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Capítilo 3

last update Veröffentlichungsdatum: 30.07.2026 04:26:25

Stephanelle observaba a los diez hombres que seguían arrodillados frente a ella.

Era incapaz de apartar la mirada.

Su corazón latía tan rápido que sentía que iba a salírsele del pecho. Todo aquello parecía irreal. Apenas unas horas antes estaba sola en la calle, rechazada por el hombre al que amaba. Y ahora, diez desconocidos afirmaban ser su familia.

Su familia.

Abrió ligeramente los labios, pero ninguna palabra salió de inmediato.

Finalmente, susurró:

—Por favor... levántense.

El hombre que parecía ser el mayor se secó rápidamente una lágrima con el dorso de la mano antes de ponerse de pie.

Ben Robio.

Su mirada estaba llena de arrepentimiento, pero también de una profunda determinación.

—Durante veinticinco años hemos vivido con el peso de no haber podido protegerte.

Su voz tembló ligeramente.

—Hoy te hacemos una promesa, Stephanelle. Nadie volverá a hacerte daño. Nunca más.

Los otros nueve hermanos asintieron en silencio.

En sus miradas, ella pudo ver lo mismo: la culpa por haber perdido tantos años lejos de su hermana.

David Robio dio un paso al frente con suavidad. A diferencia de los demás, su rostro transmitía una calma reconfortante.

Se dio cuenta de que ella llevaba ropa ligera y de que sus manos estaban frías.

—Debes de tener frío.

Señaló los vehículos detrás de ellos.

—Ven. Sube al coche. Vamos a casa.

Stephanelle dudó.

Sus dedos se aferraron con más fuerza a su expediente médico.

Todavía no sabía cómo reaccionar.

—Yo... ni siquiera los conozco.

Aquellas palabras salieron con dificultad.

Quería creer en esa nueva familia, pero una parte de ella seguía teniendo miedo de volver a sufrir.

Charles Robio le dedicó una sonrisa sincera.

—Es normal.

Habló con una voz tranquila, sin intentar presionarla.

—Perdimos veinticinco años contigo. No podremos recuperarlos en un solo día... pero tenemos toda una vida para conocernos.

Aquellas palabras conmovieron a Stephanelle más de lo que quería admitir.

Bajó ligeramente la mirada.

Entonces, casi por instinto, llevó una mano a su vientre.

Un gesto sencillo.

Pero Ben lo notó de inmediato.

Su expresión cambió.

Miró su vientre y luego volvió a levantar la vista hacia ella.

—Stephanelle...

Su voz se volvió más suave.

—¿Estás embarazada?

Ella permaneció en silencio durante unos segundos.

Después asintió lentamente.

—Sí...

El silencio cayó sobre todos.

Un silencio pesado.

Los diez hermanos comprendieron de inmediato.

Aquel embarazo no era solo una buena noticia.

También escondía un gran dolor.

Alex Robio fue el primero en hablar.

Su mirada se volvió seria.

—El padre del bebé...

Hizo una breve pausa.

—¿Es el hombre que te abandonó hoy?

Stephanelle no respondió.

Simplemente bajó la cabeza y asintió.

Ese simple gesto fue suficiente.

La expresión de los diez hermanos cambió.

Sus manos se cerraron con fuerza.

Steve Robio, que normalmente era el más sereno de todos, habló con una voz fría.

—Se atrevió a hacerte eso...

Su mirada se endureció.

—A nuestra hermana.

El ambiente a su alrededor pareció volverse aún más pesado.

Ben sacó su teléfono sin perder un solo segundo.

Su tono volvió a ser el de un hombre acostumbrado a dar órdenes.

—Charles, quiero un informe completo sobre la familia De La Capa antes de esta noche.

Charles asintió.

—Ya está en marcha.

Ben se volvió hacia David.

—David, asegúrate de que los mejores médicos supervisen el embarazo de nuestra hermana.

—Considéralo hecho.

Después dirigió la mirada hacia Alex.

—Alex, hazle saber al mundo entero que la familia Robio ha regresado.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Alex.

—Mañana por la mañana todos los medios hablarán de Stephanelle.

Stephanelle los observaba en silencio.

No sabía qué decir.

Toda su vida había soñado con tener una familia.

Alguien que pensara en ella.

Alguien que luchara por ella.

Y ahora, diez hombres estaban dispuestos a enfrentarse al mundo entero solo porque ella era su hermana.

---

Unos minutos después, la caravana de vehículos abandonó las calles de Nueva York.

Las enormes limusinas recorrieron un largo camino privado antes de llegar a una propiedad gigantesca.

Las grandes puertas de hierro forjado se abrieron lentamente ante ellos.

Stephanelle se quedó sin palabras.

Detrás de los muros se alzaba una residencia que parecía más un palacio que una simple casa.

Jardines perfectamente cuidados rodeaban el edificio. Elegantes fuentes adornaban los senderos y magníficas estatuas estaban distribuidas por toda la propiedad.

Miró a su alrededor, completamente sobrepasada.

—¿Esta... es su casa?

Ben volvió la cabeza hacia ella.

Una sonrisa cálida apareció en su rostro.

—No.

Hizo una breve pausa.

Luego añadió con ternura:

—Es tu casa.

Aquellas pocas palabras hicieron temblar el corazón de Stephanelle.

Su hogar.

Hacía muchísimo tiempo que no escuchaba esa expresión.

Cuando los coches se detuvieron frente a la entrada principal, los sirvientes ya estaban alineados a ambos lados del camino.

Eran más de cien.

Todos inclinaron respetuosamente la cabeza.

—¡Bienvenida a casa, señorita Robio!

Stephanelle se quedó inmóvil.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Durante años había buscado un lugar al que pudiera pertenecer.

Y ese día, por fin lo había encontrado.

Una familia.

Unos hermanos.

Un hogar.

Pero mientras ella descubría su nueva vida, en la mansión De La Capa, Diego acababa de conocer una verdad que iba a cambiar para siempre todo lo que creía saber.

Su asistente entró rápidamente en su despacho.

Su rostro era grave.

—Señor...

Diego levantó la vista de los documentos.

—¿Qué sucede?

El asistente dejó un expediente sobre el escritorio con las manos ligeramente temblorosas.

—Hemos cometido un terrible error.

Diego frunció el ceño.

—¿Qué error?

El asistente abrió el expediente.

En la primera página, un título escrito en letras rojas llamó de inmediato su atención.

«Identidad confirmada: Stephanelle Robio es la heredera legítima del Imperio Robio.»

El rostro de Diego perdió todo el color.

Durante unos segundos fue incapaz de hablar.

Stephanelle...

La mujer a la que había rechazado.

La mujer que había dejado marchar.

Acababa de comprender que él mismo había alejado de su vida a la persona más importante de todo el país.

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