LOGINMarieth dio un paso hacia ella, su rostro reflejando celos y frustración.—Esas niñeras son… resbalosas —replicó, como si fuera obvio—. Están en la casa todo el día, cerca de los niños, y también en la noche. Si un día el jefe tiene un antojo, una necesidad, ¿a quién crees que buscará? A la niñera, claro, no a la mujer que trabaja en su oficina.Enfurecida, Marieth zapateó el suelo con rabia, sus manos temblaban de frustración y celos.—¿Y yo qué? ¡Después de todo este tiempo! —exclamó, sin importarle que su voz subiera un poco—. Siete años y ni siquiera he logrado que Arthur me mire como algo más.Zafiro observó el rostro descompuesto de Marieth, y algo en su expresión endurecida se suavizó. Por un momento, dejó de lado el tono sarcástico y calculador que usualmente usaba con ella.—Marieth… —dijo, con una voz mucho más suave—, ¿de verdad lo amas tanto? ¿Tanto como para hacer todo esto?Marieth, con los ojos ligeramente brillantes, asintió sin dudar.—Con toda mi alma, Zafiro. No tie
Arthur reprimió una carcajada y se volvió hacia su hija con una mirada severa.—Samantha, ¿quieres decirme por qué la niñera está encerrada ahí? —dijo, cruzando los brazos.Samantha solo respondió con una risita y un encogimiento de hombros, que confirmaron sus sospechas.Con un suspiro de resignación, Arthur comenzó a quitar los objetos apilados y abrió la puerta del pequeño cuarto.Lo primero que vio fue los hombros de Juliette, que tenía medio cuerpo inclinado hacia adelante mientras intentaba abrir la cerradura con algún objeto improvisado.Arthur tuvo que aclararse la garganta para evitar reírse al ver la peculiar escena.—¿Juliette? —dijo, intentando sonar serio.Juliette caminó de cuclillas, sacando su cuerpo torpemente del pequeño minicuarto. Al levantar la vista, se encontró con la mirada fría de Arthur Thorner, que la observaba con clara insatisfacción.—Definitivamente eres un error temporal —dijo, sin molestarse en suavizar sus palabras—. Solo te quedarás en la mansión Tho
Juliette Blake se encontraba en la cuerda floja, la ansiedad le estaba apretando su pecho como un nudo imposible de deshacer.No había pasado ni un día completo en su nuevo trabajo y ya había golpeado a su jefe, un hecho que parecía irreal y, al mismo tiempo, aterradoramente cierto.Aquel instante había sido un torbellino de emociones, una mezcla de nerviosismo sumado a la impertinencia de los niños que había sido incapaz de manejar.Ahora, mientras se alejaba de la sala de juegos, podía sentir la mirada de todos sobre ella, como si el escándalo estuviera escrito en su frente.«No puedo dejar que esto termine así», pensó, recordando las palabras de su madre, que siempre le había dicho que una buena niñera debía tener paciencia y control.En su mente resonaban sus propias advertencias, sin embargo, no estaría mal pedir un poco de ayuda, así que sus ojos buscaron a quien la había traído a esa casa y suplicó:—No tengo idea de cómo cuidar niños, así que tú tendrás que ayudarme, Saúl. Si
Minutos más tarde, Arthur, decidido a conocer a la nueva niñera y anticipando que sus hijos ya estaban conspirando para deshacerse de ella, caminó con firmeza hacia la puerta de la habitación donde Juliette descansaba.Llamó varias veces, pero no hubo respuesta. Su paciencia se agotaba rápidamente, y conociendo las travesuras de Samantha y Asher, imaginó lo peor.¿Acaso ya la habían espantado?Rebuscó entre sus llaves, pero por alguna razón no tenía copia de esa habitación.La preocupación lo invadió. Si los niños ya habían hecho de las suyas, todo su plan para recuperar un poco de paz se vendría abajo. Sin más opciones, decidió que lo más rápido sería entrar a investigar por el balcón.Juliette, por su parte, dormía profundamente, agotada después de haber trabajado con el ganado desde el amanecer.El sueño pesado la envolvía, y no escuchó cuando Arthur tocó la puerta con insistencia. Él, convencido de que algo malo había sucedido, encontró una escalera en el jardín y se dispuso a tre
Horas antes Arthur había entrado en la cocina con determinación. Había prometido no pedir comida para llevar, y esta vez pensaba cumplirlo. Además, la nevera estaba llena de alimentos frescos, así que hacer un pescado al sartén le pareció una idea brillante.Puso un sartén grande al fuego y, con la confianza de un chef supremo, vertió más de un litro de aceite. Subió la llama al máximo y sacó un robalo de la nevera.Con entusiasmo, comenzó a sazonarlo, usando todo lo que encontró en la alacena: orégano, tomillo, albahaca, ajo en polvo, sal, pimienta.Mientras mezclaba las especias, el aroma que invadía la cocina le hizo sonreír satisfecho.El aceite en la cazuela ya estaba burbujeando peligrosamente, pero Arthur no le prestó atención. Estaba demasiado absorto en su obra maestra culinaria.Finalmente, cuando el pescado estuvo aliñado a la perfección, se acercó con seguridad a la estufa.El aceite hervía, pero él, ignorando el peligro, dejó caer el pescado en la sartén. Fue en ese insta
Juliette lo observó con desconfianza. Sabía perfectamente que no estaba capacitada para trabajar como niñera, pero la posibilidad de continuar sus estudios hacía que su negativa empezara a tambalearse.No quería mostrar demasiado interés. Si algo había aprendido de las conversaciones con sus padres, era que las oportunidades que parecían demasiado buenas solían esconder condiciones que nadie mencionaba al principio.Cruzó los brazos y levantó la barbilla.—Y si acepto, ¿qué? ¿Piensas que con dinero se resuelve todo?Saúl sonrió al comprender que, por fin, había conseguido captar su atención.—No todo. Pero con un título de cirujana, tal vez puedas resolver muchos de tus problemas.Juliette soltó un resoplido, aunque esta vez no se marchó.La imagen de la universidad apareció en su mente. Llevaba demasiado tiempo soñando con estudiar medicina como para rechazar una oportunidad sin considerar sus posibilidades. Si aquel empleo le permitía conseguir el dinero que necesitaba, quizá valier







