LOGIN«Nunca presenté los papeles de nuestro divorcio, Viana. Sigues siendo mi esposa». Esas fueron las últimas palabras que Viana Vergara esperaba oír del hombre que destruyó su vida hace tres años. Una vez una rica heredera que lo tenía todo, Viana lo perdió todo en un solo día. Su amado esposo la abandonó, su padre murió en circunstancias misteriosas y la fortuna de su familia desapareció, dejándola en la miseria y luchando por sobrevivir. Pero justo cuando cree que la vida no puede ser más cruel, el destino la lanza de nuevo a los brazos del hombre que la destrozó. Isandro Benavidez. Excepto que ya no es el hombre luchador al que amó incondicionalmente. Ahora es Isandro Benavidez, el despiadado CEO multimillonario de la corporación más poderosa de España. ¿Y lo peor? Es su nuevo jefe. Desesperada por dinero para investigar el asesinato de su padre, Viana se ve obligada a tragar su orgullo y aceptar su escandalosa propuesta: un contrato de matrimonio de tres meses. Sin amor. Sin intimidad. Sin vínculos emocionales. Solo negocios. Pero Isandro tiene secretos propios. Cree que Viana lo traicionó de la forma más imperdonable, y está decidido a no volver a enamorarse de ella nunca más. A medida que los secretos enterrados salen a la luz, se enciende los celos y se reabren las viejas heridas, su matrimonio de conveniencia amenaza con convertirse en un peligroso juego de amor, odio y venganza. ¿Qué destruyó realmente su matrimonio hace tres años? ¿Quién asesinó al padre de Viana? ¿Y qué sucederá cuando la verdad con la que ambos han vivido finalmente salga a la luz? Porque a veces, la persona que destrozó tu corazón es aquella de la que el destino se niega a dejarte escapar.
View More~~ VIANA VERGARA ~~
—Mírala —dice una de las secuaces de Elena de sus días de universidad a un grupo de chicas con las que está sentada en la mesa, y todas me miran—. Hace tres años era la famosa V², Viana Vergara, la sensación de la escuela, vestida de pies a cabeza con marcas de diseñador. Pero ahora es como basura, con un matrimonio fallido y sin un centavo.
El pecho se me aprieta y trago saliva intentando ignorar sus palabras, aunque es como si me clavaran un alfiler en el corazón.
Ya estoy acostumbrada, intento consolarme y calmarme.
Sabía que era una mala idea venir a esta reunión de antiguos alumnos, sin embargo no tuve más remedio porque necesito dinero para mi operación.
—Cómo han caído los poderosos —se ríe otra chica y todas se carcajean—. Adoraba a su marido como a un dios. Nadie sabía su nombre ni lo había visto nunca. Escuché que su padre incluso murió el mismo día en que ese marido al que adoraba la abandonó.
Cuando oigo esas palabras en concreto, se me rompe la última hebra de contención y golpeo la mesa con la mano, haciendo que todos se detengan y me miren.
Pero no me importa, me giro hacia las chicas.
—Pueden hablar de mí o insultarme todo lo que quieran, pero no se atrevan nunca a hablar de mi padre fallecido.
El peso de tener la atención de todos sobre mí finalmente me aplasta y me vuelvo terriblemente consciente.
Enseguida me arrepiento de haber venido porque me doy cuenta de que pedir dinero prestado a cualquiera de ellas solo me traería más cotilleos.
Tengo que encontrar otra manera porque el médico dijo que mi apéndice está gravemente inflamado y requiere una operación urgente. Aun así, la he retrasado hasta ahora porque no puedo costearla.
Cojo mi bolso y me doy la vuelta para irme cuando la puerta del salón se abre y una chica rubia que me resulta terriblemente familiar entra a grandes zancadas, y el salón se queda en silencio.
Por su ropa, cualquiera puede notar que es sorprendentemente rica.
La miro unos segundos más y mis ojos se abren de par en par al reconocerla. Es Camila.
Casi no la reconozco porque ha cambiado mucho. Pero también mis manos se cierran en puños cuando una intensa ola de vergüenza e ira me abruma.
Vergüenza de que me vea así cuando mi padre fue quien le pagó la secundaria, el instituto y la universidad.
E ira porque hace cuatro años, después de la universidad, me dejó de lado y se fue de Madrid sin ni siquiera un adiós.
Así que empiezo a caminar hacia la puerta, ya que ella ni siquiera me reconoce.
Pero cuando estoy a punto de pasar a su lado, me coge de la mano.
—¿Vee? —dice casi en un susurro, como si no estuviera segura—. ¿Eres tú?
En ese momento oigo a la gente susurrar a mi alrededor:
—Espera… ¿esa es Camila García, la chica pobre de la beca? ¿La mejor amiga de Viana? Dios mío, ahora se ve rica.
Los ojos de Camila se iluminan de emoción mientras me aplasta en un abrazo de oso.
Para alguien que me abandonó, me resulta extraño ver el alivio y la felicidad que irradia.
Pero antes de que pueda reaccionar, un dolor intenso sube desde la parte baja del abdomen hasta los dedos de los pies y hasta la cabeza.
Intento soportarlo, pero es tanto que las rodillas me flaquean y caigo al suelo.
Lo último que recuerdo es a Camila agachada a mi lado, preocupada, preguntándome qué me pasa.
Y el único pensamiento en mi mente es: ¿se me ha reventado el apéndice? ¿Así es como voy a morir?
La siguiente vez que abro los ojos, mi mirada cae sobre el techo blanco y el olor a antiséptico me hace darme cuenta de que estoy en el hospital.
Una gran sensación de alivio me invade porque, aunque me he acostumbrado a la soledad durante años, sin familia ni marido, eso no significa que quiera renunciar a mi vida.
Intento incorporarme, pero gimo porque la cabeza me da vueltas.
—¿Vee? —Camila se precipita hacia mí—. ¿Estás bien?
La miro sorprendida de que esté aquí. Empieza a revisarme para ver si estoy bien y luego suelta un suspiro de alivio.
—Estaba tan preocupada cuando te desmayaste —dice—. ¿Por qué no viniste antes a operarte?
Me río con desprecio.
—Vaya, te ves preocupada para alguien que abandonó a su mejor amiga. Si es que alguna vez me consideraste como tal.
Su rostro se cae y los hombros se le hunden.
—Me secuestraron aquí en Madrid y me llevaron a Italia como esclava sexual, Vee.
Mis ojos se abren de par en par por la sorpresa y mi mano se posa en su hombro antes de poder detenerme.
—Lo siento, Cam. No lo sabía. Debes de haber pasado por mucho.
Noto que se le llenan los ojos de lágrimas mientras me mira e intenta sonreír, pero no lo consigue.
—Fueron los peores años de mi vida —dice, con la voz quebrada—. Pero gracias a eso conocí al amor de mi vida. Mi novio, Carlos Delgado, y ahora tengo una empresa de moda. Nos estamos mudando de nuevo a Madrid porque ya nos hemos instalado aquí de forma permanente.
Sonrío genuinamente aliviada de que las cosas le hayan salido bien.
A diferencia de mí, que amé a mi exmarido Isandro Moreno con todo mi ser. Aunque él no era rico, me aseguré de que nunca se sintiera pequeño y mi padre también lo quería como a un hijo.
Solo para que él empezara a distanciarse y finalmente me divorciara.
Y lo peor: la tarde de ese mismo día, cuando fui a casa de mi padre a desahogarme, lo encontré muerto en el suelo de un ataque al corazón.
Dos días después llegó la demanda de una corporación desconocida, y en cuestión de meses los bienes de mi padre desaparecieron, dejándome completamente arruinada.
Solo el pensamiento de todo eso siempre me dan ganas de llorar.
—Me enteré de todo lo que te pasó —dice Camila, su voz sacándome de mis tristes pensamientos.
Sonrío intentando parecer avergonzada.
—Pero quiero que sepas que ahora todo irá bien, y siento que te hayan ocurrido todas estas desgracias —dice suavemente, acariciándome las mejillas con el pulgar—. Tú y tu padre siempre habéis sido mi única familia. Y en cuanto a ese exmarido tuyo, es su pérdida por dejar a un alma tan buena como tú.
Sus palabras derriban todos los muros que he estado manteniendo durante todos estos años, muros que me impedían derrumbarme.
Estallo en llanto, el cuerpo temblando por el dolor y toda la furia contenida.
Por primera vez en tres años tengo a alguien que realmente me entiende, alguien que está de mi lado y no me señala con el dedo acusador e insultante.
—Eso es —Camila me frota la espalda—. Sácalo todo, Vee. Te sentirás mejor.
No sé cuánto tiempo lloro, pero cuando termino, los ojos me escuecen al mirarla.
—Ahora me tienes a mí, Vee —sonríe mientras me frota los hombros intentando animarme—. Todo mi dinero es tuyo.
Suelto una pequeña risa.
—Preferiría que me ayudaras a conseguir un trabajo antes que depender de tu dinero.
Ella finge una mirada ofendida.
—Pero eso no significa que no vaya a gastar un poco —añado y ella se ríe.
Luego su rostro se arruga en un gesto pensativo por un segundo antes de mirarme.
—¿Te gustaría trabajar como secretaria o asistente en Benavidez Corp?
Benavidez Corp es la empresa más grande de toda España. Los inversores ruegan solo por invertir en ella.
Mis ojos se iluminan de interés y sorpresa.
—¿Cómo puedes conseguir eso?
—Mi novio Carlos es amigo del CEO de Benavidez Corp —dice con orgullo, radiando una sonrisa—. Hablaré con él por ti y haré que te organice una entrevista con el CEO. Aunque no te puedo garantizar el puesto.
La miro, la gratitud llenándome por completo mientras por fin me siento un poco feliz de que quizás la vida por fin me esté siendo amable de nuevo.
Llevo meses con el alquiler de la casa atrasado y he estado pensando en cómo solucionarlo. Nadie quiere contratarme cuando oye mi apellido.
—Gracias, Cam —la abrazo y ella se pone rígida, no esperándolo—. Haré todo lo posible por impresionar al CEO.
Ella me abraza de vuelta.
—Es lo mínimo que puedo hacer. Y sí, asegúrate de impresionarlo de verdad.
Esta noche me reúno por primera vez con el novio de Camila porque él pidió verme para hablar de mis cualificaciones antes de organizar una reunión con su amigo.
Han pasado semanas desde que salí del hospital y Camila y yo hemos estado reforzando mucho nuestro vínculo.
No dejo de moverme incómoda en el asiento aunque intento no hacerlo.
—Cálmate, Vee —me asegura Camila por enésima vez—. Carlos es una persona fácil de tratar y ha estado deseando conocer a mi mejor amiga desde que estábamos en Italia. No hay motivo para estar nerviosa.
Suelto un suspiro tembloroso y asiento.
Entramos por las gigantescas puertas de una lujosa mansión. Camila aparca su deportivo y nos dirigimos a la casa.
El corazón me late con fuerza ante la idea de que el novio de Camila me decepcione después de haber puesto tantas esperanzas en esto.
Los hombres de seguridad nos abren la puerta de entrada a Camila y a mí. Ella me coge de la mano y me da un apretón tranquilizador antes de conducirme al interior.
Y cuando llegamos al salón, me quedo paralizada, porque sentado y bebiendo vodka con el novio de Camila… está mi exmarido, Isandro.
~~ VIANA VERGARA ~~—Mudarte a una de mis casas. Hasta que termine el contrato.Me detengo y parpadeo como si no acabara de oírlo.Me está pidiendo que me mude a una de sus casas, y esa es una de las cosas más absurdas que me ha dicho alguien en mucho tiempo.Me quedo congelada frente a él, con la mente en blanco y los labios incapaces de moverse. Gracias a lo sorprendida que estoy.—¿Qué? —pregunto, solo para asegurarme de que lo oí correctamente.—La casa estará vacía el resto del año, y estarás más cerca del trabajo —me da más razones convincentes de por qué debería mudarme, confirmando lo que acabo de oírle decir.Sin embargo, por tentadora que sea su oferta, sé que es prudente rechazarlo.Es un hombre que se casó conmigo bajo falsas pretensiones, me ocultó del mundo, me hizo hacer la única cosa que todavía me persigue hasta hoy y luego se divorció de mí sin motivo alguno.Me rompió el corazón una vez, así que ¿qué le impediría hacerlo de nuevo?Con ese pensamiento, niego con la c
~~ ISANDRO BENAVIDEZ ~~—Llegas tarde esta noche, Viana. ¿Qué te ha retrasado tanto?El hombre de pie en el umbral de su apartamento, sus palabras, el hecho de que esté medio desnudo y la forma en que Viana le sonríe me sacan de quicio.¿Es esto otro esquema?¿Intentando ponerme celoso?Porque, ¿por qué demonios compartiría piso con un hombre?—No te enfades conmigo, Eric. Cené con una amiga. —Viana le da un toque juguetón en el brazo y él me mira.—¿Es él «el» amigo? —dirige su pregunta a Viana mientras me recorre con la mirada, como si yo no pudiera verlo hacerlo.Viana niega con la cabeza.—No, solo me dio un viaje —responde Viana al hombre que ahora sé que se llama Eric, y él me sonríe.—Gracias por llevar a mi compañera de piso. Buenas noches. —Con eso, mete a Viana en el apartamento y cierran la puerta en mis narices.Me quedo sintiendo solo desconcierto y, peor aún, me doy cuenta de que Viana no se molestó en presentarnos después de que se fueran.Mientras conduzco de vuelta a
~~ ISANDRO BENAVIDEZ ~~No me voy de inmediato después de salir del restaurante.Espero para fumar un cigarrillo… un intento de aclarar los pensamientos en mi cabeza.Es entonces cuando veo a Viana caminando hacia su coche, y noto cómo no deja de balancear las caderas de un lado a otro mientras camina.Parece que está rebosante de emoción, y me encuentro preguntándome si probablemente va a encontrarse con alguien.Eso podría ser por lo que parece tan emocionada.Resopló antes de dar una calada a mi cigarrillo.Cuando la miro de nuevo, noto que ya no está junto al coche. En cambio, camina hacia la carretera, con la cabeza gacha y los ojos fijos en la pantalla.De inmediato, deduzco que debe de tener problemas con el coche.Sin darme la oportunidad de ni siquiera pensarlo, me encuentro deshaciéndome del cigarrillo.Empiezo a caminar hacia ella y ni siquiera sé por qué estoy haciendo esto.En el momento en que la atrapo caminando distraídamente hacia la carretera, la agarro de la mano y
~~ VIANA VERGARA ~~El corazón me martillea contra las costillas y no puedo evitar apretar el bolso con tanta fuerza que los dedos empiezan a dolerme.Espero de verdad que Isandro no le diga a Camila y a Carlos que soy la mujer con la que se casó, pero dudo que lo haga ya que ambos negamos conocernos.Aun así, no confío del todo en él.Isandro puede ser espontáneo en los momentos más aleatorios, y ahora mismo estoy aterrorizada de que decida ser espontáneo y suelte la sopa.Camila se sentiría herida de que no confiara lo suficiente en ella para decirle la verdad y, peor aún, podría perder mi trabajo. Eso es algo que no puedo permitirme en este momento, considerando que llevo mucho retraso con la mayoría de mis facturas.—Estás de broma. ¿Verdad, Isandro? No te has vuelto a casar de verdad, ¿verdad? —Carlos mira a su mejor amigo con los ojos muy abiertos, pero la mirada de Isandro sigue fija únicamente en mí.No puedo evitar cruzar la mirada con él. Anhelo apartar los ojos, pero no con


















Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.