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Capítulo 5 — “¿Es ella?”

last update publish date: 2026-04-15 06:23:06

POV Killian

El peso de Beatriz en mis brazos era mínimo, pero cada paso que daba por el pasillo parecía cargar con el peso de mi irritación. Sabía muy bien que no estaba herida; reconozco una actuación en cuanto la veo.

Tan pronto como se cerró la puerta de mi oficina, la solté a propósito, sin ninguna ceremonia. Ella soltó un pequeño grito de sorpresa, más por drama que por dolor.

— ¡Killian! ¡Podrías tener más cuidado!

Ignoré su mirada de reproche mientras me alejaba tras mi escritorio.

— Ahórratelo. Ni tú misma te crees tu teatro.

Se acercó fingiendo una cojera que no existía, sus dedos deslizándose por el borde del escritorio hacia mí.

— ¿No sientes nada por mí? ¡Soy Beatriz Argento, soy tu prometida!

Reí entre dientes, sin humor.

— Nuestro matrimonio es un contrato. Nada más. Tú cumples tu papel en público y yo tolero tu presencia, pero no esperes que esto vaya más allá de una alianza en un papel.

Sus ojos se entrecerraron, la máscara de inocencia desmoronándose por un segundo.

— Entonces, ¿por qué sigues protegiéndome?

— Porque es conveniente.

Conveniente. La palabra salió fría, pero dentro de mí pesaba como una cadena. Sabía muy bien que aquella unión no era solo un capricho. Beatriz era la llave que me aseguraría el trono. Fue a través del poder de su familia que logré derribar el imperio podrido do padre de Amara y abrir mi propio camino. Un juego peligroso: sin pasión, sin afecto, pero por un beneficio mayor; no había necesidad de llevar las cosas al extremo. Su padre estaba envejeciendo, y yo seguramente pasaría por encima de él, convirtiéndome en el nuevo rey del imperio de las joyas.

Beatriz se acercó, se sentó en mi regazo, rodeó mi cuello con sus brazos y, con un tono seductor, susurró:

— ¿No sientes deseo por mí? ¿No hay nada que pueda unirnos más allá de este contrato?

Deseo... esa palabra me hizo recordar aquella noche, la última noche con Amara. Su piel, su cabello pelirrojo, su mirada... Pero, de repente, no sé por qué, la imagen de aquella limpiadora de hace un momento surgió en mi mente.

¿Por qué estoy pensando en ella?

Parece que Beatriz interpretó mi silencio como rendición. Vi que una sonrisa satisfecha curvó sus labios, como si acabara de abrir una brecha en mi armadura.

— Entonces, hay una oportunidad para nosotros, ¿no? —Intentó besarme, pero me aparté—. Podemos hacer que esto funcione. Iré al salón de belleza, me haré un nuevo corte de cabello, seguro que te gustará. Ya veremos.

Quise decirle “no desperdicies energías”, pero ya había salido corriendo emocionada, olvidando por completo que hace poco se había caído “gravemente”.

Beatriz no es insoportable, pero para mí el matrimonio siempre ha sido una herramienta. Antes fue la hoja de la venganza; ahora es el escalón hacia el éxito... El resto no es necesario.

¿Pero por qué seguía pensando en Amara? Todo el pasado debió terminar con la venganza. Necesito mantenerme lúcido. Mi misión principal ahora es usar a Beatriz; no puedo dejar que me estorbe una mujer que ya desapareció.

A la mañana siguiente, sin entender muy bien por qué, me encontré de pie ante la puerta del sector de limpieza. Como si mis pies hubieran decidido por sí solos. El supervisor apareció apresurado, casi tropezando con sus propios zapatos. En cuanto me vio, mostró una sonrisa aduladora.

— ¡Señor Navarro! Resolví el problema de ayer, puede estar tranquilo. Le di un buen sermón a esa mujer. ¿Cómo se atreve a ponerle un dedo encima a su esposa? Le mostré su lugar. No solo eso: la eché en el acto, para dar el ejemplo.

Hablaba rápido, inflando el pecho, como si esperara una palmadita en la espalda. Lo miré en silencio, dejando que las palabras se disiparan en el aire pesado del pasillo. Con cada segundo, su sonrisa se marchitaba.

— Está despedido. Lárguese.

— ¿S-señor? —el color desapareció de su rostro—. Pero…

Mi mirada fue suficiente para callarlo. Tragó saliva y salió tropezando, como un animal herido intentando escapar del depredador. Cuando volví a la oficina, ordené de inmediato a mi asistente Leo:

— Localiza a la empleada del incidente de ayer. Quiero que vuelva. Mañana.

Me miró como si hubiera oído mal.

— ¿Está seguro, señor?

— Hazlo. —Mi voz no dejaba espacio para preguntas.

Me quedé junto a la ventana, observando la lluvia rayar el cristal. Sin entender por qué aquella mujer todavía atravesaba mi mente como una sombra que no lograba apartar. Aún no sabía por qué, pero necesitaba verla otra vez.

***

POV Amara

Cuando entré en la empresa, las miradas curiosas de mis compañeros quemaban mi nuca… Ayer era una limpiadora despedida, y hoy estaba siendo recibida con tanto respeto por el asistente del CEO

Ayer, cuando Leo me llamó diciendo que volviera al trabajo, yo también estaba confundida. Tenía la intención de dejar ese empleo para estar bien lejos de Killian, pero pensé que, aunque volviera, no lo encontraría de nuevo, ya que nunca estaríamos en el mismo piso.

Seguí a Leo hasta el ascensor, pero noté que no había botones de pisos. Después de un momento, me di cuenta de que nos deteníamos en el último nivel del edificio, el piso ejecutivo.

— Señor, este no es el piso en el que trabajo…

— Antes de comenzar, nuestro CEO necesita hablar con usted.

Mis ojos se abrieron de par en par y mis dedos temblaron levemente.

— ¿Por qué quiere verme? —pregunté, con la voz más ronca de lo que esperaba.

— Eso tendrá que preguntárselo al propio señor Navarro.

Me puse apresuradamente la mascarilla de limpieza, rogando que ese pedazo de tela pudiera esconderme por completo. Leo llamó a la pesada puerta de madera. Desde adentro, llegó una voz grave y familiar:

— Adelante.

Y entonces, allí estaba él.

De espaldas a la puerta, su silueta imponente recortada contra la luz de los grandes ventanales. Cuando se giró, sus ojos oscuros me perforaron con una intensidad que hizo que se me revolviera el estómago.

— Tú...

Una sola palabra. Dos meses de secretos, miedo y un bebé creciendo en mi vientre se precipitaron en ese instante. Apreté los puños, preparada para correr, luchar o desmoronarme. Sus ojos bajaron por un segundo, demasiado rápido para ser intencional, hacia mi vientre aún discreto.

— Kamala.

La oficina se volvió pequeña cuando Killian pronunció mi nombre falso con esa voz grave que hacía que mi cuerpo traicionara a mi mente. Estudiaba cada detalle mío, desde la posición defensiva de mis hombros hasta la forma en que mis manos temblaban contra la pared.

Tres pasos. Fue lo que necesitó para acorralarme. Su brazo izquierdo formó una barrera de traje negro al lado de mi cabeza, la tela costosa rozando mi cabello. El calor de su cuerpo me envolvía, una contradicción con la pared helada que me comprimía. Por primera vez, sentí la cicatriz latir bajo la mirada ajena.

Su mano derecha se elevó lentamente, sus dedos largos flotando en el aire antes de acercarse a la mascarilla que ocultaba mi rostro.

Él no lo sabe, intenté convencerme, pero mi cuerpo sabía la verdad. Desde el primer día en que me tocó por primera vez, Killian nunca olvidaría cómo mi pulso se aceleraba bajo su contacto.

La sala desapareció de mi campo de visión. Todo se redujo a su mano, a los pocos centímetros entre el secreto y la verdad, entre “Kamala” y Amara. Al final, su mano tocó mi mascarilla, a punto de arrancarla…

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