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Capítulo 7

Penulis: Zafira
Acorralada por la vida, Elvia por fin se puso a trabajar. Pero llevaba más de veinte años sin pisar una oficina. Nadie quería contratarla.

Al final, lo único que consiguió fue un puesto en un restaurante, lavando platos.

Toda la rabia que traía encima la desquitaba con Pedro y Hugo.

Cada tarde, apenas regresaba del turno, desde el departamento se oían los gritos: los alaridos de Hugo y las súplicas de Pedro. Día tras día, lo mismo.

Hubo vecinos que ya no aguantaron, tocaron la puerta y dijeron:

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  • Crié Gemelos para la Venganza   Capítulo 11

    El karma llega así de golpe.La prima de Jorge me llamó por teléfono y me contó que a él le dio un derrame y lo llevaron al hospital. El médico dijo que, aunque llegara a recuperarse “bien”, igual quedaría a medias: con medio cuerpo sin responder.Por fin, lo de Jorge quedaba zanjado.Ahora le tocaba a Elvia.A través de un agente inmobiliario me enteré de que Elvia había alquilado un departamento en un barrio antiguo. En cuanto tuve la dirección, se la pasé a los cobradores, sin perder un minuto.Cuando llegué, justo vi cómo varios hombres la sacaban del edificio junto con los dos niños.El cobrador le repartía golpes por todas partes, y a ella ya se le veía sangre en la comisura de los labios.—¡Debes y no pagas! ¿Todavía te atreves a esconderte?Elvia cayó de rodillas y se aferró a la pierna del hombre, desesperada.—¡Sí puedo pagar! Denme un poco más de tiempo, de verdad puedo pagar.—Está bien —sonrió el cobrador, con malicia—. Pon una fecha. Y si para entonces no pagas, te va a t

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    Cerca del mediodía, vi por las cámaras que Elvia volvió a casa, hecha pedazos, con la mirada perdida.Cuando notó la tarjetita publicitaria colgada de la manija de la puerta, por instinto estuvo a punto de tirarla. Pero al leer lo que decía, se quedó quieta un segundo y se la guardó en el bolsillo.Yo supe que ya había caído. Como imaginé, Elvia pidió uno de esos préstamos rápidos. No pasaron ni dos días cuando ya estaba acostada en una camilla, rumbo al quirófano.Se hizo de todo: se operó los párpados, la nariz, se puso relleno por toda la cara… hasta se retocó los labios.Poco después, se llevó a Pedro y a Hugo y se mudó.Elvia creyó que, con una cara nueva, podía empezar de cero. Qué lástima que no sabía algo: esa tarjetita del préstamo la elegí yo, con toda intención. El interés más alto. El grupo más turbio.La deuda creció como bola de nieve. No pasó mucho antes de que los cobradores llegaran a tocarle la puerta.Pero el departamento ya estaba vacío.Yo escuché los golpes, y abr

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    El médico, sin más remedio, tuvo que operar a Hugo.Cinco horas después, sacaron a Hugo del quirófano.Pero el médico, aun así, sacudió la cabeza, con expresión triste.Elvia creyó que eso significaba que el niño había muerto. Se puso de pie de un salto.—¡Ja, ja, ja! ¿Entonces ya se murió el inválido?El médico se quedó helado. Era la primera vez que veía a una madre tan fría.—El niño no está en peligro de muerte, pero el daño cerebral es severo; a partir de ahora no podrá valerse por sí mismo.A Elvia se le borró la sonrisa de golpe. Miró al médico con odio, como si lo culpara por haberlo salvado.Pero lo realmente inesperado vino después.Al día siguiente, la cuenta de Pedro explotó: de la noche a la mañana llegó a cien mil seguidores.Y esos videos donde Elvia golpeaba e insultaba a sus hijos se hicieron virales.Fueron tendencia tres días seguidos.En cada video había decenas de miles de comentarios. Yo me puse a leerlos por encima, sin prisa.La gente en internet sí que sabe esc

  • Crié Gemelos para la Venganza   Capítulo 8

    Cayó la noche y, del otro lado de la puerta, se desató el infierno.—¡Que se larguen! ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! ¡Ustedes dos, amantes asquerosos! ¡Sinvergüenzas!Elvia aventó las maletas de la empleada hacia el pasillo y luego le estampó una bofetada en toda la cara.Jorge se abalanzó sobre la empleada de inmediato, cubriéndola con su cuerpo.—Elvia, ¿qué te pasa? ¿Te dio un ataque o qué? ¡Ella está embarazada! Si a ella le pasa algo, te las vas a ver conmigo.Al escuchar eso, Elvia se quedó helada. Los ojos se le pusieron rojos, como si se le hubiera reventado algo por dentro.—¡Yo me jugué el pellejo por ti! ¡Me tragué la humillación y te di dos hijos! ¿Y así me pagas?Jorge la miró con desprecio y echó un vistazo hacia adentro, donde estaban los dos niños.—Luisa no permitió que David y Óscar me reconocieran como su padre. Y tú… tú pariste a estos dos. ¿Qué quieres? ¿Que la familia Martínez se quede sin descendencia?Se enfrascaron en una pelea interminable. Jorge se dio media vuelta

  • Crié Gemelos para la Venganza   Capítulo 7

    Acorralada por la vida, Elvia por fin se puso a trabajar. Pero llevaba más de veinte años sin pisar una oficina. Nadie quería contratarla.Al final, lo único que consiguió fue un puesto en un restaurante, lavando platos.Toda la rabia que traía encima la desquitaba con Pedro y Hugo.Cada tarde, apenas regresaba del turno, desde el departamento se oían los gritos: los alaridos de Hugo y las súplicas de Pedro. Día tras día, lo mismo.Hubo vecinos que ya no aguantaron, tocaron la puerta y dijeron:—¿Puedes dejar de pegarles a los niños? ¿De verdad eres su mamá?—Sí, ya ni es por el ruido; asustaste a mi hijo, se puso a llorar.—Yo vi a esos dos: uno en silla de ruedas y el otro con discapacidad intelectual; capaz que así quedaron de tanto golpe.—¿Y de dónde salieron? Vivimos aquí desde hace años, ¿por qué de pronto te salieron dos hijos ya tan grandes?A los vecinos se les soltó la lengua y, de golpe, se les desbordó todo. Chisme tras chisme, rumor tras rumor, como si nadie hubiera estad

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    Sonaron varios latigazos de cinturón.Yo ya sabía: a Hugo le estaban pegando otra vez.Tenía una discapacidad intelectual y se equivocaba a cada rato. Desde que me mudé, casi todos los días escuchaba cómo lo insultaban y lo golpeaban a través de la pared.Ese día, por casualidad, me encontré con Pedro.Iba a comprar verduras, avanzando como podía en la silla de ruedas. Tenía la cara llena de moretones, uno por aquí y otro por allá, y me daba una pena que me apretaba el pecho.La salida del edificio era una rampa larga. Él giraba con dificultad los aros de las ruedas, pero no le alcanzaba la fuerza: cada intento terminaba igual, se le iba la silla hacia atrás y se deslizaba de nuevo.Me acerqué, lo agarré de las manijas y, de un solo jalón, lo empujé hasta arriba.Pedro giró la cabeza. Cuando vio que era yo, bajó la mirada.—Gracias.—¿Quieres que llame a la policía?—No sirve de nada. Si llamas, nomás van a pegarme más fuerte —sus ojos se entrecerraron, y en su voz se le coló un rencor

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