LOGINAmores, mil gracias por llegar hasta aquí, espero que la hayan disfrutado. Y sí, esta novela tiene segunda parte, muy pronto la tendrán.
EPÍLOGOEl sonido del mar es un viejo amante. Persistente, terco… como yo.Desde el balcón del hotel en Cartagena, las olas rompen contra la arena con la misma cadencia que mi respiración. La brisa huele a sal, ron y redención postergada. Estoy sin camisa, como casi siempre, dejando que la humedad tropical resbale por mi piel como una excusa para no pensar. Fumo en silencio, el cigarro se consume lento entre mis dedos. La cicatriz en mi abdomen, roja aún, me atraviesa como si alguien hubiese querido partirme en dos y solo hubiese logrado marcarme.Me mataron… sin embargo, aquí estoy.Nadie sabe quién soy. Y si alguien me busca, lo hace por un fantasma enterrado bajo los escombros de San Petersburgo. El encantador, el traidor, el lobo maldito. Ya no queda mucho de él. Ahora soy solo una sombra con pasaporte nuevo y cuentas en Suiza que sobrevivieron mejor que yo. Ironías de la vida.El celular vibra sobre la mesa de noche. Lo miro. Solo hay una persona en este mundo que puede llamarme s
CAPÍTULO 100: RENACER DE LAS CENIZASEden1 mes después…El silencio del norte tiene algo de sagrado. No es el tipo de silencio incómodo de una sala de hospital ni ese que se cuela en las peleas antes del grito. Este es distinto. Es frío, puro, casi piadoso. Como si el mundo supiera lo que hemos perdido y decidiera, por una vez, no decir nada estúpido al respecto.Nos escondemos en un pueblo diminuto, con un nombre impronunciable y casas de techos inclinados que parecen salidas de una postal antigua. Dmitry lo encontró. Claro que sí. Mi Freezer siempre sabe dónde desaparecer, incluso cuando todo lo demás parece haber ardido hasta los cimientos.La cabaña tiene una estufa de leña, ventanas que dan a un bosque eterno y un silencio que aprieta, pero no ahoga. Dmitry camina por la casa con nuestra hija en brazos, y por primera vez en años no lleva un arma encima, no necesita una. Al menos, no ahora.Lo veo mirarla como si aún no creyera que es real. Y cuando la niña se ríe, con ese sonido
CAPÍTULO 99: EL LEGADO CAIDONikolaiTodo huele a sangre, humo y traición cumplida.El suelo tiembla, como si incluso la tierra misma quisiera tragarse esta historia de pecados heredados. Mi abrigo está empapado, no sé si de mi sangre o de la de otro, pero la sensación es cálida y pegajosa. Supongo que eso ya no importa.Eden corre. La veo entre los cuerpos deshechos con el cabello suelto y empapado. Lleva a la niña contra el pecho, su pedacito de esperanza, y grita el nombre de Dmitry como si pudiera conjurarlo entre el caos, pero no el mío.Svetlana la alcanza, siempre eficiente, siempre más fuerte de lo que aparenta. Le arranca a la niña de los brazos con una delicadeza brutal. Eden duda un segundo, maldice, pero cede. Ambas huyen por el pasillo en ruinas, hacia la salida marcada, hacia la luz incierta.Anatoli, ese bastardo que aún cree que la lealtad es un dogma más fuerte que la sangre, se planta frente a nosotros. Su pistola brilla bajo la ceniza flotante, y sus ojos están vací
CAPÍTULO 98: TRAICIÓN NECESARIAEdenDejar a Dmitry en esa celda me desgarra el alma. No quiero irme de nuevo teniéndolo ahí, tan cerca. Pero al menos sé que si esto no funciona, si no lo vuelvo a ver. Al menos pude hablarle una última vez.Nikolai y yo salimos del edificio con una misión. La palabra “entrega” nunca me había dolido tanto, la escucho salir de los labios de Nikolai como si no le pesara, como si no estuviera hablando de mi hija, pero lo conozco. Conozco su rostro cuando miente y también cuando está a punto de quebrarse. Esta vez, está al borde.—Será solo por unos minutos —me asegura mientras volvemos hacia el edificio acordado—. El tiempo suficiente para que crean que ganaron.Lo escucho, pero no puedo procesarlo. Siento los latidos de mi hija contra mi pecho, su respiración tranquila, como si todo esto no fuera real. Como si no estuviéramos a punto de entregarla a monstruos por una promesa que tal vez ni siquiera podamos cumplir.—No lo sé, Nikolai —mi voz tiembla más
CAPÍTULO 97: LA SANGRE LLAMADmitryNo sé cuánto tiempo ha pasado desde que me encerraron en esta celda húmeda. Las paredes transpiran desesperanza y el silencio está plagado de voces que ya no sé si son reales o recuerdos. Solo sé que duele. No los golpes, las fracturas, el hambre o la mugre. Duele la ausencia, imaginar que no volveré a verlas. A Eden, a mi hija, ese pedacito de cielo que creamos en medio del infierno.Pero cuando la vi ahí frente a mi padre, sentí que las fuerzas volvían a mí. Las ganas de luchar, levantarme y romperle la cara a Nikolai por traerla a la cueva del lobo, en el ojo del huracán.No sé qué demonios están pensando esos dos. Sé que Eden es muy testaruda y estoy seguro de que de alguna forma convenció a mi hermano de venir a salvarme. Pero no hay salvación para mí y lo que sea que estén planeando es un suicidi0.Empuño las manos con fuerza a pesar del dolor. Juro que perseguiré a Nikolai hasta en el mismísimo infierno si por su culpa a ellas les pasa algo.
CAPÍTULO 96: EL PRECIO DE LA REDENCIÓNEdenEl viaje de regreso a Rusia es un vómito de ansiedad que no se me despega del cuerpo. No dormí, no lloré, solo abracé a mi hija y esperé que los motores no fallaran, que los controles improvisados de Svetlana funcionaran y todo saliera a tiempo. Es irónico pensar que después de todo lo que pasamos, ahora soy yo la que corre hacia el fuego con los brazos abiertos.Nikolai no dice nada durante las primeras horas. Está sentado al otro lado con la mirada clavada en la ventana, pero yo sé que no ve nada. Su perfil luce tenso y agotado, culpable. No intento consolarlo, no puedo. Cada vez que lo veo solo siento rabia y dolor.Su traición me desgarra el pecho. No puedo creer que haya sido tan egoísta como para preferir que matasen a su hermano solo… por mí. Es horrible, no quiero ser la razón de algo así, y aunque me asegure que lo hizo por amor, no puedo ver nada más que egoísmo en un acto así.Cuando aterrizamos, la nieve de San Petersburgo nos re







