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Capítulo 58. Con uñas y dientes

Author: Ana Ley
last update publish date: 2025-12-31 16:31:32

Angelo

Los nervios me traicionan, joder. Tengo las manos sudadas y el corazón golpeándome como si quisiera romperme las costillas. Y ahí está ella, caminando despacio, demasiado despacio, como si cada paso le doliera. Me jode verla así, tan frágil, y me pregunto si hice mal al organizar esta boda tan pronto después de su cirugía. Pero no podía esperar más. No iba a dejar que nadie, ni mi padre ni la puta organización, me la arrebatara.

Desde que mi padre me dijo que había hablado con Leonardo y
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    AngeloLos nervios me traicionan, joder. Tengo las manos sudadas y el corazón golpeándome como si quisiera romperme las costillas. Y ahí está ella, caminando despacio, demasiado despacio, como si cada paso le doliera. Me jode verla así, tan frágil, y me pregunto si hice mal al organizar esta boda tan pronto después de su cirugía. Pero no podía esperar más. No iba a dejar que nadie, ni mi padre ni la puta organización, me la arrebatara.Desde que mi padre me dijo que había hablado con Leonardo y que ambos habían decidido que nadie sería mejor para ocupar el puesto de líder de la Cosa Nostra más que yo, supe que no podía seguir alejado de Emily ni un segundo más. No después de todo lo que había pasado. No después de saber que estaba esperando a mi hijo.El recuerdo de aquella conversación me arrastra de nuevo al hospital.Aún puedo sentir el peso del arma en mi mano, como si hubiera sido ayer. Mi determinación al darme cuenta de que estaba dispuesto a matar al padre de Emily de ser nece

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    EmilyLos días en el hospital se me hacen eternos. El dolor físico es soportable, apenas un ardor constante en el costado donde la bala se incrustó, pero lo que realmente me consume es el silencio. Nadie viene a verme. Nadie a excepción de mi madre y Elijah. Ni una sola visita, ni una palabra de aliento. El pasillo se mantiene vacío, y cada vez que la puerta se abre, espero ver a Angelo… pero nunca aparece. El médico me da la noticia de mi embarazo con una voz serena, como si hablara de algo cotidiano. Para mí, es como si el mundo se detuviera. Desde entonces, mi mente no deja de girar en torno a él. «¿Lo sabe? ¿Se enteró? ¿Es por eso que no ha venido?». Las preguntas llegan una tras otra, pero no hay nadie que las pueda responder. La única explicación que encuentro es que lo hizo y decidió alejarse. Y esa idea me destroza.Me paso las noches despierta, mirando el techo blanco de la habitación, escuchando el pitido constante de las máquinas que vigilan mis signos vitales. Cada sonido

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    Angelo—¡¿Cómo fuiste capaz de acostarte con mi prometida?! —ruge Leonardo, encestándome un puñetazo directo al pómulo izquierdo que me recuerda cómo todo esto comenzó.El golpe me sacude la cabeza hacia un lado, y el ardor en la piel se mezcla con el peso de la culpa. Me quedo quieto, permitiendo que me lance golpe tras golpe, pues sé que tiene razón. Aunque no ame a Emily, he herido su orgullo y no puedo culparlo por odiarme en estos momentos.Mierda. Yo también lo odiaría.Cada impacto me recuerda que no hay redención fácil. El sabor metálico de la sangre se acumula en mi boca, y aun así no levanto las manos para defenderme. No quiero. No debo.—No me disculparé, si es lo que estás esperando —digo fríamente, con la voz cargada de un desafío que apenas me sostiene en pie.El silencio dura apenas un segundo, roto por la voz de nuestra madre.—¡Angelo! ¡Leonardo! Paren ya —ordena, logrando que mi hermano retome la compostura—. No es ni el lugar ni el momento para esto. Emily está conv

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