LOGINISABELLA
“¡Me cago en la recórcholis, qué miedo me dio ese barranco!” Thera exclamó agitada y con la lengua afuera.
Yo estaba desplomada contra una de las esquinas del laberinto, cansada a más no poder y con el tobillo hinchado como un jamón.
La niebla fría me ocultaba un poco de todos los ojos vigilantes en las altas gradas.
—Sssh, joder, qué dolor —murmuré pensando en cómo me iba a levantar ahora que toda la adrenalina me estaba abandonando.
“¡Esa hija de puta casi nos deja encerradas en el baño!” Thera siguió protestando y estar enojadas fue la razón que nos llevó a esta situación.
El objetivo era quedar entre las primeras, no desviar todo el foco hacia nosotras.
Pero estando en los casilleros donde dejamos nuestras pertenencias y nos entregaron la ropa de deporte, me dieron otro regalito de bienvenida.
Cuando me metí en el sanitario para cambiarme, mi puerta fue bloqueada desde afuera.
Sé muy bien que fue Miska, su olor intenso y sofocante de Alfa se quedó esparcido por todo el sanitario.
Ni se molestó en ocultarse.
Me cansé de pedir ayuda y nadie me socorrió.
No podía ni colarme por debajo de la puerta y, gracias a una ventanita en las alturas, fue que logré escapar con esfuerzo.
Corrí a la prueba y decidí darle una lección a esa estúpida.
Ya había tenido suficiente en mi vida como para aguantarle humillaciones también a una desconocida.
“Qué lástima que no podemos ganarle, pero haberla empujado al abismo casi me hizo tener un orgasmo” Thera seguía parloteando mientras yo luchaba por levantarme.
Escuché algunas exclamaciones.
Esa Alfa de seguro llegó a la meta, pero antes de ponerme de pie, los arbustos de la pared a mi lado comenzaron a moverse con violencia.
Thera se puso rígida, olfateando en esa dirección y con todos sus instintos gritando peligro y sumisión.
Unas manos rudas, llenas de garras, abrieron un boquete entre las ramas y raíces y el rostro severo del príncipe lycan se asomó por el agujero.
—¿Piensas seguir escondiéndote en esta esquina para siempre? —su voz sonó ruda y afilada.
Mi cuerpo entero tembló de pies a cabeza.
—No… no, señor, yo solo… —mi mente trabajaba a mil, mientras me levantaba.
Un siseo doloroso escapó de mis labios al apoyar el pie y la expresión de dolor saltó en mi rostro.
—Estás herida —sentenció mirando mi pierna.
—Sí… tuve que parar a descansar, no me escondía. Lo lamento —murmuré mirando a la hierba y sudando frío.
Sentía su escrutinio, no sé si me creía; de hecho, ¿qué rayos hacía aquí? ¿Me buscaba?
—Ve a la derecha y sal del laberinto. ¿Puedes caminar o necesitas asistencia?
—Puedo caminar. Gracias —mi voz sonaba como un mosquito.
Sin atreverme a hacer contacto visual tomé el camino que giraba a la derecha.
En mi mente podía sentir la curiosidad de mi loba y la silueta de un enorme lobo gris se dibujaba en mis pensamientos.
¿Ese era el espíritu animal del príncipe?
“Mmm, eso parece y qué grandote. Es algo misterioso, pero interesante.”
Thera respondió pensativa y, por supuesto, el mundo se podía estar acabando que ella estaba sacando cuentas de cuántos “centímetros” podía aguantar.
Torcí la boca acercándome a la salida con pasos inestables.
¿De dónde la Diosa habrá sacado a una loba tan pervertida como la mía?
Achiné los ojos cuando la luz exterior incidió en mis pupilas y me hizo parpadear con molestias.
Este era el final del circuito de pruebas.
De repente comenzaron a sonar aplausos y silbidos.
Me sobresalté al darme cuenta de que eran para mí y venían de las gradas.
Miré a las alturas.
Es cierto, durante toda la carrera me animaron, sobre todo ese lycan rubio que ahora me silba en el palco principal.
A él estaba apuntando, pediría ser su Serafina, se veía el más accesible y amigable.
Una sonrisa quiso aparecer en mis labios ante sus desfachateces, pero la alegría se quedó congelada en mi pecho.
—¿Piensas hacerme esperar toda la vida? —bajé con rigidez la cabeza para encontrarme de frente con los ojos azules de ese maleducado.
Estaba ahí parado a unos metros, en la meta y, a un lado, esa Alfa estaba dándome una mirada mortal.
—Lo lamento —balbuceé de nuevo, tensa y acercándome a ellos aunque no quería.
Más pasos se escucharon desde un costado y dos hombres se acercaron bajando de sus palcos.
Por sus atuendos oscuros y serios parecían profesores de la Academia.Supongo que después sería la ceremonia de bienvenida y se presentarían.
—Su majestad, ¿qué le pareció la selección? —escuché que uno de ellos le habló con respeto.
Era un lobo alto, de cabello rojizo con canas y espejuelos de montura dorada.
Se veía maduro y cordial, pero no lamebotas.—Me pareció bien planificada, subdirector Mortimer, estoy satisfecho —respondió con voz ronca y el ambiente se volvió bastante tenso.
Su mirada regresó a nosotras.
Mi atención fija en lo lindo que se veía el césped y en lo que me estaba costando mantenerme de pie con mi tobillo magullado.
El dolor subía en latigazos que me estaban haciendo sudar.
A mi lado se escuchó un movimiento de avance.
—Gracias por escogerme, su majestad, prometo dar lo mejor de mí para servirlo…
“Ya se estaba demorando esa putona” Thera resopló enojada, pero sabíamos que este resultado era el mejor.
—La Srta. Miska es una de las mejores Serafinas del reino…
—¿Y quién dijo que la escogí a ella? —la voz cortante del príncipe de repente petrificó todos los elogios hacia la tal Miska.
—Su majestad… fui la ganadora, dijo que ya escogió…
—Dije que estaba satisfecho con la competencia, no que estaba seguro de quién sería mi Serafina —la interrumpió de nuevo y yo no entendía nada.
Repentinamente, su sombra cubrió la mía y me estremecí de pies a cabeza.
—Mírame cuando te hable —me ordenó implacable, y cómo desobedecer.
Subí el cuello como si estuviese oxidado y mis ojos erráticos se encontraron con los suyos feroces.
—Las pondré en un periodo de prueba de un mes y escogeré al final con cuál de las dos me quedo —sentenció derribando todos mis planes.
—Pero, su majestad… —quise protestar, pero su ceja alzada me calló de golpe.
Me mordí el labio inferior, tragándome mis reclamos.
¡¿Por qué debo seguir atada a él y enfrentándome con esa peligrosa Alfa?!
—¿Hice algo que le disgustó? —ella se atrevió a preguntar con voz temblorosa.
Parecía a punto de llorar y los profesores la miraban con cara de circunstancias.
Él seguía perforando mi rostro, yo estaba a punto de gritarle qué tanto me examinaba.
Al final se giró hacia Miska.
—Ganaste solo porque ella se lastimó. Que una Omega te haya saltado por encima, la verdad es… decepcionante.
Casi pude escuchar el corazón de la Alfa romperse en dos.
Lo de “Omega” también sonó un tanto ofensivo, pero a mi loba ni le importó y estaba que se partía de la risa burlándose de ella.
A mí no me daba nada de gracia esta situación.
—Después me reuniré con ustedes dos y pondré las reglas. Por ahora, descansen…
—Señor —me atreví a detenerlo antes de que se marchara—. En el caso… de la perdedora… ¿Pasará a otro lycan?
Necesitaba saberlo. No podía darme el lujo de que me devolvieran a casa.
—¿Tan desesperada está por ir a “consolar” a otro? —su pregunta brusca me pilló desprevenida.
—No… no, solo… me gusta la Academia, no quiero marcharme… —comencé a balbucear con el bigote sudándome del nerviosismo.
—Srta. Olivan, se podrá quedar aunque no sea seleccionada por ningún lycan. Su desempeño fue muy bueno.
Vi los cielos abiertos cuando el subdirector me respondió.
—Gracias, señor —respondí con un suspiro, a punto de relajarme cuando un gruñido bajo volvió a coaccionarme.
—No se dé por perdedora tan rápido, Srta. Olivan —el aura del príncipe lycan era como una mano que se aferraba alrededor de mi cuello—. Parece desesperada por no ser mi Serafina.
—No, no, su alteza, cómo cree, sería un hon…or… —me dejó con la palabra en la boca y se giró, mostrándome su ancha espalda.
Con un resoplido enojado se alejó con pasos firmes, terminando la conversación cuando le salía de los huevos.
¡Maleducado!
Pero al menos todos pudimos respirar sin su presencia asfixiante.
Creo que el suspiro fue generalizado.—Vayan a descansar, nos encargaremos de las otras competidoras.
El hombre de cabello rojizo identificado como el subdirector de la Academia nos dio la orden.
Estaba más que agradecida y solo pensaba en tumbarme en cualquier esquina.
Cojeando, me alejé hacia lo que parecía una de las salidas de la arena.
Sin embargo, solo hice poner un pie dentro del pasillo y unas garras se cerraron sobre mi hombro haciéndome girar de golpe.
El dolor del hombro y el tobillo casi me hace gritar, pero apreté los dientes y aguanté, sacudiéndome su agarre.
Sabía muy bien que era ella y que esta competencia entre ambas solo me traería calamidades.
—¿Qué quieres conmigo? —la enfrenté sin miedo.
— Esto que hiciste hoy lo vas a pagar con tu vida —Miska me amenazó directamente, estirando las garras para destrozar mi rostro.
DARIUSLo susurro con los colmillos ya fuera, sintiendo cómo mi propio celo se abre paso a la fuerza, provocado con brutalidad por sus feromonas.—Y ni siquiera sabes lo que llevo enterrado en el culo para abrirme bien —dice de pronto, con la voz ronca vibrando mientras sus manos suben por mis piernas extendidas.Mis ojos van directo al espejo junto a la puerta, ahora a su espalda.—Joder...Una joya turquesa descansa entre sus nalgas y, por supuesto, mi rubio lujurioso ha estado jugando con un juguete, preparándose para recibirme.Mis manos buscan su cintura cuando se monta sobre mí y me empuja hacia atrás contra la cabecera acolchada.Lo tengo sobre mi cuerpo como algo sagrado, el único capaz de doblegarme hasta dejarme de rodillas.—Más te vale follarme bien, porque no tienes idea de lo caliente que está tu hombre ahora mismo.La lujuria aplasta todo su miedo cuando se inclina hacia delante y captura mis labios en un beso feroz.Su polla comienza a deslizarse contra la mía entre men
DARIUSFue la primera confrontación seria que tuve con mi tío, porque mi padre ni siquiera se había enfriado todavía en la tumba y ese bastardo ya estaba acorralando a mi madre.—No lo sabía...—Sé que no lo sabías. Pero vi de lejos cómo discutiste con él, te escuché, y luego la doncella de confianza de tu madre me lo contó todo.Por fin conozco la verdad.William sí fue a verme, pero la anciana que había servido a mi madre durante toda su vida fue quien lo recibió cuando el guerrero de la entrada lo llevó hasta la mansión.Ella conocía todos los secretos de aquella casa, y sabía que William estaba allí buscándome.—Sabía en qué clase de situación estabas, que tendrías que someterte a las condiciones de los ancianos para conservar tu manada y mantener a salvo a las mujeres y a las niñas.—William... Diosa, ¿cómo pudiste guardarte eso todos estos años? Por eso mi madre me pedía perdón el día de la boda... No lo sabía...—No la culpes, Darius. Solo hizo lo que creyó mejor para ti. Yo er
DARIUSJoder, me duelen la garganta y la mandíbula, pero no puedo dejar de derramar semen como una manguera averiada.Loki tiene a Frost inmovilizado en nuestro mundo interior, y su lengua está perdida entre las piernas de su mate.Su cola se mueve con un entusiasmo descarado, mientras los cuatro compartimos cada sensación, cada nuevo sabor, cada nuevo sentimiento.Abro los ojos salvajes y veo a William respirando con fuerza contra las almohadas, con su propio lobo brillando en sus ojos mientras devora mi cuerpo y la polla todavía temblando en el aire.Llevo los dedos a mi boca y recojo el resto de su liberación de mi barbilla antes de chuparlos hasta dejarlos limpios.Mi mirada depredadora baja hacia todo los fluidos que le salpiqué sobre el pecho y el abdomen.Me encantaría que se quedara así para siempre, marcado por mí.—Joder, nene, esa fue una mamada increíble... ¿Seguro que nunca habías practicado? Digo, me mordiste unas cuantas veces, pero, maldita sea... se sintió tan bien...
PRESENTENOCHE DE BODASDARIUS—No puedo creer que hayas preparado todo esto en secreto.El brillo en los ojos de William no se desvanece. Habla sin parar, como hace cuando se pone realmente nervioso.—¡Estamos en medio del puto océano!Sonrío observándolo, escuchando su parloteo mientras bebo de mi cerveza y camino hacia la cubierta de popa del yate.Porque sí, me cansé de estar en tierra, me cansé de estar rodeado de gente y decidí que pasaríamos nuestra noche de bodas perdidos en el mar.La luna está sobre nosotros, el oleaje se mueve tranquilo alrededor del yate, y las luces suaves de la cubierta hacen que el hermoso rostro de mi mate se vea todavía más irreal.—Ven aquí y deja de intentar mantener el equilibrio antes de que vuelvas a caer por la borda —digo, inclinándome hacia delante para atraerlo hacia la amplia colchoneta de tomar el sol que preparé en la popa.Está llena de almohadas cómodas, convertida en un nido hecho para besarnos y tocarnos como lo estamos haciendo ahora.
DARIUSHablé con mi madre durante aquellos días en que me obligué a no ir a verlo, y le confesé todo sobre mi lycan, que al fin conectó con su loba madre.Me dijo que había percibido algo, que su loba le había hablado, pero que con tantos asuntos pendientes y conmigo entrando y saliendo todo el tiempo, no habíamos podido sentarnos a conversar.Por supuesto, también le confesé lo de William, de por qué mi lado animal había salido antes de tiempo, y que deseaba estar con él libremente.Quería que me ayudara a decírselo a papá. Quería su apoyo, porque mis padres eran los mejores.Pero, cuando se enteró, vi algo extraño en sus ojos, algo que ocultó de inmediato.Me dijo que me apoyaba, pero que aquel no era un buen momento para hablar con el Alfa, que tenía demasiada presión encima.La verdad era que no había visto a papá en varios días, primero por su recaída y luego porque, en cuanto despertó, el Consejo de Ancianos lo había convocado.Estábamos en esa época en que la barrera debía ser
DARIUSLoki lo declaró sin una pizca de duda.Un sonido grave vibró en su garganta, y sacó la lengua para arrastrarla sin vergüenza sobre los labios entreabiertos de Will.El rojo volvió a las mejillas de nuestro compañero.La verdad era que nunca lo había visto sonrojarse de esa forma, casi como una chica, y me encantaba que solo lo hiciera con nosotros."William, sé que lo entiendes, aunque todavía no puedas escucharlo. Tu alma resuena con la nuestra. Will, ven conmigo, con nosotros. Hablaré con mi padre, él nos aceptará y nos quedaremos en mi manada."—Pero... tu manada necesita un heredero, alguien que mantenga el control, esa maldición... —empezó a tartamudear mientras intentaba sentarse."Papá todavía es joven. Puede tener otro heredero. No me importa renunciar a ser Alfa, no me importa nada de eso si estoy contigo..."—Darius... —susurró mi nombre mientras inclinaba la cabeza hacia la caricia de la palma de mi lobo.Podía ver la lucha dentro de él, y de verdad quería ser quien







