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EL EXTRÃNO PERFECTO

작가: Faith Adore
last update 게시일: 2026-09-18 15:13:23

LILIYA

—Voy a montarte esta noche, bebé.

Se me torció la nariz de asco por las palabras que acababa de escuchar de una mujer a mi lado, mientras me tomaba otro vaso de alcohol fuerte. El sabor amargo permaneció en el fondo de mi garganta y contorsioné el rostro en agonía.

Otra vez, ¿cómo la gente se volvía adicta a un líquido tan intolerable? Pero tal vez, pensé entonces, no se volvían adictos al alcohol en sí, sino más bien a los efectos. Era el escape perfecto. Una ruta fácil para huir temporalmente de tus problemas. Ahora que lo pienso, ¿qué habríamos hecho sin el alcohol?

Sí, había venido aquí con otra cosa en mente. Darle a Henri una cucharada de su propio chocolate pagándole con la misma moneda —porque eso era lo que hacían la mayoría de las chicas en las novelas románticas en formato digital que había leído—, pero luego me di cuenta de que no podía obligarme a hacerlo estando sobria, así que decidí ahogarme en tragos de nuevo.

Planeaba beber hasta ser lo suficientemente valiente como para irme con alguno de los hombres que me habían estado mirando con ganas y pagando algunos de mis tragos. Decir que estaba ganando tiempo a estas alturas era quedarse corta.

—Debería tomárselo con calma, señorita. ¿Tiene chofer? —me preguntó el barman. Fruncí el ceño.

—Déjame en paz. Tengo veintidós años y soy adulta, me mataré si quiero —balbuceé despacio, y se me oprimió el pecho cuando mis pensamientos se desviaron de nuevo hacia lo que había pasado antes. Me agarré el lugar donde me dolía como si eso fuera a detener el dolor, sabiendo que no lo haría. Sacudí la cabeza para librarme también de los recuerdos recurrentes de nosotros, pero seguían irrumpiendo.

—¿Por qué no desaparece? —No tenía por qué preguntarle eso al barman, pero necesitaba hablar con alguien. Se inclinó hacia mí, pero se alejó tan rápido como lo hizo, y su rostro de repente se ensombreció con algo parecido al miedo. Levanté una ceja y me giré para ver qué estaba mirando. No había nadie allí, así que me volví hacia él.

—Eres raro —le dije, poniéndome finalmente de pie para continuar con lo que había venido a hacer. Le agarré el brazo a un tipo cualquiera y estaba a punto de poner mis labios sobre los suyos cuando me llevo un puñetazo de su novia a cambio.

—¡Ay! ¡En la cara no! —susurré-grité, y ella me agarró del brazo.

—Tócalo de nuevo y estás muerta —amenazó, y se lo llevó a rastras. Ignoré el dolor en mi rostro; no, en realidad, me regodeé en él, ya que era una distracción del dolor desgarrador en mi corazón. Estaba a punto de pasar a mi segundo objetivo cuando una mano fuerte me agarró y me sacó del club.

—¡Oye, oye! Sé que tienes prisa por meterte en mis bragas, pero ¿podrías ser un poco discreto al respecto? —grité, y luego me quedé sin aliento inmediatamente después, cuando me estrelló contra una pared en el callejón oscuro al que me había llevado. Su aroma, que era una mezcla de perfumes árabes costosos, me llegó directo a la nariz, embriagándome. Le toque los bíceps a mi atacante y solté un oh. Estaba mucho más en forma que Henri. Ahora lo deseaba aún más, pero ¿por qué no se movía?

—¿Me vas a follar o no? —le pregunté sin vergüenza, y luego me encogí ante lo desesperada que me escuchaba. Todavía no me tocaba, así que, después de entrecerrar los ojos para ver mejor y no lograrlo en la densa oscuridad, le palpé la barba y anuncié con la voz arrastrada—: Bueno, está bien. Lo siento, desearía... desearía poder quedarme aquí toda la noche contigo, pero necesito... vengarme de Henri por destrozarme el corazón. Nooos vemooos.

Empecé a irme, pero me jaló de vuelta por el cuello y se inclinó para llenar mi clavícula de besos. Las rodillas se me debilitaron al instante, y no estaba segura de si era por los besos o por su agarre brusco en mi cuello. Probablemente por ambos.

No supe de dónde saqué la valentía cuando le agarré la cara y le estampé mis labios contra los suyos. Gruñó como un animal depravado, pero no me devolvió el beso. Era como si se estuviera conteniendo; tratando de controlarse... pero ¿por qué? A regañadientes, me aparté de sus labios calientes y me froté contra él, deteniéndome de golpe cuando sentí una erección descontrolada. Se me abrieron los ojos de par en par. Si lo que sentía era su pene, ¿tal vez era hora de salir corriendo?

—¿E-Eso es...? —empecé sin mirarle la cara, pero me interrumpió levantándome la barbilla con dos dedos y estampando sus labios contra los míos. Intenté seguirle el ritmo, lambetazo por lambetazo, roce por roce, mordisco por mordisco... pero no pasó mucho tiempo antes de que ya no pudiera seguirle el paso y simplemente me quedé allí, dejando que me follara la boca como si fuera suya. Pronto, mis pies se despegaron del suelo y caminó conmigo hacia... Dios sabe dónde...

De nuevo, tal vez era hora de decir adiós e irme, pero todo sobre la situación en la que me encontraba me excitaba sin remedio. Definitivamente era el alcohol; yo nunca dejaría que un extraño me manipulara de forma tan brusca estando sobria. ¿Verdad?

Para cuando una puerta se cerró de un golpe detrás de nosotros, yo estaba ardiendo por todas partes, tanto que incluso gimoteé de decepción cuando sus labios dejaron los míos. Su mano se estiró para encender la luz, pero le agarré el brazo, deteniendo la acción. Por alguna razón, no quería que el misterio terminara. Vale, y tal vez no quería que se le quitaran las ganas al ver lo desaliñada que me veía.

—Yo... preferiría no ver tu cara, ¿por favor? Me gustaría que fuera algo sin compromisos... —supliqué, y se quedó callado por un momento antes de envolver mi cuello con su palma, apretándolo. Era tan vergonzoso lo empapada que estaba en ese momento. Es decir, este hombre no había hecho nada más que besarme y yo ya era plastilina en sus brazos...

El sonido de mi vestido rasgándose me hizo ahogar un grito de pura conmoción. ¿Acababa de...? Antes de que pudiera pensar bien, sus dedos encontraron mis pezones y los retorció, luego los frotó hasta que las rodillas se me doblaron. Me sostuvo por la cadera y luego pegó la boca a mi cuello, succionando con fuerza. Intenté apretar los muslos, pero usó una rodilla para separarlos y luego alojó dicha rodilla directamente debajo de mi entrepierna.

Un sonido necesitado llenó la habitación y me di cuenta con horror de que el sonido venía de mí. Me llevé la palma de la mano a la boca por la vergüenza, y él me la quitó casi de inmediato.

—Quiero oírte gritar, princesa —susurró contra mi oído derecho con el acento británico más fluido que jamás había escuchado, y el sonido viajó directamente a mi centro. Me sonaba familiar de alguna manera, pero en mi estado no podía pensar con claridad para descifrarlo. Me froté contra su pene de nuevo y él gruñó, manoseando mis pechos firmes.

—Entonces fóllame. Gritaré todo lo que quieras, solo fóllame, por favor... —supliqué, mandando toda la vergüenza a la m****a. Escuché el sonido de su cremallera primero, antes de que deslizara sus bóxers hacia abajo y su pene saliera disparado. Solté un pequeño chillido ante la vista. De ninguna manera en el infierno ese pene cabría en mi agujero virgen. ¿Este hombre llevaba un monstruo de dieciocho centímetros en los pantalones? Esto es un adiós.

—Um, lo siento... —empecé, pero el ruido ensordecedor del resto de mi vestido rasgándose me detuvo. Lo siguiente fueron mis bragas, y estaba a punto de gritar por lo caras que eran cuando me besó de nuevo. Más suave, como si mis labios fueran una obra de arte que estaba explorando.

Mis rodillas débiles estaban muriendo de nuevo, pero afortunadamente, todavía me sostenía. La corona de su pene se frotó de repente contra mi centro y me estremecí por completo. Él también exhaló un poco. Me encantaba ver cuánto efecto tenía en él... Al menos no era la única que sentía esto...

En un momento estoy de pie y al siguiente, estoy de rodillas para este desconocido.

—¿Ahora qué? —pregunté estúpidamente. Entonces me golpeó los labios no muy suavemente con su pene y me abrí lentamente.

—Ahora voy a follarme esa boca.

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