MasukRose's career as a successful writer was cut short when she found out that her secret boyfriend and CEO of her agency, Ethan Evans, was already married. The public hounded her of her affair, even though she was also a victim of deceit as she never knew that she was dating a married man. She lost everything, her good reputation and her career as Ethan blamed her for seducing him making the public hate on her more. When things couldn't go worse, her stepmother wanted her to get married to the woman beating Mayor's son. But hope came to her in the form of Aiden, Ethan's rival. She prospered a plan to him: Marry me for just 2 years and I will help you destroy Ethan. With Aiden's help, Rose restarted her career to become the best bookseller in New York. But what happens when her ex-boyfriend, Ethan claims that he had divorced his wife and beg Rose to take him back? Also how will Rose take it when she discovers Aiden secrets. With family troubles and secrets threatening her marriage and her new found romance with Aiden, can Rose overcome them and finally get her happily ever after. Read Disgraced and Desired: The scandalous writer is the CEO wife to find out.
Lihat lebih banyakVivian
Era hermosa. Demasiado hermosa para ser solo un adorno.
Vivian giraba lentamente frente al espejo iluminado del camerino del Hotel Imperial, el más lujoso de la ciudad. El vestido azul zafiro ondulaba como un mar en calma con cada paso que daba. La tela era ligera, sedosa, y el corte se ajustaba a su cuerpo como si hubiera sido hecho a medida —porque, por supuesto, lo había sido—. Cada detalle, desde el color hasta el diseño, revelaba el gusto refinado de quien lo había elegido.
Eduardo.
Su marido.
Suspiró y se observó una última vez. El cabello recogido con delicados pasadores, el maquillaje impecable, los pendientes de perla que ella misma había elegido, discretos, como siempre le habían enseñado a ser.
—Estás… deslumbrante —dijo Alice, su mejor amiga, con los brazos cruzados, apoyada en la puerta. Su expresión era la de alguien que se contenía para no decir “te lo advertí” desde que habían entrado allí.
—Se acordó de que hoy es mi cumpleaños, Ali. Eligió el vestido. Mandó hacer mi pastel favorito. —Vivian sonreía, con un brillo dulce e infantil en los ojos—. Creo que… tal vez está empezando a verme de verdad.
Alice cruzó la habitación y comenzó a bajar ligeramente la cremallera del vestido en la espalda de su amiga, con cuidado.
—Siempre te ha visto, Vivi. Solo que nunca de la manera correcta.
Vivian no respondió. No hoy. No esa noche.
Afuera, en el salón, el sonido apagado de los violines llenaba el aire con una melodía elegante. El ruido de pasos apresurados en los pasillos se mezclaba con el tintinear de los cubiertos colocados con precisión sobre mesas que parecían sacadas de un cuento de hadas moderno. Candelabros de cristal, arreglos florales en tonos blancos y azules, camareros alineados esperando a los invitados. Todo parecía… irreal.
Un suave golpe en la puerta del camerino interrumpió el momento. Un empleado entró con una caja de terciopelo negro, con letras doradas grabadas. Al abrirla, Vivian encontró un deslumbrante collar de zafiros, acompañado de una breve nota escrita con la letra firme y elegante de Eduardo:
“Póntelo y sonríe. Esta noche es tuya.”
Se llevó la mano a la boca, sorprendida. Sus ojos se humedecieron por un instante.
—¿Lo ves? —dijo, mostrando el mensaje a su amiga con una sonrisa esperanzada—. Puede que no lo diga… pero lo está intentando. Sé que lo está.
Alice respiró hondo, como si contuviera un comentario ácido.
—Tal vez. Solo espero que no sea demasiado tarde para que se dé cuenta de lo que tiene.
Vivian, con manos delicadas, se colocó el collar en el cuello. Las piedras frías tocaron su piel como si despertaran algo dormido en su interior. Por un instante, se imaginó entrando en el salón, con todas las miradas sobre ella —y la suya, sobre todo—. Quizá Eduardo la vería como una mujer, no solo como un acuerdo conveniente.
—Vamos —dijo Alice, animándose de repente—. Vamos a mostrarle a tu príncipe encantado lo que está perdiendo por no saber mirar.
Las dos salieron al pasillo de los camerinos. Vivian caminaba con pasos gráciles, aunque ligeramente inseguros. Con cada paso, el sonido firme de sus tacones resonaba como latidos. Pero antes de llegar al salón principal, unas risas masculinas rompieron el aire.
Se detuvieron.
—¿De verdad te casaste con Vivian? —la voz cargada de sarcasmo cortó el ambiente. Christopher, amigo de Eduardo desde la universidad, recién llegado del extranjero, no perdió la oportunidad de provocar.
Vivian se quedó paralizada en el pasillo. La puerta entreabierta dejaba escapar cada palabra como una sentencia. Alice contuvo la respiración a su lado, sabiendo que aquello no terminaría bien.
—Me casé, claro —respondió Eduardo, relajado, como si hablara de negocios y no de su esposa—. El viejo Gilbert siempre quiso controlarme, creía que podía dictar cada paso de mi vida. ¿No quería que me casara con una actriz? Pues elegí a la nieta del mayordomo.
Una carcajada resonó dentro, seguida por el tintinear de copas. Vivian sintió cómo su corazón se desplomaba, su cuerpo buscando apoyo en la fría pared.
—Y siempre estuvo ahí, ¿no? —insistió Christopher, venenoso—. Para alguien como Vivian, ser la señora Braga debe ser lo máximo. Una bendición. Al fin y al cabo, nunca habría tenido nada de esto por sí sola.
—Sabe aprovecharlo —añadió Eduardo, con una sonrisa cruel—. Y hasta es útil… nunca me ha dicho que no. Siempre agradecida, siempre dispuesta. Confiable. Pero… insípida. Sin gracia.
Vivian tragó saliva, las palabras quemándole como ácido.
—Bueno, por lo que describes, tu mujer tiene el carisma de una cerca eléctrica —rió Christopher, sin soltar el tema.
—Creo que están yendo demasiado lejos. Vivian tiene un origen humilde, pero es una persona increíble —intervino Lucas, incómodo. Detestaba la forma en que Eduardo menospreciaba a su esposa.
—Lucas, sigues siendo el defensor de los débiles y oprimidos, ¿no? —se burló Christopher antes de volver a girarse hacia Eduardo—. ¿Y Elisa? ¿Por qué no intentaste quedarte con ella? Apostaría a que sería todo menos insípida.
Eduardo suspiró, como si confesara algo trivial.
—Lo intenté. Le pedí matrimonio a Vivian creyendo que Elisa cambiaría de opinión. Pensé que se rendiría al lujo, a la seguridad, a mi apellido. Pero Elisa es diferente. Deslumbrante. No me necesita para brillar. Al final, tuve que seguir adelante y casarme de verdad.
Las risas fueron más fuertes esta vez. Vivian se llevó la mano al pecho, intentando contener el nudo que la asfixiaba.
—¿Y ahora que Elisa ha vuelto? —preguntó Gustavo, con cautela, ya preocupado por los escándalos que tendría que gestionar.
Eduardo alzó la copa, con los ojos brillando.
—Ahora voy a mostrarle todo lo que perdió al rechazarme.
—¿Y cómo piensas hacerlo? —quiso saber Christopher.
—Le envié a Vivian un regalo. Un collar. El mismo que Elisa siempre quiso… Nada más justo que mi esposa lleve lo que otra mujer soñó tener.
Vivian dio un paso atrás, tambaleándose, con el aire atrapado en el pecho.
—¿Y Vivian lo sabe? ¿Que planeas usarla así? —preguntó Lucas, incómodo.
Eduardo soltó una risa baja y cortante.
—Eso no importa. Ella nació para sonreír y agradecer. Es lo que mejor hace.
El mundo se quedó en silencio.
Vivian ya no escuchó nada más. El sonido de la fiesta desapareció. El perfume de las flores le resultaba insoportable. El collar, antes símbolo de un gesto romántico, ahora pesaba como cadenas en su garganta.
Se dio la vuelta, con pasos temblorosos. El vestido rozaba sus piernas como si quisiera impedirle avanzar. Alice, en silencio, la siguió como una sombra.
—Él… —la voz de Vivian salió quebrada—. ¿Hizo todo esto… solo por Elisa?
En el camerino, Vivian caminó hasta el tocador. Con dedos temblorosos, se quitó el collar como quien arranca una trampa clavada en la piel. El sonido del cierre cayendo sobre el vidrio resonó como un disparo.
Alice tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Siempre supe que ese idiota no te merecía. Pero ahora tú también lo sabes. Vámonos de aquí.
Vivian no respondió. Ni siquiera las lágrimas llegaban. Hasta el llanto parecía haberse paralizado.
Atravesó el hotel como un fantasma. Alguien la llamó:
—¿Señora Braga? En cinco minutos entra usted…
Vivian no miró atrás.
Ni explicaciones. Ni despedidas.
No dejó solo el collar atrás —con él, dejó una parte de su propio corazón, arrancada por el hombre al que había amado desde los dieciséis años.
Rose inwardly blushed when she saw the handsome side profile of Aiden. They were going back to the hospital after seeing lawyer Kim offThe air was cool, and the snowflakes were falling gently on the ground. The sounds of Christmas carols filled the air. The city seems alive with lights and holiday decorations. It was a typical Christmas in New York.“Rose,” Aiden called Rose, who was busy admiring the Christmas tree that was in front of the hospital. “Yes, Aiden,” Rose answered, turning back to Aiden.“Your phone has been vibrating since we came out from the coffee shop; didn't you know? “Ooh,” Rose replied, bringing up her phone to her eye level; she hesitated for a moment before answering, her eyes looking at the Christmas tree still in front of the hospital. “Hello.” The voice on the other side of the phone was shrill and angry; Rose's stepmother, Catherine, was shouting at her to come back home. “Rose, where are you? You ungrateful child. Why have you decided to always disgrac
“Mr. Aiden, will you marry me?Aiden's eyes widened in shock, his eyebrows shooting up in surprise. His face froze, his lips parting slightly as if he was about to speak, but no words came out. His gaze locked onto Rose's, his eyes searching hers for any sign of jest.As the shock began to wear off, a mixture of emotions flitted across his face: confusion, curiosity, and a hint of intrigue. His eyes narrowed slightly, his gaze intensifying as he studied Rose's determined expression. He chuckled slightly and asked, “Why? “I have a proposal for you, and it will benefit both you and me,” Rose said, still looking determined to get what she wanted.Aiden's eyebrows scrunched up in surprise, and he said, “What proposal?“Marry me for just 2 years, and I will help you destroy Ethan's company. I will also make your company more profitable.” When Ethan used to complain about Aiden to her, she had read all the articles and news concerning him. Turns out that Aiden is an opportunist and a very
“Granddaughter-in-law.”Rose’s eyes widened in shock, and she turned around. She saw a woman in her late sixties. Rose scrunched her face in confusion when she heard the granddaughter-in-law.She turned around to be sure that the old woman was talking to her when she didn't see anyone in the park except her. She was sure that the woman was talking to her.“Ma……. Are you talking to me?”“Of course it's you. You are my granddaughter-in-law. I have been asking Aiden about you. Why did you leave this old woman?” The woman looked like she was on the verge of tears, but Sophia didn't know what to do. After all, she wasn't married.She was about to console the woman when she heard voices shouting,“Madam Henderson!!!!!! Madam Henderson!!!!!!.Rose looked at the old woman, who was still looking at her with soft eyes. Rose felt moved because nobody had ever looked at her with that kind of eye ever since her mother died.“Madam Hemsworth!!!!!!” Rose heard the voice again; she turned to the wo
Rose’s vision blurred as tears streamed down her face. She clutched her phone tightly, the screen still glowing with the hurtful comments as she was reading them.(“She is so disgusting.”)(“Despicable”.)(“I thought she was an innocent type. I can't believe she will do this type of thing.”)(“Upstairs, don't you know? The most evil people turn out to be the innocent type.”)As she was walking hurriedly down the hallway at her former workplace, the mummers from her former colleagues also added to her despair.“I doubted that she would have the guts to come back here." Someone said.“She is such a disgrace. Her innocent face nearly fooled me.”“Is she here to woo another married man?" Another voice chimed in.Rose's chest constricted as if an invisible hand squeezed the air from her lungs. She couldn't bear it anymore and increased her footsteps.“Rose, is it true?” her co-worker asked, gossip showing in her face.Rose shook her head, unable to speak correctly.“Leave me alone." She wh












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