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Capítulo 40: La Oficina de Asuntos Inusuales

Autor: Joe Paz
last update Data de publicação: 2026-09-02 02:42:38

Motel "Starlight", Ruta 95, afueras de Washington D.C. 02:30 AM.

Evelyn Sterling no gimió de placer por el tacto de un hombre, sino por la aguja. No era una aguja de metal. Eran dos colmillos, finos como bisturís, que perforaban la piel inmaculada de su cuello, justo sobre la carótida.

Estaba sentada a horcajadas sobre él en la cama barata del motel, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos en blanco y las uñas clavadas en los hombros del hombre. Cuando él succionó, el mundo de Evelyn dejó de
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    Dorian entendió su papel. Como siempre. Él era su ojos y oídos en el inframundo, el vampiro que se movía entre la aristocracia de la sangre mientras ella movía los hilos en el gobierno. —Quieres que active a mis espías dentro de la ciudad.—Quiero que averigües por qué el Lobo no tiene miedo —dijo Evelyn, abrochándose la chaqueta—. Y quiero que uses tu influencia en Viena para saber si la Reina Vampira, esa tal Mirela, sigue allí o si ha huido. Si ha huido... ¿a dónde fue?Dorian asintió. El trato se renovaba. Sangre por información. Placer por poder. —Lo haré. Pero Evelyn... si la CIA se mete en esto, ya no es una escaramuza local. Estás abriendo la puerta a una guerra global oculta.Evelyn se acercó a la puerta del motel. Se giró una última vez. Ya no parecía una mujer que acababa de tener sexo en un motel barato. Parecía la Directora de la CIA. —La guerra siempre ha estado ahí, Dorian. Solo que ahora, yo voy a decidir quién gana.Abrió la puerta y salió a la lluvia, directa a un co

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    Motel "Starlight", Ruta 95, afueras de Washington D.C. 02:30 AM.Evelyn Sterling no gimió de placer por el tacto de un hombre, sino por la aguja. No era una aguja de metal. Eran dos colmillos, finos como bisturís, que perforaban la piel inmaculada de su cuello, justo sobre la carótida.Estaba sentada a horcajadas sobre él en la cama barata del motel, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos en blanco y las uñas clavadas en los hombros del hombre. Cuando él succionó, el mundo de Evelyn dejó de ser un lugar donde la habían despedido, humillado y perseguido. El dolor fue un destello breve, seguido inmediatamente por la Euforia. La saliva del vampiro era el narcótico más potente del mundo. Mejor que la heroína, más limpio que la cocaína. Era paz líquida. Sentía cómo su ansiedad se disolvía, cómo su ritmo cardíaco se sincronizaba con la succión rítmica de él.—Despacio, Dorian... —susurró ella, con la voz pastosa—. No me seques. Todavía me queda mucha guerra.El vampiro se separó con un

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    Cripta de los Fundadores - Nivel -13 del Castillo Poenari. Transilvania.El silencio allí abajo no era paz; era una frecuencia. Un zumbido sordo que nacía de la roca viva y se metía en los dientes, advirtiendo a cualquier ser vivo que ese lugar no toleraba latidos.Mirela Basarab descendió el último escalón. El aire pesaba. Olía a incienso podrido, a hierro oxidado y a una humedad estancada desde 1476. Se detuvo ante las grandes puertas de bronce. No había guardias. Nadie custodia a los monstruos originales porque nadie es tan estúpido para bajar hasta aquí voluntariamente.Le dolía el vientre. El hilo mágico con el que Elisabeta había cosido al "niño" tiraba de su carne cada vez que se movía, una puntada de fuego invisible. Pero visualmente estaba perfecta. Pálida, regia, intocable.Empujó las puertas. El bronce gimió como un animal herido.La sala era una caverna circular tallada en la roca viva de la montaña. No había ataúdes. Vlad odiaba dormir acostado; decía que eso era para los

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