INICIAR SESIÓNEspero que hayan disfrutado de este mega maratón. Estamos más cerca de mandar a Marla a la cárcel. Ojala me dejen comentarios en la portada, nos leemos el lunes.
Lena acomodó con cuidado la manta sobre el pequeño cuerpo de su hija. La bebé, a quien había llamado Mila, respiraba con suavidad, con las mejillas sonrosadas y el cabello castaño enredado sobre la almohada. Lena se quedó un momento mirando aquella carita tranquila, los labios entreabiertos, el movimiento leve del pecho al compás del sueño. La puerta se abrió despacio y Kerem asomó la cabeza. Lena levantó la mano y le hizo una seña para que guardara silencio. Le había costado mucho lograr que se durmiera. Él avanzó con pasos lentos, quedándose junto a ella frente a la cuna. Sus ojos se suavizaron al ver a la niña dormida. La miró dormir con fascinación. Mila tenía las mejillas rosadas y el cabello tan castaño como el de su madre. Sus ojos marrones estaban cerrados, y así, inmóvil, no parecía el torbellino que era cuando estaba despierta. Kerem observó un instante más, con una ternura que pocas veces dejaba ver, antes de apartarse y dejar que Lena acomodara un último pliegue de la
Tres años después Lena caminaba entre los surcos, con el cabello recogido y algunos mechones sueltos que el viento movía con suavidad. Su vestido blanco se ceñía al cuerpo, resaltando el vientre que crecía con el paso de las semanas. Tenía cuatro meses de embarazo y aun así no había querido dejar la organización de la vendimia en otras manos. Era su primera vendimia completa al mando. Su equipo seguía sus indicaciones con respeto, aunque todos sabían que detrás de las miradas atentas estaba Kerem, observándola desde unos metros más atrás. Él se mantenía con los brazos cruzados, la camisa blanca arremangada hasta los antebrazos, los botones del cuello abiertos, el reloj oscuro brillando bajo la luz del sol. A los treinta y siete, Kerem se veía más maduro, más contenido. Había perdido algo de la impaciencia de otros años, pero su mirada seguía teniendo ese brillo autoritario que imponía respeto con solo posar los ojos sobre alguien. Y sin embargo, cuando la miraba a ella, la dureza
Marla caminaba despacio, con pasos arrastrados, como si cada uno pesara más que el anterior. El sol de Londres apenas se asomaba entre las nubes, tibio y débil, pero aun así era lo más cercano a libertad que podía sentir. Salir al patio era una rutina diaria que se había convertido en castigo, en un malditø calvario. A su alrededor, las demás presas la observaban de reojo, y algunas ni siquiera eso. No le dirigían palabra. No era por su aspecto en realidad, aunque lucía terrible. Era porque su presencia les resultaba insoportable, como si su simple existencia recordara algo que querían olvidar.El viento movió un mechón ralo de su cabeza. Su cabello apenas crecía, en partes específicas de su cabeza, su cuerpo jamás volvería a ser lo que alguna vez fue. Cada paso le recordaba el peso de lo perdido. Su espalda dolía, una punzada constante que nacía en lo profundo de su carne y se extendía hasta su cuello. No había un solo día en que el dolor no la acompañara. Caminaba encorvada, como si
Lena se agachó con cuidado, sosteniéndose el vientre con una mano mientras la otra retiraba con delicadeza una hoja seca del tallo de una de sus flores. La enorme panza apenas le permitía inclinarse, pero no podía evitar querer cuidar cada pétalo, cada color. Lucia estaba sentada unos metros más allá, acariciando a Sombra, que ya era una zorra adulta y tranquila. Su pelaje rojizo brillaba con la luz del mediodía. La niña, ahora catorce años, tenía los rasgos más definidos, la mirada más madura de acuerdo a su edad, pero esa sonrisa seguía siendo la misma que Kerem y Lena habían visto desde siempre. —¿Vas a plantar más rosas, Lena? —preguntó Lucia, jugando con las orejas de Sombra. Aunque legalmente Lena era su madre, la diferencia de ellas era de tan solo ocho años y el cariño que se tenían era más el de unas hermanas. —Solo voy a quitar las marchitas —respondió Lena con una sonrisa—. No quiero que las nuevas se sientan solas. Lucia soltó una risa pequeña y se puso de pie, ace
Kerem esperaba en la habitación. La luz entraba en franjas suaves por las cortinas abiertas. Lena acababa de salir de la ducha, con el cabello húmedo cayendo sobre los hombros y una bata ligera que se movía con cada paso. Él estaba apoyado contra el marco de la puerta, observándola con esa calma que siempre parecía contener algo más.—Ven aquí —dijo, sin apartar la mirada.Lena frunció el ceño con una sonrisa curiosa y caminó hacia él. Kerem tomó una cinta negra del bolsillo y la mostró entre sus dedos.—Voy a vendarte los ojos —anunció.—¿Y eso por qué? —preguntó, divertida.—Porque hay algo que quiero mostrarte, pero no quiero que lo veas hasta que estemos ahí.Ella soltó una risa baja.—¿Puedo confiar en ti? —preguntó con fingida preocupación.—No lo sé —respondió él con una sonrisa apenas visible—, pero vas a hacerlo igual.Lena asintió y se dejó vendar los ojos. La tela cubrió su visión por completo, dejando solo el sonido de su respiración y los pasos firmes de Kerem alrededor.
El cielo estaba perfectamente estrellado y el camino hacia la mansión estaba vacío, mientras las luces del auto cortaban la oscuridad. Lena iba mirando por la ventana, en silencio, con los dedos entrelazados sobre sus piernas. Kerem conducía sin prisa, manteniendo una mano en el volante y la otra sobre su muslo.De pronto se salió del camino y detuvo el auto junto al viñedo. El motor siguió encendido, el sonido bajo llenando el interior. Kerem echó el asiento hacia atrás, la miró con esos ojos que siempre le hacían morder su labio inferior y sonrió apenas.—Ven aquí —murmuró, la voz baja, cargada de deseo.Lena no dijo nada. Se soltó el cinturón y se movió sobre él, sentándose en su regazo. El aire se volvió pesado. Los labios de Kerem la buscaron, y ella respondió sin dudar. Se besaron con fuerza, con la urgencia que solo ellos entendían.Kerem la apretó por la cintura, recorriendo su espalda con las manos. Lena tembló al sentirlo. Todo en él era firmeza y necesidad. Bajó los tirante







