INICIAR SESIÓN—Comencé a explicar el proyecto, que consistía en la reforma de uno de los edificios más grandes que poseían. Le mostré cómo funcionaba el plan original, que contenía los cambios que ellos habían solicitado, y luego uno nuevo, con las modificaciones que a mí me parecían mejorar el diseño. Pasé una hora mostrando todas las diferencias hasta que terminé.
Aplaudió, impresionado por mi trabajo. Era solo una pasante de arquitectura; no me correspondía hacer este tipo de proyectos, pero él había quedado fascinado con mis ideas.
—Impresionarme nunca ha sido fácil. De hecho, eres la primera que lo logra. Ahora puedo entender por qué mi sobrino te escogió: necesitaba tu talento.
—Sus palabras calaron profundo en mi pecho, pero no lo demostré. Comencé a desconectar mi computador para salir lo más rápido posible de la sala.
—¿Quién te dio la orden de desconectar todo? ¿Qué tal si aún tengo preguntas?
—Me quedé paralizada, sin mover un músculo. Eso lo hizo sentir orgulloso.
—Te daré un par de consejos básicos. Primero, debes observar fijamente al cliente, que en este caso soy yo. Segundo, no des por hecho que ganaste cuando no has firmado el acuerdo.
—Maldita sea… había cometido dos errores que me podían costar un cliente. Tomé aire y lo miré a los ojos, armada de valor. Se notaba que disfrutaba la situación: debajo de esa apariencia arrogante había satisfacción. —Disculpe, señor, no volverá a ocurrir. ¿Desea realizar la reforma inicial o la que yo he diseñado?
—Quiero que lleven a cabo tu reforma, pero tendrás que trabajar en cada detalle. Si algo sale mal, tú serás la responsable. Como bien sabes, despedí a mi secretaria y deseo que asumas el puesto. Obvio, solo si estás capacitada para hacer ambos trabajos, porque no me agrada la gente incompetente.
—Estaba impresionada. ¿Quiere que yo sea su secretaria?
—Sí. Me encantaría verte temblar cada vez que te hable.
—Me sonrojé como un tomate.
—Eso no es motivo suficiente.
—Debería motivarte saber que yo puedo decidir no aprobar tus pasantías en cualquier momento, Ross.
—Iba a reclamarle por esa afirmación cuando se abrió la puerta.
….
Mi amor, te estaba buscando. —Me acerqué y besé a mi esposa—, te he traído este postre. Quería decirte que esta noche mi madre tiene ganas de cenar algo mediterráneo.
···
—Me enojé de sobremanera cuando mi sobrino se acercó a Ross; mis dedos quedaron marcados en la silla. —¡Estamos en una empresa, no en el salón de tu casa, Theo! Si mal no recuerdo, la señora Rossanne está en horario de trabajo. No puedes interrumpir una reunión y menos para decirle lo que quiere cenar tu madre. ¡Espero que esta sea la última vez que la vea en la empresa, a menos que venga a trabajar!
—Tío, relájate. Solo vine a visitar a mi esposa. Además, recuerda que a ella también le corresponde algo de esto.
—¿De esto? No te equivoques, Theo. Esta es mi empresa. Si quieres heredar algo, asegúrate de haberlo construido y trabajado. ¡Ahora largo! Señorita Rossanne, tiene treinta minutos para imprimir y llevar a mi oficina los trescientos contratos pendientes de esta semana. Eso sí, si no quiere terminar de patitas en la calle… Aunque, pensándolo bien, tendría más tiempo para supervisar que su suegra cene lo que desee.
Tuve que salir de la sala de juntas antes de perder el control y alejar a mi sobrino de Ross. Entré a mi oficina y me serví un trago mientras observaba a las personas caminar desde el vidrio de mi despacho. Amaba esta oficina; la fachada de vidrio templado permitía ver toda la ciudad, y tenía excelente ubicación. Traté de pensar en otra cosa, pero aún veía la imagen de Theo tocando a Ross. Estaba enojado conmigo mismo por sentirme así.
—Sentía una vergüenza inmensa. ¿Cómo se le ocurre a mi esposo interrumpir una reunión en la sala de juntas? Gracias a Dios había terminado la presentación y el señor Damien se había calmado; de lo contrario, ya estaría yo de patitas en la calle. —Theo, no debiste entrar a la sala de juntas. Estoy cansada de decirte que este es mi trabajo. No importa que la empresa pertenezca a tu familia: ¡yo aquí soy una empleada más! Me estoy esforzando para aprobar mis pasantías con las mejores calificaciones, y si quiero obtener una carta de recomendación de la mejor empresa del país, no puedo fallar.
—Rossanne, no es para tanto. Mi tío es un amargado, pero no te despedirá. Y si eso pasa, yo hablaré con el abuelo.
—Estás equivocado, Theo. No quiero aprobar solo porque le agrado a tu abuelo. Otra cosa que no entiendo es por qué vienes a decirme lo que desea tu madre de comer. Estoy cansada de repetirte que eso es asunto de la cocinera. No voy a dejar de trabajar para supervisar que se haga lo que ella desea. Otra cosa, ¿cuándo nos vamos a mudar? ¡Estoy cansada de comer lo que otros deciden!
—Sabes que no puedo dejar a mi madre sola. Además, no necesitamos otra casa; en la de mis padres estamos bien. Así que olvídate de esa idea absurda. No pienso mudarme a un departamento solo para hacer cosas que no deseo. Hasta donde sé, no ganamos suficiente para tener personal, y no voy a renunciar a mi estatus social por un capricho tuyo. Tienes razón: fue mala idea haber venido aquí. Mejor me voy al club con mi madre.
—¡Deberías comenzar a buscar empleo, Theo! Esa sería una buena idea.
—Ja, ja, ja. Yo no tengo necesidad de buscar empleo. Estoy feliz siendo heredero. Rossanne, te he dicho un millón de veces que dejes la empresa y nos dediquemos a viajar, pero tú te empeñas en vivir como pobre. Es tu asunto; a mí no me arrastrarás a hacer algo que no deseo. ¡Adiós!
Cinco años después...—¡Papá, Diana hizo trampa!—¡No hice trampa! ¡Tú perdiste!Sonreí al escuchar los gritos de mis hijos desde el jardín mientras terminaba de acomodarme la corbata frente al espejo.La puerta de la habitación se abrió y mis ojos fueron directo a ella.Rossanne.Después de tantos años seguía provocándome exactamente lo mismo, ese maldito nudo en el pecho, esas ganas absurdas de besarla pero sobre todo, ese miedo constante de perderla.Mi mujer caminó hasta mí usando ese vestido negro que se pegaba a su cuerpo y juro por Dios que todavía no entendía cómo podía volverme tan loco con solo existir.—¿Por qué me observas así?—Porque sigues siendo mi mayor debilidad.Ella sonrió y acomodó mi cuello.—Y tú sigues siendo intenso.—Contigo no sé ser de otra forma.Sus manos bajaron lentamente por mi pecho y terminé atrapándola por la cintura.—Damien, los niños están abajo.—Y yo llevo diez minutos aguantándome las ganas de besarte.—Mentiroso.—Está bien, llevo toda la vid
Presente.—Voy a tomar una foto de la prueba y se la enviaré para que no queden dudas.No me gustó nada saber que mi mujer haría eso.—Damien, él se fue con la duda y antes de que esto se pueda hacer más grande es mejor cortarlo. Si recibe la prueba nunca más pensará en eso, pero si no, puede aparecer a crear un problema en cualquier momento. Esto no lo hago por los adultos sino por mis hijos, que no tienen la necesidad de enterarse que una vez estuvo en entredicho su origen biológico.Joder, esto me molestaba, pero Ross tenía razón. No me perdonaría que el día de mañana ese hombre apareciera a reclamar algo y mis hijos se enteraran de todo lo que pasó, así que asentí con la cabeza.Tomó la foto y la envió.A los dos minutos recibió la respuesta.—Me alegra mucho saber que te tomaste el tiempo para aclarar la duda más grande que he tenido en mi vida, aunque no negaré que esta noticia me entristece porque tener una hija contigo significaba tenerlo todo. Pero me retiro de tu camino y no
El día que nació Diana fue uno de los más felices de mi vida. Mi pequeña princesa era igual a Ross de hermosa, ese rostro esculpido por los dioses, esa hermosa piel y su cabello rubio como el sol. Eran sin duda la prueba de que esa niña robaría muchas miradas cuando estuviera grande. Hoy me sentía como el hombre más afortunado del mundo porque había recuperado a mi familia y pensaba conservarla por el resto de mis días.Pero la felicidad se esfumó cuando mi esposa mencionó un tema que yo creí olvidado.—Creo que es hora de realizar la prueba.Nunca pensé que mi marido me observaría con tanto odio.—Pensé que ese tema había quedado atrás.—Damien, nada ganamos con negarlo.—No hay nada que negar ni mucho menos descubrir. Diana es mi hija y lo será siempre, ¿quedó claro? El único padre que conocerá seré yo y su apellido será Clark. Te lo dejaré pasar porque estás recién dada a luz, pero que sea la última vez que tú mencionas eso porque soy muy capaz de tomar a mis hijos e irme lejos. No
Desde ese día todo cambió porque no le di tiempo para pensar a Ross. Le hice el amor más veces que en todo el año anterior que llevábamos de casados y es que con su embarazo mi sed desmedida por su cuerpo y el tiempo que estábamos juntos bastaba. No había día donde no la tomara en la casa, en la oficina, en el baño y es que hasta en el ascensor de la empresa lo había hecho.Lo más increíble de todo es que nunca más volvimos a tener sexo rosa porque yo devoraba a mi mujer de modo salvaje, dejando su cuerpo adolorido y marcado, justo como amaba verla. Y ella por supuesto que no se había quedado atrás porque sus hormonas estaban locas y me había hecho detener el auto varias veces en la carretera para montarme y ya no había rastro de esa Ross tierna y dulce porque, contrario a antes, ahora ella era la que tomaba el mando. Me había amarrado, mordido, pegado, en fin, habíamos superado cualquier barrera o tabú que tuvimos en el pasado.Y yo por supuesto no podía estar más feliz con eso. La h
Estaba soñando que le hacía el amor a mi mujer, así que desperté agitado y con ella en mis brazos. Sonreí porque la abstinencia me tenía loco, era la primera vez en la vida que pasaba tanto tiempo sin sexo. Decidí que esto se acabaría hoy, así que aparté su cabello para besar su cuello. Minutos después el cuerpo de mi mujer comenzó a responder y deslicé mis manos por él. Ross se retorcía como un gato y emitía pequeños suspiros, deslicé mis dedos por el medio de sus piernas y gimió.Ese fue el punto de no retorno para mí, bajé lentamente por su cuerpo hasta llegar a su centro y lo devoré. Aquí no hay romance ni nada por el estilo, sino ansias de follarla, de mostrarle que ella es suficiente para mí, pero sobre todo que la necesito. Sus manos se aferraban a la cama y yo disfrutaba de tenerla así. De un momento a otro sus manos llegaron a mi cabello, se frotó descaradamente contra mi boca y estalló.—Damien.Joder tenía tanto tiempo sin escuchar mi nombre en sus labios, la devoré con más
Desde ese día mi mujer decayó. Rossanne solo quería dormir, sin bañarse, ni siquiera hablar, y yo no hacía más que estar pendiente de ella. Pasaba mucho tiempo abrazándola y diciéndole que todo pasaría, que no había nada de qué preocuparse, que ese era nuestro hijo. Pero no conseguía ningún resultado porque ella estaba negada a aceptarlo al bebé y a mi.Dos meses fue lo que soporté, porque la levanté a la fuerza, la duché y la obligué a salir de casa. Estaba cansado de darle la comida en la boca, y no porque fuera una carga, sino porque eso le hacía daño a ambos, así que la llevé al hospital. Cuando la doctora la vio se preocupó porque su estado era alarmante, sus ojos se veían hundidos, había bajado de peso y en general estaba demacrada. Pero nunca me sentí tan aterrado como cuando ella mencionó un posible aborto, así que le pedí que la chequeara a fondo y que la dejara internada si era necesario.Después de hacerle la ecografía descubrimos que tendríamos una hija y eso me llenó de e







