MasukElena no sabía qué esperar esa noche, la invitación fue diferente, no hubo mensaje con órdenes estrictas.
Solo un sobre negro sellado con cera roja, entregado en mano por un motociclista sin expresión. Dentro, una tarjeta “Confía, no preguntes, solo llega, 23:00, viste seda, nada más.” El vestido que eligió era corto, ceñido, sin tirantes. Transparente en ciertos ángulos. Llevaba una capa de seda negra sobre los hombros y el cuerpo desnudo debajo, tal como Dorian le había pedido antes en otras sesiones. Al llegar al club, fue conducida por un pasillo nuevo, más oculto, silencioso. La puerta era pesada, negra, sin marcas. El guardia no la miró a los ojos cuando la abrió. Dentro, la atmósfera cambió por completo, no era una habitación como las otras. Era una sala privada, más lujosa, luces cálidas, terciopelo rojo, alfombra gruesa, espejos estratégicamente colocados. Y en el centro, un sillón negro de cuero, sobre él, Dorian completamente desnudo. Su cuerpo reposaba con total autoridad, como una estatua viva de deseo. Piernas abiertas, torso inclinado hacia atrás, ojos fijos en ella. Pero no estaba solo, arrodillada entre sus muslos, Odelia. La misma mujer que una vez le sonrió con complicidad en el pasillo del club. Piel morena, cabello trenzado en una coleta alta, y ahora, los labios de Odelia envolvían el miembro de Dorian con maestría. Elena se detuvo, el pulso le martillaba el cuello, la visión era pura lujuria. Pero lo más perturbador fue la forma en que Dorian la miró, no con culpa, no con disculpas, sino con hambre. —Cierra la puerta, Dulzura y ven aquí.---- ordenó Dorian Ella obedeció,pasó junto a ellos, pudo ver el movimiento de la lengua de Odelia. Elena se arrodilló a un lado del sillón, como había aprendido. Dorian extendió la mano y le acarició el rostro,—¿Estás incómoda?--- —No, Señor.--- respondió Elena —¿Te excita?,--- pregunto Dorian —Sí, Señor.--- respondió Elena —Entonces observa, y aprende.--- dijo Dorian Elena tragó saliva, nunca había visto otra mujer dando placer. Pero ver a Odelia, concentrada, devota, casi religiosa en su entrega despertaba algo prohibido en su interior. Dorian gimió suavemente, ---es buena. ¿Verdad, Dulzura?,--- —Sí, Señor. Muy... hermosa.--- respondió Elena —¿Quieres probar?, ---- pregunto Dorian Elena no respondió enseguida, su pecho subía y bajaba rápido. —Sí, Señor —dijo al fin, con voz temblorosa. —Odelia, compártete.--- ordenó Dorian La mujer se incorporó con elegancia, tenía los labios húmedos, los ojos encendidos. Tomó la mano de Elena y la llevó hacia ella, guiándola hasta sus senos. La piel de Odelia era suave, caliente, Elena los acarició con timidez. —Eres hermosa —murmuró Elena —Y tú, deliciosa —susurró Odelia, antes de besarla. Fue un beso distinto, femenino, curioso, suave y voraz al mismo tiempo. Dorian las observaba.—Quiero verlas jugar, quiero que la toques, Elena, que aprendas lo que es dominar con ternura y someterte al mismo tiempo.---Su voz fue grave, envolvente. Odelia empujó suavemente a Elena hacia la alfombra. Se colocó encima, sus caderas sobre el rostro de la otra. Elena sintió el calor húmedo entre sus labios, el aroma de otra mujer. —No tengas miedo, hazlo como te gustaría que lo hicieran contigo, —dijo Odelia Elena sacó la lengua y la acarició lentamente. Odelia jadeó. Fue como cruzar un umbral. Sus manos se aferraron a los muslos de la otra mujer. Su lengua encontró ritmo. Y el gemido que recibió a cambio fue la mejor recompensa. Dorian se levantó del sillón, gaminó hasta ellas, se arrodilló detrás de Elena. —Tan obediente, Dulzura... tan entregada.--- dijo en su oído Ella no podía hablar, tenía el rostro hundido entre los pliegues de Odelia, quien se contorsionaba encima suyo. Pero su cuerpo tembló al sentir las manos de Dorian en sus caderas. La penetró con fuerza, sin anuncio, sin dulzura.Como si le recordara que él era el centro de ese juego, el amo absoluto. Elena gritó, ahogada por el cuerpo de Odelia, pero no se detuvo. Lamiendo, succionando, siendo penetrada al mismo tiempo. Era un mar de sensaciones, un caos de placer. —Ahora, cámbiense, quiero verte a ti, quiero verte Dulzura encimade Odelia, —ordenó Dorian —Con gusto, Señor —respondió ella. Odelia se coloco en la alfombra, Elena montó sobre su rostro de nuevo, mientras la observaba Elena no tenía control, era solo carne palpitando,gritos, sudor, espasmos.Y entonces, los orgasmos comenzaron a mezclarse. Primero Odelia, su cuerpo se sacudió violentamente, con gemidos rotos. Luego Elena, cuando Dorian le acarició la espalda, llegando a sus nalgas. Y finalmente, él, que había introducido su miembro en la boca de Elena, gimiendo su nombre como un conjuro, derramándose dentro. Todo se volvió calor, silencio, latidos.Después, las tres figuras descansaban sobre cojines. Dorian en el centro, Elena con la cabeza sobre su muslo derecho, Odelia acariciándole el cabello desde el otro lado. —Hoy cruzaste un límite, Dulzura ¿Te arrepientes?,--- dijo él, sin mirarla —No, Señor.---- respondió Elena —¿Te gustó?,---- pregunto Dorian —Mucho.--- respondió Elena —Bien.--- dijo Dorian Odelia le ofreció una copa de vino.—Eres fuego en silencio, Elena, cuando ardes, no haces ruido, pero quemas profundo.--- Elena sonrió, —nunca imaginé...---- —Que te gustara una mujer —completó Odelia. —Que me gustara no tener control.--- respondió Elena Dorian besó su frente.—Apenas estás empezando.--- —¿Con ustedes?,---- pregunto Elena —Con nosotros, con lo que eres capaz de ser.--- respondió Dorian La noche se alargó con caricias suaves, ya no había juegos. Solo cuerpos desnudos, entregados, respirando el mismo aire. Y en ese silencio, Elena supo algo, estaba perdida y no quería ser encontrada. Al regresar a su apartamento no pudo evitar recordar lo vivido esa noche junto a Odelia y Dorian. Esas nuevas sensaciones que despertaban en ella, esos deseos ocultos de ser poseída, dominada. Se miró al espejo mientras quitaba el vestido y noto unas pequeñas marcas en su cuerpo el recuerdo de una noche intensa de juegos que jamás pensó hacer, de nuevas sensaciones que descubre sin miedo, sin límites. Se colocó un vestido suelto, fue directamente a su computadora donde empezó a escribir, sus dedos parecían moverse solos, cada palabra, reflejaba una sensación diferente, un placer nuevo descubierto.La habitación del hospital estaba sumida en un silencio casi opresivo. Dorian permanecía recostado, el vendaje en su costado le recordaba cada segundo que todavía no estaba listo para volver a la guerra, ni a los negocios turbios que giraban alrededor de su familia. Sin embargo, lo que más pesaba en su mente no era la herida, sino la traición. Octavio, su medio hermano, había vendido su secreto más grande a Richard. Y esa traición no se podía quedar impune.Desde niño, Dorian había aprendido que en la familia Blackwood no existía espacio para la debilidad. Ni para la ternura. Su madre, Helena, lo había traído al mundo, pero jamás lo protegió del carácter duro y despiadado de Richard. Él había sido su sombra constante, la medida exacta de lo que significaba ser un Blackwood, disciplina, control y un poder absoluto sobre los demás.Con su madre no existía relación alguna, no eran confidentes, ni siquiera aliados silenciosos. Helena había preferido mantenerse distante, desde su divorcio
La noche estaba envuelta en un silencio extraño, como si incluso las estrellas hubiesen decidido apartar la mirada de lo que estaba por suceder. El aire frío de las afueras de la ciudad quemaba la piel, y la bruma se colaba entre las sombras de los edificios abandonados. Era el escenario perfecto para una despedida cruel, una que quedaría grabada en la memoria de Dorian para siempre.Isolde apretaba el volante de su coche con fuerza, tanto que sus nudillos estaban blancos. Había ensayado cada palabra, cada gesto, cada sonrisa falsa que tendría que mostrar. Pero el corazón latía con una fuerza tal que temía que su pecho se rompiera en pedazos. Había tomado una decisión irreversible: debía terminar con Dorian, aunque significara convertirse en la villana de su historia.En su mente se repetían las palabras de Lorenzo, y peor aún, las amenazas del padre de Dorian. Si no lo alejaba, si no lo destruía, Dorian sería el primero en caer bajo la guerra que se avecinaba. Más vale que te odie vi
El café donde lo habían citado tenía un aire elegante, demasiado frío para el encuentro que se avecinaba. El suelo de mármol reflejaba la luz artificial de las lámparas, y el aroma a espresso recién molido parecía un disfraz, un velo dulce que escondía lo que en verdad iba a ocurrir allí.Isolde llegó puntual, como siempre lo hacía cuando sentía que algo importante estaba en juego. Había recibido el mensaje esa mañana, redactado con una precisión quirúrgica:"Señorita Isolde, la espero esta tarde a las cinco. No falte. - RichardBlackwood"El padre de Dorian.Había leído esas palabras una y otra vez hasta grabarlas en su mente. Sabía que no podía ignorarlas. Richard Blackwood no era un hombre que repitiera una invitación; la convertía en orden.Respiró hondo antes de entrar, y al cruzar la puerta lo vio enseguida. Estaba sentado en una mesa apartada, con vista directa a toda la sala, como un general vigilando un campo de batalla. El traje impecable, la corbata oscura, y esa mirada afi
La tarde se deslizaba lentamente hacia la noche, bañando la ciudad con tonos rojizos que parecían pintados para ellos dos. En el penthouse de Dorian, las cortinas estaban apenas entreabiertas, dejando entrar la luz que iluminaba la figura de Isolde recostada en el sofá, su piel aún tibia por el calor de su último encuentro. Dorian, a su lado, la observaba con una mezcla de devoción y deseo. Era como si el mundo hubiera reducido su tamaño hasta caber únicamente en esa sala, en sus miradas y en los silencios cargados de significado.—Eres peligrosa —murmuró él, con una sonrisa casi incrédula, mientras deslizaba sus dedos por la clavícula de ella.Isolde arqueó una ceja, juguetona. —¿Por qué lo dices?, ---—Porque cada día que paso contigo me convenzo más de que no sabría cómo dejarte ir —respondió Dorian, sin apartar la vista de sus labios.El corazón de Isolde dio un vuelco, durante semanas había intentado resistirse, encerrar sus sentimientos en una caja hermética. Pero cada gesto de
La noche había caído sobre la ciudad con una delicadeza casi solemne. El cielo, salpicado de estrellas tímidas que apenas lograban imponerse sobre las luces urbanas, parecía una manta que invitaba a los secretos. Isolde se encontraba frente al espejo de su habitación, contemplándose como si buscara respuestas en sus propios ojos. Había pasado días luchando contra la intensidad de lo que sentía por Dorian, tratando de convencerse de que aquello no era más que un espejismo, un reflejo de la intensidad de sus juegos y de la intimidad física que los unía.Pero esa tarde, mientras él había sostenido su mano más tiempo del necesario al despedirse de una reunión informal en su apartamento, algo en su interior se derrumbó. El calor que recorrió su piel no tenía nada de casual. No era deseo, no era simple atracción, era ternura, complicidad, un latido que nacía del alma.Isolde respiró hondo, como si quisiera sacarse de encima un peso invisible, y bajó las escaleras con pasos medidos. Dorian l
El aire fresco del campo todavía impregnaba la piel de Isolde cuando abrió los ojos aquella mañana. El canto de los pájaros era un recordatorio cruel de que estaba lejos de la ciudad, lejos de los muros que solía levantar a su alrededor y de la máscara que tanto la protegía. Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió rodeada de caos ni de sombras.Se giró con lentitud, y allí estaba é, Dorian, durmiendo a su lado, con el cabello revuelto y una expresión de paz que rara vez mostraba cuando estaba despierto. Se sorprendió a sí misma recorriendo cada detalle de su rostro con la mirada, grabando en su memoria la curva de su mandíbula, la forma en que sus labios apenas se entreabrían, el modo en que su pecho subía y bajaba de manera pausada.Isolde había compartido camas con muchos hombres antes, siempre desde la posición del poder, del control. Nunca los había observado con esa ternura, ni se había detenido a pensar en lo que significaba tenerlos a su lado más allá de la pasión. Pero c







