MasukRose's career as a successful writer was cut short when she found out that her secret boyfriend and CEO of her agency, Ethan Evans, was already married. The public hounded her of her affair, even though she was also a victim of deceit as she never knew that she was dating a married man. She lost everything, her good reputation and her career as Ethan blamed her for seducing him making the public hate on her more. When things couldn't go worse, her stepmother wanted her to get married to the woman beating Mayor's son. But hope came to her in the form of Aiden, Ethan's rival. She prospered a plan to him: Marry me for just 2 years and I will help you destroy Ethan. With Aiden's help, Rose restarted her career to become the best bookseller in New York. But what happens when her ex-boyfriend, Ethan claims that he had divorced his wife and beg Rose to take him back? Also how will Rose take it when she discovers Aiden secrets. With family troubles and secrets threatening her marriage and her new found romance with Aiden, can Rose overcome them and finally get her happily ever after. Read Disgraced and Desired: The scandalous writer is the CEO wife to find out.
Lihat lebih banyakEscuché que la puerta principal se abría justo cuando le daba los últimos toques a la cena.
—Cariño —llamó mi esposo—, ya estoy en casa. ¿Adivina quién nos acompaña a cenar hoy?
Me limpié las manos rápidamente con una toalla y corrí hacia la puerta. Fui todo sonrisas al saludar a mi esposo y a su mejor amigo, Bryan, después de darle un beso a mi marido.
—Damian —le reproché en tono de broma—, no me dijiste que vendrían visitas. Me habría vestido más apropiadamente.
Damian se rió entre dientes mientras se inclinaba para besarme otra vez.
—Sabes que siempre te ves bien con lo que sea.
Al darme la vuelta para guiar a los hombres hacia la mesa, noté que Bryan me lanzaba una mirada de aprecio, paseando sus ojos de arriba abajo por mis piernas, las cuales quedaban al descubierto por los diminutos shorts que llevaba puestos.
Fingí no darme cuenta mientras les insistía en que se sentaran para servirles. Bryan había sido amigo de mi esposo desde que tenía memoria. Incluso fue el padrino en nuestra boda. Y aunque también era el jefe de mi esposo, era prácticamente de la familia.
—La comida huele genial —dijo Damian, dándome una palmada juguetona en el trasero.
Observé cómo los ojos de Bryan seguían el movimiento casi con anhelo. Se llevó un bocado a la boca con el tenedor y asintió.
—Eres una cocinera maravillosa, Connie —me elogió. Le sonreí, intentando no recordar aquella vez que, estando ebrio, me había confesado sus sentimientos.
No se lo había contado a Damian, y Bryan nunca volvió a mencionarlo, aunque la mayoría de las veces lo sorprendía mirándome de reojo cuando bajaba la guardia. Me costaba creer que Damian no supiera que su mejor amigo se derretía por mí.
—¿No nos vas a acompañar? —preguntó Bryan.
—En un minuto —dije mientras le plantaba otro beso en los labios a Damian y corría a nuestra habitación para cambiarme la ropa con la que había cocinado.
Escuché a los hombres hablar en voz baja, pero cuando regresé, un repentino silencio cayó sobre la mesa. Los miré con sospecha.
—¿De qué estaban hablando ustedes dos?
—De nada —dijo Damian, guiñándome un ojo.
Bryan tomó un plato y comenzó a servirlo.
—Ven a sentarte a mi lado, Connie. Damian te tiene por más tiempo que yo —me dedicó una sonrisa encantadora.
Si no hubiera estado casada, me habría permitido pensar en las posibilidades detrás de esa sonrisa. Después de todo, Bryan era un hombre muy atractivo.
Sentí un cosquilleo de deseo, pero me obligué a besar a mi esposo una vez más antes de acomodarme junto a Bryan.
Llevábamos unos diez minutos comiendo cuando Damian se aclaró la garganta ruidosamente.
—Cariño...
—¿Sí?
—Nosotros... esto... es decir...
La única vez que escuchaba a mi esposo tartamudear era cuando sabía que yo tenía buenas razones para estar furiosa con él.
—¿Qué pasa? —le pregunté. El brazo de Bryan rozó el mío y sentí que mi mente empezaba a divagar de nuevo.
—Tenemos algo que decirte —dijo finalmente Damian.
Miré de él a Bryan, quien tenía una mirada indescifrable en los ojos. Me sonrió y, esta vez, dejó que su mirada se posara en el escote pronunciado de mi vestido. Mis pezones se tensaron en respuesta y le agradecí a Dios estar usando sostén.
—¿De acuerdo?
—Hoy propuse un nuevo negocio para la empresa —dijo Damian, evitando cuidadosamente mirarme a los ojos—. Tiene el potencial de dejarnos millones de dólares.
Asentí, intentando mostrar entusiasmo, pero seguía confundida. Bryan se llevó un bocado a la boca, sin apartar los ojos de los míos.
—El asunto es —continuó Damian— que Bryan todavía se resiste a firmarlo.
Levanté una ceja y volví a mirar a mi esposo, que seguía evitando minuciosamente mi mirada.
—¿Por qué? —dirigí la pregunta a ambos hombres.
—Quiere algo a cambio —respondió Damian.
Puse cara de duda y me reí suavemente. —¿Desde cuándo discuten de negocios conmigo? ¿No me digan que necesitan mi opinión?
Damian se aclaró la garganta otra vez, luciendo sumamente incómodo. Bryan tomó un sorbo de su vino con calma, pasando la lengua por sus labios mientras me miraba.
Con cierto esfuerzo, aparté mi atención de sus labios carnosos y rojos. No servía de nada fantasear con cómo se sentirían esos labios bajo los míos. Eso nunca iba a suceder.
—... antes de que pueda firmarlo —estaba diciendo Damian. Me había perdido la primera mitad de su frase.
—¿Eh? No escuché esa parte.
—Dije que Bryan quiere...
Damian se interrumpió y Bryan se volvió hacia mí de repente. Tenía una expresión irónica en el rostro.
—Creo que lo que mi querido amigo está tratando de decir es que estoy enamorado de ti, y lo he estado durante mucho tiempo. Si estás de acuerdo, me gustaría dar el siguiente paso.
¿Qué?
Estaba segura de que no había oído bien. ¿Acaso él acaba de...?
Lancé una mirada a Damian, que me miraba expectante.
—¿Es una broma? —mi voz sonó vacía incluso para mis propios oídos.
—Nunca te haríamos una broma así, Connie —dijo Bryan, entrelazando sus cálidos dedos con los míos y apretando mi mano con suavidad. Mis ojos bajaron hacia nuestras manos unidas.
Mi corazón se aceleró mientras miraba a Damian de nuevo buscando confirmación.
—Tiene razón —dijo mi esposo—. Eso es lo que he estado intentando decirte. Queremos compartirte.
—Pero... ¿por qué? —sin embargo, mi lado más fantasioso estaba celebrando a gritos por dentro. El hombre que había considerado un fruto prohibido finalmente estaba a mi alcance.
Damian pareció un poco avergonzado. —Bueno, esa es la condición que puso para firmar el acuerdo.
—¿Así que me estás vendiendo a tu jefe por un maldito negocio? —pregunté.
Damian se levantó y caminó hacia el otro lado de la mesa donde yo estaba sentada. —Por supuesto que no, cariño. Bryan es mi mejor amigo. Sé cuánto te ama y cuánto le duele haber tenido que hacerse a un lado para que yo pudiera tenerte.
Me levantó de la silla y me acercó a él. Era doblemente consciente de que Bryan nos estaba observando.
—¿O es que no lo encuentras atractivo? —preguntó Damian en voz baja.
—Yo... —no sabía cómo responder a eso. No todos los días recibes una propuesta tan descabellada de parte de tu esposo.
Al notar mi vacilación, Bryan se puso de pie. Me giré para mirarlo, y los brazos de Damian permanecieron alrededor de mi cintura.
—Los dejaré a los dos para que lo discutan —dijo Bryan suavemente, mirándome a los ojos—. Por favor, no digas que no.
Se inclinó y contuve el aliento con anticipación. Al ver que no hacía ningún movimiento para detenerlo, Bryan presionó sus labios contra los míos. Jadeé ante la oleada de sensaciones, y él profundizó el beso, apartándose solo cuando solté un gemido bajo. Mis rodillas flaquearon y me apoyé contra Damian.
Bryan lucía como si le hubiera concedido su mayor deseo. —Buenas noches, mi amor.
Me quedé mirándolo mientras se marchaba, sintiendo el calor de Damian a mi espalda. Una dureza presionando contra mi trasero me indicó que yo no era la única excitada por el beso de Bryan.
Damian realmente quería esto. Y si el ritmo acelerado de mi s
angre y el cosquilleo en mis labios eran un indicio, yo también.
Rose inwardly blushed when she saw the handsome side profile of Aiden. They were going back to the hospital after seeing lawyer Kim offThe air was cool, and the snowflakes were falling gently on the ground. The sounds of Christmas carols filled the air. The city seems alive with lights and holiday decorations. It was a typical Christmas in New York.“Rose,” Aiden called Rose, who was busy admiring the Christmas tree that was in front of the hospital. “Yes, Aiden,” Rose answered, turning back to Aiden.“Your phone has been vibrating since we came out from the coffee shop; didn't you know? “Ooh,” Rose replied, bringing up her phone to her eye level; she hesitated for a moment before answering, her eyes looking at the Christmas tree still in front of the hospital. “Hello.” The voice on the other side of the phone was shrill and angry; Rose's stepmother, Catherine, was shouting at her to come back home. “Rose, where are you? You ungrateful child. Why have you decided to always disgrac
“Mr. Aiden, will you marry me?Aiden's eyes widened in shock, his eyebrows shooting up in surprise. His face froze, his lips parting slightly as if he was about to speak, but no words came out. His gaze locked onto Rose's, his eyes searching hers for any sign of jest.As the shock began to wear off, a mixture of emotions flitted across his face: confusion, curiosity, and a hint of intrigue. His eyes narrowed slightly, his gaze intensifying as he studied Rose's determined expression. He chuckled slightly and asked, “Why? “I have a proposal for you, and it will benefit both you and me,” Rose said, still looking determined to get what she wanted.Aiden's eyebrows scrunched up in surprise, and he said, “What proposal?“Marry me for just 2 years, and I will help you destroy Ethan's company. I will also make your company more profitable.” When Ethan used to complain about Aiden to her, she had read all the articles and news concerning him. Turns out that Aiden is an opportunist and a very
“Granddaughter-in-law.”Rose’s eyes widened in shock, and she turned around. She saw a woman in her late sixties. Rose scrunched her face in confusion when she heard the granddaughter-in-law.She turned around to be sure that the old woman was talking to her when she didn't see anyone in the park except her. She was sure that the woman was talking to her.“Ma……. Are you talking to me?”“Of course it's you. You are my granddaughter-in-law. I have been asking Aiden about you. Why did you leave this old woman?” The woman looked like she was on the verge of tears, but Sophia didn't know what to do. After all, she wasn't married.She was about to console the woman when she heard voices shouting,“Madam Henderson!!!!!! Madam Henderson!!!!!!.Rose looked at the old woman, who was still looking at her with soft eyes. Rose felt moved because nobody had ever looked at her with that kind of eye ever since her mother died.“Madam Hemsworth!!!!!!” Rose heard the voice again; she turned to the wo
Rose’s vision blurred as tears streamed down her face. She clutched her phone tightly, the screen still glowing with the hurtful comments as she was reading them.(“She is so disgusting.”)(“Despicable”.)(“I thought she was an innocent type. I can't believe she will do this type of thing.”)(“Upstairs, don't you know? The most evil people turn out to be the innocent type.”)As she was walking hurriedly down the hallway at her former workplace, the mummers from her former colleagues also added to her despair.“I doubted that she would have the guts to come back here." Someone said.“She is such a disgrace. Her innocent face nearly fooled me.”“Is she here to woo another married man?" Another voice chimed in.Rose's chest constricted as if an invisible hand squeezed the air from her lungs. She couldn't bear it anymore and increased her footsteps.“Rose, is it true?” her co-worker asked, gossip showing in her face.Rose shook her head, unable to speak correctly.“Leave me alone." She wh






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