LOGINCon la bendición del Rey, la maquinaria de Blackwood se puso en marcha con una eficiencia aterradora. Ya no había espacio para el luto silencioso; el castillo se llenó de costureras, floristas y chambelanes.
Pasaron tres días agotadores de pruebas de vestuario. Me sentía como un maniquí mientras los sastres ajustaban mi jubón de seda negra y plata, asegurándose de que cada costura fuera perfecta para el nuevo Duque. En otra ala del castillo, sabía que Elowen pasaba por lo mismo. Flores de invierno por aquí, mantelería de lino por allá; el salón de fiestas, antes sombrío, fue transformado en un jardín de cristal para ocultar la tragedia que nos unía.
Elowen parecía exhausta. Cada vez que nos cruzábamos en los pasillos, escoltados por sirvientes que cargaban telas y adornos, veía el cansancio en sus ojos, pero ella seguía adelante sin una sola queja. Estaba cumpliendo con su parte, organizando un evento que, en el fondo, ambos sabíamos que era nuestra sentencia.
Tres semanas después de la muerte de mi padre, el gran día llegó.
El salón de ceremonias estaba a reventar. La nobleza del Norte y los representantes de la corona llenaban los bancos bajo la luz de miles de velas. Yo estaba de pie en el altar, con la espalda tan recta que dolía, mirando hacia las pesadas puertas de roble.
Entonces, se abrieron.
Elowen entró del brazo de Sir Thomas. Su vestido era una obra maestra de encaje y seda, pero su rostro estaba cubierto por un velo que no lograba ocultar su palidez. Caminó hacia mí con paso firme, y cuando su padre me entregó su mano, sentí que sus dedos estaban tan fríos como el mármol.
El sacerdote comenzó el rito. Sus palabras sobre el amor, la lealtad y la eternidad sonaban vacías, como ecos en una cueva profunda. Yo respondí mis votos con una voz mecánica, mirando por encima de la cabeza del clérigo, evitando encontrarme con los ojos de mi esposa.
—Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre —proclamó el sacerdote, cerrando el libro sagrado—. Puede besar a la novia.
Me acerqué a ella. Elowen levantó ligeramente la barbilla, cerrando los ojos. Fue un beso rápido, un roce de labios despojado de cualquier rastro de ternura. Un beso frío que no sabía a promesa, sino a contrato cumplido.
Cuando me separé, el salón estalló en aplausos, pero el silencio en mi pecho era absoluto. El compromiso se había convertido en realidad. Ahora, ella era la Duquesa de Blackwood, y yo, un hombre encadenado a una vida que nunca quise.
S.P. Rivers “En un mundo de deudas, el corazón es la única moneda real”.
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La noche caía sobre los bosques en las afueras de la capital cuando la guardia personal del Duque del Norte, acompañada por un escuadrón de élite del palacio, irrumpió en una antigua fortaleza abandonada que los informantes de Alistair habían localizado. El choque de aceros, el resonar de las botas contra las piedras viejas y las órdenes gritadas a viva voz rompieron el silencio de la espesura. ⚔️🌲Alistair Blackwood lideraba la avanzada con una presencia imponente. A su lado, sir John y sus hombres avanzaban con precisión militar, acorralando a los mercenarios que intentaban reaccionar ante la sorpresiva redada.—¡Desarmen a todos los que puedan! ¡Necesitamos respuestas! —ordenó Alistair, deteniendo el contraataque de dos hombres con un movimiento firme de su espada.La batalla fue feroz y caótica. Varios mercenarios cayeron desarmados o sometidos por la abrumadora fuerza del Norte. Sin embargo, no todo resultó tan sencillo. En la parte trasera de la fortaleza, la figura misteriosa
La tarde se presentaba idílica, con un cielo despejado que se reflejaba como un espejo sobre las mansas aguas del lago de los cisnes, un paraje retirado y exclusivo en las inmediaciones de la capital. Aiden y Ania habían decidido aprovechar el buen clima para romper la rutina, disfrutando de un apacible paseo en bote y de un picnic sobre la fresca hierba de la orilla. Tras semanas de constantes encuentros, la complicidad entre ambos era un refugio innegable. 🛶🧺—Debo admitir que tenías razón, Aiden. El reflejo del sol en el agua es hermoso aquí —comentó Ania con una sonrisa, mientras acomodaba el vestido color marfil que llevaba puesto—. En el Norte los lagos suelen estar congelados la mayor parte del año.—Me alegra que te guste, Ania —respondió Aiden, vistiendo una cómoda camisa blanca con detalles dorados y un chaleco amarillo suave que se adaptaba perfectamente a la tarde de campo. Sus ojos la miraban con una calma que rara vez mostraba en el palacio—. Quería que tuviéramos una
El tiempo en la capital poseía un ritmo vertiginoso, muy diferente a la pausada y predecible calma del Norte. Casi dos meses transcurrieron como un suspiro sobre la corte del Sur, transformando las primeras impresiones en lazos más sólidos y modificando sutilmente la rutina de la familia Blackwood y la familia real. La primavera había cedido su lugar a los días más cálidos del año, y con el cambio de estación, la vida social y los hilos políticos se entrelazaron de una manera que nadie podía ignorar. ☀️🏛️Durante esas semanas, Lyra se convirtió en una figura recurrente y respetada en los salones de la alta sociedad. Se la vio asistir a los recitales de poesía en los palacios de verano, participar en las exclusivas ferias de arte y pasear por los pabellones de cristal de la nobleza. Luciendo en una ocasión un distinguido conjunto de faja alta morada con una blusa de encaje blanco pulcro, y en otra, un vestido azul profundo con detalles dorados, Lyra cautivó a muchos. Conoció a varios
El sol de la tarde se filtraba con suavidad a través de los altos ventanales de la residencia de los Blackwood en la capital. Los días posteriores al banquete real habían traído consigo un ajetreo constante, pero dentro de los salones familiares, la atmósfera profesaba el porte firme y templado del Norte. Mientras la servidumbre se movía con discreción de un lado a otro, ordenando los lujosos tapices y preparando los carruajes, las dos hermanas Blackwood experimentaban la estancia en el Sur desde perspectivas completamente diferentes.Lyra se encontraba en el salón de té de una de las residencias más prestigiosas de la alta sociedad, invitada a una reunión donde damas de la aristocracia y jóvenes herederos conversaban de forma amena. Llevaba un vestido de corsé verde esmeralda y una falda fluida color marfil que realzaba su porte maduro y su mirada serena. Para ella, este viaje no representaba una presión por asegurar un matrimonio arreglado, sino una oportunidad para expandir sus hor
Al cruzar de regreso las pesadas cortinas de terciopelo carmesí, el estruendo del Gran Salón volvió a envolverlos, pero la atmósfera ya no se sentía igual para Ania. El abismo invisible que había percibido minutos antes se había esfumado por completo tras su conversación en el balcón. Caminando al lado de Aiden, notó cómo la rigidez de los hombros del príncipe se había disipado, mostrando una soltura que solo compartía con ella. La timidez del reencuentro dio paso a una calidez reconfortante; ya no era el inalcanzable heredero al trono, sino su querido amigo de siempre, el confidente de sus cartas.—Parece que tu ausencia ha causado cierto revuelo entre las jóvenes de la corte, Su Alteza —comentó Ania en un tono bajo y divertido, rompiendo el hielo por completo mientras avanzaban hacia el centro del salón.Aiden soltó una risa ahogada, mirándola de reojo con complicidad.—Es el precio de llevar la corona, supongo —responded él con una sonrisa ligera y calmada—. Aunque admito que mante
El Gran Salón del Palacio Real de Aethelgar resplandecía con una magnificencia cegadora. Miles de cristales tallados pendían del techo, reflejando la luz de innumerables velas que iluminaban los intrincados frescos dorados. El ambiente estaba impregnado del aroma a perfumes caros, licores selectos y el murmullo constante de la alta sociedad. La música del arpa y los violines flotaba en el aire, dictando el compás aristocrático de una noche diseñada para exhibir el poder de la corona. Para la familia Blackwood, esta recepción no era solo un evento social, sino la declaración oficial de su retorno al epicentro político del reino. 🏰✨Alineados según el estricto protocolo de la corte, los lobos del Norte avanzaron atrayendo todas las miradas. El Duque Alistair caminaba con una solemnidad implacable, flanqueada por la Duquesa Elowen, cuya elegancia serena parecía congelar el tiempo. Detrás de ellos, Lyra se movía con un porte regio y maduro, vistiendo su vestido de corte limpio en tonos o







