Share

Capítulo 3

Author: Gi Dominguez
last update publish date: 2023-07-11 07:09:07

—¿De verdad? —preguntó divertida, y Briana puso los ojos en blanco.

Diez minutos más tarde, Briana se encontraba frente a una gran puerta de madera de roble. Extendió su pequeña mano, pero la dejó suspendida en el aire, indecisa sobre si debía golpear o no. Finalmente, lo hizo.

—Vete —exclamó una voz desde el otro lado, pero Briana ingresó de todas formas.

—Soy yo, Briana —dijo.

—Amiga, ven aquí —señaló la cama. Lautaro estaba sentado en el otro extremo. Briana pudo ver su espalda encorvada, derrotada.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Briana, observando el desorden en toda la casa.

—Colapsé, la extraño tanto. Lucía era tan perfecta. Ella sabía cómo tratar a un hombre. Me complacía todos los días, cada vez que despertaba ella me abrazaba y me decía cuánto me amaba. Sabes, era una mujer perfecta, de esas que te enamoran y que son imposibles de olvidar —mencionó Lautaro con la voz quebrada.

—Entonces déjala ir —sugirió Briana.

—¿Dejarla ir? —preguntó Lautaro.

—Claro, quizás...

—No puedo, Briana. Ella es el amor de mi vida, siempre la tendré en mi corazón. Aún conservo cada cosa de su habitación, tal como ella lo dejó. Le gusta levantarse y cepillarse el cabello durante horas, se ponía su exquisita colonia junto con su perfume tan delicado, al igual que sus manos. Dejaba colgado un hermoso vestido en su superchero de cedro, y ese día no lo logró hacer. Aún tengo cada uno de sus recuerdos —dijo Lautaro con tristeza.

—Pero no puedes vivir de eso, tienes que seguir adelante —insistió Briana.

—No puedo, Briana, no puedo —respondió Lautaro.

Briana suspiró, sabiendo que él solo se enfocaba en esa mujer, que en realidad no era lo que parecía. Decidió acompañarlo en silencio, sentándose en la cama y mirando a su alrededor. Le parecía que esa habitación tenía un ambiente tan masculino y elegante, era la habitación de Lautaro. A pesar de lo supuestamente excelente que era su matrimonio, ella tenía su propia habitación y se veían de vez en cuando en algunos encuentros. Pero el doctor estaba tan ciego que ni siquiera se daba cuenta de eso, de que su mujer necesitaba una habitación aparte. Pero bueno, Briana suspiró, se puso de pie, alisó sus pantalones de jeans y se dirigió hacia la puerta.

—Tengo que darle clases a su hija —comentó una vez y salió.

Suspiró, Emma recibía clases en casa, era algo que el autor había exigido. Aunque él mismo ni siquiera podía ver a su hija, porque le recordaba a su esposa. Se sentía mal por él, aunque en parte ella también quería estar con su amiga. Afortunadamente, Emma apenas iba al jardín de infantes o debería ir pronto, y la próxima semana ya empezaría el jardín.

—Hola, Emma —saludó Briana mientras se acercaba a su lado. Emma estaba pintando con colores pasteles.

—Hola, tía —comentó Emma mientras miraba a Briana. Briana era su tía, aunque nunca la había visto como tal, ya que nadie se lo había mencionado. En su pequeña cabeza, era más considerado que Briana la visitara porque era su tía. Aunque en parte, Brriana también la quería mucho a Emma, pero no del todo. Briana era una empleada que recibía un sueldo por estar allí.

—¿Qué estás dibujando, cariño? —preguntó Briana.

—Estoy dibujando a ti, a papá y a mí —respondió Emma.

—Qué bonito salimos, tienes una sonrisa cálida —dijo Briana con cariño.

—Quiero que vivas aquí todos los días, así te puedo ver y me cuentas cuentos hasta quedarme dormida —expresó Emma.

—Pero tienes a papá —señaló Briana.

—Papá nunca me lee cuentos —protestó Emma, frunciendo el ceño, y Briana suspiró con una sonrisa triste. Acarició el cabello de la niña y ella sonrió.

Tres horas más tarde, Briana se encontraba camino a su casa. En cuanto llegó, vio un mensaje en su teléfono.

“Hola bonita, paso a recogerte a las 8. ¿Te parece bien?”, era un mensaje de Eduardo, uno de los empleados de la mansión.

Él trabajaba como mozo y era el hijo del mozo que había estado allí durante muchos años. Eduardo había heredado el puesto y era excelente en su trabajo. Sin embargo, se había fijado en Briana. La encontraba hermosa, con su cabello dorado que llegaba hasta la cintura, sus ojos azules y su tez blanca con una perfecta salpicadura de pecas en su nariz. Lo hacía ver adorable, y sus dientes eran grandes pero perfectos.

En cuanto Briana vio al joven parado en la puerta de su casa, dejó el teléfono a un lado.

—¿Viniste? —preguntó confusa al verlo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Contrato con el viudo paralítico    38

    Su ego no respondió. Resignada, decidí hacer una locura y me recosté en el suelo de la alfombra."Entonces dormiré aquí, ¿te molesta?," me crucé de brazos para protegerme del frío."Briana, por favor, ve a la cama," pidió Lautaro, pero yo negué."No quiero," dije como si fuera una niña, y él suspiró."Te vas a enfermar ahí abajo, hace frío," advirtió."Pues me enfermaré, y será tu culpa," mencioné con molestia."Bueno, está bien. Vamos a la habitación," dijo él mientras avanzábamos hasta llegar. El color celeste del acolchado hizo su aparición cuando ingresamos. Las cobijas estaban un poco deslizadas hacia abajo, ya que yo había salido."Está bien, dormi

  • Contrato con el viudo paralítico    37

    — En realidad no, ella quería comer un trozo de pastel y yo lo preparé para ti — murmuró ella con pena, dejando su mirada en Lautaro.— Briana, pareces una niña de kínder en serio — comentó Lautaro poniendo los ojos en blanco y acercándose a Olivia, quien tenía un rostro de tristeza.— Te juro que yo solo quería probar una porción. Además, ¿por qué te está preparando algo a ti que eres mi esposo? — pregunté.— Quizás solamente quiso tener un gesto amable por quedarse aquí, y tú la estuviste golpeando — precisó Lautaro. — No puede ser, Briana, por favor, tienes que comportarte — murmuró y después dijo: — ¿Quieres tomar una taza de café conmigo, Olivia?— Claro, Lautaro, c&

  • Contrato con el viudo paralítico    36

    — Ni una ni la otra. — Murmuró distraída mientras miraba su teléfono.— No son novios. — Quise saber.— Te dije ni una ni la otra. — Comentó.— Bueno, ya entendí. — Puse los ojos en blanco.— Mira, ahí está entrando. — Comentó mientras se escuchaba la puerta ser abierta con una llave.— ¡Buenas! — Exclamó y su sonrisa se borró en cuanto me vio. — ¿Por qué está ella aquí? — Preguntó.— Qué linda bienvenida que me das. — Comenté molesta, cruzando mis brazos.— Yo mejor me voy. — Comentó Blanca.— Gracias por todo. — Murmuré y ella asintió.

  • Contrato con el viudo paralítico    35

    — No me interesa. — Respondí cortante, y me di la vuelta para entrar en la habitación.Me acosté en la cama y tenía puesto incluso un camisón transparente para que él me viera, pero en cuanto se recostó a mi lado, ni siquiera me prestó atención.— Buenas noches. — Murmuré, pero él ya se había quedado dormido. Quise llorar, lo único que faltaba era que apareciera una versión exactamente igual a Lucía y más malvada.Al día siguiente, cuando me di vuelta para darle un beso de buen día a Lautaro, él ya no estaba en la cama. Molesta, me puse de pie, me puse las zapatillas y salí directo para ver a Emma. Pero al abrir la puerta, me di cuenta de que la habitación estaba vacía. Me di la vuelta y pude ver que...Suspiro, siento un nudo en la garganta, y adem&aac

  • Contrato con el viudo paralítico    34

    —¿Quieres que pongamos esto en la biblioteca? — Preguntó.— Tienes razón, creo que irían mejor ahí los libros. — Murmuré.—Claro. — Asintió, pero me detuvo. — Pero en caso de que... si llegara a pasar algo, no llegamos a separar cosas, que dudo, te devolveré todo, Briana. No te preocupes por eso.— Tienes razón. — Comenté dejándolo ir.A veces, cuando quería decirle algo, lo detenía tomando la silla de ruedas. Suspiré y empecé a caminar alrededor de la habitación, pensando que ahora viviría aquí. Era tan lujosa y extravagante. El baño era más grande que mi casa. Había un lujo que a veces parecía innecesario, aunque me agradaba la idea de que Emma tuviera una habitación enorme solo pa

  • Contrato con el viudo paralítico    33

    "Fue cuando tú habías venido con Lucía y conmigo", dije recordando aquel momento, hace bastante tiempo."Bueno, en ese momento...", comenté con sinceridad."Entonces, por eso te veía tan sonriente en ese momento", dijo Lautaro."No estaba sonriente", comenté y levanté una ceja. "¿A este chico qué le picó? ¿De qué está hablando?""Te veía más feliz de lo usual", se encogió de hombros."Pues debes estar imaginando cosas, Lautaro", comenté, recordándome en ese momento, sin creer que yo estuviera de esa manera que él describía."Pues es como te vi", dijo Lautaro.Corrección y edición del texto:Los siguientes días fueron bastante felices para mí. Me sentía euf&oac

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status