Compartilhar

Capítulo 4

Autor: Violeta Cid Lobera
Una semana más tarde, Antonio regresó. Me entregó una chaqueta azul y, desviando la mirada, dijo:

—La tuya se echó a perder. Te compré una nueva.

No sentí nada extraño; la acepté sin más.

Mucho tiempo después supe el precio de esa chaqueta. Con ese dinero podría haber comprado toda la ropa que había tenido en mi vida.

***

Lo que vino después fue casi inevitable.

La actitud de Antonio hacia mí fue suavizándose, y me convertí en su única amiga en esa pequeña ciudad.

Antes del examen de ingreso a la universidad, me preguntó de repente:

—Celina, ¿te gustaría ir al extranjero?

Me quedé en blanco. Él bajó la cabeza, las orejas enrojecidas.

—Mi mamá planea que vaya a Estados Unidos después del examen… ¿te vienes conmigo?

Sonreí con amargura.

—¿De dónde va a sacar mi familia el dinero para mandarme al extranjero?

—Entonces, ¿a dónde quieres ir?

Lo pensé un momento.

—A Quintao. El clima del sur no me sienta bien, y Quintao está más cerca de casa. Si quiero volver, me bastan unas horas de tren.

Antonio estiró la mano y me bajó el gorro de lana hasta cubrirme los ojos. No dijo nada más.

Después, cuando el maestro nos pidió que escribiéramos la universidad de nuestros sueños, pensé que él pondría alguna universidad de Estados Unidos. Pero escribió la misma universidad de Quintao que yo.

Me sorprendí.

—Antonio, ¿no ibas a ir a Estados Unidos?

Apoyado sobre el pupitre, respondió con indiferencia:

—De repente siento que Estados Unidos no es para tanto. Quintao tampoco está mal.

***

Pero tres días antes del examen, rompió la hoja. Le pregunté por qué, y guardó silencio.

Esa noche supe la verdad. La esposa legítima de su padre y el hijo de ambos murieron en el mismo accidente automovilístico.

Su padre hizo que su madre regresara con él. Después de perder a un hijo, finalmente empezó a preocuparse por el único que le quedaba. Dijo que, si se quedaba en Solan, le daría su lugar a su madre y lo haría heredero del negocio familiar.

Él dijo que no quería el dinero de su padre; su madre, llorando, le soltó una bofetada.

—¿Crees que todos estos años de sufrimiento fueron por nada? ¿Por quién crees que fue todo esto? Mientras tu padre me acepte como esposa, yo dejaré de ser una amante. Y nadie volverá a decir que tú eres el hijo de una amante.

El canto de las cigarras hacía vibrar el aire del verano. Bajo la sombra de los álamos, Antonio bajó la cabeza, sin mirarme.

—Lo siento, Celina, no puedo acompañarte a Quintao.

Tenía la voz aún ronca de tanto llorar y los ojos enrojecidos.

Lo pensé un segundo y me puse de puntillas para darle un golpecito en la cabeza.

—No pasa nada. Entonces me voy contigo a Solan.

***

Cuando desperté, ya era de mañana. Tal vez por haberme empapado con la nieve el día anterior, me dolía un poco la cabeza.

Pero esa noche era el cumpleaños de un amigo. El regalo ya estaba comprado; tenía que ir.

Tomé el celular. El mensaje de Antonio estaba arriba del todo. Había enviado una foto: un pijama de Snoopy.

"Olvidaste tu pijama. Pasa esta noche por él."

Era un pijama a juego que había comprado en secreto: uno para él, uno para mí. Cuando me lo ponía, yo sentía una felicidad prestada, como si por un segundo él realmente me perteneciera.

Ahora que lo pensaba, era patético. Respondí solo unas palabras:

"Tíralo. Ya no lo quiero."

No volvió a contestar.

Me di la vuelta y me cubrí los ojos con el brazo.

Después de llegar a Solan, muchas cosas cambiaron en Antonio. Entonces supe que su madre nunca había sido amante. En realidad, ella había estado primero con su padre. Lo tuvo por amor.

Más tarde, su padre eligió un matrimonio por conveniencia con una mujer de buena familia y los abandonó.
Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 17

    —Estemos juntos. Sé que me quieres. De ahora en adelante te daré todo lo que quieras. No voy a estar con nadie más. Vuelve conmigo.Lo miré un momento. No pude evitar pensar: si me lo hubieras dicho hace unos meses, si esa frase me la hubieras soltado antes, habría sido la persona más feliz del mundo.Lo quise durante tantos años. En esos diez años me cansé, lloré, me rompí por dentro, pero nunca dejé de amarlo. Al fin tenía lo que había soñado: Antonio por fin me correspondía.Y aun así, lo único que sentí fue una risa amarga en el pecho. Una fatiga imposible de explicar me apretó el pecho.Negué con la cabeza.—No.Antonio me agarró de los hombros, con fuerza. Se le frunció el entrecejo, y se le encendió algo desesperado en la mirada.—¿Por qué? ¿Te atreves a decir que no me quieres?Le sostuve la mirada.El hombre al que amé durante diez años, el chico que se volvió adulto, su cara no había cambiado tanto, pero yo sentía que el mundo sí.Y por primera vez lo supe con claridad: ya no

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 16

    —Ay, qué lástima, entonces, cuando sea nuestra boda, tú también tienes que venir, ¿eh?No tenía ganas de jugar a las indirectas con ella. Le respondí por compromiso:—Ajá… si puedo.Durante toda la comida, Antonio no encontraba cómo presumir su amor. Que si le servía comida a Marcela, que si le llenaba el vaso, que si se pegaban el uno al otro, empalagosos, como si quisieran que todos lo vieran.Antes eso me habría dolido. Pero esa noche, lo único que me daba vueltas en la cabeza era el beso de Bernardo.¿Qué significaba? ¿Le gustaba yo? ¿Y yo lo quería a él?Mientras tanto, Antonio seguía cada vez más encimoso. Marcela al principio sonreía, hasta que Antonio le dio a probar un pedazo de carne de res y de repente se le borró la expresión.Dijo, tensa:—Antonio, soy alérgica a la carne de res. ¿Se te olvidó?Antonio se quedó helado. Iba a hablar, pero en ese momento se armó el escándalo en otra parte del salón.En la mesa de la familia, los del novio estaban molestos porque los de la no

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 15

    Estos días también había investigado un poco. Resultó que Bernardo era en realidad un pintor brillante, muy reconocido en el ambiente. Una sola obra suya no bajaba de cinco cifras en dólares.Incluso, una pintura suya se había subastado en el extranjero por seiscientos mil dólares.—¿Y qué estás pintando últimamente? Nunca te he visto pintar —le pregunté.Bernardo bajó la mirada hacia mí.—No te voy a decir.—Entonces ni me digas. ¿Crees que me muero de ganas por saberlo? Qué creído eres —puse los ojos en blanco.El viento del mar, frío y húmedo, se colaba hasta los huesos. Después de tantos años en el sur, ya no estaba acostumbrada a un invierno así.Me froté las manos y soplé aire caliente.Bernardo se burló:—Te dije que te abrigaras más. Tú nomás pensabas en verte bonita. ¿Y ahora sí tienes frío, no?Lo miré de reojo.—Un hombre normal ya se habría quitado el abrigo para dárselo a la mujer. ¿Eres hombre o qué?La verdad, yo no solía hablar así. Mis amigos siempre decían que tenía b

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 14

    Fue la primera vez que le pegué, y la primera vez que le grité así.Antonio se quedó parado, sin moverse, con una expresión vacía como si no entendiera.En ese momento sonó su celular. Contestó.Del otro lado se escuchó la voz de Marcela:—Antonio, ¿a dónde fuiste? Me empezó a doler muchísimo el estómago, estoy en el hospital. ¿Puedes venir? ¿Puedes acompañarme?Antonio no dijo nada. Colgó.Pasó un largo rato; entonces habló, bajito:—Celina, si me dices que me quede, ya no me voy.Me limpié las lágrimas con la mano. Mi voz salió tranquila, ya sin fuerza.—Vete. Y no me busques más.Antonio me miró por última vez. En sus ojos solo había una oscuridad pesada.—Está bien —dijo—. Celina, después no digas que no te lo advertí.Y se fue, azotando la puerta.***No sabía por qué Antonio había montado todo eso.Pensándolo bien, quizá era porque yo siempre había vivido pendiente de él. Ahora que de pronto me fui, simplemente no se había acostumbrado. Tal vez, en su cabeza, aunque no me quisier

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 13

    Hasta que Bernardo me preguntó:—Celina, ¿y hoy a dónde vamos a pasear?Antonio dejó los cubiertos sobre la mesa, miró a Bernardo con frialdad.—Perdón, ¿y tú quién eres?La pregunta sonó bastante grosera. Bernardo no se molestó. Sonrió, tranquilo, como si le diera igual.—Ah, yo vivo aquí.Se le descompuso la cara a Antonio.***Esa comida me tuvo con los nervios de punta, como si estuviera sentada sobre alfileres. En cuanto terminamos, tomé a Antonio del brazo y me lo llevé arriba.—¿Qué demonios viniste a hacer? —fruncí el ceño—. ¿No se supone que estabas de vacaciones en la playa con Marcela?Antonio apartó la mirada.—Ya no quise ir.Y de pronto se fue encendiendo, como si de verdad le molestara. Se zafó de mí y me soltó, casi a modo de reclamo:—¿Por qué te regresaste acá así, de golpe? ¿En Solan ya no te alcanza para vivir? ¿No tienes casa? ¿No tienes auto? Yo te doy dinero. Tengo casa, tengo auto, tengo todo. ¡Si vuelves, te lo doy todo!Lo miré.Esa arrogancia afilada en el ar

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 12

    A mi mamá casi se le partió el corazón.Me señaló a mí, como si yo fuera un servicio público.—Ella está en la casa sin hacer nada todo el día. Que salga contigo a dar una vuelta.Bernardo sonrió, satisfecho.—Gracias, Juana.Yo, a un lado, puse los ojos en blanco.Este tipo… ¡Bernardo sí que era mañoso!***A la mañana siguiente me arreglé rápido. En teoría, después de desayunar iba a salir con Bernardo a dar una vuelta. Mi mamá seguía ocupada en la cocina cuando tocaron la puerta."Seguro es Bernardo otra vez, viniendo a comer", pensé.Fui a abrir con cara de pocos amigos.—¿Otra vez vienes a comer gratis?La frase se me atoró en la garganta y abrí los ojos de golpe.El que estaba afuera era Antonio.Llevaba un abrigo negro; tenía los hombros cubiertos de nieve. Al parpadear, la nieve derretida le humedeció las pestañas.—Tú… —balbuceé— ¿qué haces aquí?—Vine a traerles regalos de Año Nuevo a tus papás. Ya aceptaste los míos, así que ahora también deberías darme uno, ¿no?Mi mamá sal

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status