LOGINMi esposo, Alejandro Montoya, el presidente del grupo, creyó que los tres meses de frialdad calculada que, por iniciativa propia, me impuso finalmente habían dado resultado, cuando se enteró de que yo había cedido voluntariamente un proyecto millonario a su asistente favorita. Convencido de que ya me había “domado”, propuso llevarme a Nordella para nuestra luna de miel. Pero cuando Sofía Vega, la asistente a la que más consentía, se enteró, los celos la desbordaron y armó un escándalo, amenazando con renunciar a la empresa. Mi esposo, que siempre la había consentido, entró en pánico. Después de pasar tres días y tres noches atendiendo sus caprichos, usó un viaje de negocios como excusa para cancelar nuevamente nuestra luna de miel y entregarle el otro boleto a Sofía. Mas tarde, me explicó todo con total indiferencia. —El amor y los sentimientos son cosas sin importancia, lo importante es el trabajo. Como jefe, debo poner a la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿no? Miré el celular, en el último estado de Sofía, aparecía una foto de ambos, con las cabezas juntas y las manos formando un corazón, como una pareja enamorada. No dije nada, solo asentí. Alejandro creyó que me había vuelto comprensiva y madura. Quedó muy satisfecho e incluso prometió que, al regresar al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica. Lo que no sabía era que yo ya había presentado mi renuncia. Y que él mismo había firmado, hacía tiempo, el acuerdo de divorcio. Entre él y yo, ya no existía ningún futuro.
View MorePero detrás de mí escuché un llanto desgarrador, ese llanto que escuchas y sabes que está cargado de arrepentimiento y desesperación.Aunque sinceramente, yo sabía que no lloraba porque se hubiera arrepentido… sino porque nunca imaginó que el castigo sería así, de esa manera. Incluso si pudiéramos volver al pasado, él volvería a elegir el mismo camino.La demanda de Alejandro, como era de esperarse la perdió. La otra parte exigió una indemnización equivalente al triple del anticipo. Sumando todo, la cifra se pasaba de los cien mil dólares.La empresa no tenía suficiente liquidez. Alejandro sacó todos sus ahorros, vendió cada objeto de valor que poseía. Y aun así, le faltaba bastante para completar la cifra.Desesperado, decidió vender el pequeño departamento que había comprado en secreto años atrás. Pero al intentar hacerlo, descubrió que el nombre en el título de propiedad ya no era el suyo. Era el de Sofía.Cuando se supo la noticia, nadie se sorprendió. En aquel momento, Aleja
El día que recibí el mensaje, Alejandro volvió a buscarme para pedirme ayuda.La tormenta rugía afuera; él estaba bajo la lluvia, gritando con voz desgarrada, llorando sin consuelo y pidiéndome una vez más que le diera otra oportunidad, jurando que nunca volvería a cometer el mismo error.Corrí las cortinas, me puse tapones en los oídos y me recosté en la cómoda y suave cama. No sentí ni la más mínima lástima. Él, solo se estaba mojando bajo una lluvia pasajera, pero para mí, los cinco años de matrimonio fueron vivir una lluvia que nunca terminaba.Pensé que, si no intervenía, él se iría por sí mismo. Pero, para mi sorpresa, hasta el amanecer del día siguiente seguía allí, parado en el jardín.La lluvia empapaba su cabello que le caía y se le pegaba a sus mejillas. Su rostro estaba completamente pálido, sin nada de color. Nunca lo había visto en un estado tan lamentable.No quería verlo, pero tenía que salir a trabajar. Y así, como me lo imaginé, apenas crucé la puerta, Alejandro s
En ese momento, Alejandro finalmente encontró mi registro. Cuando vio mi nombre en el apartado del solicitante, abrió los ojos como platos y dio dos pasos tambaleándose hacia atrás. Murmuró una grosería entre dientes.—¿Quién aprobó tu renuncia? ¿Acaso no saben cuál es tu relación conmigo?Desquiciado, empezó a llamar a la empresa. La línea se conectó rápidamente, y sin esperar a que hablaran, él desató un torrente de insultos.—¿Verificaron conmigo lo de la renuncia de Irene? ¿Quién les dio derecho a decidir por su cuenta?—Pero, señor Montoya, usted antes no dijo que…—¿Yo dije qué? ¿Dije que la despidieran? ¡Es mi esposa! ¿No lo saben? ¿Cómo manejan así las cosas? ¿No saben ni quién es su jefe? ¡Salgan de mi empresa ahora mismo y no quiero volver a verlos!Después de desahogarse con la persona al otro lado de la línea, Alejandro me miró suplicante, como buscando mi perdón.—Irene, no esperaba que te trataran así… vuelve, ¿sí?Parecía que quería salvarme, pero yo ya sabía la
Parecía que él también lo había recordado.Antes, cada vez que él me arrebataba los proyectos de las manos para pasárselos a Sofía, yo nunca me quedaba tranquila. Siempre terminaba corrigiendo a escondidas los errores llenos de fallas que ella cometía, parcheando todo hasta que el proyecto quedaba finalmente terminado.Pero cada vez, Alejandro se reía y me reprendía por meterme donde no me llamaban, diciendo que Sofía podía hacerlo sola, que era perfectamente capaz de completar el trabajo de manera independiente.Y cuando surgían problemas, él mismo también era el primero en echarme la culpa, reprochándome no haber revisado con suficiente cuidado, diciendo que ni siquiera había visto errores tan evidentes.Así que esta vez, ni siquiera lo miré. Si él decía que Sofía podía hacerlo sola, entonces yo le daría esa oportunidad de lucirse.—No —negué con la cabeza.Sus cejas se fruncieron con fuerza. Al ver que estaba a punto de explotar, hablé con calma:—Este es el trabajo de Sofía,






Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.