Teilen

C5: Orgullo bajo el diluvio

last update Veröffentlichungsdatum: 28.07.2026 06:41:45

El agua me empapó de pies a cabeza, el frío filtrándose en mis huesos.

Me quedé paralizada, incrédula.

Al levantar la vista, la vi.

Sus ojos azules clavados en mí con rabia, como si quisiera matarme.

—¡Sabía que estabas tramando algo, maldita traidora! —exclamó Genoveva, aún con la cubeta entre sus manos—. ¡No permitiremos que te salgas con la tuya!

Me aparté los mechones mojados del rostro, tratando de procesar lo que ocurría.

Esa desquiciada mujer…. ¡Me arrojó una cubeta de agua helada encima!

—¿Qué rayos cree que hace? —grité, estremeciéndome ante el frío del aire acondicionado combinando con el agua.

—Así se refresca a las perras que se creen más de lo que son —Arrojó el balde, cayendo a mi lado con un sonido estridente—. Sospechaba que tramabas algo, por eso te mandé a seguir al hospital. ¡Y te vi, desgraciada! ¡Vi como esperaste que nuestro chófer se marchara para escaparte en un taxi e ir a un club! ¿Qué hacías ahí? ¿Te andas vendiendo para pagar tu cirugía? ¿Quienes son los degenerados que se fijarían en una mujer como tú?

Apreté los dientes, incapaz de responder.

Me habían descubierto.

Por primera vez desde que estoy en esta mansión, se me ocurre escaparme y soy atrapada.

La sal es mi compañera de vida, al parecer.

—No me falte el respeto. Yo jamás vendería mi cuerpo y que lo sugiera habla más de usted misma que de mí —hablé con convicción, ignorando el hecho de que mis dientes castañeaban. Un movimiento involuntario por el frío—. Por ahí dicen que el ladrón juzga por su condición.

Esta vez, cuando levantó la mano para abofetearme, estaba preparada. Detuve su mano en el aire. Se apartó, con una horrible mueca.

—¡Eres una descarada! Entonces, ¿lo vas a negar? ¿Qué hacías ahí?

Apreté los labios en una línea fina, sin decir una palabra.

Era mejor que creyera que le estaba siendo infiel a Theodore. Si descubría que fui con un abogado de divorcio, las cosas empeorarían. Y más por mí encuentro con Maximilian.

—¡No finjas inocencia, Vienna! Aunque dudo que te estés vendiendo. Nadie pagaría por una muñeca rota. Seguro tuviste que pagarle a alguien para que se acostara contigo —Intervino Theodore, el cual apenas me estaba percatando de su presencia. Ahora que me fijaba en mi alrededor, todos estaban ahí. Incluso Pietro y Amelia. ¿Qué clase de intervención era esta?—. ¿Es tu forma de vengarte? ¿Tanto te dolió que prefiera a Amelia antes que a ti? Escucha muy bien, no dejaré que te burles de mí de esa forma, ni que me conviertas en el hazmerreír de nuestro círculo al acostarte con otro hombre.

—¿Y tú si puedes burlarte de mí follándote a tu secretaria? ¡Eres un cínico!

—¡No es lo mismo! —gritó, enfurecido como nunca lo había visto.

Su mandíbula estaba apretada, sus ojos negros me miraban con un odio que me atravesaba.

¿Cómo podía ser tan injusto, tan cruel?

Tuvo sexo con esa mujer en nuestra cama, se ha pasado todo nuestro matrimonio humillándome, tratándome como si fuera una molestia que esa bala haya atravesado mi columna y no me haya matado. No soportaba recordar aquel momento donde me usó como escudo. Apenas esos delincuentes abrieron fuego, él me atrajo hacía su cuerpo, usándome para cubrirse del tiroteo. ¡Por él perdí la movilidad de mis piernas! ¡Por él he estado confinada a esta silla de ruedas! ¡Y lo peor fueron los noticieros, diciendo que me sacrifiqué por él, que lo protegí como una buena esposa!

¡Lo odio! ¡Lo odio con mi alma! ¡Me lo arrebató todo! Y no tuve más opción que quedarme bajo las amenazas de mi padre, el yugo de Pietro y el estúpido contrato que firmé cuando solo tenía veinte años. Y traté de soportarlo, de poner todas mis esperanzas en mi recuperación, aguantando en silencio los malos tratos.

¡Pero ya no podía más! ¡Los odiaba a todos! ¡A Theodore, Pietro, Amelia y a ese infeliz de Theodore!

—¡Es exactamente lo mismo! —grité desde el fondo de mi garganta—. ¡Y no me interesa, haré lo que yo quiera y con quién quiera! ¡Ya perdí mucho con este asqueroso matrimonio! ¡Eres un maldito infeliz!

Tiró de mi cabello con fuerza, arrancándome de la silla de ruedas. Mi cadera chocó contra el suelo. Fue un golpe fuerte. No pude sentirlo, pero el estrepitoso sonido fue suficiente para saber que me pasaría factura.

—No tendré a una mujer tan asquerosa en mi propiedad —rugió Theodore, tirando de mi cabello con fuerza. Podía sentir el dolor en mi cuero cabelludo mientras me arrastraba por el suelo, en presencia de todos.

Nadie hacía nada pese a mis gritos, ni siquiera los sirvientes.

Sin más, me sacó al jardín trasero, el que estaba cerrado con grandes muros. El césped me hormigueaba en los brazos.

Se agachó, quedando a mi altura.

—Hasta que no prometas comportarte como una buena esposa, no te dejaré pasar —habló con convicción, una sonrisa siniestra dibujándose en sus labios.

—Prefiero morir en este jardín antes de ser una buena esposa para ti —hablé con firmeza.

Su mirada se oscureció, bajando por mi cuerpo antes de volver a mi rostro.

—Entonces, te quedarás aquí mientras yo viajo a París con Amelia para ver el debut de los Nuevos Ángeles de Verónica Secret.

Se alejó, acompañado de Amelia. Incluso mis suegros hicieron la vista gorda, yendo a otros lugares de la mansión.

Miré a los empleados con la esperanza de que me ayudarán a levantar del suelo o al menos me acercaran la silla que estaba en el salón principal. Pero no… Me ignoraban, ni siquiera me miraban por la ventana.

¿En verdad me dejarían en el jardín, tirada?

Me mordí el labio inferior, tragándome mi dolor. No les iba a suplicar, mucho menos a complacer a Theodore. Prefería pudrirme aquí, en el césped antes que pedirle algo a esa familia que me ha humillado durante dos años.

El tiempo pasaba y nadie venía. Truenos comenzaron a sonar en el cielo, las nubes espesas y negras moviéndose rápidamente. Y como era de esperarse, la lluvia cayó sobre mí, fuerte, sin contemplación.

—¿Te estás burlando de mí, universo? ¿No ves que ya estoy empapada? —grité, mirando al cielo, siendo consciente que el cruel diluvio no permitía escuchar mi propia voz.

Pensé que se apiadarían de mí por la tormenta que caía sobre mi cabeza, pero no. Nadie salió. Estaba sola.

Me encontré a mí misma arrastrándome en el suelo, el lodo cubriendo mi vestido, enterrándose en mis uñas al agarrarme de la maleza para empujarme hacía adelante.

Con el cuerpo temblando, adolorido y sucio, llegué al cobertizo. El frío carcomía mis huesos, pero por fin pude respirar sin sentir que la lluvia me ahogaba.

Había perdido la cuenta del tiempo que había pasado en este lugar. Solo sabía que mi estómago gruñía por comida y que la parte superior de mi cuerpo temblaba como un desgraciado. En algún punto, anocheció y yo seguía en el suelo del cobertizo, buscando calidez desesperadamente.

No pude evitar pensar en Maximilian, en como él me había levantado del suelo al instante, como me había llevado a su habitación; un lugar seguro, cómodo y cálido.

«Él no me hubiera dejado aquí». Odié ese pensamiento, odié pensar en él. Pero sobre todo, odié que fuera verdad.

Mis ojos se fueron cerrando por si solos, hasta que se fundieron en la oscuridad.

_________________

Gritos, sonidos quebradizos, golpes.

Abrí los ojos al instante, sintiendo que el mundo se tambaleaba.

En el exterior del cobertizo, parecía existir un caos. Vidrios rompiéndose, puertas cerrándose con violencia, la voz de Genoveva llamando con preocupación.

¿Qué ocurría?

Mi cuerpo no poseía la fuerza para arrastrarme fuera del cobertizo. Si la mansión se estaba incendiando o algo por el estilo, temo que moriré, ya que nadie vendrá a buscarme y no poseía la fuerza para salir.

Dejé que mi cabeza descansará sobre la madera, luchando por mantener los ojos abiertos. Mi campo de visión se fue reduciendo justo cuando la puerta fue abierta con un golpe seco.

Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C180: Placer

    Mi zona íntima palpitaba desesperadamente, siendo consciente de que necesitaba la atención que no me estaba dando. Maximilian me miraba con una sonrisa. Debería estar molesta con él, debería querer ahorcarlo por negarme un orgasmo. Sin embargo, esto solo causaba que mi humedad creciera entre mis piernas. Esta parte exigente, dominante, me calentaba sangre. Se arrodilló ante mí, pasando su pulgar por un hilo de su semen que había quedado en la comisura de mis labios. Lo llevó hasta mis labios y por inercia, abrí la boca, permitiéndome saborearlo. Su sonrisa perversa y complacida no abandonaba su rostro. —¿Te gustó tu castigo, pequeña? —No —Mentí, forzando a morir a las mariposas que habían bajado a mi vientre. —Tal vez así comprendas que no puedes usar ropa interior ante ningún hombre que no sea yo. Mucho menos dejar que te fotografíen de esa manera. En el futuro, cuando seas una modelo exitosa, solo tomarás trabajos para representar casas de alta costuras, marcas sofisticadas,

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C179: Castigo

    Lo obedecí. Acarició mi cabello con una de sus manos, viéndome desde su posición, admirando la forma en la que estaba ante él, de rodillas, con su pene erecto tan cerca de su cara. Tragué saliva, observando su erección. La colocó sobre mis labios, pero no me ordenó abrir la boca. Masajeó su falo perezosamente, disfrutando de la vista. —Tócate para mí —ordenó con un ronroneo. El calor cubrió mi piel, concentrándose en mi núcleo.. No necesitó decirlo dos veces. Separé mis rodillas un poco, bajando la mano por mi vientre hasta encontrar la humedad de mi vulva, pasando los dedos por los labios mayores. Al separarlos, no lo dudé. Ataqué mi clítoris, dando círculos suaves al principio, después ejerciendo más presión, en busca de más fricción. Mis caderas comenzaron a moverse por si sola, pero mis dedos no eran suficientes. Quería los suyos. La mano de Maximilian se movió más rápido sobre su pene, tan excitado como yo. Ambos necesitábamos más, pero él no lo permitiría, porque este

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C178: De rodillas

    —¿Qué? —pregunté, desafiante, notando que pese a que la discusión había terminado, el comportamiento de Maximilian me hacía erizar el vello del cuerpo. Seguía mirándome con la mandíbula apretada. Y eso en idioma Maximilian significaba: Peligro. —¿Qué? —Ladeó la cabeza, mirándome fijamente—. ¿Crees que puedes contratar a un desconocido para que te tome fotos en ropa interior, provocarlo, y luego simplemente... seguir con tu día?Enarqué una ceja, impactada. —No lo provoqué. Solo posé.—Con esas curvas, esas tetas, esa piel, esos ojos. ¿Y crees que ese hombre no se imaginó cosas? —Dio un paso al frente y casi quise retroceder, pero mi mano no encontró mi bastón. Y aún no tenía la confianza para arriesgarme a caminar hacía atrás sin apoyo. —Maximilian...—No —Me interrumpió. Antes de que siquiera pudiera procesar lo que ocurría, su mano bajó hasta perderse detrás de mí y... ¡Plam! Me dio una nalgada. ¡Una sonora y gran palmada! Sus cinco dedos debieron quedar marcados en mi piel—. V

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C177: Hombre posesivo

    El vello del cuerpo se me erizó al escuchar aquella voz. Maximilian.Giré mi cuello hasta que lo vi. Estaba de pie en el borde de la piscina, con el rostro oscurecido por la furia, los puños apretados a los costados. Sus ojos azules iban del fotógrafo a mí, y luego a la cámara, y luego a mis piernas descubiertas.Tal vez se veía peor de lo que era. Si al menos tuviera traje de baño, su reacción no sería tan mala, ¿verdad? —Maximilian —dije, incorporándome—. No es lo que parece.—¿Qué es lo que parece? —preguntó, avanzando hacia nosotros con pasos lentos y decididos—. Porque a mí me parece que estás posando en ropa interior para un hombre que no soy yo.—Es un fotógrafo. Lo contraté para unas fotos.—¿Lo contrataste? —habló con la mandíbula apretada. Su voz era peligrosa—. ¿Con qué dinero?—Con la tarjeta que me diste.—¿La tarjeta que te di para lo que necesitaras? —preguntó, con una calma que helaba la sangre—. ¿Y lo que necesitabas era contratar a un desconocido para que te tomara

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C176: Desnudo

    Veinte minutos después, el fotógrafo llegó. Era un hombre joven, de unos treinta años, con el cabello despeinado y una sonrisa que pretendía ser encantadora. Llevaba un maletín de buen tamaño en una de sus manos. —Señora King —dijo, estrechando mi mano—. Es un honor. He visto algunas de sus fotos antiguas. Eran… impresionantes.Tensó los labios rápidamente, dándose cuenta del incómodo halago.Mi pasado me perseguirá por siempre. Ese atentado y los dos años que pasé en silla de ruedas formaban parte de mi vida, así que debía acostumbrarme a esta clase de situaciones. —Gracias. Necesito fotos para una campaña de ropa interior. Pensé hacerlo en la piscina techada que tenemos en lugar de una cama, ya que seguro la mayoría lo hará de esa forma. Quiero que sea diferente, que no me olviden. —Perfecto. Tengo justo lo que necesita.Fuimos a la piscina. Me quité la bata que cubría mi cuerpo, dejando a la vista mi traje de baño. —Ah… disculpe. ¿Usted no ha dicho qué era una campaña de ropa

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C175: ¿Qué podría salir mal?

    ••Narra Vienna•• La idea me llegó mientras navegaba en internet. Era como si la oportunidad me estuviera golpeando en la cara. Maximilian estaba en una reunión, Bianca estaba leyendo en el sofá, y yo mataba el tiempo en mi tableta cuando vi el anuncio: “Buscamos modelo para campaña de ropa interior. No se requiere experiencia. Solo fotos. Envía tu portafolio.” Mi corazón dio un vuelco. No era la pasarela. No era Vittoli. Pero era un paso. Un pequeño paso hacia la normalidad. Hacia recuperar algo de lo que era antes. —Bianca —grité pese a que estábamos en el mismo mueble en forma de L. Las manos me temblaban mientras levantaba el celular—. Ven a ver esto. Bianca se sobresaltó por mi grito, pero no me dijo nada al respecto. Era una mujer muy calmada. Dejó su libro en la mesita de centro y se acercó. Leyó el anuncio. Lo supe por la manera en que sus cejas se levantaron. —¿Estás segura de esto? —Por supuesto —Sonreí, mostrando todos los dientes—. Es solo por fotos. No

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status