LOGINHelena sentía la presión sobre ella, no la de una multitud esperando una gran revelación, sólo eran los ojos de Joaco, y esa aura que poseía cada uno de los Bach, aunque por supuesto, Helena no conocía en persona a ninguno, aun así era tanto de lo que se hablaba de aquella familia, que Helena ahora podía decir sin temor a equivocarse, que todo aquellos rumores eran ciertos.—Por favor, Joaco, no comprendo por qué siempre tienes que actuar así, Dios, deberías de agradecerle que no me dejó simplemente tirada a merced de los periodistas.Amy no era tonta, Amy era muy consciente de lo que sucedía, al menos ahora, cuando el nombre de Ethan había sido mencionado tan abiertamente, y, aun así, la mujer que estaba frente a ella no se parecía en nada a ese hombre, podían ser hermanos, seguro, compartir un apellido, obviamente, pero no por eso significaba que eran el mismo tipo de basura, porque definitivamente ella no era la misma basura que Dakota.—Tengo miedo.Helena casi murmuró aquella fra
Helena disfrutó del tiempo en el que Amy fue atendida, allí tras la cortina Helena no solo no pudo observar qué era lo que pasaba con aquella rubia, sino que simplemente se embotelló en sí misma.Había tomado una decisión desde hacía tiempo, desde siempre, desde el momento en que había decidido cambiar a su prometido por el esposo de otra mujer, no tendría hijos, en parte para salvar a esos niños, pero también para tener su conciencia tranquila.Y es que no se trataba solo de entregarlos a la mafia, era todo lo que aquello conllevaba, por supuesto que su madre Clara era como muchas tantas otras mujeres de la mafia, pasaban sus días en club de campo, comprando joyas, vestidos, todas aquellas cosas mundanas que las pudiera hacer olvidar que sus hijos corrían peligro.Helena siempre había pensado que su madre tenía nervios de acero, sin embargo, la noche en la que informaron que Ethan había sido asesinado, no sólo ella se derrumbó, su madre Clara por supuesto que también lo hizo.Helena
Helena se había quedado mirando a los enamorados con una especie de desconcierto silencioso. Había algo en la forma en que se buscaban con la mirada, en la manera en que él sostenía la mano de ella con una devoción casi desesperada, que la había obligado a pensar, por un segundo absurdo, en lo ajena que estaba a ese tipo de amor. No prestó atención al rostro del hombre al principio, demasiado ocupada en observar la escena, demasiado concentrada en la delicadeza con que él acompañaba a la rubia, como si su sola presencia pudiera romperla.Pero en el instante en que Joaco giró la cabeza y la miró de frente, Helena sintió que el corazón se le detenía.Sus ojos se abrieron con verdadero espanto. El aire se le atascó en la garganta, y durante un instante no supo qué hacer con la boca, si cerrarla, si respirar, si fingir que no había entendido nada.Porque entonces lo comprendió.La mujer a la que había ayudado no era una desconocida cualquiera.Era la prometida de Joaco Bach.Y eso cambiab
Amy apretó el botón que había a un lado de la cama del hospital, y de forma casi inmediata, el mismo doctor que la había atendido ingresó en la habitación.—¿Sucede algo?preguntó de inmediato de forma agitada, y no era para menos, si bien aquel hospital no pertenecía a la familia Bach, ese doctor que atendía a Amy, sí que trabajaba para la familia, y es que los Bach gozaban de tal poder que, tenían un hospital propio, uno destinado únicamente a atender a la familia y a sus allegados, uno que quedaba demasiado lejos de donde Joaco había decidido vivir y trabajar.Fue por eso por lo que su padre Archie Bach, decidió enviar a algunos de los médicos que trabajaban en el hospital Bach a trabajar en aquel lugar, sólo por si acaso, y es que, si bien Owen había renunciado a participar en la mafia neoyorquina, eso no quitaba de que en algún momento alguien quisiera atentar contra la empresa de Moore, esa misma empresa donde Joaco era el CEO.Gracias a qué Archie era sumamente precavido, ahora
—Claro adelante, eres mi salvadora.Rebatió la rubia, mostrando una adorable sonrisa, que por un segundo a Helena, le causó ternura, no porque fuera una niña, quizás solo era un par de años menor que ella, aún así, en aquella mirada, Helena divisaba algo, aunque no comprendía qué.Claro que Helena no tenía cómo saber, que aquello que le hacía empatizar con Amy, era la sombra del desprecio que ambas cargaban.Helena en una mayor proporción, eso nadie lo podía negar, y es que mientras a Helena ambos padres sólo la veía como un objeto a ser utilizado, en el caso de Amy, su madre biológica le había hecho padecer aquello, aunque por suerte, Owen Moore había encontrado una buena esposa, aunque antes fue una buena niñera, gracias a Anastasia, Amy pudo conocer lo que era el amor de madre, y aun así, ese deje de nostalgia, de desprecio, de verse así mismo como una herramienta permanecía allí, clavado muy en el fondo de su mirada.Era eso lo que Helena había detectado, aunque no lo comprendiera
Joaco Bach, era miembro de una de las familias más poderosas que existía en Occidente, el poder de su familia no radicaba únicamente en la riqueza, sino más bien en los favores que los demás les debían.Aunque la familia Bach no se dedicaba a la mafia, tampoco a la política, para todos en general, sólo era una familia de empresarios, magnates, no importaba qué negocio fuese, desde ensamblados de vehículos, empresas petroleras, medios de informática, cualquier cosa que se te ocurra, si los Bach no eran los dueños, poseían acciones, el tener dinero por supuesto le facilitaba el poder cumplir muchos favores que se le solicitaban, pero su poder iba mucho más allá de eso.Y es que a medida que la familia crecía, los vínculos se establecían, la mafia se sentó a la mesa, al igual que la autoridad, si había algo que los representaba a los Bach era la simple frase, que “entre el cielo y la tierra ellos todos lo sabían”, y era por eso mismo que sin importar si fueses santo o pecador, si necesit







