FAZER LOGINEstaba muy molesta. No podía entender por qué Teo actuaba de esa manera. Se suponía que teníamos planes, proyectos que realizar… Él no era así cuando lo conocí, o al menos no lo mostró hasta que estuvimos casados.
Cuando estábamos en la universidad y comenzamos a salir, no hacía más que hablar de todos los planes que tenía para el futuro: lo que quería estudiar, todo lo que deseaba obtener en esta vida. Fue esa la razón por la que entablé una relación con él: nuestros proyectos eran muy similares.
La empresa de su familia se encarga de adquirir inmuebles y locales, remodelarlos y colocarlos en el mercado. Es un negocio muy rentable, la empresa más prestigiosa de todo el país.
No puedo entender cómo no aprovecha la oportunidad que esto le ofrece. Mientras yo me parto el lomo trabajando, él está en el club junto a su madre, gastando el dinero que le proporcionan solo por ser “hijo de su madre”. Parece otra persona. Ya no tiene aspiraciones ni futuro. Esta situación me está cansando.
Otra cosa que él prometió fue que nos mudaríamos seis meses después del matrimonio, para ahorrar lo más posible y poder comprar un departamento. Pero ahora me sale con excusas baratas: que no puede dejar a su madre, que en su casa estamos mejor, que no hay necesidad de mudarnos.
Con el tiempo, también sus exigencias han aumentado. Estoy harta de que sea la marioneta de su madre. Si ella desea comer sushi, eso es lo que hay que comer. Si dice “quiere lasaña”, eso es lo que hay que comer. Ninguno de nosotros tiene voz ni voto en esas decisiones.
Tampoco es justo que ella me mande todos los días a decir qué quiere comer, para que yo supervise a las cocineras. Se supone que esa señora sabe lo que hay que hacer. ¿Por qué no se lo dice directamente? Creo que es una forma de mostrar su poder sobre mí o sobre su hijo. Antes, al menos lo disimulaba y solo lo insinuaba frente a mí, y yo corría a complacerlo. Pero hoy superaron todos los límites: ¿cómo es posible que Theo haya venido a mi trabajo, interrumpiendo una reunión, solo para decirme lo que su madre deseaba comer? Sé muy bien que lo del postre fue una simple excusa para darme una orden dictada por su madre.
Estaba furiosa. Tomé todas las carpetas y comencé a sacar las copias. Pensé que Teo vendría a hablar conmigo, pero no: se marchó sin mirar atrás. Eso me dolió profundamente, y tuve que limpiar una lágrima que se escapó de mi ojo. Dejé de pensar en eso para concentrarme en mi trabajo: el señor Damien no era alguien a quien le gustara esperar.
Por esa razón, también usé las dos fotocopiadoras para terminar más rápido. Al cabo de dos horas, tenía todo perfectamente ordenado y pasé a su oficina.
—Pensé que te habías retirado para prepararle la cena a tu suegra —dijo, mirándome con frialdad.
—Disculpe, señor. Le prometo que esto no volverá a suceder. No tiene idea de lo avergonzada que estoy. Si no había venido antes, fue porque las fotocopiadoras son muy lentas y me tocó usar dos para poder entregar todo a tiempo. Pero aquí tiene: están ordenados por fecha y prioridad. Me aseguré de colocar primero a los socios más frecuentes y los proyectos más grandes. No sé si le parece bien así o desea que corrija algo.
Me observó de arriba a abajo, para luego ordenar:
—Quiero que tomes asiento y comiences a leer en voz alta los contratos. Yo decidiré si deseo firmarlos o no.
—Abrí los ojos ampliamente. Era muchísimo trabajo: con suerte llegaría a casa pasada la medianoche. Pero no podía negarme, así que tomé el primer contrato y comencé a leer. Él me escuchaba atentamente y yo le iba pasando las carpetas que deseaba firmar. Así se nos fueron las horas. Ordenó que nos trajeran pizza y bebidas para no perder tiempo.
Eran las diez de la noche y comencé a observar el reloj cada diez minutos. Eso lo molestó.
—¿Tienes algún compromiso más importante que este? Lo digo porque observas más tú el reloj que el contrato que estás leyendo. Si no quieres trabajar más, puedes retirarte.
—Respiré profundo. Este señor no me lo pondría nada fácil. Las horas habían pasado en modo de ataque, como cuando salió de la sala de juntas. No quería darle más motivos para despedirme, al menos no hoy. —Disculpe, señor. Es que hace cuatro horas terminó mi horario laboral; por eso estoy observando el reloj. Pero prometo que no lo volveré a hacer. Colocaré toda mi atención en los contratos.
No me respondió, pero me observó fijamente, dejándome claro que no dejaría pasar otra falta. Volvimos a concentrarnos en el trabajo, pero media hora después mi teléfono comenzó a sonar de forma insistente. Tuve que salir de la oficina e ir a mi escritorio: tenía muchas llamadas perdidas de Teo. Colgué y le envié un mensaje indicándole que aún me encontraba trabajando en los contratos que su tío había mencionado.
Él se enojó muchísimo conmigo. Pensé que era por no haber llegado temprano a casa, pero el siguiente mensaje me sorprendió: me reclamaba porque no se había preparado la cena que su madre deseaba. Eso me molestó muchísimo, así que comencé a escribirle un largo mensaje, olvidándome por completo de que su tío me estaba esperando.
—No recuerdo haberte permitido usar el celular en horario laboral.
—Su voz me sobresaltó. Aún no entiendo por qué él despertaba esos sentimientos: mi cuerpo reaccionaba de manera inmediata ante su presencia. Con miedo, levanté la mirada del celular y lo observé. Estaba rojo de coraje.
—Doy dos pasos y le arrebato el celular de las manos. Mi molestia aumentó cuando leí los mensajes que le enviaba el idiota de Theo. Juro que quise lanzar el teléfono contra la pared, pero no tenía justificación. Así que simplemente lo apagué y lo metí en mi saco. —Espero que esto no se vuelva a repetir. Recuerda que tus pasantías están en mis manos.
Esas palabras me erizaron la piel, así que guardé silencio y lo seguí. Ambos tomamos nuestro puesto y seguimos trabajando hasta que se hicieron las dos de la mañana. Entonces, él se tomó la molestia de llevarme a casa.
Nota de autor:
Se pone bueno, señores. ¿Qué hará Damien para impedir que Ross esté cerca de su esposo?¿Se quedará Theo de brazos cruzados? Dejen sus comentarios.Puden seguirme en redes con mi nombre y mi apellido.Cinco años después...—¡Papá, Diana hizo trampa!—¡No hice trampa! ¡Tú perdiste!Sonreí al escuchar los gritos de mis hijos desde el jardín mientras terminaba de acomodarme la corbata frente al espejo.La puerta de la habitación se abrió y mis ojos fueron directo a ella.Rossanne.Después de tantos años seguía provocándome exactamente lo mismo, ese maldito nudo en el pecho, esas ganas absurdas de besarla pero sobre todo, ese miedo constante de perderla.Mi mujer caminó hasta mí usando ese vestido negro que se pegaba a su cuerpo y juro por Dios que todavía no entendía cómo podía volverme tan loco con solo existir.—¿Por qué me observas así?—Porque sigues siendo mi mayor debilidad.Ella sonrió y acomodó mi cuello.—Y tú sigues siendo intenso.—Contigo no sé ser de otra forma.Sus manos bajaron lentamente por mi pecho y terminé atrapándola por la cintura.—Damien, los niños están abajo.—Y yo llevo diez minutos aguantándome las ganas de besarte.—Mentiroso.—Está bien, llevo toda la vid
Presente.—Voy a tomar una foto de la prueba y se la enviaré para que no queden dudas.No me gustó nada saber que mi mujer haría eso.—Damien, él se fue con la duda y antes de que esto se pueda hacer más grande es mejor cortarlo. Si recibe la prueba nunca más pensará en eso, pero si no, puede aparecer a crear un problema en cualquier momento. Esto no lo hago por los adultos sino por mis hijos, que no tienen la necesidad de enterarse que una vez estuvo en entredicho su origen biológico.Joder, esto me molestaba, pero Ross tenía razón. No me perdonaría que el día de mañana ese hombre apareciera a reclamar algo y mis hijos se enteraran de todo lo que pasó, así que asentí con la cabeza.Tomó la foto y la envió.A los dos minutos recibió la respuesta.—Me alegra mucho saber que te tomaste el tiempo para aclarar la duda más grande que he tenido en mi vida, aunque no negaré que esta noticia me entristece porque tener una hija contigo significaba tenerlo todo. Pero me retiro de tu camino y no
El día que nació Diana fue uno de los más felices de mi vida. Mi pequeña princesa era igual a Ross de hermosa, ese rostro esculpido por los dioses, esa hermosa piel y su cabello rubio como el sol. Eran sin duda la prueba de que esa niña robaría muchas miradas cuando estuviera grande. Hoy me sentía como el hombre más afortunado del mundo porque había recuperado a mi familia y pensaba conservarla por el resto de mis días.Pero la felicidad se esfumó cuando mi esposa mencionó un tema que yo creí olvidado.—Creo que es hora de realizar la prueba.Nunca pensé que mi marido me observaría con tanto odio.—Pensé que ese tema había quedado atrás.—Damien, nada ganamos con negarlo.—No hay nada que negar ni mucho menos descubrir. Diana es mi hija y lo será siempre, ¿quedó claro? El único padre que conocerá seré yo y su apellido será Clark. Te lo dejaré pasar porque estás recién dada a luz, pero que sea la última vez que tú mencionas eso porque soy muy capaz de tomar a mis hijos e irme lejos. No
Desde ese día todo cambió porque no le di tiempo para pensar a Ross. Le hice el amor más veces que en todo el año anterior que llevábamos de casados y es que con su embarazo mi sed desmedida por su cuerpo y el tiempo que estábamos juntos bastaba. No había día donde no la tomara en la casa, en la oficina, en el baño y es que hasta en el ascensor de la empresa lo había hecho.Lo más increíble de todo es que nunca más volvimos a tener sexo rosa porque yo devoraba a mi mujer de modo salvaje, dejando su cuerpo adolorido y marcado, justo como amaba verla. Y ella por supuesto que no se había quedado atrás porque sus hormonas estaban locas y me había hecho detener el auto varias veces en la carretera para montarme y ya no había rastro de esa Ross tierna y dulce porque, contrario a antes, ahora ella era la que tomaba el mando. Me había amarrado, mordido, pegado, en fin, habíamos superado cualquier barrera o tabú que tuvimos en el pasado.Y yo por supuesto no podía estar más feliz con eso. La h
Estaba soñando que le hacía el amor a mi mujer, así que desperté agitado y con ella en mis brazos. Sonreí porque la abstinencia me tenía loco, era la primera vez en la vida que pasaba tanto tiempo sin sexo. Decidí que esto se acabaría hoy, así que aparté su cabello para besar su cuello. Minutos después el cuerpo de mi mujer comenzó a responder y deslicé mis manos por él. Ross se retorcía como un gato y emitía pequeños suspiros, deslicé mis dedos por el medio de sus piernas y gimió.Ese fue el punto de no retorno para mí, bajé lentamente por su cuerpo hasta llegar a su centro y lo devoré. Aquí no hay romance ni nada por el estilo, sino ansias de follarla, de mostrarle que ella es suficiente para mí, pero sobre todo que la necesito. Sus manos se aferraban a la cama y yo disfrutaba de tenerla así. De un momento a otro sus manos llegaron a mi cabello, se frotó descaradamente contra mi boca y estalló.—Damien.Joder tenía tanto tiempo sin escuchar mi nombre en sus labios, la devoré con más
Desde ese día mi mujer decayó. Rossanne solo quería dormir, sin bañarse, ni siquiera hablar, y yo no hacía más que estar pendiente de ella. Pasaba mucho tiempo abrazándola y diciéndole que todo pasaría, que no había nada de qué preocuparse, que ese era nuestro hijo. Pero no conseguía ningún resultado porque ella estaba negada a aceptarlo al bebé y a mi.Dos meses fue lo que soporté, porque la levanté a la fuerza, la duché y la obligué a salir de casa. Estaba cansado de darle la comida en la boca, y no porque fuera una carga, sino porque eso le hacía daño a ambos, así que la llevé al hospital. Cuando la doctora la vio se preocupó porque su estado era alarmante, sus ojos se veían hundidos, había bajado de peso y en general estaba demacrada. Pero nunca me sentí tan aterrado como cuando ella mencionó un posible aborto, así que le pedí que la chequeara a fondo y que la dejara internada si era necesario.Después de hacerle la ecografía descubrimos que tendríamos una hija y eso me llenó de e







