FAZER LOGINMe senté en la barra de la cocina con mi portátil tan pronto preparé el desayuno. Mientras Will terminaba de prepararse para ir a su primer día de trabajo, me dediqué a buscar ofertas de empleo.
Aunque mi esposo me aseguró que no tenía problema alguno si mi decisión era trabajar o no, no me siento del todo cómoda quedándome en casa. Toda mi vida he trabajado, por lo que sería raro no hacer nada. Me gusta comprar mis propias cosas, mantenerme activa y aprender cosas nuevas.
Busqué largo rato ofertas de empleo que se ajustaran a mi perfil y apliqué a varias. En lo que leía una para ser secretaria en una de las industrias más importantes de Australia, no dudé un segundo y apliqué con la esperanza de quedar. Nunca trabajé en el sector automotriz, pero no está de más aprender si me llegasen a elegir.
—¿Buscando empleo tan pronto, mi amor? —Will besó mi frente y pasó por mi lado hasta la cafetera—. Pensé que tomarías unos días para conocer la ciudad y acoplarte.
—Puedo hacer las dos cosas. Mientras busco empleo, puedo ir conociendo Canberra, ¿no crees?
—Desde luego que sí —se sentó frente a mí y tomó una tostada del plato al tiempo que le daba un sorbo a su café—. ¿Qué vas a hacer hoy?
—Tengo planeado turistear un poco, ya sabes, no me gusta quedarme en casa.
—Ten cuidado, ¿de acuerdo?
Asentí.
—¿Cómo te sientes?
—Nervioso, pero demasiado feliz para preocuparme incensariamente.
—Lo harás bien, por algo te eligieron. Saben de antemano tus grandes capacidades.
Sonrió, sacudiendo la cabeza, como si un pensamiento perverso hubiese cruzado su mente en una mínima fracción de segundo.
—¿Qué estás pensando, Sr. Lester?
—Nada malo, Sra. Lester —miró la hora en su reloj de muñeca y se apresuró a comerse la tostada y tomarse el café—. El Sr. Parker debe estar esperándome, así que no puedo darme el lujo de llegar tarde en mi primer día.
—Adelante, Gerente Lester —me incliné sobre la barra y lo tomé de la corbata, antes de saborear sus labios con lentitud y dulzura—. Ten un bonito día, esposo mío.
Un suspiro brotó de sus labios y volvió a unir nuestras bocas, acariciando a su vez mi mejilla.
—Te amo, esposa mía —dejó un último beso antes de marcharse.
Esa sonrisa bobalicona no la pude borrar de mi rostro en ningún momento, todo lo contrario, entre más pensaba en nuestro futuro, en cómo serían nuestros hijos e incluso cuando estuviéramos viejos y solo nos pudiéramos apoyar el uno del otro, mi sonrisa crecía aún más.
Mi día fue bastante productivo. Visité el museo nacional de Australia, la galería nacional de Australia y el memorial de guerra australiano. Estaba encantada y feliz visitando cada lugar, aprendiendo algo distinto de un maravilloso país. Aunque tenía muchas ganas de ir al zoológico, el tiempo jugó en mi contra. Cuando menos pensé ya eran las seis de la tarde.
Tan pronto llegué a mi nuevo hogar, me cambié de ropa, poniéndome una cómoda camisa que caía hasta mis muslos. Me dejé el cabello en un moño a lo alto de mi cabeza y encendí la radio mientras sacaba del refrigerador todo lo necesario para la cena.
Me mecía al ritmo de las canciones que pasaban en la estación de radio conforme picaba los vegetales y adobaba el pollo. Aunque no era muy buena usando el horno, con la ayuda de un tutorial logré dejarlo a la temperatura correcta para hornear el pollo.
Satisfecha por mi hazaña, me serví una copa de vino, fue entonces cuando sentí los brazos de mi esposo rodearme desde atrás y sus labios se posaron en mi cuello, tardando más de la cuenta solo presionando contra mi piel.
—Es maravilloso llegar a casa y verte tan linda y concentrada haciendo la cena —aspiró el aroma de mi cuello y volvió a besar mi piel—. Siempre hueles tan bien, mi amor.
—No me distraigas, Sr. Lester. El pollo se puede quemar y es lo menos que deseo —me liberé de sus brazos, pero me capturó en segundos y me robó el aliento con un beso desenfrenado y caliente.
—Solo saludo a mi esposa.
—Tus saludos son tan excitantes, pero de verdad que el pollo se va a quemar —lo esquivé riendo, apagando el horno y sacando con precaución el pollo que se veía delicioso y olía mejor.
—Se ve delicioso —dijo, ayudándome a poner la bandeja sobre la isla—. ¿Cómo te fue en tu plan de turista?
—Visité varios lugares y probé comidas muy deliciosas. Solo me quedó faltando el zoológico.
—Te llevaré el domingo, ¿de acuerdo?
—Está bien —asentí, sacando dos platos—. ¿Cómo te fue en tu gran día de gerente?
—Muy bien, aunque estoy agotado. Visité cada departamento de la empresa. Mañana tengo un largo día de trabajo, así que traje algo a casa para adelantar un poco.
—Oh, ya hablas como todo un gerente —serví dos porciones de vegetales y pollo—. Primero come y luego trabajas, pero solo un rato, porque no pienso dormir sola.
Nos sentamos a comer mientras hablábamos y reíamos. Si este comienzo de nuestra nueva vida está siendo así, solo espero que continúe por mucho más tiempo, si es posible para toda la vida. Amo pasar el tiempo con mi esposo, reír de cualquier trivialidad y disfrutar como una adolescente enamorada de sus besos y caricias que no dejan de sorprenderme.
Aunque Will se ha dedicado en los últimos años a forjar su carrera, jamás me ha dejado de lado. Siempre busca la manera de equilibrar el trabajo con su vida personal y sé que aunque este nuevo trabajo lo va a consumir mucho más, encontrará un espacio para nosotros.
Al final de la noche, cansada y con ganas de descansar, me quedé profundamente dormida una vez que toqué la cama. En sueños sentí cuando un par de brazos me abrazaban y un cuerpo me daba todo su calor. Estaba tan cansada que solo le atiné a apretarme a Will y perderme en sueños.
***
Me encontraba contemplando la majestuosa vista desde el gran ventanal de la sala, con una taza de café y mi portátil abierto en una página de empleo. En tres días no he tenido éxito alguno, pero sé que no debo perder la esperanza. Tarde que temprano me llamarán para una oferta laboral.
Un suspiro escapó de mis labios. Me he sentido algo desanimada debido a que mi periodo llegó, pero sabía que no podía ilusionarme demasiado, después de todo, hace poco tomamos la decisión de tener un hijo. Solo que en los seis años que llevamos juntos, ser madre ha sido mayor sueño, por lo que cada vez que cae mi regla la esperanza muere un poco.
Aunque hemos hablado de la posibilidad de someternos a un tratamiento, me encantaría que nuestro hijo llegara de forma natural. Nunca me he realizado estudios y la idea de que tenga un problema para concebir a veces cruza por mi mente, lo que me desanima un poco más de ser posible.
—No pienses en cosas malas, Amanda —me reproché, tomando el resto del café de un sorbo y volviendo la vista a la pantalla—. Más bien céntrate en buscar empleo.
El sonido de mi teléfono me sacó por completo de mis cavilaciones y malos pensamientos. Tomé la llamada, algo ansiosa al ver que se trataba de un número australiano.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes, ¿me comunico con Amanda Reynolds?
—Sí, habla con ella.
—Hace poco registró su hoja de vida en nuestra empresa para el puesto de secretaria.
—Así es —respondí en automático, sin saber de qué empresa llamaban.
—¿Se encuentra libre el día de mañana?
—Sí...
—Perfecto. Le enviaré toda la información de la entrevista al correo que registró.
—De acuerdo, muchas gracias.
—Tenga un buen día, señorita.
La línea quedó en silencio antes de que pudiera decir alguna palabra más. Sonreí emocionada, al fin me salió una entrevista luego de aplicar a muchísimas ofertas de empleo.
El correo que mencionó la chica no tardó en llegar, en este se encontraba la hora en que debía presentarme a la entrevista y la dirección de la empresa.
Feliz por tener la oportunidad, me levanté a toda prisa y me dediqué a preparar todo el papeleo que solicitaban, así como tuve tiempo de sobra para elegir la ropa que llevaría.
La noche se me hizo eterna, por lo que cuando amaneció, ya estaba despierta alistando todo para la entrevista. Will estaba muy feliz por mí, puesto que no esperaba que consiguiera algo tan pronto, pero todavía no podía cantar victoria. Todo en este país es tan diferente, así que no me extrañaría si no quedo.
Como la entrevista era a tempranas horas de la mañana, Will alcanzó a llevarme hasta la empresa. Antes de bajarme del auto, me sostuvo entre sus brazos y me dio un beso con sabor a miel que me dio mucha fuerza y ánimos.
—Esta noche yo invito la cena para celebrar tu nuevo empleo.
—Aun no me han dado el puesto, mi amor —reí.
—Sé que ese puesto ya es tuyo, eso ni lo dudes ni un poco.
—Gracias por depositar tu confianza en mí —besé sus labios con suavidad.
—Eres mi esposa y confío ciegamente en ti, pero más que el amor de mi vida, sé que eres una mujer altamente capacitada, trabajadora y con grandes habilidades.
—Mmm, ahora quién es el adulador —besé de nuevo sus labios, pero sintiendo que mi corazón iba a estallar en mi pecho—. Te amo, Sr. Lester.
—Y yo a ti, mi diosa.
Le dediqué una última sonrisa a mi esposo antes de bajar del auto y entrar al imperioso edificio frente a mí. Estaba tan nerviosa que incluso sentía el estómago revuelto.
Me anuncié con la recepcionista y esta me indicó que me harían la entrevista en el último piso, donde varias candidatas estaban esperando. Sabía que no era la única, por lo que la posibilidad de conseguir el trabajo era mínima. Aún así, no perderé la esperanza.
El edificio era tan majestuoso y lleno de vida incluso desde tan temprano que ya me veía caminando de un lado a otro como muchos empleados. Al llegar al último piso, tres chicas estaban sentadas frente a un escrito mientras una más salía de la oficina y la siguiente pasaba.
—Buenos días, eres Amanda Reynolds, ¿verdad? —inquirió la mujer de mediana edad que se encontraba detrás del escritorio.
—Buenos días. Sí, soy Amanda.
—Poe favor, toma asiento junto a las demás chicas. En un momento el Sr. Black la atenderá.
Me senté en silencio luego de agradecer y lo que pareció fue toda una eternidad antes de escuchar una profunda y ronca voz desde el interior de la oficina pronunciando mi nombre.
Más nerviosa que nunca, respiré hondo antes de entrar y toparme con una mirada inquietante, profunda y demasiado cargada que parecía escanear incluso en mi interior. Unos ojos extremadamente azules se fijaron en cada parte de mi aspecto por breves segundos, antes de que me indicara tomar asiento con un movimiento elegante de mano.
—Amanda Reynolds, ¿no es así?
—Sí, señor.
—Un gusto conocerte, soy Julen Black, y he de confesar que de todas las candidatas que he entrevistado en los últimos días e incluso las que acaban de pasar, eres la que más ha llamado mi entera atención —una sonrisa ladeada hizo juego con su intensa mirada y su imponente presencia.
Ser madre ha sido toda una aventura, con bellos y buenos momentos, pero también ha habido otros frustrantes que he sabido sobrellevar con éxito. No ha sido tarea fácil criar a un niño sola, pero de todas maneras he sabido lidiar con cada pequeño obstáculo que se ha cruzado en mi camino. Además de que he tenido, como siempre, el fiel apoyo de mi familia, aquellos que aún seguían a mi lado y no me han dejado sola ni un solo instante.Ser madre ha sido lo más hermoso que me ha podido pasar en la vida, es un sueño que día a día vivo feliz y dichosa con todo y sus cosas poco gratas, pero al final del día, cuando mi pequeño Will se recuesta en mi pecho y el cansancio lo vence, lo malo se convierte en polvo y solo puedo pensar y quedarme con todo lo bonito que me ha sucedido desde su llegada. Él tiene el poder de que todo lo malo se reduzca y solo pueda ver lo bonito que existe en esta vida.Will cumplió su primer añito de vida, y ahora es mucho más independiente que antes. Le gusta explorar
***Estaba cansada y con mucho sueño, pero deseosa de sostener a mi pequeño Will en mis brazos, cobijarlo y darle todo mi amor. Pero desde que me llevaron a una habitación estaban tardando tanto en traerlo que ya empezaba a sentirme ansiosa.—Buenas tardes, mamá. Aquí está nuestro pequeño campeón —mencionó la enfermera, entrando a la habitación con mi hijo en sus brazos y haciendo que mi corazón se disparara como un loco—. Mira, pequeñín, te presento a tu mami.Lágrimas llenas de felicidad se deslizaron por mis mejillas mientras estiraba los brazos y sostenía a mi hijo. Todo se redujo a la nada en el segundo que lo vi, que su pequeño cuerpo me dio todo el calor y las fuerzas para seguir luchando.Mi bebé era tan pequeño, tan hermoso. Sus ojos estaban cerrados, privandome de ver el color de ellos. Sus mejillas rosadas y regordetas, su piel blanca y un espeso cabello castaño claro que era la mezcla perfecta entre el rubio de mi esposo y mi cabello castaño oscuro. Sus manitas estaban a l
•AMANDA•Las palabras estaban atoradas en mi garganta, no podía decir lo que en ese momento pensaba, aunque mi cabeza también era un lío andante y mis pensamientos tomaban direcciones opuestas y sin sentido.Aunque Sheyla me lo dijo una sola vez y no quise darle demasiada importancia en su momento porque Nick nunca actuó diferente conmigo ni demostró más de lo que debería, lo cierto era que sus palabras llegaban a mi mente y se mezclaban con las que él me acababa de soltar.Estaba enamorado de mí y yo no sabía ni siquiera qué decirle al respecto. Sus palabras fueron hermosas e hicieron que mi corazón latiera con fuerza, pero que también me hicieran sentir horrible por no poder corresponderle los sentimientos como él los merecía.Merecía que lo amaran sin miedos ni reservas, que le entregaran el corazón en su totalidad y le hicieran sentir un amor hermoso y que no se pudiese comparar con ningún otro. Algo que yo no podía darle.En ese momento de mi vida solo podía pensar en mí, en esta
Desperté desorientado, con tremendo dolor de cabeza, mucha sed y unas terribles ganas de vomitar. Me costó levantarme de la cama y adaptarme a todo mi alrededor. Me sentía fatal y no era para menos, si había bebido como si el mundo se fuese a acabar.Me senté en el borde de la cama, sujetándome la cabeza con ambas manos. Todo estaba en completo silencio, pero incluso el silencio me estaba taladrando la cabeza.—Nunca más vuelvas a beber así, Niklas —me reprendí, volviendo a tirarme a la cama, cubriendo toda mi cabeza con la colcha.Cerré los ojos con fuerza y más pronto que ligero me volví a dormir, hasta que escuché la estridente voz de mi hermana y sus pasos a mi alrededor, quitándome la colcha de la cabeza y cegándome con la luz que entraba por la ventana.—Es hora de levantarse, bello y ebrio durmiente —soltó una risita y solo pude emitir un quejido—. Si no te levantas ahora mismo, pondré música a todo volumen y no me importa si estás que te mueres por la resaca. Eso sí, quién te
NIKLASDebía mantenerme lejos como lo prometí, muy lejos para no terminar con la cabeza más enredada de lo que de por sí ya la tenía, pero me resultaba una tarea titánica mantener la distancia de Amanda cuando solo podía pensar en estar cerca de ella, ayudándole, siendo su apoyo, su amigo y un soporte del cual se podía sostener cuando sintiera caerse.Cada paso que daba era importante para mí, además de que solo con verla sonreír me era suficiente me rebasaba el corazón como nadie jamás lo había hecho. Me alegraba por sus logros y por todo lo que estaba consiguiendo por su cuenta, y me sentía tan orgulloso de ella y de lo valiente que era cada día al afrontar situaciones difíciles con el mayor de los temples.Pero en los últimos días todos esos sentires que había tratado de mantener bajo llave incluso de mí mismo se hacían cada vez más intensos, como queriendo salir a la luz a como dieran lugar y no entendía por qué ahora, cuando había pasado un año en el cual había sabido fingir y oc
El proceso de inseminación artificial fue más fácil e indoloro de lo que llegué a pensar que sería y tuve que esperar varias semanas para poder realizármela, puesto que debía estar en mi periodo de ovulación. Así que en ese tiempo también me administraron medicación hormonal para estimular el crecimiento folicular, cosa que aumentaba el porcentaje del éxito, y me hicieron varios estudios para determinar el día en que se llevaría a cabo la inseminación artificial. Cuando llegó el día estaba que no cabía de la emoción y el nerviosismo. Todo el proceso se me hizo tan rápido, que aun cuando salí de la consulta me sentía normal, como si no me hubieran realizado absolutamente nada. Mis amigas me acompañaron en todo momento, y me sorprendió tanto ver a Nick a las afueras de la clínica con un regalo para mí que me hizo sentir todavía más feliz de lo que estaba. Eran dos mudas de ropa, una para mí y otra para el bebé que aún no llegaba, del mismo diseño y con un bordado que me llenó el corazó







