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Capítulo 30: La única

Autor: Joana Guzman
last update Data de publicação: 2023-08-04 10:09:18
Ignazio siguió a Luciana al interior de la casa después de que vieron partir el último auto. Ahora que su hermana y el resto se habían marchado, la casa estaba en silencio.

Amaba a su familia, pero no iba a negar que estaba demasiado deseoso de quedarse a solas con Luciana. Tenían cosas de las que hablar.

—¿Cómo está tu cabeza? —preguntó Ignazio. Trataba de romper el silencio, pero también estaba preocupado por ella.

—Mejor, gracias por las pastillas que me dejaste. —Un rubor se extendió por
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Comentários (3)
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Elizabeth Laguado
Dios..........
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Beltre Elizabeth
adore más por favor
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LM Lop Ley
me encanto
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Último capítulo

  • Destinada a ti    EPÍLOGO

    —Te tengo. —Ignazio acorraló a Luciana contra una de las paredes. Luciana soltó una risa baja. —Deberías estar escondiéndote. Después del desayuno que Luciana había preparado para su esposo con ayuda de sus hijos. Los niños les habían suplicado jugar a las escondidas mientras esperaban que su familia llegara. —Eso es lo que hago, pero también puedo aprovechar para pasar algo de tiempo a solas con mi esposa. No sé cuándo será la próxima vez que tenga una oportunidad como esta. Aunque no creo que dure más que un par de minutos, nuestra hija encontrara a los gemelos pronto. Eso probablemente era cierto. Su pequeña de dos años y medio comenzaría a llorar si no encontraba a los gemelos pronto y, por supuesto, ellos saldrían de su escondite de inmediato con el único propósito de consolarla. La pequeña Lia conocía el poder que ejercía sobre sus hermanos y no le importaba usarlo cada vez que tenía oportunidad. Su hija menor había nacido tres años después de los gemelos, Mirko y Benek, j

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    Ignazio no hizo ni una sola mueca mientras Luciana apretaba su mano. Dolía, pero no podría compararse al dolor que ella debía estar experimentando. Además, había sido ella quien no la había tenido nada fácil los meses del embarazo.Las náuseas habían sido implacables y ella había necesitado tomar algunas medicinas para controlarlas. En el quinto mes, había presentado algunas complicaciones y no le había quedado más remedio que estar en reposo los meses posteriores. Luciana no se había quejado ni una sola vez, todo lo contrario, había tomado las recomendaciones de la doctora muy en serio. Gracias a eso el embarazo había llegado hasta el final y podría dar a luz de manera natural como ella quería.—¡Diablos! —gritó ella mientras volvía a estrujarle la mano, esta vez más fuerte que la última vez—. ¡Quiero la maldita epidural!—Es algo tarde para eso —dijo casi en un susurro y tragó saliva cuando ella lo miró con los ojos ardiendo en furia.—Esto es tu culpa.—Lo sé.—Jamás volverás a pon

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    Ignazio estaba agotado. Durante la noche había sucedido un accidente automovilístico y habían llegado varios heridos. Entre estabilizar a los más graves y monitorizarlos constantemente, él y su equipo no habían descansado ni un poco. —Buen trabajo —dijo mirando a las enfermeras—. Nos vemos en unos días. —Que descanse, doctor. Salude a su esposa de nuestra parte. Las enfermeras estaban encantadas con Luciana. Ella había ido a visitarlo al hospital en más de un par de ocasiones. Siempre llevaba algunos bocadillos y pasaba un tiempo conversando con ellas. —Lo haré —se despidió y salió arrastrando los pies. En cuanto entró a su departamento, el silencio lo recibió. —Estoy en casa —anunció adentrándose en la sala, pero no recibió respuesta. El personal no trabajaba los fines de semana, pero esperaba encontrar a Luciana. Ella no tenía clases y tampoco le había avisado que fuera a salir. Tal vez solo se había quedado dormida, algo que no sucedía a menudo. Pese a que tenían una cocinera

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    Ignazio saludó a cada uno de los invitados. La mayoría era miembros de su familia —ellos solos llenaban el jardín de la casa de sus padres—, pero también había algunos amigos de la universidad de Luciana. —Todo se ve muy bonito —comentó la amiga de su novia—. Gracias por invitarnos. —Por supuesto. —En serio no quería ser descortés con nadie, pero estaba demasiado distraído tratando de encontrar la manera de desaparecer sin llamar la atención. Vio a lo lejos a Cloe y Laila, pero su hermana no estaba por ningún lado, así que ella debía seguir con Luciana. Sonrió a las dos personas en frente de él. —Si me disculpan, tengo que ir a ver un asunto. —Por supuesto. Se alejó de la multitud y dobló por una esquina de la casa. Caminó hacia la zona de la piscina, esa zona estaba en silencio y pudo colarse por la puerta sin ningún problema. Los pasadizos estaban en silencio y no había personas a la vista. Subió los escalones de dos en dos, todavía corría el riesgo de que alguien lo atrapara

  • Destinada a ti    Capítulo 51: Sentencia de divorcio

    Luciana jugó con sus manos mientras el juez terminaba de revisar algunos papeles. Su abogado y el de Rodolfo ya habían presentado sus descargos. Había sido una tortura sentarse allí mientras su pronto ex esposo inventaba una y otra mentira para tratar de cubrir su actitud violenta.El juez golpeó los papeles sobre la mesa para acomodarlos y luego alzó la mirada. Sus ojos se encontraron y ella creyó ver por un breve instante algo parecido a admiración.—Después de leer las pruebas presentadas por ambas partes y escucharlos a los dos, he llegado a la conclusión que este matrimonio está irremediablemente roto. Es por ello que no veo motivo para que ambos permanezcan casados.—¡No voy a firmar el divorcio! —clamó Rodolfo.Ese hombre no iba a cambiar nunca. Estaba mal de la cabeza y necesitaba ayuda, pero no era más su problema.—Por suerte para usted, no necesita firmar nada.Giacomo se aclaró la garganta, aunque detrás de su puño ocultaba una sonrisa.—El estado—continuó el juez— me ha o

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