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Capítulo 3

Autor: Lulival
last update Fecha de publicación: 2026-06-24 04:44:32

Cuando Victoria regresó a casa, la residencia continuaba fría y vacía.

Esta vez, Adrián fue quien inició la conversación.

—Mañana es la gala benéfica del hospital. Seguramente lo recuerdas. No olvides que debes acompañarme.

Desde que Fernanda había sido hospitalizada, Adrián se había convertido en uno de los principales benefactores del centro médico. Sin importar cuánto trabajo tuviera, cada año organizaba aquella gala para recaudar fondos destinados al hospital.

—Asistiré.

Como esposa legal de Adrián, no tenía otra opción que aceptar. A la noche siguiente, Victoria entró en el salón tomada del brazo de su esposo. Desde el exterior, cualquiera habría pensado que eran un matrimonio elegante y estable.

Adrián llevaba un traje negro, impecable como siempre. Victoria había elegido un vestido azul sencillo y formal, apropiado sin resultar llamativo.

Desde hacía tiempo había aprendido a integrarse sin destacar demasiado, procurando no eclipsar la presencia de la familia Montenegro.

—Señor Montenegro, es un placer verlo —dijo el director del hospital.

Adrián estrechó su mano y después miró hacia Victoria.

—Mi esposa, Victoria Altamirano.

Ella sonrió al escuchar la presentación, aunque notó que Adrián no había utilizado el apellido Montenegro para referirse a ella. No sabía si lo hacía por respeto hacia su familia o porque todavía le resultaba difícil considerarla parte de la suya.

—La señora Montenegro ha sido fundamental para el hospital —comentó el director—. Gracias a ella logramos confirmar la asistencia de numerosos invitados y obtener importantes donaciones.

—Gracias. Solo cumplí con mi responsabilidad —respondió Victoria educadamente.

Adrián se comportó como un esposo atento. Le sirvió una bebida y apartó su silla antes de que se sentara. Cuando una pequeña cantidad de la bebida cayó accidentalmente sobre el vestido de Victoria, ella se levantó para arreglarse en el baño.

Al regresar, vio que Adrián continuaba conversando con el director y dos de los benefactores.

Durante la conversación mencionaron el nombre de Fernanda. Adrián escuchaba con absoluta concentración, preguntando por cada avance neurológico, cada resultado y cada especialista. Siempre que alguien hablaba de Fernanda, su expresión cambiaba.

Tal vez los demás no lo notaban, pero Victoria sí. Había pasado años observando cada variación en el rostro de Adrián.

Cuando el grupo se dispersó, una mujer de cabello corto se acercó a ella.

—No debe haber sido fácil para ti.

Victoria tardó unos segundos en reconocerla.

—Disculpa, no recuerdo tu nombre.

—María Inés. Estudié en la universidad con Fernanda.

—Claro. Buenas noches.

María Inés miró a Adrián, quien continuaba hablando con el director.

—Eran inseparables. Todos creíamos que terminarían casándose.

Victoria sostuvo su copa sin beber.

—Las circunstancias cambiaron.

—No pretendía incomodarte. De cualquier manera, has tenido mucha suerte. No todos los días una mujer conoce a un hombre como Adrián Montenegro.

Victoria sintió aquellas palabras como un empujón disimulado.

«Has tenido mucha suerte».

Como si ella hubiera obtenido algún beneficio de la tragedia de su hermana.

Como si su matrimonio no hubiera sido construido sobre un sacrificio que nadie agradecía realmente.

—Adrián es un buen hombre —respondió.

—Sobre todo porque nunca ha abandonado a Fernanda.

Victoria no contestó.

Miró hacia el escenario, donde más tarde presentarían los avances del hospital. El nombre de Fernanda Altamirano aparecía en una pantalla, incluido en una lista de pacientes cuyos tratamientos habían contribuido a nuevas investigaciones.

Victoria se sintió culpable por la punzada que atravesó su pecho.

Deseaba que Fernanda se recuperara.

Era su hermana.

Habían crecido juntas, compartido cumpleaños, celebraciones y todos los silencios de su familia. Victoria jamás podría desearle algo malo sin embargo, en lo más profundo de su interior, temía su regreso.

Había una parte pequeña y vergonzosa de ella que se preguntaba qué sucedería con su matrimonio cuando Fernanda abriera los ojos y Adrián volviera a mirarla con aquella ternura que jamás había mostrado hacia ella.

—¿Te encuentras bien? Estás pálida.

La voz de Adrián la sorprendió.

Victoria se volvió hacia él.

—Solo estoy cansada.

Adrián miró la copa intacta que ella sostenía.

—¿Quieres que te lleve a casa?

La pregunta la desconcertó. No era una declaración de amor ni bastaba para compensar todo lo demás, pero seguía siendo un gesto y Victoria, a pesar de todo lo que sabía, sintió deseos de aferrarse a aquella pequeña muestra de consideración.

—No quiero interrumpir tus conversaciones.

Durante un instante quiso creer en él. Adrián extendió una mano, como si pretendiera tocarle el brazo, pero su teléfono vibró antes de que pudiera hacerlo.

Miró la pantalla y Victoria alcanzó a ver el nombre del doctor Ramírez.

La expresión de Adrián cambió, respondió la llamada y se alejó unos pasos.

—Doctor, dígame.

Victoria solo consiguió escuchar algunas palabras sueltas.

Fernanda.

Señales.

Observación.

Nuevos estudios.

Adrián comenzó a formular preguntas una detrás de otra, completamente concentrado. La preocupación en su rostro surgía de manera natural, una emoción que Victoria jamás había conseguido provocar en él. Adrián volvió junto a ella, pero su atención ya se encontraba en otra parte.

—Necesito hablar con el equipo médico —dijo—. Podría ser importante.

Victoria asintió.

—Ve.

Él vaciló un instante.

—¿Estás segura de que te encuentras bien?

La pregunta había llegado demasiado tarde, pero aun así consiguió entristecerla.

—Sí, Adrián. Estoy bien.

Él asintió y fue en busca del director del hospital.

Victoria quedó sola junto a una mesa alta, todavía con la copa entre los dedos.

A su alrededor, la gala continuó. Música suave, conversaciones discretas, brindis y discursos sobre la generosidad y la esperanza.

Una pareja pasó cerca de ella.

—Pobre Adrián —murmuró la mujer—. Debe ser difícil tener que lidiar con su actual esposa y con el amor que perdió.

El hombre respondió en voz baja, pero Victoria consiguió escucharlo.

—Al menos Victoria sabe mantenerse en su lugar.

Victoria permaneció inmóvil porque no necesitaba defenderse al menos no allí. No frente a personas que ya la habían juzgado antes de conocerla. Dejó la copa sobre la mesa y observó a Adrián desde lejos.

Estaba rodeado de médicos y benefactores, escuchando atentamente cada noticia relacionada con Fernanda. Victoria volvió a sentir aquella culpa silenciosa. Deseaba ser elegida. Quería que Adrián la viera sin que para eso Fernanda tuviera que desaparecer de su vida.

Pero ya no sabía si ambas cosas podían existir al mismo tiempo. Respiró con tranquilidad y corrigió su postura. Cuando uno de los invitados se acercó a saludarla, volvió a mostrar una sonrisa.

—Señora Montenegro, qué noche tan importante.

Victoria inclinó ligeramente la cabeza.

—Sí.

Permaneció allí, educada y amable, visible para todos, excepto para el único hombre cuya mirada llevaba años esperando. Y mientras se encontraba sentada, curiosamente recibió un mensaje de Laura, una amiga de la universidad.

«Querida, necesito tu ayuda con un proyecto de diseño. ¿Podemos reunirnos en tu pequeño estudio?».

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Comentarios (3)
goodnovel comment avatar
Lulival
si es muy injusto :(
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vanessa escalante
vive con un fantasma en la sociedad y su matrimonio
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vanessa escalante
todo el mundo recordándole a Fernanda
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