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Author: GenEsys
last update publish date: 2026-03-02 07:54:06

La empresa Atlanta no figuraba como “empresa de manada” ante el mundo humano.

Oficialmente era una corporación de seguridad estratégica y biotecnología aplicada.

En realidad, desarrollaba sistemas de protección territorial, monitoreo energético y protocolos de defensa que mantenían a las cuatro manadas ocultas y seguras.

Rose trabajaba allí bajo un perfil bajo.

Analista de estrategia territorial, y también era la que transmitía las decisiones del supremo. Alguien debía de hacer de simple mensajero.

Muchos creían que era una simple asistente ejecutiva del círculo interno del Alfa Supremo. Ella jamás los corregía.

Le divertía ver cómo la subestimaban. Y además eso le daba la ventaja que necesitaba, se lo había enseñado su padre siempre.

—Que no te vean venir... hasta que sea el momento.

Esa mañana, el edificio principal vibraba con tensión. Delegaciones de las cuatro manadas asistirían a una reunión corporativa crucial. Había rumores de expansión, de acuerdos comerciales, de reorganización de recursos. Por lo cual los cuatro alfas habían confirmado su presencia.

El Alfa Supremo no asistiría; casi nunca lo hacía. Para eso estaba Rose.

Maximiliano Atlanta solo aparecía cuando el equilibrio corría peligro.

Pero el alfa de la manada Fénix sí estaría presente; era el único de los alfas que mandaba casi siempre a su beta. Pero esta vez había cambiado de planes.

Alex Buenaventura.

Rose lo había visto antes. De lejos.Muy de lejos.

Alto. Seguro. Con esa energía contenida que solo poseen los lobos que saben que nadie los cuestiona. Había heredado el liderazgo de Fénix hacía tres años y había fortalecido su territorio con decisiones rápidas y audaces. Era aún un lobo caprichoso, decían las malas lenguas.

También tenía fama de ser frío.

No se mezclaba emocionalmente.

Perfecto, pensó Rose aquella mañana, mientras acomodaba los informes en la sala principal. 

Parecía que la voz de su padre aún se repetía en su mente.

—Recuerda, hija, no soy ingenuo... Tendrás tus necesidades, pero acostarse con un lobo cualquiera no significa amor. No le des tu corazón a cualquiera, eso es sagrado. Lamento que tu madre no esté aquí para explicártelo mejor, pero no voy a huir de esta responsabilidad contigo.

Cuando Alex entró, el aire cambió.

No fue imaginación, su lobo se incorporó en su interior, alerta. Los ojos de ese hombre cambiaron a un tono miel, atractivo, haciendo que Rose levantara la vista; para ella el mundo se detuvo. Lo había encontrado.

"Mate"

No lo conocía bien, ni iba a darle el gusto de tenerla rogando por él. Ese no era su carácter, ni esperaba empezar una relación así. Su padre la había entrenado bien. El hecho de que fuera hija de su padre no se lo permitía; quien estuviera a su lado tenía que pasar todas las pruebas.

—Tú… —murmuró casi imperceptible.

Los demás líderes seguían hablando, ajenos al terremoto invisible.

Rose bajó la mirada al dossier que sostenía, fingiendo normalidad.

Él se recompuso rápido,eso le gustó.

Un alfa que no perdía  la compostura... que no gritaba por su compañera delante de todos. Eso era muy territorial y la ponía en la posición de objeto... No podía permitirlo, aunque para parecer una simple loba debía aceptarlo para ver las intenciones de su mate. Al final la prueba era para ambos.

Alex avanzó hacia la mesa central, pero sus sentidos seguían atados a ella.

—¿Es nueva? —preguntó en voz baja a uno de los ejecutivos.

—Es parte del equipo estratégico del Supremo. Algo así como su secretaria técnica. Siempre ha venido a las reuniones, lo que pasa es que usted siempre envía a su beta.

Secretaria.

Rose escuchó perfectamente.

Y no lo corrigió.

Sintió el orgullo masculino de Alex estabilizarse. El vínculo lo sorprendía, sí. Pero si ella era solo una empleada… entonces no representaba amenaza política, sabía lo que significaba. Era una inferior ante el líder de una de las cuatro manadas principales. 

Interesante. Ya quería ver como iba reaccionar.

Durante la reunión, Rose expuso un análisis sobre la redistribución de recursos entre Fénix y Fuego para fortalecer las rutas del norte. Habló con precisión quirúrgica, citando datos y proyecciones. La cesión de tierras a la manada de Plata por un dinero considerable que iba a transmitir su padre a la manada Fénix había sido un tema hablado en la reunión anterior.

Alex la observó con creciente interés, controlaba los instintos de olerla, apretarla contra su cuerpo, arrancarle su ropa. Quería exigirle que no podía mostrarse así delante de otros hombres, que le pertenecía.

Su cuerpo le pedía alivio, gritaba internamente por esa loba; no se le ocurrió mejor idea que intervenir en la presentación, en ese preciso momento.

—Su planteamiento es ambicioso. —Su voz llenó la sala—. ¿Está segura de que la Manada Fénix cederá territorio para que la Manada de Fuego pueda hacer su tan anhelado hospital?

Rose sostuvo su mirada.

—La Manada responderá a incentivos adecuados. Y a liderazgo firme. La manada de Fuego ha pasado por mucho; esta fue una idea del alfa supremo, no pensé que usted tuviera algo que decir. En la reunión en la que mandó a su beta, quedamos en que era viable.

Hubo un silencio cargado.

Desafío.

Los labios de Alex se curvaron apenas.

—¿Insinúa que no tenemos autonomía para pensar distinto? ¿Podríamos cambiar de opinión?

—Insinúo que siempre hemos llegado a un acuerdo con ustedes, las manadas se unen en este lugar para eso. Se sabe que la manada de Fuego fue la última en formarse y con menos territorio, la mayoría de los lobos que viven allí son guerreros excelentes, han peleado demasiado por sus tierras, merecen una porción más de territorio.

—Si me permite... señorita Rose—dijo el alfa de la manada de fuego, Greco Smith—, si esto es en realidad un problema, nos arreglaremos.

—Por favor... esto es una orden del Supremo, ¿en serio... debemos volver a discutirlo, Alfa Buenaventura? A cambio se le pagará el valor de sus tierras; no es un simple regalo... Como veo demasiada duda en sus palabras, tal vez, sea mejor una reunión con el Sr. Atlanta, estoy seguro de que con gusto se hará un tiempo para usted.

Todos se miraron, sorprendidos, en serio, que enfrentar al Gran Alfa o, más aún, enojarlo en una decisión tomada, era algo que nadie con dos dedos de frente quería hacer.  

Un murmullo recorrió la mesa.

Rose sabía que estaba caminando sobre hielo fino.

Pero quería verlo.

Quería medirlo.

Porque el vínculo no era suficiente.

—No será necesario... señorita Rose... —dijo El Alfa Alex—. Es una decisión del Supremo,por supuesto que voy a acatarla... solo que la próxima vez... hágame llegar la propuesta por escrito. Soy un hombre muy ocupado en mi manada, y no puedo venir a todas las reuniones. Mi beta no supo explicarme el acuerdo.

Sí...claro, pensó la loba.

Había salido con otros lobos. Encantadores. Apasionados. Interesados… hasta que descubrían quién era su padre.

Entonces cambiaban.

Sus palabras se volvían estratégicas.

Sus caricias, calculadas.

Nunca más.

La reunión terminó dos horas después.

Cuando los demás comenzaron a retirarse, Alex se acercó a ella.

Demasiado cerca.

El aroma del mate la envolvió. Fuego y madera.

—No es una secretaria común... ya no... siéntete afortunada —dijo él, sin rodeos.

Rose alzó una ceja.

—Nunca dije que lo fuera... Mi contacto con el supremo es... constante... Su palabra es ley.

—No me digas que compartes su cama... alguien como tú y un lobo de esa jerarquía...

—No se vuelva a dirigir de esa manera a mí, me ofende y también a su líder.

Sus ojos brillaron, oscuros.

—Entonces entenderá que esto cambia las cosas... usted es mi mate.

Rose inclinó levemente la cabeza.

—¿Qué cosas, Alfa Buenaventura?

Él pareció evaluar cada palabra.

—Una mate no debería estar expuesta a riesgos corporativos. Podría trasladarla a otro sector de Fénix. Darle un puesto más… adecuado, cerca de mí. Debemos unir nuestros destinos... es nuestra obligación  ante la Diosa.

Ahí estaba.

Protección disfrazada de control.

—Aprecio la consideración —respondió ella con suavidad—, pero mi trabajo aquí es importante.

—Mi manada también lo es... No me diga que debo obligarla...

Rose sostuvo su mirada sin retroceder.

—¿Y usted qué valora más, Alfa? ¿El vínculo… o la utilidad que pueda ofrecerle? Intente tocarme y el alfa supremo notará mi ausencia, se lo juro por la diosa.

La pregunta lo tomó desprevenido.

No esperaba resistencia.

No esperaba una mujer que no se deslumbrara por su rango. Esperaba que se arrodillara ante él  y le besara los pies, como las otras lobas lo hacían.

En sus ojos apareció algo que no supo ocultar del todo.

—¿¿Acaso no sientes la conexión??  

—Claro que sí... pero estaría bien conocernos antes... ¿Qué te parece?

—Soy un alfa de alta jerarquía... ¿Qué hay que saber? Quiero llevarte a la cama y no dejarte salir de ahí... Quiero crías... 

—Mmm, tentador —dijo ella pasando un dedo por los labios. Eso tensó rápidamente al lobo, que intentó atraparla, pero ella se movió más rápido. —¿Es lo único que vas a ofrecerme?

—¿Qué es lo que quieres entonces? Puedo darte todo... ¿joyas, una casa, hijos?… sobre todo mi presencia.

Primera prueba: reprobada, pensó Rose.

La mirada de la mujer lo dijo todo. Entonces Buenaventura, al verse herido, reaccionó.

—Te invito a almorzar mañana a mi casa; entiendo que los empleados del alfa viven en su zona reservada, pero te aseguro que Fénix es más bello fuera de allí.

No supo cuándo, pero ese alfa se fue acercando tan lentamente a ella, y logró atraparla haciéndole sentir una electricidad que no había conocido antes.

Dejó un suave beso en su cuello.

—Este es el comienzo... No te niegues, sé lo que estás sintiendo. Disfrútalo, lobita.Fuimos hechos para complacernos.

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