Yo estaba en el balcón, con una lata de cerveza en la mano, y aun así no pude evitar acordarme de lo que me dijo una amiga.Que Antonio iba a llevar a Marcela de vacaciones a la playa. Y en su tono se notaba esa mezcla de enojo y "te lo dije":—¿Cómo es posible que llevas tanto tiempo a su lado y nunca lo hayas conquistado? ¡Si estuvieras con él, te ahorrarías años de esfuerzo, en serio!Yo solo sonreí, sin saber qué decir. Ellos seguro andaban ya como otras parejas, súper dulces, súper felices. Y de ahora en adelante, cada Año Nuevo, ya no iba a necesitarme.Como si, a partir de ahora, su vida tampoco me necesitara a mí.Cuando mis amigas se enteraron de lo mío con Antonio, también me dijeron que era una tonta, que era humillante, que me estaba rebajando. Y yo lo sabía. Sí, lo era.Él nunca habló de quererme, y aun así yo me quedé ahí, en esa zona gris, sin nombre. Porque lo amaba demasiado. No soportaba perderlo. Y aunque fuera una cercanía falsa, esa intimidad engañosa me hacía sent
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