INICIAR SESIÓNDespués de platicar con mi familia por videollamada decido salir a dar un paseo, ya que desde que llegué a este país me dediqué a trabajar. Fui a un centro comercial muy conocido, compré algunas cosas, entré a casi todas las tiendas, cuando me dio apetito busqué un buen restaurante cerca de la zona y seguí el G****e Maps. Al llegar al lugar entre y tome asiento en una de las mesas que tenía vista a la avenida principal, me encontraba observando el exterior cuando una voz me hizo voltear. Es una chica muy hermosa, tiene unos ojos grises espectaculares, es rubia, tiene un perfil hermoso. De verdad tiene todo para ser modelo, es alta, creo que 1.70. Delgada con todos sus atributos perfectos para su pequeño cuerpo, me quedo hipnotizado tanto así que no logró prestar atención a lo que sale de sus labios.
—señor, señor, ¿se siente bien?—su voz me hizo reaccionar, así que me aclaro la garganta antes de hablar.
—-disculpe, me quedé perdido en su belleza—me molesto escuchar ese comentario, todos los clientes que entran a este lugar piensan que me pueden conquistar solo porque soy mesera.
—Buenas tardes, ¿qué desea de comer y tomar? Puedo recomendarle el menú del día, estoy segura de que le encantará.
Ella ni se inmutó ante mi presencia y eso me descolocó, no sabía si sentirme ofendido o inseguro, es la primera vez que una mujer ignora mi físico y mi acento tan deliberadamente. Es que al parecer ni escucho el comentario que hice sobre su físico.
— me puedes traer el menú del día y una copa de vino tinto chianti del 2001, por favor.
—creo que no disponemos vino de esa marca, es la primera vez que lo piden, pero voy a consultar y vuelo— me sentí intimidada cuando ese hombre habló con tanto conocimiento del vino, justo en ese momento fue que lo detalle físicamente y note que era un empresario extranjero, sentí vergüenza, pero fui rápido a platicar con el encargado de las bebidas.
No podía dejar de observar a la chica, la seguí hasta que se perdió en la cocina, después pensé en lo que me había dicho con relación al vino y comprendí lo importante que era inaugurar nuestra sede para surtir a todos los restaurantes del lugar.
***
Volví a la mesa del extranjero con mucha vergüenza por no tener la bebida que él quería
— lamento mucho decirle que disponemos de ese vino, pero puedo ofrecerle otro.
—no, gracias podrías traerme una gaseosa.
—disculpe, prometo que la próxima vez lo tendremos para usted.
—No te preocupes hermosa, la próxima vez seré yo quien traiga el vino— Ella volteó los ojos— sabes, eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida y creerme cuando te digo que he viajado por todo el mundo, soy Luigi Esposito Chianti, mucho gusto.
Ella observó mi mano y no la tomó.
—señor, yo estoy aquí para brindarle un servicio, no para conocer personas, si me disculpa iré por su comida— me había rechazado por segunda vez en un día, eso en vez de generarme algún tipo de malestar me lleno de intriga. Así que termine sonriendo como un tonto, fui un incrédulo al jugar la carta de mi nombre, pensé que se presentaría al saber que era el dueño del edificio que estaba por inaugurarse, pero no, o sea ni siquiera relaciono mi apellido con el vino que le pedí ja, ja, ja. Si le contara esto a mis hermanos estoy seguro de que se burlaban de mí toda la vida, mi ánimo había mejorado mucho, estaba dispuesto a conquistar a esta hermosa Argentina. Ella trajo mi comida y yo me dediqué a degustar mientras la observaba trabajar, era una mujer muy profesional y seria en lo que hacía, no pasaban desapercibidas para mí todas las miradas que les dedicaban los hombres presentes en el restaurante. Pero ella los ignoraba peor de como lo había hecho conmigo y eso me gusto, no sé por qué, pero me sentí orgulloso de su carácter. Era refrescante conocer a alguien así, ya que siempre era el centro de atención de las mujeres en cualquier lugar que llegara. Por esa razón había tenido miles de aventuras, cuando mis hermanos estaban solteros solíamos salir a cualquier bar y pasarla bien, eso nos libraba de compromisos más teniendo unos padres casamenteros como los nuestros.
Cuando terminé de comer ella se acercó, me trajo la cuenta, yo por supuesto no perdí oportunidad de tocar su mano en el proceso, pero ella la retiró de manera inmediata, más pude sentir que mi tacto la sorprendió y eso era una buena señal. Pagué la cuenta, eran 30 mil pesos y yo le dejé 50, el resto era propina.
Cuando conté el dinero casi se me salen los ojos.
—señor, se ha equivocado, espere su cambio.
—no me he equivocado, ¡el resto es tu propina!—ella trató de alegar, pero no le di tiempo porque me coloque de pie y me marche, es obvio que no podía pelear conmigo por la propina, ya que es impropio.
Tenía una mezcla de sentimientos, por un lado, estaba enojada y hasta ofendida por la cantidad de dinero que ese Italiano me había dejado, pero por el otro estaba feliz porque era un dinero que me caía muy bien. El punto era que el tomarse eso como otra cosa, quizás pensaba que así yo caería rendida a sus pies, pero le demostraría que conmigo eso no funcionaba.
Salí victorioso del restaurante, a ella no le había quedado más que tomar su propina, subí a mi auto, coloque música a todo volumen y comencé a conducir en dirección a casa mientras sonreía y recordaba cada segundo que pase en ese lugar. Juro que conquistaré a esa mujer, estaba totalmente determinado a conseguir mi objetivo y es que como un hombre de negocios que soy no acepto, un no como respuesta nada me ha quedado grande en la vida y ella no será la excepción.
Estoy en las últimas semanas de mi embarazo. Según Kate, el bebé puede nacer en cualquier momento. Hoy vamos camino a un local donde abriremos un comedor popular, y aunque al principio quise evitar involucrarme demasiado, no pude resistirme a unirme a las enormes obras sociales que hace toda la familia. Ahora seré parte de ellas, aportando con mi talento como chef.Al llegar al lugar, nos ponemos manos a la obra junto a varios voluntarios. El objetivo es simple, pero inmenso: ofrecer alimento diario a niños y ancianos, los más vulnerables. Las embarazadas serán atendidas en la fundación de Kate y Emily. Mi suegra y yo estaremos al frente de este proyecto hasta que funcione al cien por ciento; luego nos turnaremos para mantenerlo vivo.Debo confesar que he crecido mucho al lado de esta familia. Son personas excepcionales, entregadas a cada detalle, a cada empleado, a cada historia. Su ejemplo me transformó. Y sin dudarlo, me uní a ellos. Mis negocios en Argentina van muy bien, y pronto
Han pasado ya dos meses desde nuestra boda, y la vida junto a Luigi se ha vuelto un sueño cotidiano del que no quiero despertar. Cada mañana me despierto con sus besos, con su voz grave, deseándome buenos días y con sus manos acariciando mi vientre, como si ya hablara con nuestro bebé.Hoy cumplo ocho meses de embarazo, y siento que el corazón se me acelera más que nunca.Vamos rumbo al control prenatal, acompañados por la madre de Kate, que insiste en no perderse ni una sola cita. Dice que este nieto del alma es tan suyo como nuestro.Luigi maneja con una mezcla de nervios y alegría. No deja de sonreír, aunque sus dedos tamborilean sobre el volante cada pocos segundos.—¿Y si hoy por fin se deja ver, principessa? —me pregunta mirándome de reojo.—Eso espero —respondo, riendo—. Ya van ocho meses y este travieso se sigue escondiendo cada vez que lo intentamos.—Es igual que tú —bromea—. Misterioso, reservado… pero imposible no amar.La clínica está tranquila, bañada por la luz de la ma
Llegó el gran día. Hoy, por fin, mi hermosa argentina se convierte en mi esposa.Han pasado dos días desde la última vez que la vi; las mujeres de la familia la secuestraron para sus rituales prebodas y la tienen hospedada en casa de mi madre. No he dejado de pensar en ella ni un solo segundo. La casa se siente vacía, sin su risa, sin su voz, sin ese aroma dulce que deja cada vez que pasa.Estoy en casa, vistiéndome junto a mi padre, mis hermanos y mis sobrinos. Todos bromean para intentar calmar mis nervios, pero por dentro siento un nudo que no se deshace. Hoy todo cambia. Hoy dejo de ser un hombre que soñaba con ella para convertirme en su esposo.—Relájate, Luigi —dice mi padre, ajustándome la corbata—. Todo saldrá bien.—Lo sé, papá, pero siento que esta corbata me sofoca —respondo con una sonrisa nerviosa.Mi hermano me da un golpe suave en el hombro y me pasa una copa de champán.—Por fin te cazaron.—Y con gusto —respondo mirando mi reflejo en el espejo—. Nunca fui más feliz d
Ya habían pasado cinco días desde que Luigi salió de prisión. En ese tiempo apenas hemos salido de casa, porque estamos aprendiendo a conocernos y a vivir juntos, lo cual, aunque no parezca, es un desafío. Cada uno tiene su manera de actuar, de cocinar, de dormir, y son pequeñas cosas en las que toca ponerse de acuerdo.Aunque Luigi ha sido totalmente complaciente conmigo, no es así como quiero que inicie nuestra relación. Le he comentado que deseo que nos conozcamos bien desde ahora, porque es muy malo ceder en cosas que luego nos traerán problemas. Así que estamos en pleno proceso de adaptación, aprendiendo uno del otro.Sin embargo, esta mañana, al despertar, recordé un tema que habíamos dejado en el olvido: la rueda de prensa donde ubicaría a Mari. Estoy cansada de que las personas piensen que soy una oportunista, porque quienes conocen a Luigi aseguran que él no es así y que seguramente la otra mujer se le metió por los ojos. Pero esta vez daremos la versión oficial.—Buenas tard
Vamos en el auto, y Luigi me coloca una venda sobre los ojos. No puedo evitar reír nerviosa mientras él me toma de la mano. Siento cómo se estaciona con suavidad, el motor se apaga, y el silencio se llena de expectativa. Luego abre la puerta, me ayuda a bajar y guía mis pasos con cuidado.—Despacio, amor, hay un pequeño escalón —me advierte con voz tierna.—¿A dónde me llevas, Luigi? Me estás matando de curiosidad.—Solo confía en mí —responde riendo—. Falta poco.Camino sosteniéndome de su brazo, escuchando el sonido de sus pasos sobre el suelo de piedra. El aire huele a flores frescas y algo más… a hogar. Él se detiene, me coloca detrás de lo que parece una gran puerta, y siento que su respiración se acerca.—¿Lista? —pregunta con un susurro.—Lista —respondo, conteniendo la emoción.Me retira la venda con suavidad. Parpadeo varias veces hasta que mis ojos logran adaptarse a la luz, y entonces lo veo: una casa preciosa frente a mí, con paredes claras y ventanas amplias, rodeada de j
Hoy es el juicio.Me levanto temprano, aunque siento que apenas dormí. Mi corazón late con tanta fuerza que parece querer salirse de mi pecho. Hago mi rutina de aseo personal intentando distraerme, pero cada pensamiento vuelve a lo mismo: hoy se decide todo.Frente al espejo, respiro hondo antes de ponerme el vestido negro que elegí la noche anterior. Es sencillo, elegante, y hace que me vea profesional, aunque ya se nota mi pequeña pancita de cinco meses. Paso la mano por mi abdomen y sonrío apenas. “Hoy todo va a salir bien”, me repito, aunque en el fondo no estoy tan segura.Bajo a desayunar con el resto de las chicas. Nadie habla mucho, el ambiente está tenso. Solo se escuchan los cubiertos y el tic-tac del reloj.—Buenos días, Anto —dice Kate con una sonrisa forzada—. ¿Lista para hoy?—Sí, muy nerviosa, pero lista —respondo intentando sonar tranquila.Emily entra con paso apurado. —Chicas, apúrense, nos vamos en diez minutos.El camino hacia la corte se siente eterno. Cada semáfo







