del vehículo, y me indica que debo seguirlo, no tengo más opción que hacer lo que dice.
Camino tras de él, subimos a un ascensor que esta en la parte baja del estacionamiento para subir, veo los números que suben y suben, el corazón va a salir del pecho, trato de controlar la respiración.
Cuando las puertas se abren, veo un pasillo impoluto, paredes marmoleadas y un piso en el que juraría puedo ver mi reflejo a la perfección.
Con solo eso me di cuenta de que estoy lejos de casa, y de mi pequeña ciudad.
—Buenos días, Ashley—saluda el chofer a una chica en la recepción del lugar, ella levanta la mirada seria y le sonríe con amabilidad
—Buenos días Barley—así que ese es su nombre, sigue tecleando en su laptop—El señor Novikov te esta esperando dijo que vendrías con—me mira de arriba hacia abajo, aparta la mirada haciendo una mueca de desagrado—alguien. Dami un minuto y llamo su asistente para que te dé luz verde
—Por su puesto—declara Barley
La chica habla con alguien en el teléfono y hace una señal para que pasemos.
Sigo tras Barley, entramos a un espacio donde están barios cubículos, en ellos están unas chicas, con su ropa y peinado impecables, viéndome como si yo fuese un animal raro en exhibición y es así como me siento.
Tengo la cabeza gacha, al llegar a la puerta el señor toca y una voz masculina escuchamos decir, adelante, abre la puerta y cuando entramos, levanto la cabeza para ver frente a un enorme ventanal, al ruso, de traje negro con un vaso de licor en la mano y la otra dentro de la bolsa de su pantalón.
—Viviana—llama a alguien, quien está sentada en una silla frente a un reluciente escritorio—te llamaré después para terminar esto—la mujer se levanta, su cuerpo es escultural, tiene el cabello rubio, largo hasta la mitad de la espalda, se nota lo bien cuidado, lleva puesto un vestido se ajusta perfecto a su figura y con una chaqueta a juego, con zapatos de tacón alto.
Se vuelve a nosotros y me mira igual que la recepcionista y las demás, por sobre el hombro lo que hace que baje la cabeza amedrentada.
—Permiso—pasa y cierra la puerta
—Barley, puedes regresar—el susodicho asiente y sale dejándome a solas con el ruso—Toma asiento—ordena, sentándose en su silla detrás del escritorio.
Camino con lentitud y un poco de molestia y miedo, todo un revoltijo de emociones.
—¿Que hago aquí? —me atrevo a preguntar—necesito respuesta sobre…
—?Sobre qué? — Me interrumpe serio.
—Sobre este juego macabro de mi padre y el suyo
—¿Tu padre y el mío? —sonríe con suficiencia—Esto es una copia del contrato de compra—dice ignorando por completo a mi pregunta— o practicante del seguro de que tu padre, debe pagar sí o sí, sino
—Sino ¿qué? —lo miro molesta
—Estoy seguro de esa deuda será pagada a como dé lugar
—?Que clase de personas hace eso?Acaso ustedes, ¿van por la vida haciendo ese tipo de tratos retorcidos? Aprovechándose de los pobres—lo acuso, estoy harta y no me importan las consecuencias de decirle sus verdades.
Se levanta de su silla y camina como si fuese el dueño del mundo, se acerca a mí, pone sus manos sobre la porta brazos de la silla haciendo que la espalda choque con el respaldar de la silla, sintiéndome acorralada, comienzo a temblar, pero sin quitar la mirada de sus ojos.
—Margoth, Margoth—su rostro está a centímetros del mío—Tú no tienes la más mínima idea de todo lo que está pasando, deberías estar un poco agradecida, por que te aseguro que, lo que te esperaba en tu casa seria muy desagradable, así que, como la niña buena que siempre has sido, tomaras esos documentos, los leerás y quizás, si te portas bien, voy a considerar cambiar algunas cosas que consideres conveniente, mientras eso pasa, es mejor que te portes bien desde ahora en adelante conmigo, por que mi padre te ha comprado para servirme.
Abro los ojos como platos, sorprendida de tal declaración, viendo como sonríe de lado, como si se burlara de mi situación.
Se aparta con lentitud, toma los documentos sobre el escritorio y los coloca sobre mis piernas.
Aun sigo en shock, parpadeo varias veces y trago. Veo los papeles sobre las piernas, y los mojo con las lágrimas que caen.
—Margoth... antes de irte —lo miro y las lágrimas que resbalan, las seco de inmediato —odio que llores, asi que, de ahora en adelante, evita hacerlo en mi presencia. —Se gira sin esperar una respuesta de mi parte—los ojos se cristalizan, pero no dejo caer una sola, no sé si había odiado a alguien antes, pero estoy segura de que siento eso por ese hombre.
La verdad es que no sé cómo será mi vida a partir de hoy al ser comprada por el Ceo ruso.
El ojo por ojo y diente por diente, también aplica con él. —Este es algún tipo de venganza personal contra mi persona—reclama el ogro ruso al leer el contrato que le extendimos. —Es eso o nada—replico en mi defensa—no se siente bien cuando eres tu el que debe cumplir con ciertos requisitos ¿verdad? —Repito, venganza en mi contra. —Y lo tienes bien merecido —No lo niegas, estos años te han hecho más… —Descara, inteligente, con carácter —No dije nada de eso, siempre lo fuiste solo que eras un ave enjaulada. Lo miro con molestia—¿Ya firmaste? —Debería leerlo bien, pero confío en ti. Siendo sincero no se la razón por la cual me haces esto, ya eres una mujer libre Margoth. —Siempre lo he sido, sin embargo, lo que no me dejaba serlo, fue haberme topado con hombres que no me lo permitieron, unos déspotas. Ahora si me permites, necesito el contrato de compra que hiciste con mi padre. —No tengo razones para dártelos. —¿No? ¿seguro? —tomo los documentos que me ha entregado con su fir
Una máquina del tiempo no sería una mala idea.—¿No crees que hablar es la mejor opción en este momento? —habla el ruso al verme salir del baño, entonces recuesto la cabeza sobre el escritorio sin decir una sola palabra, sigo ignorándolo—Margot, Margot, deja de comportarte como una niña. —¡Déjame en paz!Arrastra la silla más cerca del otro lado de mi escritorio y se inclina—Quiero que mis hijos me conozcan.Levanto con lentitud el rostro, para encararlo—No son tus hijos—No llevan mi apellido, pero ambos sabemos que lo son… por favor—suplica.—Tendrás condiciones que vas a cumplir.—¿Como cuáles? —se cruza de brazos serio, no le gusta para nada que le den ordenes mucho menos, que le pongan condiciones cuando se trata de obtener algo.—Hablaré con ellos, debo prepáralos con anticipación, de ellos dependerá que quieren conocerte o no.—Me parece bien, conociéndote ahora, tienes un, pero…—Así es, si no desean conocerte, te largas y desapareces de nuestra vida.—¿Así de fácil? ¿crees q
No quiero darme por vencida.—No quiero una guerra contigo Margot—inquiere el ruso cuando estamos fuera, sigo de la mano de mi amigo y el del de su esposa.—Mañana hablaremos—damos la vuelta y deseo de verdad que toda esta pesadilla acabe—Odio que me amenace primero y luego quiera arreglar el asunto.—Odias eso ¿o el hecho de que lo haya dicho, con su esposa presente?—¿A qué te refieres con eso?—A que es el hombre que amas, del brazo de otra persona, con el título que algún día añoraste.Suelta su agarre y se adelanta para abrir la puerta del copiloto, miro mi mano y el frio se instala en todo mi ser.Aprieto la mano, como si así calmara esa extraña sensación. Entro al auto y reina el silencio, veo las luces de los edificios pensando bien en sus palabras.No me había sentido tan incomoda en su presencia, como lo estoy ahora. Lo peor de todo es que no tenia idea de que contestar.Cuando al fin llegamos a casa, sale para abrir la puerta como el caballero que es, salgo sin hablarle o
Si se mandara en el corazón, las cosas serían más fáciles.—¡Descarada! —le recrimino mientras se va a cambar la camisa que le he empapado con mi acción.—Exagerada, solo fue un chistecito—regresa de nuevo para confrontarme—solo heredaron tu terquedad—Reprende a tu esposa—reclamo a Oleg, quien ríe a mas no poder junto a su hermano—no puedo así la conocí, por tanto, la amo—seguido de eso le da un beso fugas a Keyla—¡Aww! ternurita—digo mientras finjo tener ganas de vomitar.—Todos pasamos por esa fase, deja de poner cara de que no has dicho cursilerías—me reclama ella—Ni me lo recuerdes, por favor y gracias.—Hoy deberíamos de comer y tomar—indica Oleg—Vamos hermano que también necesitas relajarte.—¿Qué te parece Margot?, abrieron un restaurante coreano, me gusta porque puedes azar en una pequeña plancha la carne mientras tomas licor. Me parece interesante.—Me apunto—digo mientras me levanto para irme a casa—pasaré el resto del día con mis niños, ya perdí mucho con ese idiota ruso
Eso de sentirse culpable, ya no es lo mío.—El descaro no tiene límites Margot—mi recatada madre, me acusa de que el plan de tener un esposo falso es descarado y descabellado. Eso que no se da cuenda de donde es que me voy a meter de vez en cuando.—Antes de señalar piensa en que lo hogo para que el ruso no se lleve a los niños—no dice una sola palabra pensando en lo dicho—si eso quiere empaco sus cosas y tu misma se los llevas.Nuestra relación no tuvo cambios, solo que ahora si me responde y yo a ella, somos personas sin ningún tipo de restricción, ya no está nuestro verdugo, aunque no fue el mejor padre del mundo, su muerte no fue exactamente linda, era un tirano, sin embargo, era mi padre.—¡No exageres! —rueda los ojos a lo que me acerco para darle un abrazo fuerte—no deseo eso, simplemente y estoy de acuerdo con Matvey, de que debes enfrentarlo, de frente es mejor así sabrás de donde vendrá el ataque.—Te quiero madre, pero, la decisión la tomaré por mi cuenta.Sin querer meterm
No recuerdo cómo se respira.Sigo pegada a su cuerpo, su pecho sube y baja, igual que el mío, no lo había visto tan desencajado.Toco su pecho y me nuestras miradas se cruzan,— ¿Por qué estas frustrado? Eres el hombre con mas paciencia de todo el mundo.—No es así cuando se trata de ti, desde que me dijiste lo del padre de los mellizos, temí, no solo por ti, sino por ellos. Son mis niños también, podría ser para ellos el tío Matvey, sin embargo, sabes bien lo que siento—toma mi mano y deja un beso en la palma de esta por unos segundos, que me parecen una bella eternidad.—¿Serias capaz de hacer eso por mí? De hacerte pasar por mi esposo, es a lo que me refiero.—Haría cualquier cosa por ti, y por tus niños…por mis niños.—No quiero lastimarte—acaricio su mejilla y siento mi corazón romperse— eres un hombre excepcional.—Lo sé, pero quiero una sola cosa, deseo que lo enfrentes y me digas si sigues amándolo.Me abraza, dejo que lo haga, cierro los ojos dejándome llevar por el momento, d







