Se connecterEl miedo es para enfrentarlo,no para vivirlo...
El ruido cada vez se vuelve mas insoportable, la música no es realmente lo que me molesta, aunque para ser sincero no sé que es. Mi teléfono vuelve a sonar una vez más y le echo un vistazo antes de ver quien es—¡Rayos!—esa mujer otra vez,mi madre. ¿Qué m****a quiere ahora?. Antes de llegar aquí hice una rápida parada para coger algo de ropa y cambiar mis botas por unas converse y andar mas cómodo,ella llegó de pronto y me lanza un par de gritos como siempre para luego pedirme algo de dinero...¡como no! Es lo único para lo que me habla últimamente. —¿Qué?—. Le ladro primero antes de que ella sea quien lo haga conmigo. —¿Dónde estas? Necesito que vengas a ayudarme,saldré un par de horas y no tengo a nadie con quien dejar a tu hermana. ¡Claro! Debí saberlo,ella no me llamaría para otra cosa que no fuera dinero o hacerme cargo de mi hermana. —No puedo, estoy lejos y he venido caminando. Oigo su agitación tras la bocina pero me importa una m****a,no es mi problema. —He dicho que vengas,no estoy pidiendo ningún favor, pero si no puedes está bien,la dejare encargada por ahí. ¡maldición! Sabe que me pudre que haga eso,esa pequeña es la única persona que me importa en este jodido mundo y ella lo sabe, a veces pienso que la usa para manejarme. —Ya te escuche mujer,deja el drama,ahora veo quien me dé un aventón. —Date prisa que se me hace tarde. ¿Tarde para qué? Que no me joda,es su maldita obligación estar en casa con ella y no la mía. No hay nada más que hacer aquí,me levanto del sofá en el que he estado los últimos quince minutos y trato de salir de ahí con prisa,no hay mucha gente,los partys suelen hacerse en casa de alguien y venimos unos cuantos. Antes de llegar a la puerta me detiene una mano sobre mi brazo y me vuelvo de prisa para solterle un golpe a quien me detiene de esa forma,todos saben que odio que me toquen. —¿Ya te vas? Acabas de llegar, Santiago. Tania me mira como si fuera un cachorro y yo suspiro pesadamente. —Sí,bueno. Esto es una m****a aburrida,y estoy seco. Ella entiende de que le hablo. Me lanza una mirada precavida,puedo ver que ya anda servida y en su mano trae un vaso,está ahogada y seguramente ya se metió algo. —¿Seco? No me jodas ,hay cerveza y algo de tequila,pero si lo que quieres es otra cosa... Ya sabes. Tsk,está tratando de nuevo de meterme en sus bragas. Ruedo los ojos y busco la forma de largarme de aquí. No es como si fuese a contarle que tengo que salir corriendo a cuidar a mi hermana de cinco años. —Olvidalo,si quiero algo lo busco yo mismo. La dejo alegando algo que no alcanzo a escuchar y que estoy seguro no me gustaría de toda formas. Hace un frío de la fregada y mi piel empieza a ponerse roja. No estoy precisamente cerca y debo caminar unos cuantos kilómetros por lo menos y me siento mas fastidiando ahora. Camino por una hora y aun no he llegado,el teléfono me vibra en el bolsillo y estoy seguro de que es ella de nuevo. No deja de fastidiar ni por un momento. —¿Qué?—. Grito casi tiritando del frío. —¿Ya casi llegas? Date prisa que es tarde. Ahora estoy mas molesto que cuando salí de la casa de Tania,tal parece que no puede esperar. No respondo y corto la llamada. Sigo caminando y el móvil vuelve a sonar. Esta maldita m****a me está volviendo loco,deja de sonar un momento para empezar de nuevo,dejo que la mande a buzón,pero no deja de insistir. Tomo la porquería del teléfono y lo abro enojado,saco la tarjeta sim y la hago pedazos con la boca para ver si así me deja en paz. Mis pies duelen y la cabeza está apunto de estallarme y aún así sigo caminado sin mirar a ningún punto fijo,soy un puto zombie. La vida se me está yendo de esta forma y no sé cómo parar,pero para ser honesto no creo realmente que quiera hacerlo y me importa una m****a si a alguien le gusta o no como soy,es mi vida y en ella nadie se mete. Alguien como yo no merece nada mejor,es lo que siempre he sabido,y lo que me han hecho entender. Primero mi padre al irse y abandonarme, después mi madre al demostrar lo poco que le importamos mi hermana y yo. Absolutamente nadie sabe nada acerca de mi vida. No he dejado que nadie en años se meta u opine. No me interesa. Por fin llego a casa,al entrar me doy cuenta de que se ha marchado,pero no lleva a Mía con ella. La pequeña está dormida en su habitación. Ella es feliz en su pequeño mundo. En casa nadie puede hacer escenas. Lo que pasa en las Vegas se queda en las Vegas. Aquí está prohibido que alguien hable acerca de lo que pasa dentro de esta casa. Me acerco a su pequeña frente y le doy un beso,le cubro el cuerpo con la manta y pongo mi mano sobre su pecho. Está respirando,doy un suspiro agradecido. Es una costumbre ya revisarla cada noche. De pronto el sonido de música muy fuerte se escucha. ¡Rayos! ¿Quién diablos tiene música a esta hora? Es América,me sorprende que tenga música a esta hora,son casi las 12. Me recuesto a un costado de Mía, América se cansará pronto y quitará su ruido. Pero han pasado quince minutos y no lo hace. Veo a Mía revolverse bajo las cobijas y eso me enfurece. Salgo por la parte trasera,ella no sabe que su padre me ha dado una llave. Yo era quien solía limpiar su patio,mantener las plantas y cualquier cosa que se necesitara en el tiempo en el que no estuvo. La música sigue sonando a todo volumen,ni siquiera ha escuchado que la llame para no entrar de esta forma. Bien,no puedo estar toda la noche aquí parado tocando su puerta,es hora de aplicar el plan B. Meto la llave en la ranura y abro la puerta dando un vistazo a mi alrededor,pero no hay rastro de America por ningún lado. ¿Será posible que haya salido ? No lo creo,no dejaría este escándalo con esa horrible música que suele escuchar. Subo las escaleras con precaución,ella podría pensar que soy un ladrón y sacar un arma,América sabe usarlas. Su padre solía llevarnos al campo de tiro,él me enseñó mucho,le debo demasiado. No parece haber nadie,estoy a punto de bajar cuando veo la puerta del baño abrirse,sale envuelta en una toalla,su cabello aún tiene vapor. ¡Santa m****a! ¿Desde cuando luce de esta forma?… Me escondo rápidamente bajo la cama antes de que me vea y crea otra cosa. Su teléfono suena,y empieza a tener una charla muy acalorada con alguien que la hace reír mucho. Su sonrisa siempre fue hermosa… —No,no tengo planes,pero no puedo salir de todas formas. La escucho decir—Si,sigo con el mismo problema de siempre,tengo miedo de confiar y salir,y después topármelos. Sé que puedes defenderme,pero es momento de que me defienda también yo.—Ella sigue hablando,es un tipo,y un tipo que piensa que puede defenderla de mí. Eso me hace enrabiar ¿quién diablo se cree? Ya quiero saber quién es para quitarle lo valiente,y la idea de que esté cerca de ella un tipo de esos me molesta. Ella corta la llamada,la escucho sonar sus llaves,al final va a salir a verse con ese idiota. ¡Bien,veamos quién es el imbecil que cree que puede vencerme!.El golpe no llegó de inmediato. Al principio, seguí con mi vida como si nada. O al menos lo intenté. Me repetía que todo seguía igual, que no importaba lo que ese maldito mecánico hubiera dicho, porque yo seguía siendo el mismo de siempre. Pero la mentira no duró mucho.Empezó con cosas pequeñas. Reacciones más bruscas de lo normal, noches en las que el sueño no llegaba y la necesidad de pelear como si eso pudiera hacerme olvidar. No funcionaba. Así que empecé a beber más. Al principio, solo unos tragos después de cada pelea, luego en cualquier momento del día. Para calmar la rabia, para no pensar. Para no recordar esas palabras que se habían incrustado en mi cabeza como un maldito virus.“No eres mi hijo.”La frase me perseguía. Aparecía en mi mente cuando menos lo esperaba. A veces en medio de una conversación, otras justo antes de un golpe, haciéndome perder el foco. No podía seguir así. Así que dejé de dormir.Las peleas se hicieron más violentas. Antes peleaba con control, con es
(Santiago) días antes… Camino entre la multitud sin saber qué hacer con mis pensamientos. Todos están mirando a América, celebrando su victoria, y yo… yo no soy parte de eso. La ironía me golpea como un puño cerrado: la chica que solía ser invisible, la que siempre estuvo en las sombras, ahora es la protagonista, la maldita reina del lugar. Y yo… yo soy solo un espectador. Antes, todo giraba a mi alrededor. La gente me seguía, me admiraba, y nadie podía cuestionarme. Yo era el rey, el chico que siempre tenía el control. Pero ahora… ahora todo eso se desvaneció. Miro hacia el suelo, sintiendo el peso de cada mirada que se aleja de mí. Incluso JC, ese idiota que siempre estaba a mi lado, ahora la mira a ella con respeto. La gente la aplaude, la celebra, y yo solo… observo. Lo que más me molesta es que no me enojo. No siento rabia, no siento ira. Solo siento vacío. Como si me estuvieran arrancando algo que ni siquiera sabía que tenía hasta que lo perdí. Es un sentimiento extraño, uno
La euforia de mi pelea con Tania sigue en el aire, pero para mí ya es cosa del pasado. No me importa lo que digan, ni las miradas que ahora me siguen a todas partes. Me acostumbré demasiado a estar sola como para emocionarme porque, de la nada, todos quieren estar cerca. Santiago sigue distante. No se ha dirigido a mí desde la pelea, y aunque no voy a admitirlo en voz alta, hay una parte de mí que esperaba otra reacción. Una pelea, una burla, algo. Pero no. Solo silencio. La paz dura poco. Porque justo cuando creo que puedo relajarme, el problema me encuentra. —Bonito espectáculo el de la otra noche. La voz grave y rasposa me saca de mis pensamientos. Me detengo en seco. No reconozco a la persona que me habla, pero tampoco necesito mucho para darme cuenta de que no es un estudiante. Es un hombre. Mayor. Alto, con una chaqueta de cuero gastada y cicatrices en los nudillos que no dejan dudas de a qué se dedica. Me observa con una media sonrisa ladeada, co
El silencio que dejó la pelea con Tania no dura mucho. Al principio, todos están en shock. No porque nunca hayan visto una pelea antes, sino porque nadie esperaba que fuera yo quien terminara con el puño en alto. Pero luego, como una ola que crece sin control, se desata algo que jamás había sentido en este maldito lugar: Respeto. —¡América, no mames, le rompiste la nariz! —alguien grita, y la risa se esparce entre la multitud. —¡La hiciste mierda! —¡Fue lo mejor que he visto en mi vida! Los murmullos se convierten en ovaciones. Alguien me da una palmada en la espalda, otros aplauden y algunos incluso sacan sus teléfonos para grabar mi salida triunfal. Yo solo sonrío. No porque lo necesite, sino porque es la primera vez que siento que yo tengo el control de la situación. —¿Qué se siente? —JC aparece a mi lado, con los brazos cruzados y una expresión de puro entretenimiento. —¿Qué cosa? —Ser la nueva reina de la escuela. La idea me da risa
Santiago volvió a clases como si nada. Como si nunca me hubiera sonreído en La Mala, como si nunca me hubiera visto pelear y no hubiera sentido orgullo por mí. Como si todo lo que pasó aquella noche no hubiera significado un carajo. Y la verdad, qué bien. Qué bien que siga siendo el mismo idiota de siempre, porque al menos ya sé a qué atenerme. Pero claro, esto no significa que los demás también lo pasen por alto. Su regreso es el evento de la semana. Las chicas vuelven a girar la cabeza a su paso, los idiotas de su grupo le chocan el puño con la misma emoción de siempre y todo vuelve a girar en torno a él. Bueno, casi todo. JC ya no está en su bando. Ese es el verdadero chisme. JC Spencer, su mano derecha, su sombra, su hermano, ahora está de mi lado. No porque seamos mejores amigos, no porque crea que soy la mejor persona del mundo, sino porque, por alguna razón, decidió que no me dejaría sola. Lo cual es útil cuando Tania decide que es hora de intentar arrastrarme de
(Narrado por el padre de América) Los pecados del pasado nunca desaparecen. Se ocultan en los rincones de la memoria, se entierran bajo excusas y se disfrazan de errores olvidados. Pero tarde o temprano, regresan. Siempre regresan. —Hija, puedes dejarme a solas con Nora. Mi voz suena más dura de lo que esperaba, pero no me retracto. América me mira con el ceño fruncido, confundida. No está acostumbrada a escucharme hablar así. Yo tampoco estoy acostumbrado a hacerlo. He pasado mi vida siendo paciente con ella, tratándola con cariño, asegurándome de que nunca tenga razones para temerme. Pero esto es diferente. Esto es algo que debí haber enfrentado hace años. Nora también lo siente. Puedo verlo en su rostro, en la manera en que sus labios se separan ligeramente y su respiración se vuelve errática. Está nerviosa. Como si supiera exactamente lo que estoy a punto de decir. No aparta la vista de mí. Su expresión cambia rápidamente entre sorpresa, incomodidad y, finalmente, miedo.