LOGINMe quedé sola con el diario en las manos.Lo abrí lentamente, con cuidado, como si pudiera romperse. La primera página tenía una fecha escrita con una letra pulcra, que era idéntica a la que poseía actualmente. Sentí una presión en mi corazón. Mis recuerdos no estaban, pero conservaba mi esencia.Leí en mi mente.“Querido diario:Hoy cumplí siete años. No hubo pastel, ni regalos. Pero Elliot me dio una piedra que encontró en el jardín del orfanato. Dijo que era una piedra mágica. Que si la sostenía fuerte y pedía un deseo, se cumpliría.Pedí una familia. Pero no cualquier familia. Ya a mi corta edad sabía que las personas buscaban adoptar bebés. Solo me quedaba crecer e irme. Pero no quería irme sola. Quería que fuera con Elliot. Así que eso fue lo que pedí, que Elliot y yo estuviéramos juntos siempre. Incluso de grandes. Quería que él fuera mi familia.”Éramos huérfanos, los dos. Y pese a enterarme de ese hecho, no pude evitar sonreír. Porque incluso cuando ambos éramos unos críos
••Narra Bianca•• Vienna me estaba evitando y me estaba ignorando, y no pude evitar sentirme como el peor ser humano del mundo. Ella esperaba mi apoyo en esa mesa y yo no se lo ofrecí, me enfrasqué en mis propios traumas que no miré las preocupaciones de la mujer que me había dado la mano cuando más lo necesitaba. Y todo para terminar decidiendo no querer saber nada de ese evento traumático que tanto Mónica sabía sobre mí. Lo que sentí en ese sueño… en ese recuerdo, me revolvió el estómago. El miedo aun perduraba, las imágenes estaban grabadas en mi mente, las sensaciones saturaban mi piel. Siempre quise descubrir cómo llegué a olvidar mi vida, pero ahora más que nunca, estaba segura de querer borrar esa parte de mi pasado. No quería saber lo que me ocurrió antes no después de intentar huir de ese sótano. Mis ojos se desviaron a la puerta de mi habitación en el momento en que esta se abrió lentamente. Elliot estaba ahí, con su impecable traje negro y su cabello peinado hacía
••Narra Maximilian•• La puerta se cerró detrás de Vienna con un golpe que resonó en todo el comedor. Me quedé de pie, con los brazos a los costados y el corazón latiéndome con fuerza. Las palabras que me había gritado aún flotaban en el aire, cargadas de rabia, de dolor, de miedo. "Mi opinión no cuenta. Mis miedos no importan. Solo importa lo que tú quieras". Y lo peor era que, en parte, tenía razón. No la había escuchado. No de verdad. Había dejado que su miedo me pareciera irracional, que su preocupación me pareciera una traba. Había decidido seguir adelante con mi plan sin importarme lo que ella sintiera, sin importarme que temiera por mi vida. Le había prometido que la tomaría en cuenta, la había convencido de asistir a la reunión. Eso me dejé llevar por el plan que he estado maquinando desde ayer, porque necesitaba desesperadamente deshacerme de mis padres adoptivos. —Maximilian, ¿estás bien? —Elliot me sacó de mi burbuja de pensamientos. —No —admití, pasando una mano po
El comedor estaba en silencio cuando llegamos. Elliot y Bianca ya estaban sentados, con tazas de café humeantes frente a ellos. Al vernos, Bianca sonrió débilmente, y Elliot asintió con la cabeza. Simplemente pasé al lado de ambos, tomando asiento en el lado contrario de la mesa. Mantuve mi expresión fría. Un semblante serio. No tenían la obligación de estar de acuerdo conmigo, ya lo sé. Pero no podía evitar sentirme traicionada. Siempre he intentado poner los sentimientos de las personas en un lugar seguro. Lo hice el día de mi boda, al percatar la incomodidad de Bianca con Alessya. La entendí, hablé con ella, la consolé y acepté recibirla en nuestro pethouse durante nuestra luna de miel. Veces dormía en su cama para no dejarla sola. Entendía que estaba pasando un momento tan, pero tan difícil. Sin embargo, como mujer, siempre la apoyé. Y esperaba que ella hiciera lo mismo, porque lo que sentía hacía Mónica, era muy parecido a lo que ella sintió con Alessya. Tenía la inseg
••Narra Vienna•• La reunión estaba programada para las ocho de la mañana en el comedor principal. Reunión destinada al extremadamente fabuloso plan de mi esposo para usar a Mónica en nuestro beneficio. O mejor dicho, su beneficio. Es más, yo no creía que hubiera beneficio alguno, porque esa mujer nos traicionaría. No entendía como Maximilian podía confiar en alguien que ya lo traicionó en el pasado. Yo no pensaba asistir. Me quedé en la habitación, sentada en la cama, con el bastón a un lado y la mirada perdida en la ventana. Había pasado la noche en vela, dándole vueltas a todo. A Mónica. A Pietro. A Maximilian. A la forma en que me había tratado la noche anterior, como si mi opinión no importara, como si mis sentimientos fueran un inconveniente. Y él… no se apareció en toda la noche. Me estaba evitando. Me evitaba y al mismo tiempo me mandaba a llamar con una sirvienta para asistir a la dichosa reunión. No iba a sentarme a la mesa con ellos y fingir que todo estaba bien.
••Narra Elliot•• Estacioné frente a la verja de la mansión King. Ya sabía que Pietro no estaba, pero no lo buscaba a él. La buscaba a ella. Si era cierto lo que me contó Bianca, la mujer de la que hablaba debía ser Genoveva. Pensé que esto era obra de Pietro, que su esposa no habría tenido nada que ver. Pero resultaba que era cómplice. Cuando Maximilian me había dicho que Genoveva debía pagar como Pietro, no estaba al tanto de sus razones ni de la clase de mujer que era. Pero ya no me quedaba ninguna duda. Esa mujer debía caer. El exterior de la mansión era el paraíso del grafiti. Había insultos escritos en el gran paredón, dibujos obscenos y un olor nauseabundo impregnaba el aire. El piso era un recorrido de basura. Carne podrida, huevos reventados, leche cortada, condones usados, orina. Arrugué la frente ante tal asqueroso lugar. No entendía como Pietro dejó convertir este lugar en un chiquero. ¿Cómo no había mandado a limpiar este mugrero? Mis pensamientos se murier







