INICIAR SESIÓNElisa siguió al rubio por un largo pasillo del hotel, hasta que abrió una puerta que conducía a una sala enorme con miles de sillas acomodadas en mesas redondas con manteles de seda y floreros con flores rojas carmesí que ella no reconoció y miles de rosas adornando cada espacio.
Había ventanas enormes que dejaban entrar la luz de la ciudad y llenaban el lugar con colores amarillentos y cálidos.
Se quedó parada en la entrada sin querer dar un paso al frente. Emanuel caminó hasta la mesa donde estaban las bebidas y se sirvió en una copa una gran cantidad de algo que Elisa pensó era aguardiente, luego se mordió el labio, esa gente no tomaría aguardiente, lo más probable es que fuera vodka, whisky o cualquier otra cosa importada y muy cara.
Un hombre muy alto, se acercó a Emanuel, lo abrazó y en medio de retortijones le dio muchos besos en las mejillas y la frente, tenía el cabello rubio largo trenzado a la perfección y una barba de unos varios centímetros, luego lo soltó y Emanuel corrió hacia una mesa donde se sentó pesadamente, luego el grandote se dirigió a Elisa, caminando con firmeza hacia ella.
Tuvo que aguantar las ganas de salir corriendo, era un hombre exageradamente alto y fornido. Cuando él llegó hasta ella intentó dar un paso atrás —¡Cuñada! —le dijo— Oye, eres mucho más guapa de lo que esperaba —Elisa abrió la boca para contestar, pero, ¿Qué podía decir? Sonrió con timidez — Ahora ve con mi hermano y finge ser la esposa perfecta, prometo que te explicaremos todo luego, la gente ya va a llegar.
Elisa caminó hasta la mesa y se sentó junto al hombre que miraba el vaso de vidrio medio lleno.
Trató de respirar con calma, si era una fiesta habría fotos, discursos y hasta vals, ¿cómo sobreviviría a todo eso? El nudo en la garganta se incrementó, sentía nostalgia por dejar a su madre, miedo y mucha ansiedad, así que miró el vaso que sostenía el rubio en la mano y luego de no pensarlo ni por un segundo se lo quitó y bebió el contenido de un solo trago; era la cosa más fuerte que había probado en su vida, los ojos se le llenaron de lágrimas y tosió varias veces, definitivamente no era aguardiente.
Dejó el vaso frente a Emanuel que ni siquiera le importó que la muchacha le robara el licor.
—Ahora sí —dijo Elisa y le apretó el brazo al hombre para que la mirara —. ¿Qué está pasando aquí? —él miró la mano de ella sobre su brazo y lo movió para quitársela de encima, luego se dedicó a mirar para el techo en silencio.
Elisa lo observó, tenía la mandíbula cuadrada y la barba tenía varios tonos de rubio, al igual que el cabello perfectamente peinado hacia atrás, y bajo los ojos verdes había un par de ojeras que estaban disimuladas bajo un poco de maquillaje, él también tenía maquillaje, y a Elisa le entró la necesidad de mirarse en un espejo, ya no recordaba cómo se veía.
Se tocó el cabello, el peinado que le habían hecho seguramente ya se habría destruido a causa de sus rebeldes ondulaciones.
—¿Me escuchaste? —le dijo ya con impaciencia al hombre y lo empujó por el hombro.
—Sí, lamentablemente —trató de ponerse de pie, pero Elisa lo tomó por la muñeca con fuerza impidiendo que se levantara, el hombre la miró a los ojos con una fiereza que le hizo temblar la voz.
—O me explicas que está pasando o me largo ahora mismo —Emanuel rio, debió de haber sido un patético intento de amenaza, pensó Elisa, ya que el hombre se puso de pie.
—Ya firmaste, no hay marcha atrás —se fue a la mesa de las bebidas a servirse más licor.
Quiso seguirlo, pero varias personas entraron por la amplia puerta, entre ellos unos cuantos camarógrafos, así que Elisa se ajustó el moño. si querían que actuara, pues eso haría, pero cuando acabara la fiesta y la farsa obtendría las respuestas que quería de la manera que fuera.
Los invitados llegaron a la fiesta progresivamente y se fueron acomodando en las sillas en un orden específico que la muchacha rubia que guio a Elisa al ascensor les estaba indicando; Mientras tanto, Elisa aprovechaba para bailar con algunos señores o chicos uno que otro merengue que el DJ ponía en medio de la música rara que escuchaban los ricos, pero la mayoría no sabía bailar bien y Elisa terminaba bailando mostrando su sabrosura caribeña. Los tacones comenzaban a lastimarle los pies, por suerte no eran muy altos.
Al final terminó dándose por vencida y dejó a un señor en media canción, y luego caminó hasta donde estaba Emanuel, el hombre había bebido toda la noche y ya se le notaba un poco que estaba mareado.
—Sigue bailando —le dijo él apenas la vio llegar y Elisa bufó.
—Yo soy la que estoy haciendo el esfuerzo para que esto parezca real, y eso que ni sé por qué, usted lo único que ha hecho es tomar.
—No me hables así, niñita —le contestó señalándole con el dedo y justo cuando Elisa pensaba contestarle con tres piedras en la mano, el hombre de cabello largo apareció de repente y se sentó frente a ellos.
—No se les ocurra pelear, ¿Están locos? —dijo.
—No te metas, Alexei —le contestó Emanuel dando otro trago a su vaso. Su hermano le quitó la bebida y los señaló a ambos.
—Acabo de pedir una canción, van a bailar y se van a dar unos besitos en medio de todos, ¿Entienden? —Elisa se cruzó de brazos y Emanuel negó.
—No voy a bailar —dijo y el grandote lo agarró con fuerza del hombro.
—Fuiste tú quien se dejó manipular por papá para hacer esto, aunque Luna, Paloma y yo te dijimos que no —le habló muy de cerca y con profundidad —. Así que no te quejes y haz lo que tienes que hacer.
Elisa sintió que sobraba en la conversación, era evidente que Alexei era el hermano mayor, y estar en medio de un regaño de hermanos era lo último que quería presenciar.
Emanuel le dio una última mirada de odio a su hermano, tomó la mano de Elisa y la arrastró a la pista de baile.
Elisa sabía bailar todo tipo de música, era una muy buena bailarina y le gustaba presumir en las fiestas de fin de año del barrio o el día del amigo secreto.
Una clásica canción de los hermanos Medina comenzó a sonar por los parlantes y a Elisa le sorprendió gratamente que Emanuel la tomara con firmeza y comenzara a bailar la pieza con una naturalidad innata, así que se dejó llevar, puso las manos sobre los hombros del hombre, pero conservó una sana distancia.
El vestido no la dejaba bailar bien, hacía que se tropezara, así que Emanuel la atrajo más hacia sí mismo y casi la cargó. Se dejó guiar por el rubio que a veces tambaleaba un poco, ¿Cómo es que se había comenzado a emborrachar tan rápido?
—Hay una cámara grabando —le dijo cerca del oído y Elisa sintió como el cálido aliento le erizó el cuello —. Acércate más —la mano que le tenía en la cadera la atrajo más y ambos juntaron sus torsos, luego el estómago. Sintió como se le calentó la cara, Emanuel estaba calentito y olía muy bien, y mientras bailaban la barba del mentón le hacía cosquillas en el pómulo a Elisa.
Cuando la canción terminó, Emanuel le tomó la barbilla con delicadeza y le levantó la cara, la joven vio cómo le brillaban los ojos verdes y le dio un beso fuerte y torpe en los labios, luego la soltó y todo el calor se fue con él dejándola extrañamente vacía y con una sensación insatisfecha.
Elisa se quedó parada de pie en medio de la pista, viendo como su esposo se alejaba mientras tambaleaba. Una lluvia de flashes cayó sobre ella y se vio obligada a seguirlo hacia la mesa con una sonrisa para disimular no tanto por él, ella tampoco quería quedar humillada en medio de la pista de baile, después de todo era la novia, en la mesa el hermano de Emanuel, Alexei, los miró con una sonrisa torcida.
—Pareciera que ambos están borrachos — cómo única respuesta, Elisa tomó el vaso de Emmanuel y se tomó de un trago el contenido, esa vez no tosió, pero los ojos sí se le llenaron de lágrimas.
Alexei la miró y ella señaló el vaso como culpable de las lágrimas mientras se limpiaba el rabillo del ojo, pero ella sabía que era una mera excusa.
6 Meses despues Ya habían pasado meses desde el acontecimiento y a Elisa aún le costaba dormir en la noche, despertaba en medio de pesadillas con el rostro transformado de Luna. Despertaba sudorosa de un salto cuando caía junto con ella del helicóptero, pero los brazos de Emanuel estaban ahí para abrazarla y decirle que la lucha ya había terminado, que ya estaban a salvo y que todo estaba bien, y cada vez las pesadillas se hacían menos frecuentes; Pero Elisa sabía que nunca se irían del todo, era el peso que tenía que cargar, cada decisión que había tomado en la vida la habían llevado a aquellos momentos, la habían llevado a sostener a su hijo entre sus brazos. La vida la había golpeado con fuerza, pero el bebé de cabello negro y de ojos azules que dormía pacíficamente sobre su regazo era el premio que le había dado por no rendirse. El bebé despertó con un amplio bostezo y la luz del sol que se colaban por las blancas cortinas le rozaban la suabe piel pálida. Elisa lo contempló con
El charco de sangre que salía del cuerpo de Alexei se mesclaba con el líquido amniótico rojizo que salía de Elisa, y los fuertes dolores hacían que ella lanzara terribles gritos de agonía mientras trataba de presionar la herida sangrante del hombre.—Mirame —le dijo él a Elisa y ella esperó a que pasara el dolor para poder abrir los ojos —Tienes que ser valiente, Elisa —estaba demasiado pálido y sudoroso y cuando Elisa le acarició la mejilla notó que estaba terriblemente frio.—Vamos a estar bien —le dijo y lo tomó del mentón para que la mirara —dilo —Alexei negó con la cabeza.—Elisa ya no siento mis pies, ni el dolor —los ojos de Elisa se llenaron de lágrimas, eso no era una buena señal, así que señaló a Emanuel que estaba un metro más allá apuntando con el
Elisa intentó alejarse lo más que pudo de la mujer que le apuntaba con el arma, y se vio tentada a abrir la puerta y salir corriendo, pero estaba segura de que le dispararía por la espalda.Apretó los ojos y mordió fuerte cuando otro dolor ciego la invadió, no podía permitir que la llevaran, hubiera preferido morir en ese instante antes de ser violada por un enfermo, pero pensó en su hijo, en Mael, él tenía el derecho de vivir y no sería Elisa la que provocara algo que pudiera herirlo.—Es tu sobrino —le dijo Elisa como suplica y la mujer se limpió una lágrima con la punta de la pistola.—No veré a mi hijo probablemente en años, por tu culpa, ¿crees que ahora me importa realmente eso? —le apuntó con el arma a la cara cuando el helicóptero asomó por encima de los árboles y nubes de polvo enorme se alza
Era carretera destapada y el vehículo se movía de un lado a otro con violencia, pero Elisa intentó conservar el equilibrio mientras se lanzaba hacia el frente con el cable enredado en las palmas de las manos, rodeó el cuello de Eduardo Alcántara y se inclinó hacia atrás para comenzar a asfixiarlo. Ni siquiera de detuvo a pensar si quería matarlo, solo sabía que tenía que salir de ahí a toda costa o esa vez sí no la contaría, así que apoyó la rodilla en el respaldo de la camioneta y haló con fuerza el cable enredado en el cuello del hombre. La camioneta comenzó a desviarse un poco hacia la derecha cundo una nueva contracción le hizo perder todas las fuerzas, era un dolor ciego tan fuerte que le nublaba la visión e hizo que el cable se le resbalara de la mano.Escuchó a Eduardo toser varias veces y no pudo hacer nada cuando la tomó p
Elisa puso el celular en silencio después de cortar la llamada de Eduardo Tcherassi, Luna la seguía esperando en la puerta y la acosaba con la mirada, pero los pies de Elisa tardaron un segundo en reaccionar.—¿Estás bien? —le preguntó la mayor de los Alcántara y Elisa asintió.—Solo nerviosa por la junta —Luna le sonrió, la rubia traía el cabello en un bollo alto, como los que se hacía Alexei.—Verás que todo va a estar bien —Ambas entraron, el asiento de Elisa estaba entre Noel y Paloma que lo primero que hizo cuando vio a Elisa fue darle un enorme beso en la barriga.—Te presento a Benjamín Bernal —le dijo y le señaló a un muchacho alto y delgado de cabello negro —El hijo de los Bernal —el muchacho le dio la mano y Elisa le sonrió lo mejor que pudo.En el lugar estaban todos los dire
Un enorme salto de Mael despertó a Elisa, e instintivamente apoyó la mano en su vientre, pero se encontró con la cálida mano de Emanuel que ya estaba ahí.—Siempre patea cuando me siente —le dijo él al oído y Elisa sonrió recostando la espalda en el pecho del hombre, pero la sonrisa se le borró de la cara, el día había llegado.Ya habían pasado dos meses desde que Elisa se hubiera colado en la oficina de Eduardo Alcántara, y por suerte las cosas habían sido bastante calmadas para ellos durante esos dos meses.Emanuel había invitado a los dos inversionistas turcos a una cena en la casa y todo había parecido salir bastante bien, Elisa tuvo que guardar silencio durante toda la cena, una mujer no debía de participar en con versaciones de negocios según los turcos, y mintieron cuando preguntaron si ella había preparado la ce







