MasukEl mismo díaAustin, TexasEthanVolví a contemplar a esa Olivia fuerte, decidida, con ganas de plantarle cara a lo que viniera; la mujer de la que me enamoré, esa que nunca admitía un no por respuesta. A pesar de ello, la mirada endurecida del gerente de operaciones no era una buena señal. No necesitábamos seguir llenándonos de papeleo burocrático. Ya estaba hastiado de cada inconveniente, y había sido suficiente con las amenazas de Olivia para conseguir la colaboración de Mike Hall.Apenas tuvimos el listado en nuestras manos, mis ojos saltaron de línea en línea, buscando el nombre de Charles y cualquier coincidencia en las fechas. Los dedos de Olivia se deslizaban por las hojas hasta que una fecha la hizo detenerse y cambió todo lo que creíamos.Ahora Olivia continúa sin mover un músculo. Su pecho sube y baja con violencia. Tiene los puños apretados y la mandíbula rígida, y aunque sus ojos se han cristalizado, no derrama una sola lágrima.—Amelia... —la escucho volver a pronunciar
El mismo díaAustin, TexasCharlesMe resultaba difícil descifrar lo que cruzaba por la mente de Amelia. Ni siquiera sabía si estaba lúcida o si sufría uno de sus ataques. Quizá terminaría gritándome o soltando una de aquellas carcajadas que conseguían ponerme los nervios de punta mientras intentaba descubrir qué recordaba de su infancia. El regreso de Ethan había vuelto a desatar sus crisis y nunca sabía con qué podía salir.Ella continuó sosteniéndome la mirada hasta que ladeó la cabeza.—Te aflojaste el nudo de la corbata. Feo para alguien que dirige la empresa —comentó, estirando las manos hacia mi cuello para acomodarlo.Le sujeté las muñecas y aparté sus dedos.—No importa la corbata —repliqué, sin soltarla—. Te hice una pregunta sobre tus veranos. ¿Fuiste a algún parque de diversiones o a alguna feria?Amelia retiró las manos y bajó la mirada hacia la alfombra.—Perdí a mi muñeca de medias rojas…—Dime dónde la dejaste y voy por ella —respondí, procurando mantener la paciencia.
El mismo díaAustin, TexasOliviaAmelia no escuchaba, ni parecía tener intenciones de hacerlo. Para ella, todo se reducía a crucificar a Ethan por su abandono durante cuatro años y, encima, pretendía intervenir en mi matrimonio a cambio de la cabeza de Charles. Lo extraño era verla revolviendo el clóset, como si quisiera desaparecer antes que tomar partido por alguno de los dos. O quizá simplemente estaba molesta porque no le había comunicado la revocación del poder. Fuera cual fuera la razón, necesitaba su apoyo como hermana.Ella continuó doblando la ropa sin decir una maldita palabra. Yo seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo ni aquella manera de chantajearme. Finalmente, dejó una prenda sobre la cama, levantó la mirada y habló.—Tengo derecho a tomarme unas vacaciones después de estar meses preparando tu boda con Daniel, después de estar consolándote como tonta… —reclamó, sacando otra prenda del armario.La miré con incredulidad.—Amelia, no me hagas sentir mal por lo qu
Dos días despuésAustin, TexasEthanSupe desde el principio que poner un pie en la mansión era una pésima idea, pero Olivia estaba convencida de que era el camino para atrapar a Charles, de forzarlo a cometer un error. Lo que conseguimos fue que yo perdiera el control y, encima, tuviera que soportar sus regaños.Después de que Bresman interviniera, Olivia me arrastró del brazo hasta la cocina mientras yo seguía fulminando a Charles con la mirada. Todavía sentía la sangre hervirme y los nudillos me ardían por el golpe. Había querido arrancarle la verdad a puñetazos, pero en el fondo sabía que Charles había conseguido exactamente lo que buscaba: hacerme perder la cabeza.—Ya basta, Ethan. Deja de seguirle el juego… —me reprendió, cerrando la puerta detrás de nosotros.—Dame cinco minutos con el cabrón —murmuré con la voz áspera, todavía con la rabia clavada en el pecho—. Te aseguro que le saco la verdad a punta de golpes.Olivia negó con la cabeza y señaló una de las sillas.—Por Dios,
El mismo díaAustin, TexasCharles¿Acierto, error, pérdida de tiempo? No sabía cómo encasillar a Daniel. Y aun así, su relación con Olivia podía acercarme a la verdad sobre la muerte de Noah y, quizás, inclinar la balanza a mi favor. Al fin de cuentas, él tenía su confianza. Estaban a punto de casarse.Y, sin embargo, me desagradaba su silencio, aquella calma que no conseguía descifrar en su mirada. Finalmente, frunció el ceño y su voz rasgó el ambiente.—Con sinceridad, Charles, no sé qué pensar. Olivia está aferrada a una fotografía del niño. ¿Cómo si eso fuera suficiente para emprender una búsqueda? —respondió, dejando escapar el aire.Fruncí el ceño y me incliné sobre el escritorio.—Explícate mejor, Daniel. ¿Qué es eso de la fotografía? —pregunté, sintiendo cómo la inquietud comenzaba a instalarse en el pecho.Daniel apoyó las manos sobre la carpeta y sostuvo mi mirada.—Existe una fotografía de un niño de unos seis años con los rasgos de su hijo. Tiene una cicatriz en la frente
El mismo díaAustin, TexasOliviaCada hallazgo solo me llevaba a la misma conclusión: Noah, con su corta edad, debía estar encerrado en algún sitio horrendo, sufriendo maltratos sin comprender siquiera lo que estaba viviendo. Sí, imaginaba lo peor; ¿cómo no hacerlo después de que cada escena resultaba más espeluznante que la anterior? Comprendí que el miedo no podía paralizarme. Al contrario, más que nunca debía sacar fuerzas de donde ya no quedaran para seguir adelante.Y aun habiendo tomado la decisión de acudir a la mansión, Ethan continuaba empecinado en arrinconar a Charles. Apenas se levantaba, ya estaba pegado al celular, deambulando por el pequeño departamento, como esta mañana.Apenas salí de la cama, arrastré los pies hasta la cocina disfrutando del olor a café recién hecho y lo encontré con la espátula en una mano y el celular en altavoz.Sonreí apenas y avancé hasta servirme una taza.—Te llamo después, Steve —dijo Ethan con una sonrisa antes de cerrar la llamada y girars







