MasukIris
A la mañana siguiente, desperté con el calor todavía concentrado entre mis muslos. Por mucho que intentara apartarlo, el recuerdo de la noche anterior se negaba a desaparecer. DomDevoto. Su voz profunda.
La forma en que su gruesa polla había lucido en la pantalla, pesada y surcada de venas, palpitando en su mano mientras se masturbaba para mí. Había oído su voz antes en breves mensajes, pero ver su cuerpo, oírlo llamarme «malyshka» mientras me ordenaba que me corriera, lo cambió todo.
Me quedé tumbada en la cama, mirando al techo, con el cuerpo ya dolorido otra vez. En el pasado, a veces me había permitido fantasear con él, sobre todo después de sus mensajes obscenos. Pero siempre me detenía antes de llegar demasiado lejos.
Después de todo, las voces podían engañar. Podía ser cualquiera. Feo, casado, completamente distinto de la fantasía. No podía permitirme perderme en un desconocido.
Pero ahora lo había visto. Aquellos abdominales tallados, la línea de vello oscuro, la impresionante longitud y grosor de su polla. Esa voz grave y controlada, con su tenue deje ruso, diciéndome que gimiera para él.
Y no había ninguna señal de anillo.
Mi mano se deslizó bajo las sábanas antes de que pudiera convencerme de lo contrario. Ya estaba mojada. Cerré los ojos y dejé que el recuerdo tomara el control.
Lo imaginé en la habitación conmigo en lugar de al otro lado de una pantalla. Esos ojos grises observándome mientras su enorme mano envolvía aquella gruesa polla.
«Tócate para mí, pequeña Musa», resonó su voz en mi cabeza, suave y autoritaria. Rodeé lentamente mi clítoris, mordiéndome el labio para no hacer ruido.
Me lo imaginé acariciándose más rápido, con el líquido preseminal brillando en la punta mientras me decía cuánto quería estrangularme, solo lo suficiente para marearme. Mis dedos se movieron más deprisa, hundiéndose dentro de mi coño empapado mientras recordaba el gemido que había soltado cuando me corrí para él.
«Buena chica. Córrete para mí ahora.»
La fantasía parecía tan real. Imaginé su cuerpo fuerte suspendido sobre el mío, aquella pesada polla presionando contra mi entrada y su mano envolviendo suavemente mi garganta. ¿La introduciría poco a poco, haciendo que sintiera cada centímetro? ¿O la metería de golpe, follándome profundamente?
Mis caderas se mecieron contra mi mano, y mi respiración se aceleró. Lo quería. Lo deseaba desesperadamente.
El orgasmo llegó rápidamente, más intenso que el de la noche anterior. Hundí el rostro en la almohada y me corrí con fuerza, con los muslos temblando y un suave gemido escapando de mis labios mientras el placer me atravesaba por completo.
—Maldita sea —exhalé una vez que dejé de verlo todo blanco.
Durante unos momentos permanecí tumbada, jadeando, con el cuerpo flojo y satisfecho. Entonces la realidad volvió de golpe, recordándome dónde estaba. Quién era.
Aparté aquellos pensamientos a la fuerza, enterrándolos en lo más profundo, donde debían quedarse. Él no era más que un patrocinador sin rostro. Una fantasía peligrosa. Y las fantasías eran un lujo que no podía permitirme.
No podía dejar que me distrajera. No cuando todo mi futuro en Hawthorne dependía de mantenerme concentrada y conservar mi reputación intacta.
Miré el teléfono y suspiré aliviada. Las 5:45 a. m. Era lo bastante temprano como para prepararme para mi primera clase del día y aun así pasar por la oficina de Asuntos Estudiantiles para cambiar las demás asignaturas.
Me levanté, me duché rápidamente y me vestí. Al salir de mi habitación, nuestro espacio común estaba vacío. Con el bolso en la mano, me miré una última vez de arriba abajo.
Mi atuendo, como todos los demás, era sencillo y recatado: una camisa abotonada debajo de un cárdigan y una falda larga de corte en A que ocultaba mis curvas. Parecía la estudiante modelo que era, no una seductora.
Y hoy tenía una misión muy clara: cambiar de clases y sacar a Caleb de mi vida por completo.
Una hora después de mi clase temprana, me encontraba en la oficina de Asuntos Estudiantiles y utilicé los créditos de honor que me quedaban para cambiar todas las optativas que incluían a Caleb, cinco en total. La asesora, que normalmente era indiferente y despreocupada, arqueó una ceja.
—Dejar varias clases no es habitual. Sabes que necesitas cierta cantidad de créditos para aprobar el año —dijo con voz inexpresiva.
—Estoy dispuesta a asumir cualquier otra clase para compensarlas —respondí.
Después de un breve duelo de miradas, la mujer mayor suspiró. Luego apenas levantó la vista mientras procesaba la solicitud.
—Tienes suerte de contar con suficientes créditos —murmuró—. Después de esto ya no podrás cambiarte de clase.
No me importaba. Mientras no tuviera que ver la cara de Caleb todos los días, valía la pena.
Con la carpeta que contenía los detalles de mis nuevas optativas, salí del edificio sintiéndome más ligera, decidida a afrontar el resto del día. Pero claramente el universo tenía otros planes.
—¡Oye! ¿Esa no es Iris?
Apenas había recorrido veinte pasos por el patio cuando escuché el grito. Me giré y lo vi.
Caleb estaba junto a la fuente, con el cabello rubio perfectamente arreglado, riéndose con un grupo de sus amigos. Tenía el brazo alrededor de una chica que no reconocía, una rubia bonita con una falda corta.
—¿Qué hace tan lejos? Ven, Caleb está aquí. Ah, claro, ¿no deberías…?
Caleb claramente me había visto, echándome una mirada de un segundo. Una sonrisa socarrona creció en sus labios mientras se giraba y se inclinaba para susurrarle algo al oído a la chica, haciéndola reír y pegarse más a él.
La repulsión me recorrió. Después de todo lo que había escuchado el día anterior, verlo coquetear tan abiertamente al día siguiente me revolvía el estómago. Había desperdiciado meses con él. Meses ignorando mis instintos porque me había perseguido con tanta insistencia.
Caminé directamente hacia ellos. El grupo guardó silencio cuando me acerqué. Los ojos de Caleb se abrieron por una fracción de segundo y vi un destello de satisfacción antes de que aquella sonrisa encantadora volviera a su rostro.
—Iris —dijo con suavidad, retirando el brazo de la cintura de la chica—. Hola, cariño. Esto no es lo que parece. Solo es una amiga de mi grupo de estudio.
La chica sonrió con suficiencia y ni siquiera se molestó en alejarse. En los ojos de Caleb pude ver su arrogancia y expectación. La misma expresión se reflejaba en sus amigos. Intentaba conseguir una reacción de mi parte. Claramente, no se había tomado bien mi mensaje.
Qué infantil.
No sentía más que una fría repulsión. ¿Cómo había permitido alguna vez que ese chico se acercara a mí?
No me importaban los juegos que intentara jugar.
—Ya te lo dije anoche. Hemos terminado, Caleb —dije con claridad, con la voz firme y lo bastante alta como para que sus amigos la oyeran. Me giré hacia Brandon, el que me había llamado, y le dediqué una sonrisa condescendiente.
—Eres su mejor amigo, así que deberías saber comportarte mejor. Además, no vayas gritando los nombres de la gente en público. Para alguien criado con clase, das vergüenza.
—Tú… —el rostro de Brandon se puso rojo, pero no le presté atención y me di la vuelta.
Si pensaban que era una perra remilgada, les demostraría exactamente qué aspecto tenía una.
Unos pasos sonaron detrás de mí antes de que me agarraran de la mano. Me giré y encontré a Caleb.
—Vamos, Iris. Estás exagerando. Los chicos dicen estupideces todo el tiempo —sacudió la cabeza—. Está bien, lo admito. Intentaba darte celos hace un momento y conseguí que mis amigos me ayudaran. Tu mensaje salió de la nada y me enfadé, pero sé que no lo dices en serio. Vamos, olvidémonos de todo. Todavía me debes una cita.
Me dedicó una sonrisa socarrona que estoy segura de que pretendía ser coqueta, pero a mis ojos solo parecía pretenciosa. Apenas contuve una mueca de desprecio mientras apartaba la mano.
—No era una broma —sonreí satisfecha al ver cómo su sonrisa vacilaba—. Ah, cierto. Ayer lo escuché todo. La apuesta y los cinco mil.
Aquellas palabras fueron la chispa. La verdadera sorpresa cruzó su rostro, rápidamente reemplazada por el pánico.
—Eso…
Levanté la mano, interrumpiéndolo.
—Sabes, antes me sentía un poco mal por ti, por eso acepté tu confesión. Ahora que sé que era falsa, me siento un poco aliviada —dije con sinceridad—. He terminado de darte atención. No me escribas. No te acerques a mí. No soy tu conquista ni tu broma. Aléjate de mí.
IrisEsas palabras casi me llevaron al límite.A diferencia de lo que sugería mi ocupación, técnicamente todavía era virgen. Nunca había tenido sexo. Mi única experiencia había sido a solas y, más tarde, cuando empecé a hacer transmisiones en vivo.Había usado muchas cosas, incluidos juguetes para las transmisiones en vivo. Juguetes que, irónicamente, algunos habían sido comprados por él.Pero nunca antes había sentido los dedos de otra persona presionando contra mí hasta ahora.El peso cálido de sus dedos se asentó entre mis pliegues, presionando ligeramente, pero sin hacer nada más. Bien podría haber estado
IrisEl nuevo término me hizo estremecer involuntariamente. Sabía exactamente a qué se refería, aunque no quería creerlo.De cerca, nuestras respiraciones se mezclaron. Su aliento rozó mi piel, acercando su rostro antes de deslizarse hasta rozar mis orejas.—Eres una estudiante de honor, capaz de conseguir una beca completa solo con pura fuerza de voluntad —murmuró—. Alguien tan inteligente como tú no necesita pensar en la respuesta cuando la he hecho tan obvia. Eres jodidamente brillante.Una sacudida de emoción me recorrió ante el elogio. Los infinitos ecos de mi imaginación se deslizaron como meras imitaciones de lo real.«Brillante. Chica l
IrisMi mente iba a mil por hora, igual que mi corazón, pero no se me ocurría ninguna solución. Estaba, a todos los efectos, atrapada.—Profesor Sterling, ¿qué está haciendo? —pregunté, manteniendo la formalidad y fingiendo ignorancia—. Esto es inapropiado.Mi corazón latía a toda prisa, pero mantuve mi expresión neutral, aunque mi voz temblaba. Si actuaba bien, si fingía indiferencia, tal vez las cosas serían diferentes.—¿Ah, sí? —Su voz fue un ronroneo grave que me provocó un escalofrío por la espalda. Mi mente viajó al instante a mi sueño y a los recuerdos de aquella transmisión en vivo.
IrisHacía tiempo que su rostro, junto con toda la seguridad que había mostrado, había caído por completo, dejando solo la ira y la humillación apenas contenidas. Su amigo farfulló a su lado, pero estaba igual de incapaz de responder. En lugar de volver la mirada de inmediato, la dirigí hacia la joven que estaba junto a él y levanté una ceja.—Por cierto, buena suerte con él —solté.—Que te jodan —escupió ella, pero el sonrojo de vergüenza en su rostro era imposible de ocultar.Lo que sea, pensé. Yo no era ninguna salvadora, ni me importaba demasiado. Quienes se quedaban con él sabían perfectamente en qué se estaban metiendo.Volví a mis libros para despejar la mente. Apenas me
IrisCuando llegué a clase, mis pasos se detuvieron.Por lo visto, el mundo realmente se había puesto en mi contra ese día porque, a lo lejos, en uno de los asientos del centro del aula, estaba sentado Caleb.No se veía muy diferente de la última vez que lo había visto. Su cabello rubio seguía llevando aquel molesto corte degradado bajo, típico de chico de fraternidad, que hacía que pareciera aún más gilipollas, pero eso era de esperar.Estaba sentado con un amigo que no era Brandon a su lado y otra chica —una pelirroja esta vez— apoyada contra su otro hombro.Eran el centro de atenció
Iris—Sí.Jadeé entre el calor sofocante, conteniendo un gemido. Sentí que los ojos se me ponían en blanco ante el placer abrasador que me recorría en oleadas.Bajo el difuso resplandor de los neones, conseguí abrir los ojos. Una mata de cabello oscuro estaba oculta entre mis muslos, brillante bajo las luces. Su aliento caliente y pesado me golpeaba los muslos y el clítoris. Me habría apartado de aquella sensación abrumadora si no fuera por sus manos, que rodeaban mis muslos como jaulas.Todo era tan cálido… y húmedo… y… joder.—&i







