بيت / Otros / Deseos ocultos / Bajo sus reglas

مشاركة

Bajo sus reglas

مؤلف: Clau
last update تاريخ النشر: 2025-05-29 20:45:23

Elena se despertó con el cuerpo aún vibrando. Había pasado una semana desde que Dorian la ató por primera vez. Desde que descubrió que podía correrse sin ser tocada, solo con cuerdas, palabras, y una mirada que calaba el alma.

Se sentía transformada.

Liberada.

Hambrienta.

La escritura fluía como antes, mejor que antes pero lo más inquietante era la ansiedad con la que contaba los días para volver a verlo.

Jueves por la noche, recibió un mensaje.

Dorian, Viernes. 22:00, sin ropa interior viste de negro, come ligero, prepárate para obedecer.

No hubo firma, no hubo cortesías.

Solo órdenes y un deseo pulsante creciendo entre sus piernas al leerlas.

Vestía un vestido negro de seda que rozaba apenas sus muslos, liso, sin adornos, llevaba el cabello suelto, labios rojos, y el alma entreabierta.

Cuando llegó al club, Dorian no la esperaba en el vestíbulo.

Fue conducida directamente a una habitación distinta, más oscura, más grande.

En el centro, una silla de respaldo recto, aun lado, una cama baja, casi al ras del suelo, con sábanas rojas. Luces tenues, música suave, y un olor persistente a incienso y cuero.

Elena no tuvo tiempo de inspeccionar más.

Dorian apareció desde las sombras.

Vestía todo de negro, pero esta vez con una chaqueta larga estilo militar, la expresión más severa que nunca.

—Arrodíllate —ordenó sin saludarla.

Elena lo hizo.

Sin preguntas.

Sin dudar.

Algo dentro de ella reconocía el tono, lo necesitaba.

—Desde hoy, tendrás un nuevo nombre,--- dijo Dorian

Elena levantó la vista.

—Serás mi sumisa, al menos en estas paredes,--- dijo Dorian

—¿Cuál es mi nombre, entonces?,--- pregunto Elena

—Dulzura,--- respondió Dorian

Una sonrisa ligera apareció en sus labios, pero no duró mucho.

Dorian la tomó del cabello, con firmeza, sin brusquedad, y la hizo inclinar la cabeza.

—No sonrías sin permiso,--- dijo Dorian

—Sí, Señor,--- respondió Elena

—Así me gusta,--- la voz de Dorian autoritaria, firme

Elena fue desnudada por sus propias manos, bajo la mirada atenta de Dorian.

Él no se movió, solo observó mientras ella se despojaba del vestido.

—Camina hacia la cama, cuatro patas, como una buena perrita,--- ordenó Dorian

Elena obedeció, humillada, excitada, las rodillas contra la alfombra, los pezones rozando el aire frío.

Cada segundo la volvía más consciente de su desnudez.

Dorian se sentó en la silla, cruzó las piernas, y comenzó a hablar.

—Hoy explorarás lo que significa pertenecer, no solo obedecer, pertenecer a alguien no es debilidad, es elección y tú estás eligiendo entregarte.--- la voz de Dorian era firme, pero sensual

—Sí, Señor,---- respondió Elena

—Dirás todo lo que sientes, no hay espacio para la vergüenza, solo verdad.--- dijo Dorian

Elena llegó a la cama, esperó el cuerpo tenso, la respiración agitada.

Dorian se levantó, y caminó hacia ella. Rodeó su figura como un depredador.

Luego, se inclinó y la acarició por primera vez esa noche.

Sus dedos recorrieron su espalda, bajaron por sus nalgas y se detuvieron en su entrepierna.

Elena jadeó.

—Estás empapada, Dulzura. Qué obediente eres.--- dijo Dorian

—Lo deseo, lo necesito,---- respondió Elena

—Eso me complace,---- dijo Dorian

Las esposas fueron de cuero negro, acolchadas, no hacían daño solo inmovilizaban.

Las colocó en sus muñecas y tobillos, luego, la ató a los extremos de la cama.

Elena yacía abierta, indefensa, el corazón le golpeaba el pecho con fuerza.

Dorian trajo un plug anal pequeño y un vibrador delgado, los colocó junto a la cama, a la vista.

—Esta noche te llenarás de mí, por dentro y por fuera.---- dijo Dorian

—Sí, Señor,--- respondió Elena

—Y no acabarás hasta que yo te lo diga,--- dijo Dorian

Lubricó el plug con lentitud, lo acercó a su entrada trasera, y mientras acariciaba su clítoris con la otra mano, lo fue introduciendo con paciencia.

Elena gimió, la sensación era intensa, pero no dolorosa.

Cuando lo tuvo dentro, su cuerpo temblaba.

—Buena chica, respira, siente.—murmuró Dorian

Le colocó el vibrador en el clítoris, pero sin encenderlo.

Luego, se desnudó.

Elena apenas podía girar el cuello, pero lo vio.

Su cuerpo era poderoso, definido, marcado por cicatrices pequeñas que contaban historias.

Su erección era evidente y hermosa.

Dorian se colocó un condón.

Se inclinó sobre ella, aún sin penetrarla, y le lamió los pezones con lentitud.

Las pinzas que él colocó luego provocaban un delicioso ardor.

—Te tomaré, pero no solo como hombre, te tomaré como tu dueño.--- Dorian la miró a los ojos.

Cuando entró en ella, fue con un movimiento firme.

El cuerpo de Elena se arqueó.

El plug dentro de ella intensificaba cada sensación, estaba completamente llena y por primera vez, poseída.

Los gemidos eran constantes, Elena balbuceaba súplicas, palabras rotas, ---más... por favor, más,---

—¿Quién te da esto?,---- pregunto Dorian su tono jadeante

—Tú, Señor, solo tú, --- entre jadeo respondió Elena

—¿A quién perteneces esta noche?,--- pregunto Dorian

—A usted. Completamente,---- respondió Elena

Dorian encendió el vibrador.

Elena gritó.

El placer era brutal.

Una ola tras otra.

Y entonces, se corrió.

Fuerte, Incontrolablemente.

Pero él no se detuvo, siguió embistiéndola, sus caderas golpeaban contra ella con una fuerza medida, calculada.

—Vas a correrte otra vez,--- ordenó Dorian

—No puedo,--- respondió Elena

—Sí puedes,--- dijo Dorian, moviéndose más dentro de Elena

—Señor...,---- Elena jadeaba

—¿Palabra de seguridad?,---- pregunto Dorian

—No... Luna... no,--- dijo Elena

—Entonces seguire, --- dijo Dorian

El segundo orgasmo fue aún más intenso y cuando creyó que no podía más, vino el tercero.

Para entonces, Elena lloraba, no de dolor, sino de placer desbordado.

Dorian la liberó.

La abrazó contra su pecho mientras su cuerpo convulsionaba.

—Lo hiciste bien, eres mía esta noche,--- dijo Dorian en su oído

—¿Y mañana?,--- pregunto Elena, cansada

—Mañana, seguiremos jugando, si así lo deseas,--- respondió Dorian

Elena asintió, estaba agotada, pero satisfecha.

El placer le había roto las barreras y en su ruina, encontró libertad.

Horas después, ya vestida, Elena se acercó a Dorian, quien estaba bebiendo whisky en la sala privada.

—Gracias —dijo, en voz baja.

Él la miró de reojo,---¿Por qué?,---

—Por enseñarme que rendirse no es perder,--- respondió Elena

Dorian se levantó, caminó hacia ella, le tomó la barbilla entre los dedos.--- Porque conmigo, Dulzura, rendirse siempre será una victoria.---

Y entonces, la besó.

El primer beso desde que comenzó el juego.

Un beso que no pidió permiso.

Que exigía, que marcaba, como si dijera,

"No solo te poseo, te deseo."

Elena no supo cómo acabó la noche.

Solo que al volver a casa, en su reflejo había otra mujer.

Una que ardía por dentro.

Y que ya no podía conformarse con menos.

استمر في قراءة هذا الكتاب مجانا
امسح الكود لتنزيل التطبيق
تعليقات (1)
goodnovel comment avatar
Yoris Piñate
A ver si le sigue diciendo que no se enamore.
عرض جميع التعليقات

أحدث فصل

  • Deseos ocultos    la venganza de Dorian, final

    La habitación del hospital estaba sumida en un silencio casi opresivo. Dorian permanecía recostado, el vendaje en su costado le recordaba cada segundo que todavía no estaba listo para volver a la guerra, ni a los negocios turbios que giraban alrededor de su familia. Sin embargo, lo que más pesaba en su mente no era la herida, sino la traición. Octavio, su medio hermano, había vendido su secreto más grande a Richard. Y esa traición no se podía quedar impune.Desde niño, Dorian había aprendido que en la familia Blackwood no existía espacio para la debilidad. Ni para la ternura. Su madre, Helena, lo había traído al mundo, pero jamás lo protegió del carácter duro y despiadado de Richard. Él había sido su sombra constante, la medida exacta de lo que significaba ser un Blackwood, disciplina, control y un poder absoluto sobre los demás.Con su madre no existía relación alguna, no eran confidentes, ni siquiera aliados silenciosos. Helena había preferido mantenerse distante, desde su divorcio

  • Deseos ocultos    la despedida

    La noche estaba envuelta en un silencio extraño, como si incluso las estrellas hubiesen decidido apartar la mirada de lo que estaba por suceder. El aire frío de las afueras de la ciudad quemaba la piel, y la bruma se colaba entre las sombras de los edificios abandonados. Era el escenario perfecto para una despedida cruel, una que quedaría grabada en la memoria de Dorian para siempre.Isolde apretaba el volante de su coche con fuerza, tanto que sus nudillos estaban blancos. Había ensayado cada palabra, cada gesto, cada sonrisa falsa que tendría que mostrar. Pero el corazón latía con una fuerza tal que temía que su pecho se rompiera en pedazos. Había tomado una decisión irreversible: debía terminar con Dorian, aunque significara convertirse en la villana de su historia.En su mente se repetían las palabras de Lorenzo, y peor aún, las amenazas del padre de Dorian. Si no lo alejaba, si no lo destruía, Dorian sería el primero en caer bajo la guerra que se avecinaba. Más vale que te odie vi

  • Deseos ocultos    la amenaza del padre de Dorian

    El café donde lo habían citado tenía un aire elegante, demasiado frío para el encuentro que se avecinaba. El suelo de mármol reflejaba la luz artificial de las lámparas, y el aroma a espresso recién molido parecía un disfraz, un velo dulce que escondía lo que en verdad iba a ocurrir allí.Isolde llegó puntual, como siempre lo hacía cuando sentía que algo importante estaba en juego. Había recibido el mensaje esa mañana, redactado con una precisión quirúrgica:"Señorita Isolde, la espero esta tarde a las cinco. No falte. - RichardBlackwood"El padre de Dorian.Había leído esas palabras una y otra vez hasta grabarlas en su mente. Sabía que no podía ignorarlas. Richard Blackwood no era un hombre que repitiera una invitación; la convertía en orden.Respiró hondo antes de entrar, y al cruzar la puerta lo vio enseguida. Estaba sentado en una mesa apartada, con vista directa a toda la sala, como un general vigilando un campo de batalla. El traje impecable, la corbata oscura, y esa mirada afi

  • Deseos ocultos    la jugada de Octavio, la ira del padre de Dorian

    La tarde se deslizaba lentamente hacia la noche, bañando la ciudad con tonos rojizos que parecían pintados para ellos dos. En el penthouse de Dorian, las cortinas estaban apenas entreabiertas, dejando entrar la luz que iluminaba la figura de Isolde recostada en el sofá, su piel aún tibia por el calor de su último encuentro. Dorian, a su lado, la observaba con una mezcla de devoción y deseo. Era como si el mundo hubiera reducido su tamaño hasta caber únicamente en esa sala, en sus miradas y en los silencios cargados de significado.—Eres peligrosa —murmuró él, con una sonrisa casi incrédula, mientras deslizaba sus dedos por la clavícula de ella.Isolde arqueó una ceja, juguetona. —¿Por qué lo dices?, ---—Porque cada día que paso contigo me convenzo más de que no sabría cómo dejarte ir —respondió Dorian, sin apartar la vista de sus labios.El corazón de Isolde dio un vuelco, durante semanas había intentado resistirse, encerrar sus sentimientos en una caja hermética. Pero cada gesto de

  • Deseos ocultos    confesión en la penumbra

    La noche había caído sobre la ciudad con una delicadeza casi solemne. El cielo, salpicado de estrellas tímidas que apenas lograban imponerse sobre las luces urbanas, parecía una manta que invitaba a los secretos. Isolde se encontraba frente al espejo de su habitación, contemplándose como si buscara respuestas en sus propios ojos. Había pasado días luchando contra la intensidad de lo que sentía por Dorian, tratando de convencerse de que aquello no era más que un espejismo, un reflejo de la intensidad de sus juegos y de la intimidad física que los unía.Pero esa tarde, mientras él había sostenido su mano más tiempo del necesario al despedirse de una reunión informal en su apartamento, algo en su interior se derrumbó. El calor que recorrió su piel no tenía nada de casual. No era deseo, no era simple atracción, era ternura, complicidad, un latido que nacía del alma.Isolde respiró hondo, como si quisiera sacarse de encima un peso invisible, y bajó las escaleras con pasos medidos. Dorian l

  • Deseos ocultos    El despertar de algo más

    El aire fresco del campo todavía impregnaba la piel de Isolde cuando abrió los ojos aquella mañana. El canto de los pájaros era un recordatorio cruel de que estaba lejos de la ciudad, lejos de los muros que solía levantar a su alrededor y de la máscara que tanto la protegía. Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió rodeada de caos ni de sombras.Se giró con lentitud, y allí estaba é, Dorian, durmiendo a su lado, con el cabello revuelto y una expresión de paz que rara vez mostraba cuando estaba despierto. Se sorprendió a sí misma recorriendo cada detalle de su rostro con la mirada, grabando en su memoria la curva de su mandíbula, la forma en que sus labios apenas se entreabrían, el modo en que su pecho subía y bajaba de manera pausada.Isolde había compartido camas con muchos hombres antes, siempre desde la posición del poder, del control. Nunca los había observado con esa ternura, ni se había detenido a pensar en lo que significaba tenerlos a su lado más allá de la pasión. Pero c

فصول أخرى
استكشاف وقراءة روايات جيدة مجانية
الوصول المجاني إلى عدد كبير من الروايات الجيدة على تطبيق GoodNovel. تنزيل الكتب التي تحبها وقراءتها كلما وأينما أردت
اقرأ الكتب مجانا في التطبيق
امسح الكود للقراءة على التطبيق
DMCA.com Protection Status