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Capítulo 30: Preparativos.

Penulis: MayR04
last update Tanggal publikasi: 2026-09-09 09:12:31

El ambiente en Isla Dragón había cambiado.

Desde que se anunció la misión de alto riesgo, el aire se sentía más denso, más pesado. Los pasillos ya no solo olían a desinfectante y metal; ahora también olían a tensión.

En el barracón femenino, Ela estaba de rodillas frente a su litera, con la mochila abierta sobre el colchón.

Revisaba cada cosa dos veces.

Uniformes de camuflaje. Botas de repuesto. Calcetines extras. Kit de primeros auxilios completo… y otro más pequeño de emergencia. Latas d
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  • EL LOBO DE HIELO Y SU CIERVA   Capítulo 35: En la espesura.

    La selva los había tragado por completo.El calor era espeso, pegajoso, y se adhería a la piel como una segunda capa. El aire olía a tierra húmeda, a hojas en descomposición y a algo metálico que no se podía identificar del todo. Los insectos zumbaban sin descanso alrededor de las orejas, y cada rama que se movía parecía esconder algo.Los grupos ya estaban lo suficientemente separados como para no verse entre sí.De pronto, la voz de Klaus resonó nítida en los audífonos de todos:—Atención. Mantengan las formaciones asignadas. No se desvíen de la ruta. No abran fuego a menos que sea estrictamente necesario. Y sobre todo… no hagan ninguna estupidez. Repito: ninguna estupidez. Confirmación por equipos.Se escucharon varias respuestas cortas:—Flanco derecho, recibido. —Centro, recibido.Irina respondió con tono seco:—Flanco izquierdo, recibido.Klaus no contestó nada más. El clic de desconexión se escuchó claro en los oídos de todos.El silencio volvió a caer sobre la selva.Ela cami

  • EL LOBO DE HIELO Y SU CIERVA   Capítulo 34: Zona de inserción.

    El helicóptero comenzó a descender. El ruido del rotor se volvió más grave, más profundo, y la selva se acercaba como una masa oscura y viva debajo de ellos. Nadie hablaba demasiado. El aire dentro de la cabina se había vuelto más denso, más cargado de adrenalina contenida. Klaus se levantó de su asiento y se sujetó de una de las asas superiores. Su voz cortó el zumbido de las hélices con claridad: —Escuchen. En dos minutos tocaremos tierra. El punto de inserción está limpio según el último reconocimiento, pero eso no significa que esté seguro. Bajamos en silencio, nos dispersamos según los equipos asignados y avanzamos hacia el primer punto de control. Sin luces. Sin conversaciones innecesarias. Si alguien abre fuego, responde solo si es estrictamente necesario. ¿Quedó claro? —Claro, mi coronel —respondieron varias voces al mismo tiempo. Noah se inclinó un poco hacia Ela, lo suficiente para que ella lo escuchara por encima del ruido. —Cuando bajemos, quédate cerca de mí los

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    El ruido del rotor era constante, una vibración que se metía en los huesos. Afuera, la selva se extendía como un océano verde infinito. Dentro de la cabina, el aire estaba cargado de metal, sudor contenido y tensión.Ela mantenía la vista fija en la ventanilla. Todavía sentía el peso de la mirada de Klaus de minutos atrás… y el susurro que le había dedicado a Irina. Intentaba concentrarse en la misión, en lo que vendría, pero la mente se le iba una y otra vez al mismo lugar.Entonces notó movimiento a su lado.Noah se había desplazado hasta sentarse más cerca. No lo suficiente como para que fuera obvio, pero sí lo bastante para poder hablar sin gritar demasiado.—Oye —dijo en voz baja, casi contra el ruido del helicóptero—. ¿Estás bien?Ela parpadeó y giró ligeramente la cabeza hacia él.—Sí. Solo… mirando.Noah asintió, aunque no parecía del todo convencido. Revisó el cierre de su chaleco un segundo antes de v

  • EL LOBO DE HIELO Y SU CIERVA   Capítulo 32: El vuelo.

    El cielo empezaba a teñirse de un gris azulado cuando el ruido del rotor se escuchó a lo lejos.Ela estaba de pie junto a la línea de formación, con la mochila ya ajustada y el arma colgada al hombro. El resto del equipo había llegado en los últimos minutos: Noah, Irina, Rivas, Soto, Paredes… todos con el rostro serio, listos.El helicóptero Black Hawk apareció sobre el horizonte y descendió con fuerza, levantando polvo y hojas secas. En cuanto tocó el suelo, la rampa trasera se abrió y se vieron varias cajas de munición amarradas con correas negras.Klaus se adelantó. No necesitaba gritar para que todos prestaran atención.—Escuchen con atención —dijo con voz clara y cortante—. Esta no es una patrulla de entrenamiento. Vamos a una zona con presencia confirmada de traficantes armados. El objetivo es reconocimiento, neutralización si es necesario y extracción limpia. No quiero héroes. No quiero improvisaciones. Quiero precisión.Hizo una pausa y su mirada recorrió al grupo… hasta de

  • EL LOBO DE HIELO Y SU CIERVA   Capítulo 31: Antes del amanecer.

    Ela abrió los ojos mucho antes de que sonara cualquier alarma.Eran las 4:37 de la mañana.La oscuridad del barracón era casi total. Solo se filtraba un poco de luz tenue por las rendijas de las ventanas. El resto de las reclutas seguían dormidas, respirando profundo.Ella no podía quedarse quieta.Esta no era otra tarea de limpieza ni un entrenamiento más. Esta era su primera misión real. La primera vez que saldría de Isla Dragón hacia territorio hostil.Se levantó en silencio, se vistió con el uniforme de camuflaje y revisó su mochila una vez más. Todo estaba en orden. Todo tenía que estar en orden. No podía cagarla. No esta vez.Salió del barracón cuando todavía era de noche cerrada. El aire frío de la madrugada le golpeó la cara. El helipuerto estaba vacío. El helicóptero aún no había llegado, como era lógico.Caminó hacia la zona de espera, pensando que sería la primera en llegar.No lo era.En un rincón alejado, casi escondido entre las sombras de un contenedor, había una fig

  • EL LOBO DE HIELO Y SU CIERVA   Capítulo 30: Preparativos.

    El ambiente en Isla Dragón había cambiado. Desde que se anunció la misión de alto riesgo, el aire se sentía más denso, más pesado. Los pasillos ya no solo olían a desinfectante y metal; ahora también olían a tensión. En el barracón femenino, Ela estaba de rodillas frente a su litera, con la mochila abierta sobre el colchón. Revisaba cada cosa dos veces. Uniformes de camuflaje. Botas de repuesto. Calcetines extras. Kit de primeros auxilios completo… y otro más pequeño de emergencia. Latas de comida. Barras energéticas. Una bolsa de chips que había guardado de la última ración especial. Pastillas para el agua. Vendas. Analgésicos. Una linterna pequeña. Y hasta un par de mudas de ropa interior seca, porque sabía lo que era pasar horas mojada en el barro. Todo tenía que encajar. Todo tenía que estar en su lugar. Ella sabía que los hombres se encargarían de lo más pesado: las carpas, las armas largas, las cajas de munición. Eso no le preocupaba. Pero la alimentación y las medici

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