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C92: Culpa del pasado

last update publish date: 2026-08-26 08:45:33

Las lágrimas no dejaban de caer. Por más que intentara contenerlas, por más que me limpiara el rostro con el dorso de la mano, seguían brotando como un río desbordado.

De pronto, Maximilian me tomó entre sus brazos, abrazándome, fundiéndome en su calor. Mi rostro hundiéndose en el hueco entre su hombro y cuello. Mis lágrimas mojaban la tela, pero a él poco parecía importarle.

Su agarre era tan reconfortante que me sentí culpable por ello, por sentir consuelo con él. Mi corazón era tan débil
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    ••Narra Maximilian••¡Esa perra loca no tenía nada mejor que hacer que dañarme el día! Todo había comenzado tan bien. Estaba avanzando con Vienna. Me estaba ganando su cariño, su confianza, su corazón. Estábamos volviendo a ser quienes éramos en el pasado. Y una vez que llegáramos a ese punto, la consumiría. Perdimos dos años de estar juntos y estaba más que ansioso de recuperarlo, dentro y fuera de la cama. El ascensor se detuvo, abriendo sus puertas. Mis dedos se tensaron a los costados, mis nudillos debían estar blanquecinos por la presión ejercida. Sabía que Mónica estaba allí, en el lobby, haciendo una escena que podría poner en riesgo todo lo que había construido. Pero no era eso lo que me preocupaba. Era que Vienna estaba muy cerca. La había visto por las cámaras de seguridad. Llegué al lobby, observando como los empleados se reunían ante la alborotadora de Mónica, quién discutía con un guardia de seguridad. Su cabello rubio estaba perfectamente peinado, su vestido ajustad

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    Un ruido me despertó. Parpadeé en la oscuridad, tratando de ubicarme. Las sábanas eran suaves, la habitación enorme, y el olor a bergamota me envolvió por completo. El penthouse. Estaba en la habitación de Maximilian. Abrí los ojos con pesadez, sintiendo el sueño en mis párpados. Me incorporé con cuidado, sentándome en la cama. La habitación estaba a oscuras, las luces apagadas, la cortina corrida. Sin embargo, ya había amanecido. Podía notar las motas de luz que se reflejaban en el suelo. Maximilian salió del vestidor. Apenas pude ver su traje azul oscuro y su cabello negro peinado hacía atrás antes de que cerrara la puerta y ambos nos fundiéramos en la oscuridad. ¿Por qué no encendía la luz? —¿A dónde vas? —pregunté, mi voz ronca por el sueño. Tomé el panel de control, encendiendo la luz de la habitación. Maximilian se giró, sorprendido. Una sonrisa se formó en sus labios cuando me vio. Un cosquilleo recorrió mi cuerpo. Era tan raro volver a verlo sonreír. Pensé que

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