Share

Capítilo 2

last update publish date: 2026-07-30 04:24:26

Stephanelle permaneció inmóvil en medio de la calle.

Durante unos segundos, tuvo la sensación de que todo el ruido a su alrededor había desaparecido. Los cláxones de los coches, los pasos de los transeúntes, las voces de los desconocidos... nada de eso tenía importancia.

Su mirada estaba fija en la fotografía que el hombre todavía sostenía entre sus manos.

En aquella vieja imagen, una pequeña niña sonreía feliz mientras abrazaba un oso de peluche contra su pecho. Alrededor de su cuello brillaba un colgante con forma de fénix.

El mismo colgante que ella llevaba desde su infancia.

Sin pensarlo, Stephanelle levantó la mano y tocó el collar sobre su piel.

Su respiración se detuvo.

—¿Dónde... dónde encontraron esta fotografía?

Su voz era débil, casi insegura.

El hombre de traje permaneció en silencio durante unos segundos antes de responder.

—Esta fotografía fue tomada hace veinticinco años. Solo unos días antes de la desaparición de la hija de nuestro presidente.

Stephanelle frunció ligeramente el ceño.

—¿De qué presidente habla?

El hombre la miró con seriedad.

—Del señor Stephen Robio.

Al escuchar ese nombre, su corazón casi dejó de latir.

Robio...

Ese apellido.

Ella ya lo había visto antes.

En los documentos del orfanato donde había crecido.

Durante todos esos años, se había preguntado por qué ese nombre aparecía en sus papeles. Por qué nadie le había explicado nunca de dónde venía realmente.

Había terminado creyendo que jamás obtendría una respuesta.

—Yo... no entiendo.

El hombre inclinó ligeramente la cabeza con respeto.

—Señorita, permítame presentarme. Soy Logan Hayes, el jefe de seguridad de la familia Robio.

Stephanelle dio un paso atrás.

La familia Robio...

Ese nombre parecía pertenecer a un mundo completamente diferente al suyo.

—¿Está diciendo que forma parte de la familia Robio?

Logan asintió suavemente.

—Sí.

Hizo una pausa antes de añadir:

—Y creemos que usted es la hija que han estado buscando durante veinticinco años.

Stephanelle negó inmediatamente con la cabeza.

—No... eso es imposible.

Quería creerlo.

Pero su mente se negaba a aceptar una verdad tan grande.

Después de haber vivido toda su vida sin una familia, ¿cómo podía descubrir de repente que tenía una?

Entonces Logan sacó un sobre cuidadosamente cerrado.

Con cuidado, lo abrió y sacó un documento.

—Mire esto.

Stephanelle tomó la hoja con una mano temblorosa.

Sus ojos bajaron lentamente hasta la información escrita en ella.

Entonces se detuvo.

En la parte superior del documento aparecía claramente un nombre.

Stephanelle Robio.

Sus labios se entreabrieron.

Sus piernas se debilitaron.

—Esto... esto no puede ser...

Sacudió la cabeza, como si intentara despertar de un extraño sueño.

Pero el papel seguía allí.

La prueba estaba entre sus manos.

Logan apartó ligeramente la mirada. Él también parecía tener dificultades para contener su emoción.

—Durante veinticinco años, toda la familia la ha buscado.

Su voz se volvió más suave.

—Sus hermanos nunca dejaron de esperar encontrarla.

Stephanelle levantó bruscamente la mirada.

—¿Mis... hermanos?

Logan esbozó una pequeña sonrisa.

—Sí, señorita.

Luego pronunció unas palabras que cambiaron su vida una vez más.

—Usted tiene diez hermanos.

Antes de que pudiera responder, varios coches negros aparecieron al final de la calle.

Se detuvieron frente a ellos con un movimiento perfectamente coordinado.

Las puertas se abrieron casi al mismo tiempo.

Varios hombres bajaron uno tras otro.

Todos eran diferentes.

El primero llevaba un traje impecable, transmitiendo una autoridad natural.

El segundo tenía una mirada tranquila y una presencia reconfortante.

El tercero mostraba la seguridad de un hombre acostumbrado a dirigir.

Después aparecieron los demás.

Diez hombres.

Diez rostros mirándola.

Diez miradas llenas de una emoción difícil de ocultar.

Stephanelle ya no podía moverse.

No sabía qué decir.

El mayor de ellos avanzó lentamente.

Sus ojos ya estaban llenos de lágrimas.

Cuando llegó frente a ella, su voz tembló.

—Stephanelle...

Escuchar su nombre en su boca le resultó extraño.

Como si aquel hombre lo hubiera pronunciado miles de veces esperando este momento.

Ella levantó la mirada hacia él.

Y, sin previo aviso, él cayó de rodillas frente a ella.

Stephanelle se quedó paralizada.

Entonces, uno por uno, los otros nueve hombres hicieron exactamente lo mismo.

Los transeúntes a su alrededor se detuvieron, sorprendidos por aquella escena tan inusual.

Aquellos hombres no eran desconocidos comunes.

Eran figuras conocidas en todo el mundo.

El magnate inmobiliario.

El cirujano genio.

El abogado al que nadie lograba vencer.

La estrella internacional de cine.

El piloto campeón.

El genio de la tecnología.

El pianista reconocido mundialmente.

El comandante de las fuerzas especiales.

El experto en ciberseguridad.

Y el menor de los hermanos Robio.

Hombres que muchas personas soñaban con conocer.

Sin embargo, en ese instante, todos estaban de rodillas ante una sola mujer.

Sus lágrimas caían sin poder contenerse.

El mayor apretó los puños antes de susurrar:

—Hermana pequeña...

Su voz se quebró.

—Perdónanos.

Otro bajó la cabeza.

—Tardamos veinticinco años en encontrarte...

Stephanelle sintió que sus ojos ardían.

Quería hablar.

Quería hacerles mil preguntas.

Pero ningún sonido salió de su boca.

Toda su vida había buscado un lugar al que pertenecer.

Había crecido sin padres, sin familia, sin nadie que la protegiera.

Y hoy...

Por primera vez...

Ya no estaba sola.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Diez Hermanos para una Reina   chapitre 56

    —Mamá… ¿por qué papá quiere echarme?La pequeña voz volvió a resonar por toda la casa.Stephanelle se quedó paralizada.Había dejado de respirar sin siquiera darse cuenta. Sus ojos ya no se apartaban de los altavoces instalados en la pared.Aquella voz…La conocía.No de ayer.No de un sueño.Ya la había escuchado antes.Cuando era niña.—No… —murmuró.Diego se acercó inmediatamente.—¿Stephanelle?Ella se llevó una mano a la sien.Un dolor intenso le atravesó la cabeza.Cerró los ojos.Y, de repente, apareció una imagen.Una habitación.Una pequeña cama blanca.Una mujer sentada al borde del colchón.Su madre.Estaba llorando.Frente a ella había un hombre alto, vestido elegantemente.Su rostro era imposible de distinguir.Borrosa.Como si su mente todavía se negara a mostrarlo.Entonces se escuchó una pequeña voz.—Mamá…La pequeña Stephanelle estaba llorando.—No quiero irme.Su madre la tomó inmediatamente entre sus brazos.La abrazó con tanta fuerza que la niña escondió el rostro

  • Diez Hermanos para una Reina   capítilo 55

    — Yo.La palabra resonó en la habitación.Stephanelle se quedó paralizada.Se giró de golpe. Su cabello le rozó el rostro, pero ni siquiera sintió el movimiento.No había nadie.El pasillo detrás de ella estaba completamente vacío.—¿Quién habló? —preguntó Diego.Ben levantó inmediatamente una mano.—¡Nadie se mueva!Sus diez hermanos reaccionaron al mismo tiempo.Cada uno tomó posición, vigilando una parte diferente de la habitación. Cada ruido era examinado con atención; cualquier sombra podía esconder a alguien.Stephanelle, por su parte, no apartaba los ojos de la oscuridad.—¡Muéstrate!Nada.Ni un solo movimiento.Entonces se escuchó una pequeña risa ahogada detrás de la pared.Charles se dirigió inmediatamente hacia el panel de control.—La voz viene del sistema de seguridad.Sus dedos comenzaron a moverse rápidamente sobre su ordenador.Frunció el ceño.—Esperen…Pasaron unos segundos.Su expresión se endureció.—Alguien todavía controla esta casa.Ben se acercó.—¿Puedes loca

  • Diez Hermanos para una Reina   capítilo 54

    Stephanelle no apartaba los ojos de la pantalla.La dirección que aparecía debajo del mensaje le provocó un escalofrío.La conocía.Demasiado bien.Aquella vieja casa…Allí era donde todo había comenzado a derrumbarse.Durante unos segundos, las voces a su alrededor parecieron alejarse. Permaneció inmóvil, con el teléfono entre las manos, mientras recuerdos que había intentado enterrar volvían a la superficie.Una puerta.Una habitación sumida en la oscuridad.Una voz masculina.Y después… nada.Stephanelle cerró lentamente los puños.Ya no quería tener miedo de aquel lugar.—Irée.—No.La respuesta de Ben fue inmediata.Stephanelle giró la cabeza hacia él.—Ben…—Has leído el mensaje. Quieren que vayas sola. Eso es exactamente lo que esperan de ti.—No estaré sola.Ben clavó la mirada en ella.—Precisamente. No irás.Diego se acercó.—Iré contigo.Stephanelle lo miró.Su rostro permaneció inexpresivo.—No necesito que me protejas.Diego recibió aquellas palabras sin protestar.Sin em

  • Diez Hermanos para una Reina   capítilo 53

    El nombre de Mason Reed quedó suspendido en el aire, pesado y casi amenazante.Stephanelle permaneció inmóvil.Conocía a ese hombre. ¿Quién no lo conocía?En el mundo de los negocios, el nombre de Mason Reed bastaba para hacer que las voces bajaran de tono. Rara vez aparecía en público y, aun así, su influencia iba mucho más allá de las paredes de sus propias empresas. Una sola decisión suya podía poner a una compañía en dificultades de la noche a la mañana.Stephanelle giró lentamente la cabeza hacia Rosalie.—¿Tu padre… es Mason Reed?Rosalie sostuvo su mirada durante unos segundos antes de responder.—Sí.Al escuchar aquellas palabras, Diego retrocedió un paso.—Es imposible.Rosalie lo miró. Su expresión permaneció sorprendentemente tranquila.—¿Por qué? ¿Porque pensabas que lo sabías todo sobre mi familia?Diego apretó los dientes.—Mason Reed está involucrado en varios asuntos criminales.—Lo sé.La respuesta, pronunciada sin la menor duda, sorprendió a todos.Ben, con los brazo

  • Diez Hermanos para una Reina   capítilo 52

    El nombre de George De La Capa permaneció unos segundos en el aire, como si nadie se atreviera realmente a hablar de ello.Diego miraba fijamente la carta sin parpadear. Sus labios se entreabrieron ligeramente.—¿Mi abuelo... el jefe de Black Crown?Su voz era tan baja que apenas parecía salir de su garganta.Stephen apartó la mirada.Aquel gesto, aunque tan simple, hizo que Stephanelle sintiera un profundo malestar en el pecho.Ella conocía a su padre. Sabía reconocer aquella mirada.—Papá...Stephen finalmente volvió a mirarla.—No puedo confirmar que George dirigiera Black Crown.Diego apretó los puños.Sus nudillos se volvieron blancos.—¡Pero su nombre está escrito aquí!—Lo sé.—Entonces, ¿por qué lo proteges?Stephen permaneció en silencio.Volvió a bajar la mirada, incapaz de responderle.Ben intervino antes de que la situación empeorara.Su voz se mantuvo tranquila, pero su tono no dejaba lugar a discusión.—Nadie está protegiendo a nadie. Primero debemos verificar esta infor

  • Diez Hermanos para una Reina   capítilo 51

    Las siluetas aparecieron entre los árboles.Eran numerosas. Una decena de hombres, quizá más, todos vestidos de negro, avanzaban en dirección a la casa.Ben reaccionó de inmediato.Se colocó delante de Stephanelle para protegerla.—¡Todos a cubierto!Los hermanos Robio se dispersaron inmediatamente alrededor de su hermana.Diego tomó la mano de Stephanelle y la llevó detrás de un viejo muro de piedra.—Quédate aquí.Ella apretó sus dedos.—¿Y tú?—Volveré.—Diego...Él se inclinó ligeramente hacia ella y le dedicó una sonrisa tranquilizadora a pesar de la tensión que reinaba a su alrededor.—Te lo prometo.De repente, un disparo resonó en la noche.La bala impactó contra la puerta metálica con un fuerte estruendo.Stephanelle dio un respingo.—¡Están disparando! —gritó Steve.Los hombres de Black Crown salieron de sus escondites y avanzaron rápidamente.Ben no perdió ni un segundo.—¡David, toma el lado izquierdo! ¡Alex, conmigo! ¡Steve, quédate con Stephanelle!—¡Entendido!Los herma

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status