LOGINLa invitación llegó a través de su firma, una asignación corporativa estándar de asientos, con su nombre incluido casi como una ocurrencia entre una docena de empleados de nivel medio que asistirían por motivos de networking y no por tener una posición particularmente destacada. Un asiento cerca de la parte trasera este año, nada parecido a la mesa principal que antes daba por sentada sin pensar ni una sola vez en lo que realmente le había costado sentarse allí.Consideró no ir en absoluto. Dejó la invitación sobre la encimera de la cocina durante dos días, sopesando la decisión, consciente de cómo podría verse: apareciendo en el mismo salón donde su caída se había convertido en un espectáculo público, otro capítulo de una historia que todos los que estaban en aquel edificio ya habían visto desarrollarse una vez desde fuera.—No tienes que ir —le dijo Patricia cuando él lo mencionó de pasada en el trabajo—. La asistencia es opcional para cualquiera que esté por debajo del nivel de dir
La invitación llegó como siempre lo hacía en esa época del año, grabada y formal, con Cole Holdings incluido entre los patrocinadores nombrados, tal como había ocurrido cada año desde que la empresa salió a bolsa. Claire estuvo a punto de apartarla sin pensarlo dos veces, como hacía con la mayor parte del correo rutinario que llegaba a su escritorio.Entonces vio la fecha, y algo dentro de ella se quedó quieto.La gala de la Fundación Whitmore. El mismo evento donde, hacía ya más de un año, Sophie había escuchado por primera vez el rumor a través de una amiga en la fiesta, donde había visto a Demian y Bianca salir juntos, demasiado cómodos, la noche en que todo había comenzado realmente, incluso antes de que Claire comprendiera por completo que estaba empezando.Se quedó contemplando la invitación durante un largo momento, dándole la vuelta entre los dedos, y se descubrió redactando mentalmente una negativa cortés antes de haber decidido conscientemente nada.Sophie vio la invitación
Marcus se lo comunicó con cuidado, de la misma manera en que ahora le comunicaba la mayoría de las cosas relacionadas con la familia de Demian: de forma objetiva y sin añadir opiniones.—Pensé que deberías saberlo. Eleanor llamó directamente a Vivienne la semana pasada. Al parecer, intentó disuadirla. Vivienne se encargó de ello personalmente y le dejó claro que no estaba interesada en su opinión. Normalmente no te lo contaría, pero dadas las circunstancias, pensé que querrías saberlo.Demian se quedó pensando en ello un momento después de que terminara la llamada, sintiendo que algo se enfriaba en su pecho, algo que no había sentido desde la sala de juntas, desde aquella primera mañana en la que había comprendido exactamente hasta qué punto gran parte de su vida había sido moldeada silenciosamente por decisiones sobre las que nadie le había consultado.No llamó a su madre. Subió a su coche y condujo hasta su casa sin avisar, la misma clase de llegada sin previo aviso que ella siempre
Mencionó la llamada casi de pasada, a mitad de contarle a Sophie cómo había sido su semana, de la misma manera en que mencionas algo que ya has archivado en tu mente en lugar de algo que todavía pesa.—Por cierto, Eleanor me llamó —dijo Claire, extendiendo la mano hacia la botella de vino entre ambas—. Me advirtió que me alejara de Demian. La misma actuación de siempre, disfrazada de preocupación.El tenedor de Sophie se detuvo a medio camino de su boca.—¿Y me lo estás contando ahora, con toda tranquilidad, mientras comemos pasta?—No pensé que mereciera más que eso —respondió Claire, y al decirlo descubrió que lo decía completamente en serio.—¿Qué dijo?—Que él tiene un patrón de elegir a quienquiera que lo haga quedar mejor. Que debería saber más que dejarme halagar por la atención de un hombre que solo me quiere de vuelta ahora que vuelvo a ser poderosa.Claire sirvió el vino sin prisa.—Le dije que pasó treinta años decidiendo quién merecía la lealtad de su hijo y que no me inte
Eleanor se enteró de la reunión en la cocina por una mujer llamada Rosalind, que una vez había trabajado en recepción en el despacho de Marcus y que, al parecer, todavía sentía que le debía algo a Eleanor por un favor que esta le había hecho años atrás, cuando los favores de Eleanor aún tenían suficiente peso como para cobrarlos.—Probablemente no debería estar contándote esto —dijo Rosalind por teléfono, con ese particular deleite de alguien que disfruta ser quien sabe algo primero entrelazado en su cuidadosa disculpa—. Pero tu hijo estuvo en casa de Vivienne Cole la semana pasada. Una reunión privada, sin nada profesional de por medio. Solo lo sé porque Marcus mencionó que la estaba organizando.Eleanor le dio las gracias, colgó y pasó dos días enteros con aquella información, dándole vueltas de la misma manera en que solía analizar un problema empresarial, buscando el ángulo que le permitiera manejarlo como había manejado todo lo demás durante treinta años.Sabía, incluso mientras
Las ganas de llamarla se instalaron en su pecho a la mañana siguiente como algo físico, una presión baja y persistente justo debajo de las costillas que notaba cada vez que tomaba el teléfono por alguna razón ajena a ella y su pulgar se quedaba suspendido, por un instante, sobre su nombre antes de que se contuviera y volviera a dejar el teléfono en su sitio.No la llamó. Preparó café, moliendo los granos frescos como siempre lo hacía ahora, y se fue a trabajar en su lugar, siguiendo el mismo ritmo ordinario de aquel martes que había construido para sí mismo durante el último año, y descubrió, de pie junto a la encimera de la cocina, que decidir no llamarla se sentía diferente aquel día a como se había sentido la última vez. Menos como una contención impuesta contra su voluntad. Más como algo parecido a un instinto, una disciplina que había dejado de requerir el mismo esfuerzo consciente que antes.Pensó en ello mientras caminaba hacia la oficina, dándole vueltas como había aprendido a







