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Author: GenEsys
last update publish date: 2026-03-03 06:03:30

El whisky aún ardía en la garganta de Maximiliano Atlanta cuando Rose cruzó el jardín de la mansión. Sus ojos se centraron en las rosas; eran aquella visión perfecta, bellísimas y a la vez letales. Sabían lo que valían y evitaban que las tocaran con toda su biología. 

La tarde estaba cayendo. Demasiado temprano para beber.

—¿No es un poco pronto para eso? —preguntó ella con suavidad, apoyándose sobre una de la columnas  talladas que las enredaderas habían tomado.

El Alfa Supremo no levantó la vista de su vaso.

—No cuando uno sabe que la noche viene cargada. Tengo 300 años, Rose, mi vejez me deja sospechar de ciertos acontecimientos poco gratos que están por suceder. Es como una intuición.

—Pero papá... apenas aparentas alguien de 40... no hables de vejez...

Su padre sonrió alzando su copa.

—Eres muy amable con tu padre.

Rose suspiró.


—Sabes....me invitó Alex Buenaventura a su mansión.

El leve sonido del hielo chocando contra el cristal fue la única reacción inmediata.

—Es una fiesta —dijo finalmente su padre—. Estarán los líderes de las otras manadas.

Ella frunció el ceño.

—No lo sabía...

Maximiliano bebió otro sorbo.

—Ten cuidado. Lamento que tu mate sea Buenaventura… es inmaduro....no creo que esté listo.

La miró por primera vez.

—En su forma humana, al menos. Te lo digo, la vejez es sabia.

Rose sostuvo su mirada. —Yo no he dicho que sea mi mate...

El Alfa Supremo casi sonrió.

—Sé todo, hija. ¿En serio pensaste que no iba a enterarme? Me subestimas. Creeme que me gustaría no saberlo.

Ella negó con la cabeza, ocultando una pequeña sonrisa.

—No iré sola. Marco me acompañará. No me veas como una niña; puedo cuidarme. Además... pensé que cuando conociera a mi mate, mi mundo se pondría al revés y ves que eso no sucedió.

Desde las sombras, el lobo guardián dio un paso al frente. Firme. Silencioso. Leal desde su infancia. Poseía unos ojos azules que provocaban terror en otros lobos.

—Ten cuidado, Rose... El destino y la diosa Luna tienen sus trampas.No te confíes —repitió su padre—. No olvides lo que te enseñé... No bajes la guardia, querida.

—No exageres —respondió ella—. Es solo una visita social... para saber en dónde estoy parada.

Pero en el fondo sabía que esa noche algo cambiaría. También tenía esa... intuición.


La mansión de la Manada Fénix era imponente. Mármol oscuro, ventanales inmensos y música elegante que flotaba entre risas calculadas. Todo en el lugar gritaba lujo y riqueza. Un intento desesperado por demostrar valor a través de las cosas materiales. 

Luca Castelar, el Beta, fue quien la recibió.

La observó de arriba abajo, sin vulgaridad. Evaluando.

—Bienvenida, señorita Rose —dijo con voz grave—. El Alfa la espera... Me dio instrucciones de anunciarle su llegada.

Rose notó el respeto natural que todos le tenían a Luca. Se rumoreaba que era justo, incluso compasivo. Tal vez más capacitado para ser alfa que el propio Alex.

Al entrar al salón principal,

Alex Buenaventura estaba rodeado de lobas hermosas, hijas de líderes poderosos. Reían demasiado fuerte. Tocaban su brazo con descaro. Pudo notar que se creía el centro del mundo, como todo lobo, eso le encantaba, la reverencia y llamar la atención.

Cuando la vio, su expresión cambió.

Se apartó de inmediato.

—Por fin llegaste —dijo, acercándose—. Estaban a punto de devorarme estas lobas atrevidas. Bueno, es natural en todas las especies luchar por el mejor candidato.

Rose sostuvo su mirada.

Sentía el vínculo… pero era tenue. Extrañamente normal. Nada que la desbordara. Se imaginaba que esa clase de vínculo sería más fuerte, más demoledor en sus convicciones. Pero de momento no era algo que la sacudiera para nada.

Y aun así, algo en su interior se tensaba cuando él se acercaba demasiado.

—Descuida —murmuró él cerca de su oído—. Cuando se produzca nuestra unión… no podré tener suficiente de ti. Y tú... rogarás por mí.

Su mano rozó su mejilla.

El gesto fue posesivo. Ardiente.

Rose contuvo el impulso de apartarlo. No podía decir que le disgustaba. Su piel ardía cuando él se acercaba demasiado.

Ese Alfa parecía empeñado en que lo odiara, y hacía un gran trabajo con sus actitudes y palabras.

Antes de que pudiera responder, uno de los Alfas invitados se acercó, sonrisa curiosa en el rostro. Greco Smith, manada de Fuego.

—¿Es cierto que has encontrado a tu pareja, Buenaventura? Señorita Rose... usted está preciosa.

Silencio.

La loba asintió con una sonrisa leve.

El salón entero se volvió hacia ellos; todo estaba calculado. Las miradas, la exposición.

Alex soltó una risa baja.

—Eso puede ser cierto, Greco.

Los murmullos crecieron.

Rose mantuvo la espalda recta, sintiendo esa incomodidad de estar rodeada de lobos que se creían demasiado, y en realidad eran demasiado... poco.

Entonces él continuó, y cada palabra fue un golpe calculado:

—Pero soy un alfa. Tengo responsabilidades. No puedo casarme oficialmente con una loba que no pertenezca a mi jerarquía. Provengo de una línea de sangre muy importante.

Las hijas de los lobos más poderosos intercambiaron miradas.

—Si mi mate aparece —añadió él, con media sonrisa arrogante— debe saber que siempre habrá un lugar en mi cama… pero en mi trono solo puede estar una loba poderosa. Son dos temas totalmente distintos.

Risas suaves. Murmullos aprobatorios.El golpe fue limpio.

Rose sintió el ardor en el pecho. No por el trono. No por la jerarquía. Este lobo demasiado estúpido la había traído para humillarla delante de todos, para hacerla sentir ¿inferior?. Ese había sido su plan desde el comienzo.

Por la forma en que la había mirado antes. No podía creerlo.

Por el roce en su mejilla.

Por el “no podré tener suficiente de ti”. 

El vínculo vibró débilmente, como si también hubiera sido herido. Quiso ocultar que estaba triste. Las profecías de su padre se cumplían al pie de la letra. Odio admitirlo.

Ella no bajó la mirada.

No dio un paso atrás.

Sonrió. Se le había enseñado bien: "Querrán pisotearte, Rose".

Se comportó midiendo sus movimientos, de manera lenta, elegante. Sin transmitir a su rostro los sentimientos que la invadían.

Se acercó lo suficiente para que todos escucharan.

—Qué alivio, Alfa Buenaventura.

Silencio inmediato.

—Me preocupaba que su ambición superara su capacidad.

Los murmullos cesaron.

—Hay que ser un cobarde para humillar a cualquier loba, sin importar su posición —continuó, con voz suave—, pero hay que ser un verdadero estúpido para pensar que puede humillarme a mí.

Un murmullo diferente recorrió el salón.

No de burla.

Una gran sorpresa se extendió entre todos los presentes. De repente, el nombre de Rose tomó fuerza; todos preguntaban por ella y cómo se le ocurría responder así a uno de sus superiores.

Luca, el beta de Alex Buenaventura, la miró con algo cercano al respeto. Evitó sonreír aunque quería hacerlo.

Alex se quedó inmóvil.

Por un segundo, su máscara de arrogancia se resquebrajó. No supo qué decir, esperaba llanto o incluso que rogaran por su amor... pero esto... era diferente.

Ella inclinó levemente la cabeza, gesto casi cortesano.

—Gracias por la invitación, Alfa. Ha sido… reveladora.

Se giró.

Cada paso fue firme. Controlado.

Marco apareció a su lado como una sombra protectora, no sin antes dedicarle una mirada de muerte al alfa Buenaventura. Él no hablaba demasiado, pero su mirada hacía todas las amenazas posibles.

El salón parecía más frío mientras ella se alejaba.

Detrás de ella, uno de los Alfas murmuró con tono burlón:

—Tienes suerte de que no sea hija de alguien poderoso.

Alex respondió sin pensar:

—No lo es... ¿Crees que soy estúpido? Es una loba que se cree demasiado, y es una simple sirviente del supremo. Pero dala por despedida; es lo último que hablará ante todos ustedes.

El vaso del alfa fue estrellado contra el suelo. Hizo una seña a las otras lobas para que lo rodearan. Pero su ego había quedado como ese vaso, por el suelo.

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Se encontraba en su habitación, Alex Buenaventura había dejado su tan esperada fiesta para recluirse, el dolor de cabeza lo sometía y puso su mano en su frente como si estuviera por explotar.

—Eres un maldito estúpido...humillaste a nuestra compañera.—rugió el lobo en su interior—un niño tonto que se cree hombre... No eres más que un cobarde.

—¡¡¡¡¡¡CALLATE!!!!!!!... —NADIE PUEDE HABLARME ASÍ... —los gritos se escuchaban en todo el lugar—. Ella debe arrodillarse ante mí... ¿No entiendes que no es nadie....una loba sin fortuna o posición ...¿Qué crees que dirán de mí el resto de la manada?

—Te arrepentirás... —el lobo en su interior lo desafió.

—Cállate... cállate... aquí mando yo... —Alex Buenaventura parecía tener un problema serio con su lobo interior, uno que desde pequeño quería enseñarle dignidad y valores, pero Alex siempre se resistió. Aquel era un lobo antiguo,, sabio, adaptado a la figura del alfa; tenía valor en la medida en que pudiera demostrar que merecía el puesto.

—Se acabó... —escupió el alfa—. Nadie me humilla así, sin sufrir las consecuencias.—Ya veremos quién es el cobarde....

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