FAZER LOGINHoy nos entregan el resultado de los exámenes, y me he sentido tan ansiosa de salir del trabajo, que no he hecho más que sumergirme de lleno en los informes que debo realizar para no enloquecer.
Aunque ya hablamos y decidimos que, sin importar el resultado que fuese, seguiríamos con el plan de tener un hijo, no puedo dejar de estar intranquila. Pese a todo, estamos hablando de nuestra salud.
Me encontraba en la hora del almuerzo cuando recibí una llamada de mi mejor amiga; Eliza, lo que se me hizo sumamente extraño, puesto que ella debería estar durmiendo.
Respondí sin dudar, pensando que había sucedido algo malo, pero su bostezo y un leve murmullo me hizo esbozar una sonrisa.
-¿De nuevo con insomnio? -pregunté, comiendo perezosamente el almuerzo.
-Sí, pero no hablemos de eso porque no quiero seguir llorando.
-¿Jimmy volvió?
Resopló con fuerza y sentí la necesidad de ir a su casa y abrazarla.
-Ya sabes, todo seguirá igual por más que venga a decirme dos palabras bonitas cada que se aburre con otras o se acuerda de mí existencia. Pero, de verdad, no hablemos de él. Quiero saber cómo estás.
-Dejaré el tema por hoy, pero no te vas a salvar, ¿de acuerdo?
-Vale, mamá. Ahora cuéntame qué tal es Australia.
-Es un país maravilloso y, que, gracias a mi nuevo empleo, tendré el gusto de conocer más de una ciudad en el mundo.
-Ese empleo tuyo es envidiable.
-Ni tanto -solté una risita-. Es bastante demandante.
-No es como si la Sra. Johnson nunca hubiese sido estricta y severa.
-Bueno, haciendo una pequeña comparación, el Sr. Black es mucho más amable y paciente.
-Recibeme en Australia, ¿sí? Cocino, plancho y hasta lavo. Además, quién sabe, puede que allá se encuentre el amor de mi vida -bromeó, pero sabía que había algo de súplica en sus palabras-. ¿Cómo va el trabajo de ser padres? ¿Ya germinó el frijol?
Solté una carcajada, sin dudar, extrañaba demasiado a Eliza. Sus bromas, sus comentarios, su sarcasmo, simplemente pasar el tiempo con mi amiga me hacía demasiada falta.
-Aun no, pero hemos ido a consulta y estamos decididos a someternos a un tratamiento de fertilidad. Hoy nos entregan los primeros resultados de los exámenes.
-Sabes que siempre te apoyaré, y soy testigo de que ser madre es tu mayor sueño, pero si quedas embarazada, ¿cómo vas a hacer con tu nuevo trabajo? Me has dicho que es demandante y si tu deseo es concebir tendrás que enfocarte más en el bebé que en el trabajo.
Guardé silencio, pensando en sus palabras. Soy consciente de que si deseo ser madre, tendría que renunciar a este nuevo empleo que demandará mucho de mi tiempo, pero, por una parte, no quisiera dejarlo.
-He conocido muchas mujeres embarazadas que trabajan.
-Y no estoy diciendo que el embarazo sea un impedimento para que las mujeres trabajen, pero debes ser consciente de que un tratamiento de fertilidad es de mayor cuidado.
Suspiré, dejando de lado el almuerzo, de repente sintiendo que perdía todo el apetito.
-Lo sé... Sé que debo tener muchos más cuidados, pero sinceramente no quiero dejar este nuevo empleo. Aún no sabemos qué va a suceder, hasta ahora estamos iniciando el tratamiento y no sabemos si vaya a concebir naturalmente o por medio de una inseminación, así que no quiero apresurarme en nada, como tampoco quiero ilusionarme demasiado... Pero si la doctora me sugiere dejar el trabajo por el bien de mi bebé y el mío, lo haré sin dudarlo.
-Bien, tienes razón. No nos adelantemos a los hechos y esperemos que puedas seguir trabajando aún cuando hayas quedado embarazada.
Sonreí, la sola idea de pensar que puedo tener la posibilidad de traer una vida al mundo, me hace feliz y erradica de mi mente todo miedo que pueda sentir.
Luego de hablar otro poco con Eliza, colgué la llamada, puesto que mi amiga debía prepararse para ir a trabajar y mi almuerzo ya había llegado a su fin.
Me levanté del comedor, llevando conmigo la bandeja. Al girar, me estrellé de frente con otro cuerpo y todo lo que tenía en la mano cayó con un gran estruendo que me hizo estremecer.
-Lo siento tanto, Sr. Black, no lo vi.
-No te preocupes, no es tu culpa, Amanda.
Me agaché a recoger los cubiertos y la loza quebrada, pero la mano del Sr. Black se cerró alrededor de mi muñeca con suma suavidad, lo que me llevó a mirarlo.
-Deja eso ahí, puedes cortarte -susurró, mirándome con esos ojos tan azules y profundos-. Ven, deja que una de las chicas del aseo se haga cargo.
-Sí, señor.
Me ayudó a ponerme en pie y se mantuvo en silencio, mirándome fijamente sin soltarme.
Sentí gran incomodidad, no sabía si era por la forma en que me estaba mirando o porque su mano sostenía la mía y sus dedos rozaban con extrema suavidad mi piel.
Aparté mi mano de un solo tirón, sintiendo que mi cara ardía de vergüenza, pero su toque me hizo sentir tan incómoda que no veía el momento que dejara de tocarme.
-Lo siento, no quise incomodarte -carraspeó, guardando las manos en los bolsillos de su pantalón.
-No hay problema -dije, evitando el tema y quizá pensándolo demasiado-. Bueno, Sr. Black... Iré a mi puesto de trabajo. Permiso.
Asintió sin decir una sola palabra y salí casi corriendo del comedor de la empresa, incómoda y avergonzada a partes iguales. Qué momento más incómodo acabo de vivir con mi jefe, pero espero estar pensando todo mal. Es decir, sería demasiado chistoso que el Sr. Black se fijara en mí. Es más ni siquiera debería estar pensándolo, primero porque soy una mujer casada que ama profundamente a su esposo y, segundo, porque mi jefe jamás se fijaría en su simple y nueva secretaria.
Reí, de repente pensando en mi mejor amiga. Si ella hubiese visto ese intercambio tan vergonzoso de seguro ya habría creado un escenario donde le dejaría en claro que jamás le fallaría a Will. Mi esposo es el único hombre en mi mente y mi corazón, no importa si otros hombres son mucho más atractivos o adinerados, después de todo, mi corazón ya eligió al amor de su vida y nadie podrá arrancarlo de mi pecho, ni siquiera la jodida muerte.
En cuanto llegué a mi escritorio, le envié un mensaje a Will, asegurándole que nos encontraríamos en la clínica puesto que no podía venir a buscarme. Aunque aún me sentía algo ansiosa, sus palabras de calma y ánimo lograron derrumbar todos los miedos que sentía.
«Si Dios desea que seamos padres, tendremos esa dicha cuando menos lo esperemos. Mientras tanto, lo mejor es ir paso a paso, pero juntos, mi amor. Te amo».
Miré su mensaje por largos minutos en los que mi corazón no dejaba de sentir ternura y calma. ¿Cómo no amarlo más? ¿Cómo no desear morir a su lado? ¿Cómo no anhelar una vida y una familia extraordinaria? Will sabe qué decir en estos momentos donde siento que el mundo tambalea y me hace dudar incluso de mí misma. Él es mi mayor apoyo, quien le brinda la paz a mi angustiado corazón.
-Amanda.
-Sí, Sr. Black.
Me puse en pie de un salto, llevando mi teléfono detrás de mi espalda como si hubiese cometido un delito.
-Por favor, cancela todas mis citas del día, surgió un inconveniente de último minuto en una de las sedes en Melbourne, por lo tanto debemos viajar ahora mismo.
-¿Cómo? -pregunté sin poder creerlo.
-Al parecer hubo un incendio.
-Pero...
-Entiendo que este suceso te tome por sorpresa, pero no puedo simplemente manejar la situación desde aquí. Además de ir a mirar cuántos daños materiales hay, también tengo que asegurarme que mi personal se encuentre bien -dio dos pasos hacia su oficina, pero se detuvo breves instantes y me dedicó una mirada por encima de su hombro-. Por cierto, cancela todos los compromisos que tengo durante los tres días siguientes, porque esta no es una situación que se resuelva en un par de horas.
No me dio tiempo ni de hablar, puesto que su silueta se perdía en el interior de su oficina una vez que salí de mi aturdimiento.
Cerré los ojos con fuerza y solté un largo suspiro, preguntándome por qué tenía tan mala suerte. ¿Por qué justo en este día tan importante sucedía algo tan malo? Sé que soy la secretaria del Sr. Black y debo acatar sus órdenes sin rechistar, pero me gustaría pedirle estos tres días libres para poder ir a mi consulta médica; sin embargo, es demasiado pronto para solicitar permisos.
Encendí mi teléfono y tecleé una rápida respuesta a mi esposo, explicándole la situación, por lo que su llamada no se hizo esperar.
-Lo siento tanto, mi amor, de haber sabido esto antes, yo...
-Cielo, ¿cómo ibas a saber lo que sucedería? No lo pienses mucho, ¿de acuerdo? Ahora debes cumplir con tu trabajo, por lo que, tan pronto estés de regreso, iremos juntos con la doctora. La llamaré y le explicaré la situación para reagendar la cita, ¿está bien?
-Pensé que te ibas a molestar por esto.
-Sabes que no -dijo con suavidad-. Entiendo a la perfección tu posición, además de que no somos adivinos como para pronosticar los infortunios.
-Estaba preocupada. Gracias por entenderlo, mi amor.
-No lo pienses demasiado. ¿A qué hora van a viajar?
-El Sr. Black aún no me ha dicho a qué hora partiremos, pero supongo que será en un par de horas. Te estaré avisando antes de marcharme, ¿de acuerdo? Te amo mucho y te voy a extrañar aún más.
-Y yo a ti, mi amor. Cuidate mucho. Llámame cuando estés en Melbourne.
-Debo irme, te amo -le envié un beso que me devolvió al instante antes de colgar.
Suspiré consternada, realmente deseaba empezar con el tratamiento de fertilidad cuanto antes, pero Will tiene razón, no podemos pronosticar lo que va a pasar.
Tomando una gran bocanada de aire, me puse manos a la obra y cancelé todos los compromisos del Sr. Black. Cuando le informé que todo estaba listo, me dio una hora de tiempo para ir a mi casa y empacar todo lo necesario para tres días y así partir en dos horas y media en su avión privado hacia Melbourne.
Ser madre ha sido toda una aventura, con bellos y buenos momentos, pero también ha habido otros frustrantes que he sabido sobrellevar con éxito. No ha sido tarea fácil criar a un niño sola, pero de todas maneras he sabido lidiar con cada pequeño obstáculo que se ha cruzado en mi camino. Además de que he tenido, como siempre, el fiel apoyo de mi familia, aquellos que aún seguían a mi lado y no me han dejado sola ni un solo instante.Ser madre ha sido lo más hermoso que me ha podido pasar en la vida, es un sueño que día a día vivo feliz y dichosa con todo y sus cosas poco gratas, pero al final del día, cuando mi pequeño Will se recuesta en mi pecho y el cansancio lo vence, lo malo se convierte en polvo y solo puedo pensar y quedarme con todo lo bonito que me ha sucedido desde su llegada. Él tiene el poder de que todo lo malo se reduzca y solo pueda ver lo bonito que existe en esta vida.Will cumplió su primer añito de vida, y ahora es mucho más independiente que antes. Le gusta explorar
***Estaba cansada y con mucho sueño, pero deseosa de sostener a mi pequeño Will en mis brazos, cobijarlo y darle todo mi amor. Pero desde que me llevaron a una habitación estaban tardando tanto en traerlo que ya empezaba a sentirme ansiosa.—Buenas tardes, mamá. Aquí está nuestro pequeño campeón —mencionó la enfermera, entrando a la habitación con mi hijo en sus brazos y haciendo que mi corazón se disparara como un loco—. Mira, pequeñín, te presento a tu mami.Lágrimas llenas de felicidad se deslizaron por mis mejillas mientras estiraba los brazos y sostenía a mi hijo. Todo se redujo a la nada en el segundo que lo vi, que su pequeño cuerpo me dio todo el calor y las fuerzas para seguir luchando.Mi bebé era tan pequeño, tan hermoso. Sus ojos estaban cerrados, privandome de ver el color de ellos. Sus mejillas rosadas y regordetas, su piel blanca y un espeso cabello castaño claro que era la mezcla perfecta entre el rubio de mi esposo y mi cabello castaño oscuro. Sus manitas estaban a l
•AMANDA•Las palabras estaban atoradas en mi garganta, no podía decir lo que en ese momento pensaba, aunque mi cabeza también era un lío andante y mis pensamientos tomaban direcciones opuestas y sin sentido.Aunque Sheyla me lo dijo una sola vez y no quise darle demasiada importancia en su momento porque Nick nunca actuó diferente conmigo ni demostró más de lo que debería, lo cierto era que sus palabras llegaban a mi mente y se mezclaban con las que él me acababa de soltar.Estaba enamorado de mí y yo no sabía ni siquiera qué decirle al respecto. Sus palabras fueron hermosas e hicieron que mi corazón latiera con fuerza, pero que también me hicieran sentir horrible por no poder corresponderle los sentimientos como él los merecía.Merecía que lo amaran sin miedos ni reservas, que le entregaran el corazón en su totalidad y le hicieran sentir un amor hermoso y que no se pudiese comparar con ningún otro. Algo que yo no podía darle.En ese momento de mi vida solo podía pensar en mí, en esta
Desperté desorientado, con tremendo dolor de cabeza, mucha sed y unas terribles ganas de vomitar. Me costó levantarme de la cama y adaptarme a todo mi alrededor. Me sentía fatal y no era para menos, si había bebido como si el mundo se fuese a acabar.Me senté en el borde de la cama, sujetándome la cabeza con ambas manos. Todo estaba en completo silencio, pero incluso el silencio me estaba taladrando la cabeza.—Nunca más vuelvas a beber así, Niklas —me reprendí, volviendo a tirarme a la cama, cubriendo toda mi cabeza con la colcha.Cerré los ojos con fuerza y más pronto que ligero me volví a dormir, hasta que escuché la estridente voz de mi hermana y sus pasos a mi alrededor, quitándome la colcha de la cabeza y cegándome con la luz que entraba por la ventana.—Es hora de levantarse, bello y ebrio durmiente —soltó una risita y solo pude emitir un quejido—. Si no te levantas ahora mismo, pondré música a todo volumen y no me importa si estás que te mueres por la resaca. Eso sí, quién te
NIKLASDebía mantenerme lejos como lo prometí, muy lejos para no terminar con la cabeza más enredada de lo que de por sí ya la tenía, pero me resultaba una tarea titánica mantener la distancia de Amanda cuando solo podía pensar en estar cerca de ella, ayudándole, siendo su apoyo, su amigo y un soporte del cual se podía sostener cuando sintiera caerse.Cada paso que daba era importante para mí, además de que solo con verla sonreír me era suficiente me rebasaba el corazón como nadie jamás lo había hecho. Me alegraba por sus logros y por todo lo que estaba consiguiendo por su cuenta, y me sentía tan orgulloso de ella y de lo valiente que era cada día al afrontar situaciones difíciles con el mayor de los temples.Pero en los últimos días todos esos sentires que había tratado de mantener bajo llave incluso de mí mismo se hacían cada vez más intensos, como queriendo salir a la luz a como dieran lugar y no entendía por qué ahora, cuando había pasado un año en el cual había sabido fingir y oc
El proceso de inseminación artificial fue más fácil e indoloro de lo que llegué a pensar que sería y tuve que esperar varias semanas para poder realizármela, puesto que debía estar en mi periodo de ovulación. Así que en ese tiempo también me administraron medicación hormonal para estimular el crecimiento folicular, cosa que aumentaba el porcentaje del éxito, y me hicieron varios estudios para determinar el día en que se llevaría a cabo la inseminación artificial. Cuando llegó el día estaba que no cabía de la emoción y el nerviosismo. Todo el proceso se me hizo tan rápido, que aun cuando salí de la consulta me sentía normal, como si no me hubieran realizado absolutamente nada. Mis amigas me acompañaron en todo momento, y me sorprendió tanto ver a Nick a las afueras de la clínica con un regalo para mí que me hizo sentir todavía más feliz de lo que estaba. Eran dos mudas de ropa, una para mí y otra para el bebé que aún no llegaba, del mismo diseño y con un bordado que me llenó el corazó







