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Capitulo 57

Author: MIKEYLAHM
last update publish date: 2026-10-24 11:45:58

El sonido seco de los nudillos golpeando la imponente puerta doble de caoba del recibidor principal no guardaba ninguna cortesía diplomática; era una intromisión grosera, un recordatorio físico de que la ley corporativa y los buitres del sindicato no sabían esperar.

En el salón principal, la atmósfera estaba cargada de una electricidad densa. Nathan descendía por la escalinata central con una camisa negra a medio abrochar y el rostro esculpido en piedra, un alfa dominante cuya sola presencia ha
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    El eco de las detonaciones dentro del vestíbulo principal se amalgamaba con el crujir de los cristales rotos y el sonido metálico de los blindajes enemigos cediendo bajo la presión. La incursión del sindicato había dejado de ser una simple operación de hostigamiento corporativo; era una carnicería táctica en la que cada metro cuadrado del complejo Vaneck se defendía con plomo y sangre.Nathan se movía con la precisión implacable de un depredador alfa. Su fusil de asalto escupía fuego corto y controlado, barriendo el avance de los mercenarios que intentaban flanquear el ala central. Cada uno de sus movimientos estaba impregnado por una furia fría, una autoridad biológica que aplastaba la moral de los intrusos antes de que siquiera pudieran levantar sus armas. La esencia de cedro quemado y tierra seca que lo rodeaba era tan densa que los asaltantes más cercanos flaqueaban por puro instinto de supervivencia al cruzar su radio de acción.A su lado, Larissa operaba como una sombra letal y

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    El estruendo lejano de los motores diésel de gran cilindrada comenzó a filtrarse a través de los cimientos de hormigón armado del complejo Vaneck, sacudiendo levemente los cristales blindados del vestíbulo principal. Los convoyes del sindicato corporativo acababan de romper las barreras exteriores, avanzando sin disimulo en una formación de asalto diseñada para arrasar con cualquier vestigio de resistencia legal o armada.En el centro de la amplia sala de entrada, con los techos altos de caoba y los ventanales oscurecidos por las placas de seguridad, Nathan y Larissa esperaban con una serenidad absoluta que contrastaba con el caos inminente.Nathan ajustó las correas de su chaleco táctico, dejando que su esencia de alfa dominante se expandiera sin restricciones por el espacio. El cedro quemado y la tierra seca de su presencia saturaron el ambiente, un recordatorio físico y pesado de que aquel territorio pertenecía por completo a su jerarquía. A su lado, Larissa se mantenía erguida, co

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    El parpadeo verde y constante en la consola principal del búnker secundario rompió la larga tregua de los últimos meses con la frialdad de una cuchilla. No era una alarma común de intrusión ni un aviso rutinario de la Comisión; era el código maestro de interferencia, una firma digital que solo pertenecía al núcleo operativo del sindicato y que indicaba que la tregua había expirado de manera definitiva.Nathan se detuvo frente a las pantallas del centro de mando, con los antebrazos apoyados sobre la superficie de acero frío y la mandíbula tensa como un cable de alta tensión. El periodo de apacible domesticidad en los jardines y las tardes compartidas con la pequeña se desvanecía en el aire, reemplazado de inmediato por el aroma denso y seco a cedro quemado que exhalaba su naturaleza de alfa dominante. Su lobo, lejos de sorprenderse, asumió el cambio con una calma helada y letal; sabía perfectamente que los depredadores nunca abandonan su terreno de caza por voluntad propia.A su lado,

  • Destinada a amar a mi verdugo, Alfa   Capitulo 61

    Las persianas de acero blindado de la suite principal permanecían abiertas por primera vez en meses, dejando que la luz dorada y limpia de la mañana inundara el suelo de madera noble. Fuera de los cristales, la ciudad se extendía ajena al asedio de los días anteriores, un engranaje distante de torres corporativas que hoy parecía detenido. En el centro de la amplia sala de estar, sobre una gruesa alfombra de lana clara, el silencio ya no estaba roto por alarmas de proximidad ni por el zumbido de los drones de vigilancia, sino por el sonido intermitente y alegre de unos pequeños bloques de madera apilados y derribados una y otra vez.La pequeña jugaba sentada en el suelo, riendo con una ligereza cristalina mientras empujaba un pequeño tren metálico sobre las fibras de la alfombra. A pocos metros, apoyado contra el respaldo de un sillón de cuero con una taza de café humeante entre las manos, Nathan la observaba. Llevaba una simple camisa de lino gris con las mangas arremangadas, dejando

  • Destinada a amar a mi verdugo, Alfa   Capitulo 60

    El zumbido de las pantallas y las alarmas tecnológicas murió de golpe cuando un hacha táctica pesada atravesó el centro de la puerta blindada del búnker con un estruendo metálico ensordecedor.No hubo hackeos invisibles ni gases de alta tecnología. Alguien con una fuerza descomunal y un desprecio absoluto por los protocolos corporativos estaba reventando el acceso a hachazos limpios, golpe a golpe, haciendo saltar chispas y astillas de metal reforzado hacia el interior de la sala.Nathan se puso de pie en una fracción de segundo, ignorando el cansancio físico y la neblina del celo. Su mandíbula se marcó con una rigidez mortal mientras desenfundaba su arma secundaria con un movimiento seco. Su instinto alfa ya no rugía por territorio o biología; rugía por pura supervivencia y protección visceral.—Se acabaron los trucos de pantallagruñó Nathan con la voz profundamente áspera, situándose frente a Larissa como un muro de roca pura— Vienen a cobrar esto en persona.Larissa no titubeó ni

  • Destinada a amar a mi verdugo, Alfa   Capitulo 59

    El estruendo lejano de los protocolos de seguridad cerrándose en los niveles inferiores apenas era un murmullo amortiguado por las paredes de acero y plomo del búnker. En el interior, el aire se había vuelto irrespirable, pesado, saturado de una electricidad tan densa que parecía chispear al menor roce. La adrenalina de la cacería, el peligro del francotirador y el peso de una boda forzada que se había convertido en su propia trinidad ardían en el torrente sanguíneo de ambos, pero nada se comparaba al cataclismo biológico que acababa de desatarse.Larissa sintió que las piernas le fallaban. El ciclo de calor que había mantenido a raya mediante pura fuerza de voluntad y bloqueadores químicos durante los días de asedio colapsó de golpe. Una ola de calor abrasador le recorrió las entrañas, haciendo que su piel se encendiera en fiebre y que su respiración se rompiera en jadeos cortos e involuntarios.El jazmín silvestre y la lluvia ambarina de su esencia de omega dominante estallaron con

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