MasukAcomodé la espalda contra el respaldo del sillón y exhalé despacio, intentando aflojar la rigidez de mis hombros.Habían pasado tres meses desde aquella última pesadilla en la que el nombre de Fabricio me arrebataba el aliento, tres meses desde que las sombras del cautiverio dejaron de ser una amenaza real para convertirse en fantasmas nocturnos.Todo marchaba bien en la empresa, y Benjamín sonreía de nuevo, pero mis noches seguían siendo un territorio hostil donde despertaba sudando y buscando a tientas un peligro que ya no estaba allí.La doctora Susana me observaba al otro lado del escritorio con esa serenidad paciente que siempre lograba calmar mi tormenta interna.Escuchó mi relato sobre las pesadillas recurrentes, sobre el miedo repentino que me asaltaba al caminar sola o al escuchar un portazo inesperado. Era frustrante sentir que, aunque mi vida marchaba hacia adelante, una parte de mi alma continuaba atrapada entre cuatro paredes.—Gina, lo que estás experimentando es la hue
El disparo me arrancó un grito que ni siquiera sabía que podía salir de mí. Todo mi cuerpo reaccionó antes que mis pensamientos. Me lancé hacia Mila y lo abracé con todas mis fuerzas, buscando heridas, buscando sangre, buscando una señal de que seguía conmigo. Mis manos temblaban mientras recorrían su espalda.—Mila, mírame... por favor, dime que estás bien.Él me sostuvo, pero antes de que pudiera responder escuché una voz detrás de nosotros. No era la de Fabricio. Era una voz tranquila, firme, una voz que conocía demasiado bien.—Hijo, nunca olvides lo que siempre te he enseñado. Aunque creas que las ratas están acabadas, tarde o temprano intentan atacar.Giré lentamente y vi a Nikolái con el arma todavía levantada. A sus pies estaba Fabricio inmóvil. En su mano aún tenía un arma, como si incluso derrotado hubiera esperado una última oportunidad para dañarnos.Sentí que mis piernas perdían fuerza. Todo aquello parecía una pesadilla interminable. Había pasado demasiado miedo, demasia
Pov GinaEl frío del suelo era lo que menos me preocupaba, el dolor físico no era nada comparado con el vacío insoportable que me carcomía el pecho. Encerrada en esta penumbra nauseabunda, apenas podía mover las manos sin que el metal oxidado arrancara trozos de mi piel.Un nudo asfixiante me apretaba la garganta. Tenía una sensación punzante y amarga, una corazonada terrible que no me dejaba respirar. Algo muy dentro de mí me decía que esta pesadilla no tendría un final feliz, que quizás nunca volvería a abrazar a mi pequeño Benjamín.Pensar en su risa, en sus manitas buscando mi rostro por las mañanas, me rompió en mil pedazos. Las lágrimas brotaron sin control, quemándome las mejillas mientras un sollozo desgarrador se me escapaba del pecho.—Miren nada más a la gran señora, llorando como una perra abandonada —resonó la voz de Fabricio desde la oscuridad.Escuché sus pasos pesados acercándose. Me encogí instintivamente, intentando ocultar mi rostro hinchado por el llanto.—Me enca
La pantalla se ilumina un archivo adjunto que me quema las manos, marcando las coordenadas exactas de una zona industrial abandonada a las afueras. Mi corazón se detiene por completo y un dolor insoportable me desgarra el pecho cuando abro las horribles fotografías que ese infeliz me mandó.Y ahí está ella, Gina, aparece tirada en un suelo mugriento, con el rostro pálido manchado de sangre reseca y unas ojeras profundas que apagan su brillo natural.Tiene gruesas cadenas de acero oxidado rodeando sus frágiles muñecas. Un rugido animal brota desde lo más oscuro de mi alma. Estrello mi puño contra la pared hasta dejar mis nudillos destrozados, sintiendo cómo los demonios me consumen entero al ver su expresión de agotamiento absoluto.—¡Suka blyat! ¡Yob tvoyu mat! Les juro por mi vida entera que voy a agarrar a ese infeliz cobarde y lo voy a convertir en un maldito picadillo sanguinolento para dárselo de tragar a los cerdos de la granja. ¡No va a quedar nada de su asqueroso cuerpo cuando
Pov Mila El llanto incesante de Benjamín me destroza los oídos y me quiebra el alma en pedazos mientras recorro la sala principal de la mansión con pasos furiosos. Llevo horas incontables escuchando los berridos desesperados de mi pequeño hijo llamando a su madre a gritos, y cada maldita lágrima que le escurre por las mejillas empapadas es como un puñal directo al centro de mi pecho que me impide respirar con normalidad, arrastrándome a la locura total al no tenerla conmigo.—Papá, ¿por qué mamá no ha vuelto ? —Benjamín se secó la cara con la manga y me buscó desesperado—. ¿Hice algo malo? ¿Está enojada conmigo?—No vuelvas a pensar eso, campeón —me senté frente a él y le tomé las manos—. Tu mamá no está enojada contigo. Ella te ama más que a cualquier cosa y ahora mismo está intentando regresar contigo.—Entonces ve por ella —Benjamín apretó mis dedos sin dejar de llorar—. Tú dijiste que ibas a cuidarnos. Dijiste que nunca ibas a dejar que nadie nos separara otra vez. Ve por mamá,
Pov GinaPerdí la noción completa del tiempo en medio de esta penumbra asfixiante que me quema los huesos. Llevo horas incontables encadenada a esta maldita columna de concreto, sin probar una sola gota de agua para calmar la sequedad que me desgarra la garganta ni un bocado para acallar el vacío que me retuerce el estómago.Por encima del goteo constante del techo, me llega desde el pasillo el murmullo de las risas burlescas de los hombres que me vigilan, divirtiéndose a costa de mi desgracia mientras celebran mi cautiverio como si fuera un trofeo. Sin embargo, en mitad de esta agonía física y este tormento interminable, mantengo la cabeza en alto evocando sin descanso el rostro radiante y la sonrisa tierna de mi pequeño Benjamín, aferrándome a su recuerdo con todas mis fuerzas como el único faro de luz que me mantiene cuerda y firme para no rendirme jamás.El chirrido metálico de la puerta pesada retumbó de pronto en el sótano, interrumpiendo las burlas de los guardias mientras unos







