Se connecterC134 — VICTORIA LAURENT YA NO EXISTEY mientras Victoria se hundía en los tribunales, afuera, en las calles de Manhattan, la verdad estallaba en todas las pantallas.En el piso treinta de Meridian Corp., Evie observó el comunicado de rectificación en el monitor de su computadora durante apenas un minuto antes de cerrar la pestaña. No llamó a ningún medio para hacerse la víctima ni publicó descargos dramáticos en redes sociales; no necesitaba suplicarle al mundo que le creyera cuando las pruebas hablaban solas.La puerta de su despacho se abrió tras un golpe breve y Daniel entró con el cronograma final de las inversiones de Londres en la mano.—Acaban de llamar tres productores de televisión y dos editores de prensa financiera a la recepción del piso preguntando por ti —informó deteniéndose frente a su escritorio—. Quieren saber si vas a dar alguna declaración sobre el arresto de Laurent.Evie levantó los ojos de su planilla de cálculo con absoluta serenidad.—Diles a los de recepción
C133 — ALGUIEN QUISO MATARLOEl silencio que dejó la última llamada de Marcus en el estudio privado del ático parecía haber absorbido todo el calor de la madrugada. Habían pasado varias horas desde aquella conversación y el reloj marcaba ya las siete de la mañana, pero esta vez Cristian no se quedó encerrado dándole vueltas en soledad al monitor encendido; el crujido suave de la puerta al abrirse le anunció que ya no estaba solo.Evie había despertado al sentir el lado de la cama frío y vacío.Estaba parada en la puerta, envuelta en su bata de seda y con el cabello revuelto sobre los hombros, mirándolo con extrañeza al ver la luz blanca de la pantalla reflejada en sus ojos.—¿Pasó algo con Gustavo? —preguntó ella en voz baja, acercándose descalza por la alfombra—. Tienes cara de que no has dormido.Cristian no le ocultó nada.Se apartó medio paso del escritorio e imprimió rápidamente las tres hojas del anexo técnico que Marcus envió para luego entregárselas en silencio.Evie encendió
C132 — NO FUE UN ACCIDENTECuando el agotamiento por fin venció a Evie pasada la medianoche, se quedó profundamente dormida abrazada a su cintura, con la amenaza del día noventa enterrada para siempre en el olvido.Al día siguiente llamarían juntos a Paredes para anular el trámite y cerrar formalmente esa etapa.Sin embargo, el pasado todavía guardaba un último veneno oculto en el fondo de los archivos de Filadelfia.Cerca de las cuatro de la mañana, Cristian se levantó sin hacer ruido para buscar un vaso de agua y terminar de guardar bajo llave, en su estudio, los documentos que Marcus había dejado. Entró con el vaso en la mano, lo dejó sobre el escritorio y estaba cerrando el cajón cuando su teléfono móvil empezó a vibrar.Cristian frunció el ceño, pensando que Victoria habría intentado alguna maniobra desesperada desde la celda, y atendió en voz baja, cerrando la puerta del estudio para no despertar a Evie.—¿Qué pasó a esta hora, Marcus?Al otro lado de la línea hubo un silencio e
C131- APRENDE, ALLISTER—Estás embarazada —contestó él, sin mirarla—. No voy a arriesgarme a hacerte daño. Evie se quedó quieta un segundo, el cuerpo todavía caliente y vacío.—¿Y lo demás? —preguntó, la voz más fría—. ¿Lo del “voy a asegurarme de que mañana recuerdes por qué dijiste que sí”? ¿Eso también se cancela por el bebé?—Pero mi amor…Evie alzó una mano interrumpiéndolo, luego se sentó de golpe en la cama y le clavó los ojos azules.—El bebé está perfecto, Cristian, está flotando en su bolsita. La que va a estar mal soy yo si mi marido decide convertirse en monje. Y te lo advierto: si esto se vuelve costumbre, mañana mismo pido el divorcio por abandono de cama. Celibato forzoso no entra en el contrato.Mientras hablaba se bajó del colchón.Cristian la siguió con la mirada, todavía tumbado y con el pantalón puesto.Eso cambió pronto.Porque Evie se inclinó, metió los dedos en la pretina y dio un tirón; en segundos vio lo que necesitaba, su polla.Estaba dura, gruesa, de un la
C130 — SIN FECHA DE VENCIMIENTO —Dime la verdad, Evie... ¿estás completamente segura de esto? Evie subió las manos hasta su cuello y lo miró como si fuera el hombre más tonto y maravilloso de la Tierra. —Estoy embarazada de un hijo tuyo, vivo en tu casa, me muero si no me despierto contigo todas las mañanas y, encima, resulta que ya te había salvado la vida cuando tenía nueve años —enumeró arqueando una ceja con ironía—. Créeme que, si a esta altura del partido todavía no estuviera segura de que quiero quedarme contigo, lo que necesitaría urgente mañana sería un psiquiatra, no un abogado. Cristian soltó una carcajada que llenó toda la habitación y volvió a estrecharla contra su pecho con fuerza. Era una elección libre, sin cláusulas, sin chantajes y sin fecha de vencimiento. —Entonces queda oficialmente cancelado el peor negocio que he hecho en mi vida —murmuró él contra sus labios con una sonrisa satisfecha—. Porque pienso conservar a mi esposa para siempre, aunque s
C129 — ROMPE LOS PAPELESCuando el abogado le transmitió la respuesta en la celda de visitas, Victoria no sintió ni un segundo de remordimiento por el hombre que tenía en coma en un hospital ni por las vidas que había intentado arruinar.Golpeó la mesa metálica con ambos puños y gritó de furia ciega, convencida, en su mente retorcida, de que todos eran unos desagradecidos traidores que la habían abandonado, jurándose entre dientes que la culpa de su desgracia la tenían Cristian y esa maldita mocosa de Filadelfia.Su maldad seguía intacta, solo que ahora estaba encerrada entre cuatro paredes de concreto.Al mediodía, de regreso en el ático, llegó por fin una noticia que trajo luz en medio de tanta suciedad legal. Llamaron del hospital para informar que Gustavo continuaba evolucionando de forma estable; ya le habían retirado por completo el respirador mecánico y pasaba ratos más largos despierto, aunque seguía con la mandíbula inmovilizada y sin poder articular palabra ni viajar bajo ni







