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Capitulo 3

last update Data de publicação: 2025-10-16 22:01:40

Al día siguiente amanecí feliz, decidí colocarme un traje color vino, camisa blanca, manejé a la oficina y me coloqué a trabajar, pero mi mente no dejaba de pensar en la chica del restaurante. Cuando el reloj marcó las dos decidí ir a almorzar para ver como me trataba el día de hoy.

***

Este día había sido agotador, tuve tres exámenes en la universidad y luego llegué al restaurante. Comencé a atender a los clientes y me olvidé de todo lo demás hasta que vi entrar al italiano de ayer, pensé que mis compañeras lo atenderían, pero él las rechazó y solicito mis servicios, eso me enojo mucho, pero no podía hacer nada más tomé la carta y me acerque a su mesa.

— Bienvenido, ¿desea ver el menú o quiere la especialidad de la casa del día de hoy?

—hola, princesa, ¿cómo estás? Aparte de hermosa, obvio. 

—no estoy aquí para platicar con usted, sino para atenderlo, ¿pensé que eso se lo había dejado claro ayer señor?

 — ¡Me niego a ser atendido por una persona de la cual no conozco su nombre! —respire profundo para calmarme, no podía poner en riesgo mi trabajo por un presumido.

—Antonella, señor, ese es mi nombre, como perdimos tiempo valioso en cosas sin sentido, me tomaré el atrevimiento de traer la especialidad de la casa. 

Di media vuelta y lo dejé solo, necesitaba ir a la cocina y calmarme para no terminar derramando la comida sobre él. Pero al entrar todos se reían porque ese hombre deseaba mi atención, seguí atendiendo hasta que me tocó llevarle su orden. Coloque su comida en la mesa, pero nunca esperé que él me diera la botella de vino que había pedido ayer, la tomé para servirle.

—Eso es para que veas que cumplo mi palabra, solo tomaré una copa porque aún tengo trabajo el día de hoy, pero quiero que te lleves el resto para tu casa, como puedes notar, el vino estaba sellado, así que es seguro consumirlo. Yo soy el distribuidor, pronto abriremos una sede y podrán ofrecerlo a sus clientes.

Esta plática me pareció más coherente, así que tomé el vino de buena gana y sin emitir comentarios lo lleve a la cocina para que todos lo probaran, sobra decir que quedamos encantados, era delicioso y combinaba a la perfección con el menú ofrecido.

***

Esperé que ella volviera a mi mesa para tratar de hablar un poco más, pero su actitud no había cambiado nada.

— ¡Espero que disfrutes el vino!— me levanté y dejé la misma cantidad de dinero sin necesidad de pedir la cuenta, puesto que estaba seguro de que el almuerzo costaba mucho menos de lo que yo estaba dejando.

—¡No aceptaré su propina! Con el vino es suficiente a todos les encanto.

— Mmm, el problema es que a mí solo me importa que te guste a ti, como lo compartiste me toca dejarte algo que sea solo tuyo—— la deje con la palabra en la boca y salí de prisa del lugar.

***

¡UFF! Qué hombre tan insoportable y mal educado, es la segunda vez que me deja con la palabra en la boca. Estaba furiosa y no sabía por qué si se supone que así es como se comportan todos los patanes, pero el hecho de que él crea que me hace feliz dándome su dinero me enoja.

***

Sonreí porque era la segunda vez que salía victorioso, eso le mostraba que aquí quien tiene la última palabra soy yo y no es por soberbia, ya que ella podría tenerme a sus pies si así lo deseara. Pero comprobé que por el camino de la amabilidad no lograré nada y quiero demostrarle que ella será mía por mucho que se resista… Lo que me parece absurdo es que ella se enoje por la propina cuando obviamente ellos se ayudan con eso, en fin mujeres nadie las entiende. 

Manejé a la oficina y decidí que hoy sería un poco más arriesgado, pase el resto de la tarde trabajando pensando en que podía hacer para acorralar a Antonella. Sé que quizás esa palabra suena feo, pero es el único modo de que ella note que mis intenciones van en serio, necesito convencerla de que por lo menos tenga una cita conmigo así sea en el restaurante. Después de pasar horas analizando decidí comprar una rosa e ir a cenar qué mejor forma de hacerse notar que yendo a almorzar y a cenar todos los días al restaurante, pienso que va a llegar un momento en que va a aceptar salir conmigo solo por fastidio, esa será la oportunidad que yo aprovecharé.

Me dirigí a una floristería y encontré unos ramos de rosas tan hermosos que quería comprarlos, pero después recordé que tenía que ir paso a paso porque Antonella era capaz de hacerme pasar una vergüenza bien grande. Si repartió el vino, ¿quién dice que no repartirá las rosas entre todas las mujeres que estén en el restaurante? Eso me haría quedar como un idiota, así que me fui por lo seguro y compré una rosa blanca. Que no era para nada de mi gusto, pero por algo tenía que empezar, podía demostrarle que iba en son de paz.

***

El restaurante estaba lleno, tanto así que no nos dábamos abasto, estaba en la cocina ayudando a servir algunos platos cuando las chicas entraron emocionadas. Diciéndome que mi acosador italiano ya estaba en una de las mesas esperando por mí, yo suspiré enojada porque ese hombre no se cansa de molestar, pero mi jefe no permitiría que le hiciera ningún desaire. 

No, después de saber que él era el dueño de la empresa de vinos que estaba a punto de abrir, es que se enamoraron del vino, cuando les di a probar, pensé que había sido tonta. Cómo se me ocurrió darles, yo debí haber guardado mi botella de vino, llevármela a mi casa, cuando el jefe me dijo lo que costaba y los famosos que estaban casi muero, no tenía idea de que una botella de vino podía costar tanto dinero. Resignada, salí y lo vi como siempre, con su sonrisa de suficiencia que me ponía los pelos de punta. 

—¡Buenas noches! ¿Qué desea para cenar?

—¡Buenas noches, preciosa Antonella! ¡Cenaré lo que tú desees traer!—esta vez no discutiría con él, así que di media vuelta, entré a la cocina y busqué el menú, le serví lo que a mi parecer le podía gustar, se lo llevé.

— aquí tiene, espero qué lo disfruté.

—Espera un momento—ella pensaba marcharse rápido, así que saqué la rosa que había ocultado debajo del mantel y se la di ¡esto para demostrarte que vengo en son de paz! 

—Tomé la rosa y la coloqué en la mesa—¡esto es para demostrarte que no quiero ningún tipo de regalos de tu parte!—Di la vuelta y lo dejé con la palabra en la boca.

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